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🇲🇽 SINALOA COLAPSA: EJÉRCITO DESCUBRE ESCUELA ABANDONADA DEL CJNG: SALONES ERAN DORMITORIOS Y MAPAS

La escuela se veía cerrada y abandonada desde fuera. Desde dentro era un cuartel con cinco camionetas, equipo militar y 63 personas armadas. Las cámaras de seguridad eran otro detalle revelador. El CJNG había instalado cuatro cámaras en las esquinas del patio, conectadas por cable a un monitor que estaba en el salón 6, el centro de comunicaciones.

Las cámaras cubrían los cuatro accesos al terreno de la escuela y el camino de terracería que llegaba al pueblo. Desde el monitor del salón seis, el operador de turno podía ver quién se acercaba al pueblo y alertar a los ocupantes de la escuela con tiempo suficiente para prepararse.

Quiero ahora dar contexto sobre la guerra que se está peleando en la sierra de Sinaloa, porque sin ese contexto la escuela Cuartel no se entiende del todo. Sinaloa vive un momento de fragmentación territorial que no tiene precedente en su historia reciente. la detención de Ismael el mayo. Zambada en 2024 y las divisiones internas del cártel de Sinaloa entre las facciones de los Chapitos y los Mayos generaron un vacío de poder que el CJNG está intentando aprovechar.

la sierra de Sinaloa, que durante décadas fue territorio indisputado del cártel de Sinaloa. Ahora es una zona de guerra donde las diferentes facciones se disputan el control y donde el COS TNG ha logrado insertar fuerzas de combate por primera vez. La escuela Benito Juárez era una posición de avanzada del Cost NG en esa guerra.

Los 63 sicarios que vivían ahí tenían la misión de controlar un corredor de la sierra que conecta las zonas de producción de droga sintética con las rutas de transporte hacia la frontera norte. Quien controla ese corredor controla el flujo de metanfetamina y fentanilo que baja de la sierra hacia los puntos de cruce en Sonora y Baja California y ese flujo vale miles de millones de pesos al año.

Las operaciones nocturnas que los 63 ejecutaban desde la escuela incluían emboscadas contra convoys del cártel de Sinaloa, vigilancia de las rutas de transporte, intimidación de comunidades para establecer control territorial y defensa de las posiciones que el CJNG ya había tomado en la zona. Cada noche salían escuadras de 10 a 15 combatientes en las camionetas del patio.

Se adentraban en la sierra, ejecutaban su misión y regresaban a la escuela antes del amanecer. De día la escuela estaba en silencio. De noche era el punto de partida de una guerra invisible y las comunidades de la sierra estaban atrapadas en el fuego cruzado. Los pueblos que quedaban entre las posiciones del CJNG y las del cártel de Sinaloa vivían en un estado de terror permanente.

No podían salir de sus casas de noche, no podían transitar por ciertos caminos, no podían comunicarse con las autoridades y no podían negarse a cooperar con quien llegara primero a su puerta, fuera del CNG o del CDS, porque negarse significaba la muerte. La lista que encontraron en el pizarrón del salón 3, la que clasificaba a los habitantes como coopera, no coopera o pendiente, era el instrumento de control que el CJNG usaba para gestionar a las comunidades de su zona de influencia.

Era un censo de lealtad y estar en la categoría de no coopera podía significar desde una visita intimidatoria hasta una desaparición. El CJNG no tuvo que construir nada. La escuela ya tenía todo, techo, paredes, baños, electricidad, agua. Solo tuvo que meter literas, armas, radios, provisiones y gente.

Es la ventaja de ocupar infraestructura existente, costo mínimo, tiempo de instalación mínimo y una estructura que desde fuera parece lo que siempre fue, una escuela sin levantar sospechas. Vamos salón por salón porque la distribución de los espacios dentro de la escuela revela la estructura operativa de la célula del CJ TNG con la claridad de un diagrama organizacional.

El salón uno, el más cercano a la entrada principal, era la sala de mando. Aquí estaba el jefe de la célula y su equipo de coordinación. El escritorio de Miss Lupita, o de quien fuera la maestra de ese salón servía ahora como mesa de planificación. Sobre el escritorio había mapas topográficos de la sierra, un GPS con waypoints guardados, radios de comunicación y un cuaderno de bitácora donde el jefe registraba las operaciones diarias.

El pizarrón de este salón tenía el mapa táctico más elaborado de todos. Un croquis detallado de la zona de operaciones con posiciones del ejército marcadas en rojo, posiciones del cártel de Sinaloa marcadas en azul y posiciones del CJNG marcadas en verde, flechas de avance, líneas de comunicación, puntos de abastecimiento, zonas de emboscada, todo dibujado con plumón sobre un pizarrón verde donde alguna vez hubo ejercicios de matemáticas.

Los analistas de inteligencia que fotografiaron el mapa del pizarrón dijeron que parecía sacado de un manual de táctica militar. Las posiciones estaban elegidas con criterio profesional. Cerros dominantes para observación, cañadas estrechas para emboscadas, cruces de caminos para control de tránsito.

Alguien con formación militar o con experiencia significativa en combate en sierra diseñó ese mapa y lo dibujó en un pizarrón de escuela con la naturalidad de un maestro que explica una lección. Los otros pizarrones de la escuela también tenían contenido operativo, aunque menos elaborado que el mapa del salón 1.

El pizarrón del salón 4, el comedor tenía escrito el menú de la semana con gis. Lunes, frijoles con carne seca. Martes, huevo con chorizo. Miércoles, carne asada. Jueves, chicharrón en salsa. Viernes, barbacoa. Si hay el menú semanal de un cuartel del cejo escrito en el pizarrón de un comedor escolar junto a una calcomanía desdeñida del plato del bien comer que la CP pone en todas las escuelas para enseñar nutrición a los niños.

La calcomanía hablaba de frutas, verduras y cereales integrales. El menú hablaba de frijoles, carne seca y chicharrón. La realidad nutricional del narco no coincide con las recomendaciones de la Secretaría de Salud. El salón dos era el dormitorio principal. 12 literas metálicas ocupaban el espacio donde antes había filas de mesabancos.

Las literas estaban alineadas contra las paredes, dejando un pasillo central por donde los ocupantes se movían. En cada litera había un colchón delgado, una cobija y una almohada. Debajo de cada litera inferior había una mochila con pertenencias personales, ropa, artículos de higiene y en algunos casos fotos de familia.

24 personas dormían en ese salón, 24 hombres en el espacio donde 14 niños aprendían. Los mesabancos no fueron tirados, fueron apilados en una esquina del salón, unos sobre otros, formando una torre de muebles escolares cubierta con una lona. Mesabancos de madera y metal donde los niños escribían sus tareas, ahora amontonados como basura en la esquina de lo que era su salón.

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