Argentina, España y Brasil: los grandes favoritos de Ancelotti para conquistar el Mundial 2026
El Mundial 2026 ya se siente en el aire. La cuenta regresiva avanza, la expectativa crece y las grandes selecciones comienzan a enseñar sus cartas. En medio de ese clima de ansiedad, ilusión y presión, Carlo Ancelotti decidió hablar claro. El actual seleccionador de Brasil no quiso esconder sus favoritos y puso sobre la mesa una lista que rápidamente encendió el debate futbolero: Argentina, España y, “obviamente”, Brasil aparecen entre los grandes candidatos a levantar la Copa del Mundo en Estados Unidos, México y Canadá.
La frase no pasó desapercibida. No solo porque llega de una de las voces más respetadas del fútbol mundial, sino porque Ancelotti no suele regalar titulares al azar. El italiano, campeón en los banquillos más exigentes de Europa y dueño de una trayectoria que impone respeto, sabe muy bien lo que significa competir bajo presión. Por eso, cuando habla de favoritos, no lo hace desde la emoción del hincha, sino desde la mirada fría de quien ha vivido finales, vestuarios pesados y noches donde un detalle puede cambiarlo todo.
Durante una entrevista en el Jornal Nacional, uno de los programas informativos más vistos de Brasil, Ancelotti fue directo. Para él, Argentina, España, Francia, Portugal, Inglaterra y Brasil forman parte del grupo de selecciones con mayor posibilidad de conquistar el Mundial. Sin embargo, también dejó una advertencia que resume perfectamente el momento actual del fútbol internacional: “Son muchos equipos, pero ninguno perfecto”.
Esa frase podría ser la clave de todo. El Mundial 2026 no parece tener un dueño anticipado. No hay una selección invencible, ni un equipo que llegue sin dudas, ni una generación capaz de asustar a todos por igual. Hay potencias, sí. Hay estrellas, también. Pero todas arrastran preguntas, desafíos y riesgos. Y en una Copa del Mundo, donde el margen de error es mínimo, la perfección no existe: solo sobreviven los que mejor manejan la presión.
Argentina aparece nuevamente en el centro de la conversación. La campeona del mundo sigue siendo una referencia obligatoria. Su reciente historia, su carácter competitivo y el peso emocional de una camiseta que volvió a tocar la gloria la convierten en una de las selecciones que nadie quiere enfrentar. Ancelotti lo sabe. Aunque Brasil y Argentina sean rivales históricos, el técnico italiano no pudo ignorar el presente de la Albiceleste. El equipo argentino mantiene una identidad fuerte, un grupo mentalmente preparado y una confianza que suele ser decisiva en los momentos grandes.

España, por su parte, aparece como otro nombre fuerte en la lista de Ancelotti. La Roja ha recuperado protagonismo gracias a una mezcla interesante de juventud, técnica y ambición. Su estilo de juego, marcado por la posesión, la circulación rápida y la valentía para presionar arriba, puede convertirla en una selección incómoda para cualquiera. España no solo sabe competir; también sabe imponer ritmo. Y en un Mundial donde los partidos pueden definirse por paciencia, precisión y control emocional, ese puede ser un recurso enorme.
Pero el nombre que más ruido genera es Brasil. No porque sorprenda que sea favorita, sino porque esta vez el encargado de decirlo es su propio seleccionador. Ancelotti no se escondió detrás de la prudencia absoluta. Dijo “obviamente” Brasil, y esa palabra pesa. La Canarinha no puede llegar a un Mundial pensando en otra cosa que no sea ganar. Su historia se lo exige, su gente lo reclama y su camiseta lo impone. Ser cinco veces campeona del mundo no es solo un orgullo: también es una carga.
Brasil llega al torneo con una mezcla de ilusión y dudas. Tiene talento de sobra, jugadores desequilibrantes y una profundidad ofensiva que muchas selecciones envidiarían. Vinícius Júnior, Raphinha, Gabriel Martinelli, Endrick, Matheus Cunha, Luiz Henrique, Igor Thiago, Rayan y Neymar conforman una lista de atacantes capaz de hacer temblar a cualquier defensa. Pero Ancelotti sabe que los nombres no ganan solos. El talento brasileño siempre ha sido una bendición, pero en los últimos Mundiales no ha sido suficiente para devolver la Copa a casa.
Por eso, el italiano insistió en una idea que puede marcar su ciclo: Brasil necesita combinar calidad con compromiso. No basta con gambetas, velocidad y definición. También hacen falta concentración, actitud, sacrificio y sentido colectivo. Ancelotti entiende que el fútbol moderno castiga a los equipos partidos, a las selecciones que dependen demasiado de una sola figura o a los grupos que no trabajan como bloque. Su misión será lograr que Brasil no sea solo brillante, sino también competitivo, ordenado y emocionalmente fuerte.
En ese contexto, la convocatoria de Neymar se convirtió en el gran tema del día. El regreso del número 10 a la selección brasileña genera expectativa, emoción y debate. Neymar no juega con Brasil desde octubre de 2023, cuando sufrió una grave lesión de rodilla. Su ausencia dejó un vacío enorme, no solo por lo futbolístico, sino también por lo simbólico. Para muchos, sigue siendo el jugador más talentoso de su generación en Brasil. Para otros, su presencia despierta dudas por su estado físico y su continuidad competitiva.
Ancelotti fue claro al hablar de él: si merece ser titular, será titular. Nada de privilegios automáticos. Nada de cargar todo el peso del equipo sobre sus hombros. Neymar tendrá el mismo papel que los otros 25 convocados y deberá ganarse su lugar. Esa postura resulta significativa. Por un lado, protege al jugador de una presión excesiva. Por otro, envía un mensaje al vestuario: en esta Brasil no jugará el nombre, jugará el rendimiento.
Esa puede ser una de las decisiones más importantes del técnico italiano. Durante años, Brasil vivió pendiente de Neymar. Sus lesiones, sus genialidades, sus lágrimas y sus ausencias marcaron ciclos enteros. Ahora, con una generación donde Vinícius Júnior ha crecido hasta convertirse en una figura mundial, y donde jóvenes como Endrick llegan con hambre de gloria, Ancelotti parece decidido a construir una selección menos dependiente de un solo futbolista.
El reto será encontrar equilibrio. Brasil tiene delanteros para atacar de muchas maneras, pero también necesita sostenerse cuando el partido se ensucia, cuando el rival cierra espacios o cuando la presión mundialista empieza a pesar. En la Copa del Mundo no siempre gana el que mejor juega durante 90 minutos. A veces gana el que sabe sufrir, el que no se desespera, el que defiende una ventaja mínima o el que encuentra una ocasión cuando todo parece bloqueado.
Ancelotti conoce ese tipo de partidos como pocos. Su carrera está llena de noches donde la estrategia y la serenidad fueron tan importantes como el talento. Por eso, su mensaje no apunta únicamente al espectáculo. Quiere una Brasil capaz de competir con madurez. Una selección que pueda ser alegre sin ser ingenua, ofensiva sin quedar desprotegida y ambiciosa sin perder la cabeza.
La fase de grupos será el primer gran examen. Brasil debutará el 13 de junio ante Marruecos en Nueva Jersey, un partido que ya se presenta como una prueba seria. Marruecos ha demostrado en los últimos años que puede competir contra potencias y que no se intimida ante camisetas históricas. Después llegará Haití, el 19 de junio en Filadelfia, y finalmente Escocia, cinco días más tarde en Miami. Sobre el papel, Brasil es favorita para terminar primera, pero Ancelotti no quiere confiarse.
El técnico subrayó la importancia de ganar el grupo, porque eso podría ofrecer una trayectoria “un poco más tranquila” en las eliminatorias. En un Mundial ampliado, con más selecciones y más caminos posibles hacia la final, cada posición puede cambiar el destino. Terminar primero no garantiza nada, pero puede evitar cruces prematuros contra rivales más fuertes. Y en una Copa del Mundo, a veces el calendario también juega.
Mientras tanto, los otros favoritos también tendrán sus propias cargas. Francia sigue siendo una potencia física y técnica, con una generación acostumbrada a competir hasta el final. Portugal cuenta con talento en todas sus líneas y una mezcla de experiencia y juventud que puede ser peligrosa. Inglaterra, siempre rodeada de expectativas, vuelve a tener una camada capaz de soñar en grande, aunque deberá demostrar si por fin puede convertir promesas en gloria.
Pero el Mundial no entiende solo de favoritos. Cada edición guarda sorpresas, caídas inesperadas y equipos que crecen durante el torneo. Ancelotti lo sabe mejor que nadie. Por eso, aunque mencione candidatos, también deja abierta la puerta a la incertidumbre. La Copa del Mundo no se gana en entrevistas ni en listas previas. Se gana en noches tensas, en penales, en errores mínimos, en liderazgos silenciosos y en momentos donde los jugadores deben demostrar de qué están hechos.