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ALITO Tiene Orden de Captura Internacional… el País que la Emite ATERRA al Gobierno

 

 

 Y puede ser, puede ser que todo sea mentira, pero hay un detalle que no cuadra. Si todo fuera mentira, ¿por qué no ha mostrado pruebas de su inocencia? ¿Por qué no ha pedido que se investigue a fondo y se aclare todo de una vez? ¿Por qué cada vez que le preguntan por las acusaciones específicas cambia el tema y habla de conspiraciones? Dicen los que saben que cuando alguien tiene la verdad de su lado, la muestran y cuando alguien tiene abogados de su lado, habla de procedimientos.

Vamos a hablar un poco de quién es Alito para que entiendas por qué esta noticia no sorprende tanto como debería. Alejandro Moreno Cárdenas nació en Campeche. Fue gobernador de ese estado entre 2015 y 2019 y desde que dejó la gubernatura asumió la dirigencia nacional del PRI. En teoría, su trabajo era reconstruir al partido después de la derrota presidencial del 2018.

 En la práctica, lo que ha hecho es generar más divisiones internas, más escándalos públicos y más desconfianza entre la militancia. Hay priistas que lo defienden, hay priistas que lo quieren fuera, hay priistas que directamente ya se salieron del partido porque no aguantaban seguir bajo su liderazgo. Y todo el tiempo que ha estado al frente del PRI, Alito ha sido señalado por lo mismo.

 Manejo opaco de recursos, decisiones arbitrarias, falta de rendición de cuentas. Hay quienes aseguran que durante su tiempo como gobernador de Campeche se desviaron millones de pesos en obra pública que nunca se terminó. Hay quienes dicen que contratos que deberían haber sido licitados de forma transparente se entregaron a empresas cercanas a su círculo.

 Hay quienes afirman que funcionarios que trabajaron con él han declarado haber recibido instrucciones directas de inflar presupuestos para generar sobreprecio y quedarse con la diferencia. Nada de esto está probado en una sentencia judicial, pero tampoco ha sido desmentido con pruebas. Y mientras tanto, Alito sigue ahí al frente del PRI cobrando su sueldo, dando entrevistas, haciendo declaraciones como si nada.

 Y ahora resulta que hay un país que dice tener lo que en México nunca se consiguió. Pruebas concretas. Presuntamente las investigaciones que llevaron a esta orden de captura comenzaron hace más de 2 años. Al parecer, las autoridades de ese país detectaron movimientos financieros sospechosos que involucraban a ciudadanos mexicanos con cargos públicos.

rastrearon las operaciones, identificaron cuentas, siguieron el dinero y en algún punto del camino apareció el nombre de Alito, no como sospechoso menor, como uno de los principales. Se habría encontrado que dinero que salió de programas sociales en Campeche terminó en cuentas en el extranjero, que empresas que facturaron millones al gobierno estatal nunca tuvieron empleados reales.

 de contratos firmados por la administración de Alito incluían cláusulas que permitían pagos anticipados sin garantía de entrega y que todo ese dinero, según la versión que circula, habría sido lavado a través de una red de empresas fantasma que operaba desde varios países, incluido el que ahora emitió la orden.

 Si esto se confirma, estaríamos hablando de uno de los esquemas de corrupción más sofisticados que se hayan documentado en México. Y estaríamos hablando de que Alito no actuó solo, porque un esquema así no lo monta una sola persona, requiere cómplices, requiere operadores, requiere gente que mueva el dinero, gente que firme documentos, gente que borre rastros.

 Y todos esos nombres, según trascendió, ya estarían en manos de la Fiscalía extranjera. Aquí viene lo interesante. El gobierno mexicano hasta ahora no ha dicho nada oficial sobre esta orden de captura. Ni la confirma ni la niega. Y eso es raro, porque si fuera falsa, lo normal sería salir a desmentirla de inmediato, pero si es real, lo normal sería informar a la opinión pública y explicar qué va a hacer al respecto, pero no silencio.

 Y ese silencio es lo que más preocupa, porque cuando un gobierno guarda silencio sobre algo así, generalmente es porque está evaluando opciones, está midiendo consecuencias, está viendo qué le conviene más políticamente y mientras decide el tema queda flotando, la gente especula, las redes arden y Alito sigue libre.

 Según fuentes cercanas que prefieren no revelar su nombre, dentro del gobierno hay dos posiciones enfrentadas. Una que dice que hay que colaborar con la justicia internacional, que hay que demostrar que México no protege a políticos corruptos, que hay que mandar un mensaje claro de que aquí no hay intocables. Y otra que dice que detener a Alito en este momento sería un error estratégico, que desestabilizaría las negociaciones en el Congreso, que generaría un conflicto innecesario con el PRI y que podría usarse como bandera de persecución política por parte de la

oposición. Y mientras tanto, Alito sigue dando entrevistas, sigue haciendo declaraciones, sigue moviéndose como si nada, como si la orden de captura no existiera, como si todo fuera ruido. Pero hay algo que no puede ignorar y es que una orden de captura internacional no desaparece porque la ignores, no se va porque cambies el tema y si el país que la emitió insiste, tarde o temprano México va a tener que responder.

 Sigue aquí porque la parte que más te va a indignar todavía no te la he dicho. Mientras todo esto pasa, Alito ha estado tratando de posicionarse como víctima. Ha dado entrevistas donde dice que todo es un complot, que lo quieren destruir políticamente, que detrás de todo esto está el gobierno de Claudia Shainbound, que supuestamente estaría usando sus contactos internacionales para fabricar acusaciones en su contra.

 Y claro, sus seguidores le creen, porque es más fácil creer en una conspiración que aceptar que tu líder político puede ser corrupto. Pero vamos a los hechos. Si Claudia Shainbound tuviera el poder de fabricar una orden de captura internacional en otro país, estaríamos hablando de un nivel de influencia que ni los presidentes más poderosos del mundo tienen.

 Estaríamos hablando de que podría mover fiscalías extranjeras, inventar pruebas, crear testigos falsos, todo sin dejar rastro. ¿En serio alguien cree eso? Lo que se dice en los pasillos es que Alito está usando la narrativa de la persecución política porque es lo único que le queda. Porque si admite que las acusaciones pueden tener fundamento, pierde credibilidad.

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