SILVER KING: MURIÓ en el RING de LONDRES… La PATADA en directo que MATÓ al RAMSÉS de NACHO LIBRE
Imagínate, esto es el 11 de mayo de 2019, el Round Houseous de Camdenown en el norte de Londres. Una sala histórica, un edificio circular de ladrillo rojo que en otro tiempo fue una sala de locomotoras y que esa noche albergaba a miles de fanáticos de la lucha libre mexicana llegados desde todos los rincones de Europa.
El evento se llamaba Lucha Libre World Fest. Los promotores lo habían anunciado como The Greatest Show of Lucha Libre. Las luces estaban encendidas, la música retumbaba. En el público había familias mexicanas que vivían en Inglaterra, turistas que habían comprado la entrada por curiosidad, jóvenes europeos que conocían la lucha libre a través de los videojuegos y las películas, y fanáticos de toda la vida que sabían exactamente lo que iban a ver y que habían viajado horas para estar ahí.
Y en el cuadrilátero, frente a todos ellos, había un hombre de 51 años. Llevaba una máscara dorada. La misma máscara dorada que el mundo había visto en una película de Hollywood 14 años atrás. Su nombre artístico esa noche era Ramses, el mismo personaje que había interpretado en Nacho Libre junto a Jack Black.
Pero su nombre real era otro. Su nombre real lo conocían los que llevaban décadas siguiendo la lucha libre mexicana, los que habían visto el Consejo Mundial de Lucha Libre en los años 90, los que habían visto la WCW Monday Nitro cuando era el programa de wrestling más visto de Estados Unidos, los que habían estado presentes en las arenas de México y Japón, donde este hombre había ganado campeonatos y construido una carrera que pocas personas del mundo del entretenimiento deportivo hubieran podido igualar.
Se llamaba César Cuautemo González Barrón. El mundo lo conocía como Silver King y esa noche, a unos minutos de terminar el combate contra Juventud Guerrera, su corazón decidió que ya era suficiente. El público lo vio desacelerarse, lo vio perder el ritmo que siempre había tenido, lo vio caer de cara al tapete del ring y durante varios minutos todo el roundhouse pensó que era parte del show.
Las dos ambulancias, el paramédico avanzado y el oficial de respuesta a incidentes de London Ambulance Service, llegaron al Roundhouse a las 10:21 de la noche del sábado 11 de mayo de 2019. Tardaron más de 5 minutos en llegar al ring desde que Silver King cayó. Le realizaron maniobras de RCP, usaron un desfibrilador, hicieron todo lo que podían hacer. No fue suficiente.
Silver King fue declarado muerto esa noche de un infarto agudo de miocardio. Tenía 51 años. Llevaba exactamente 34 años luchando como profesional. Un campeón mundial del CML con 330 días de reinado. Una estrella de la WCW que apareció en Monday Nitro durante tres temporadas. Un luchador que trabajó en México, Estados Unidos, Japón e Inglaterra durante más de tres décadas.
El villano de una película de Paramount Pictures que se convirtió en un fenómeno de la cultura popular. Un hijo de la dinastía Wagner, un hombre que pasó de crecer en Torreón, Coahuila, a conquistar campeonatos en tres continentes. Murió con la máscara puesta. Lo que nadie te contó es que detrás de esa muerte había 34 años de sacrificio total.
Una carrera marcada por la grandeza y el olvido simultáneos, el peso insostenible de un apellido imposible de cargar. Un papel cinematográfico que llegó por pura casualidad y que cambió su imagen pública para siempre. Y una última noche en Londres que nadie que estuvo ahí va a olvidar jamás. Su nombre completo era César Cuautemoc González Barrón.
Y lo que le pasó dice más sobre la lucha libre, sobre el precio de la gloria deportiva y sobre lo que significa dedicar tu vida entera a una sola cosa, que cualquier historia que te hayan contado antes sobre este deporte. En los próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que nunca te contaron sobre Silver King.
Primera, el peso real de nacer en la dinastía más exigente de la lucha libre mexicana y lo que ese peso le costó desde los primeros días de su carrera hasta el último. Segunda, como un hombre que fue campeón mundial en el CML, que luchó en la WCW durante 3 años y que ganó títulos en tres continentes, terminó trabajando en circuitos independientes europeos a los 51 años, porque seguir en el ring era lo único que no podía dejar de hacer.
Tercera, la historia real y verificada de cómo un luchador que literalmente no quería ir a un casting terminó siendo el villano más reconocido de una película de Hollywood y cómo ese personaje lo persiguió y también lo ayudó durante el resto de su colvo. Carrera y cuarta, lo que realmente ocurrió en ese ring del Round House de Camden el 11 de mayo de 2019, desde el primer momento en que su cuerpo falló hasta la última imagen que el mundo vio de él.
Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante. Como un hombre que lo tenía todo para ser recordado como una leyenda absoluta de la lucha libre, terminó siendo más conocido por un papel de cine que por sus campeonatos reales y cómo esa contradicción define perfectamente lo que es la lucha libre como industria, como mundo y como destino.
Pero antes de llegar ahí necesita saber de dónde venía, porque todo empezó en Torreón, Coahuila. en el norte de México, en una familia donde la lucha libre no era un trabajo, era una religión, era una herencia, era una identidad que se transmitía en la sangre antes de que el niño pudiera tomar ninguna decisión al respecto. Grábate. Esto es importante.
Cuando naces en la familia González Barrón, no tienes opción de ignorar la lucha libre. No es que alguien te la presente como una posibilidad entre muchas. No es que te digan, “Hay un deporte que se llama lucha libre y quieres practicarlo como una pregunta abierta. Te la heredan como si fuera un apellido que pesa toneladas.
Te la transmiten como si fuera una deuda que tienes con la historia de tu propia sangre antes de haber hecho nada. Y en ese mundo, el hombre cuya sombra lo cubría absolutamente todo, se llamaba Manuel González Rivera. El mundo lo conocía como el drctor Wagner y era el padre de César. Manuel González Rivera nació el 13 de abril de 1936 en Zacatecas, México.
Cuando era niño, la familia se trasladó a Torreón Coahuila, donde creció y donde eventualmente encontró la lucha libre. Comenzó su entrenamiento en el gimnasio de Roy Velasco y Hércules en Torreón, trabajando para poder pagar su preparación porque venían de una familia sin recursos. Debutó el 16 de julio de 1961, inicialmente bajo el nombre de La Centella Negra.
trabajó para la empresa mexicana de lucha libre que con los años se convertiría en el CML que todos conocemos hoy. A principios de 1966 formó uno de los equipos más legendarios en la historia de la lucha libre mexicana, La Ola Blanca, junto a Ángel Blanco. Dos luchadores enmascarados de blanco que dominaron los carteles de México durante años, ganaron campeonatos, se enfrentaron a los mejores del mundo y construyeron una rivalidad con el Santo y Rayo de Jalisco, que todavía se recuerda como una de las grandes eras del deporte.
El 1 de diciembre de 1985, el Dr. Wagner perdió finalmente su máscara ante el solitario frente a 15,000 personas en la Monumental Plaza de Toros de Monterrey, en lo que fue uno de los espectáculos más grandes y más rentables que Monterrey había visto hasta ese momento. Pero su carrera terminó de la peor manera posible.
Un accidente de automóvil en la carretera de Nuevo Laredo a Monterrey le dañó la columna vertebral y lo obligó a retirarse antes de tiempo. Después del retiro forzoso, el Dr. Wagner trabajó como taxista en Torreón y fue propietario de un gimnasio. Supervisó las carreras de sus hijos con el interés y el conocimiento de quien conoce ese mundo desde adentro.
Vivió para la lucha libre aunque ya no pudiera luchar y murió el 12 de septiembre de 2004 de un ataque al corazón. a los 68 años de edad. Su muerte fue una sorpresa para la familia y los amigos, porque generalmente había mantenido buen estado de salud. Ese hombre fue el padre de César y esa historia fue la primera carga que César González Barrón cargó sobre sus espaldas antes de subir por primera vez a un ring. El Dr.
Wagner no solo era famoso, era el ejemplo vivo de lo que significaba construir algo con las manos vacías en una ciudad del norte de México, sin recursos, sin conexiones, sin nada más que la voluntad de hacerlo y la disciplina de entrenarlo hasta que funcionara. Esa filosofía, ese código de trabajo fue lo que Manuel González Rivera le transmitió a sus hijos de manera directa e indirecta, no con palabras necesariamente, con el ejemplo de lo que había hecho durante décadas antes de que ellos nacieran.
Y César lo absorbió todo, aunque el peso de ese ejemplo no siempre fuera fácil de cargar. Piensa en eso un momento. No es lo mismo crecer en una familia de luchadores que crecer siendo hijo de una leyenda específica con un apellido que el mundo del deporte reconoce y que el público evalúa desde el primer día. En el primer caso, tienes una guía y un camino abierto.
En el segundo tienes comparación permanente y expectativa constante que no te das por vencido. Cada logro se relativiza con el bueno, pero no llega al nivel de su padre. Cada caída se amplifica con el no es lo que se esperaba de alguien con ese apellido. En la lucha libre mexicana, donde las familias son dinastias y los apellidos son contratos de por vida con la historia del deporte, ese peso no es metafórico ni exagerado, es real, es concreto.
Es la diferencia entre que el público te reciba con entusiasmo genuino y que el público te reciba con la expectativa previa de que tienes que demostrar algo que ya se supone que debe ser. César nació el 9 de enero de 1968 en Torreón, Coahuila. Fue el tercer hijo del matrimonio entre Manuel González Rivera y Magdalena Barrón.
Sus hermanos mayores eran Óscar y Juan Manuel, quien años después sería conocido en el mundo de la lucha libre como el Dr. Wagner Jr. También tenía una hermana menor llamada Mayira. Desde pequeños, los hijos del Dr. Wagner respiraron lucha libre de manera constante. Las conversaciones en el hogar familiar giraban alrededor de funciones, de resultados, de técnicas, de promotores, de campeonatos.
Era imposible crecer en esa casa sin absorberlo todo de manera inevitable. Torreón en el estado de Coahuila es una ciudad del norte de México que históricamente ha sido tierra de trabajo duro y de identidades fuertes. No es la Ciudad de México con sus grandes arenas, ni Guadalajara con su tradición lucha librística de décadas.
Es una ciudad del interior, de frontera cultural y económica, donde la gente que logra algo lo logra porque no tuvo otra opción que seguir adelante. El Dr. Wagner era de ahí y César creció con esa geografía mental de base, la del hombre del norte que construye su propio camino, porque el camino no se construye solo. Los hermanos González Barrón crecieron viendo a su padre supervisar el mundo de la lucha libre desde la posición del retirado que conoce cada ángulo del negocio, pero ya no puede practicarlo físicamente. El Dr. Wagner los llevaba a
funciones, les explicaba lo que veían, les mostraba la diferencia entre un luchador que solo hace movimientos y un luchador que cuenta una historia dentro del ring. Esa distinción, esa filosofía de la narrativa dentro del combate fue una de las cosas que César González absorbió desde muy joven y que explica en parte por qué su estilo como Silver King siempre tuvo una dimensión dramática que iba más allá de la simple ejecución técnica.
Lo que diferenciaba a César de sus hermanos, según los relatos de personas que lo conocieron desde sus primeros años de entrenamiento, era una condición física particular y una velocidad de movimiento que no se entrena de la misma manera en la que se entrena la técnica de base. El Dr. Wagner tenía un estilo clásico sólido de fuerza combinada con paciencia táctica.
Su hermano Juan Manuel, el futuro Dr. Wagner Junior, heredó una versión amplificada de ese estilo. Pero César tenía algo diferente, una ligereza de movimiento que se percibe de inmediato, una rapidez de respuesta al rival y una capacidad para leer el ring en tiempo real que hacía que los que lo veían entrenar entendieran que esto era cualitativamente distinto a lo que se entrenaba.
Debutó profesionalmente en 1985 a los 17 años de edad en la Asociación Universal de Lucha Libre. Sus primeros registros lo muestran trabajando bajo el nombre de El Invasor, aunque en distintas fuentes de la época también aparece como Taurus en sus etapas más tempranas de carrera. Era joven, era veloz, era hijo de una leyenda y hermano de quien eventualmente sería otra.
tenía todo para triunfar y también tenía todo para derrumbarse bajo el peso de ese legado, porque en la lucha libre mexicana el linaje es una ventaja y una trampa al mismo tiempo según el día y el contexto. Sus primeros años en la UA fueron los de cualquier luchador joven en proceso de formación activa. Funciones de bajo cartel, combates en los que había que aprender a leer el ambiente de la arena, a construir una narrativa convincente dentro del ring, a conectar con el público de una manera que no se enseña en el gimnasio porque
esa habilidad es instintiva o no existe. El progreso fue notable, rápido para los estándares normales en 1987. Apenas 2 años después de su debut, ya estaba en posición de protagonizar una lucha estelar significativa y esa lucha estelar llegó el 12 de noviembre de 1987. Escucha esto con atención porque este momento define todo lo que viene después.
Esa noche César González se enfrentó al Hijo del Santo en una lucha de apuesta. su máscara contra la cabellera del hijo del luchador más mítico y más reconocible en la historia completa de México. El hijo del santo no era simplemente un luchador importante, era el heredero directo del personaje más icónico del deporte más popular de México durante décadas.
Pelear contra él en una lucha de apuesta a 2 años de tu debut significaba que ya eras lo suficientemente relevante como para que esa pelea valiera la pena. Una lucha de apuesta en la lucha libre mexicana no es simplemente un combate importante en el cartel, es un ritual. Es una ceremonia pública donde uno de los dos participantes entrega una parte de su identidad física o simbólica al perdedor en un momento de vulnerabilidad absoluta frente a miles de testigos.
La máscara en la lucha libre mexicana no es un accesorio ni un elemento decorativo. Es la identidad completa del luchador dentro del ringuencia también fuera de él. Cuando un luchador pierde su máscara, ese momento queda registrado en la historia de por vida. El público que estuvo ahí lo recordará siempre.
Los que no estuvieron lo conocerán porque alguien se lo contará. Las derrotas de máscara son las páginas más recordadas en la historia personal de cada luchador. César González perdió su máscara ante el Hijo del Santo el 12 de noviembre de 1987. 5 meses después, en los primeros meses de 1988, perdió la cabellera ante el luchador Kendo.
Dos luchas de apuesta en menos de un año, dos entregas públicas. Para muchos luchadores jóvenes, esa combinación de derrotas consecutivas habría marcado el principio del declive, la señal de que el negocio los estaba dejando atrás. Para César González Barrón fue el principio de la reinvención más importante de su carrera.
Después de esas derrotas en la UVA, tomó una decisión que en retrospectiva lo definiría por completo. Se fue a Japón y en Japón se convirtió en Black Tiger. Black Tiger era un personaje con historia propia en la New Japan Pro Wrestling, la empresa japonesa más importante del mundo. El primero en usar ese personaje había sido el luchador británico Mark Roco, un maestro técnico reconocido en todo el mundo.
Cuando César González tomó ese personaje, se convirtió en Black Tiger tercero, la tercera encarnación del personaje. Y en los rings japoneses, lejos del peso del apellido Wagner, lejos de las comparaciones permanentes con su padre y con su hermano, lejos de la memoria colectiva de sus derrotas en la WA, César González Barrón encontró algo que no había tenido antes en su carrera, la posibilidad real evaluado exclusivamente por lo que hacía dentro del ring, no por quien era fuera de él.
En Japón, la lucha libre tiene una relación con la técnica y con la narrativa del combate, que en muchos aspectos es cualitativamente diferente a la lucha libre mexicana, aunque los dos estilos se nutren mutuamente. público japonés valora la precisión absoluta del movimiento, la credibilidad del combate en términos de realismo físico, la construcción de una historia dentro de los cuerdas que tenga inicio claro, desarrollo progresivo y clímax satisfactorio.
Silver King tenía exactamente todo eso. Su estilo ágil y técnico encajaba perfectamente con lo que se esperaba de un luchador de su nivel en los rings japoneses. hizo giras, construyó reputación fuera de México, aprendió un nivel de trabajo que llevaría consigo cuando regresara. Y cuando regresó a México en 1993, llegó al lugar que todo luchador mexicano sueña con conquistar de verdad, el Consejo Mundial de Lucha Libre.
Pero vale la pena detenerse un momento en lo que significó Japón para César González Barrón como luchador y como persona. Los luchadores mexicanos que fueron a Japón en los años 80 y 90 geográficamente, viajaron culturalmente y estilísticamente. El wrestling japonés de esa era, en la New Japan Pro Wrestling y en otras empresas tenía una relación con la credibilidad física del combate que transformaba a los luchadores que lo asimilaban.
La lucha japonesa te exigía que cada movimiento se viera real, que cada caída tuviera peso, que el tiempo dentro del ring se respetara como un recurso precioso. César González aprendió todo eso y cuando volvió al territorio mexicano con esa formación adicional encima de su base técnica original, era un luchador diferente al que había partido, más completo, más serio dentro del ring, con una comprensión más profunda de por qué cada segundo de un combate importa y hacia dónde tiene que llevar al público que lo está viendo. Pero lo peor aún no había
llegado. Primero, lo mejor de todo. Aquí viene la primera revelación que te prometí. El CML no es solo la empresa de lucha libre más antigua del mundo. Fundada en 1933. El CMLL es la Catedral. El Arena México es el Vaticano de la lucha libre, el lugar donde los grandes son evaluados de la manera más exigente posible por el público más experimentado del mundo.
Llegar al cartel principal de la Arena México, ganarte el respeto de ese público que no regala nada a nadie, es la prueba definitiva en este deporte. Y César González Barrón llegó ahí. En 1994, un año después de incorporarse al CML bajo el nombre de Silver King, ganó el campeonato mundial de peso completo del Consejo Mundial de Lucha Libre.
Derrotó a Black Magic, cuyo nombre real era el luchador estadounidense Norman Smiley para coronarse campeón del mundo. El reinado duró 330 días de 1994 a 1995 con 26 años de edad. Grábate ese dato, 330 días como campeón. Mundial del CML, ganado en el ring, en la empresa más antigua y más respetada de la lucha libre en el mundo con 26 años y después de perder la máscara y la cabellera en la etapa anterior de su carrera, ese fue el pico.
Ese fue el momento en que César González Barrón Silver King llegó a la cima de lo que cualquier luchador mexicano podía aspirar a alcanzar en esa era. Hijo del Dr. Wagner, hermano del Dr. Wagner Junior y ahora campeón mundial del CML por derecho propio. No porque alguien le regalara nada, no porque el apellido le abriera las puertas automáticamente, sino porque era suficientemente bueno para estar ahí, para ganar ese título y para defenderlo durante más de casi un año.
Sus rivales durante esos años en el CMLL fueron luchadores de élite real. Escorpio Junior, Emilio Charles Jr. Apolo Dantés, feudos que llenaban el Arena México, combates que el público recordaba semanas después y que construían la narrativa de una división de peso completo que en esa época era de las más activas del CML.
Y Silver King estaba en el centro de todo eso con el campeonato más importante sobre los hombros. En 1995, junto a El Texano, su compañero dentro del equipo, Los Cowboys, ganaron el IWA World Tag Team Championship en Japón el 3 de marzo de 1995 en Hiroshima. lo mantuvieron hasta el 20 de agosto de ese mismo año. En febrero de 1996, Silver King y su hermano, el Dr.
Wagner Junior, derrotaron a Dos Caras y último dragón para ganar los campeonatos mundiales en pareja del CML. Dos hermanos hijos del Dr. Wagner, dominando juntos el CML con el legado familiar hecho realidad deportiva concreta. Y entonces llegó 1997 y llegó el llamado más grande que un luchador mexicano podía recibir en esa época.
Cuando la World Championship Wrestling, la WCW de Ted Turner, comenzó a contratar luchadores mexicanos de manera sistemática a mediados de los años 90, abrió una puerta que cambió la historia del wrestling profesional para siempre y que también cambió la percepción global de lo que era la lucha libre. Eddie Guerrero llegó a la WCW, Rey Misterio llegó, Conan llegó, La Parca llegó, Pikosis llegó, Villano Cuarto y Villano Quito llegaron.
Y con todos ellos llegó la lucha libre mexicana a una audiencia de decenas de millones de personas en Estados Unidos y el resto del mundo que nunca habían visto una función del CMLL, ni habían pisado en la Arena a México. La WCW Monday Nitro era en ese momento el programa de wrestling más visto de Estados Unidos semana a semana y Silver King fue parte de esa oleada histórica que cambió el wrestling americano.
Debutó en la WCW el 9 de junio de 1997 en un episodio de WCW Monday Nitro, formando equipo con Pikosis y la Parca en un combate de seis hombres. Fue su presentación ante el público norteamericano masivo. Y aunque en sus primeras semanas y meses fue uno más entre la enorme cantidad de luchadores mexicanos que la WCW había contratado durante ese periodo, Silver King tenía algo que lo diferenciaba de muchos en ese roster.
Técnica impecable construida durante más de una década. velocidad excepcional que el ojo entrenado reconocía de inmediato y la capacidad natural de hacer que cualquier combate se viera creíble y emocionante desde la primera fila hasta la última del estadio. Luchó regularmente en los episodios de Monday Nitro a lo largo de toda su estancia en la empresa, formando equipos con Pikosis, con La Parca, con Villano Cuarto y villano Quito y más adelante con el dandi bajo el nombre de los fabulosos cuando Stacy Cabler comenzó a manejarlos a finales del
periodo WCW. Esa asociación con Keer era la señal de que algo podría estar mejorando para él dentro de la empresa, pero la WCW cerró antes de que pudiera materializarse completamente. Su pelea más importante en el contexto de la WCW fue el reto al campeonato de peso crucero de la WCW contra Juventud Guerrera en Fall Brow 1998.
Un pay-perview nacional que llegaba a millones de hogares en toda América. No ganó el título esa noche, pero estuvo ahí en la pantalla principal peleando por un campeonato en un evento que pagaban para ver cientos de miles de personas. Eso para un luchador mexicano en la WCW de esa era un logro real y concreto.
También fue miembro del Latino World Order, el LO, el grupo que Eddie Guerrero formó en 1998 como una sátira del New World Order de Hulk Hogan y Kevin Nash. El concepto era simple en la superficie y amargo en el fondo. Un grupo de luchadores latinos que estaban hartos de ser tratados como relleno dentro de la misma empresa que los había contratado porque necesitaba su talento.
La ironía era brutal. La WCW les daba un ángulo narrativo sobre el maltrato mientras simultáneamente los mantenía en el tercio inferior del cartel. El LW duró poco. Eddie Guerrero tuvo un accidente de automóvil grave y el grupo se disolvió con todos sus miembros regresando a posiciones individuales en el roster. Grábate esto.
Silver King estuvo en la WCW desde 1997 hasta el año 2000. 3 años en la empresa más grande del wrestling americano en ese momento. 3 años apareciendo en Monday Nitro ante millones de espectadores. 3 años construyendo una reputación internacional que antes solo existía en los circuitos especializados de México y Japón.
Y cuando la WCW cerró sus puertas en 2001 después de ser comprada por la WWE, tras años de pérdidas millonarias y una guerra de ratings que la WCW finalmente perdió de manera catastrófica. Silver King ya había regresado a México. Pero algo había cambiado en esos 3 años en Estados Unidos. El hombre que regresó de la WCW no era exactamente el mismo que se había ido con todo el entusiasmo de conquistar el mercado americano.
Había visto desde adentro cómo funcionaba el negocio del wrestling en la escala más grande. había entendido que en el wrestling americano de esa era para los luchadores mexicanos, sin importar cuán talentosos fueran individualmente, el techo estaba fijado de antemano, que podía ser el mejor técnico en el roster, el más veloz, el más espectacular y el más consistente, y seguir siendo un nombre en el tercio inferior del cartel de manera indefinida.
que el negocio no siempre premia al talento, que a veces el talento solo sirve para que el show de otra persona se vea mejor. De regreso en México, el CML intentó reposicionarlo con un nuevo personaje llamado El Bronco. No funcionó. El debut fue un fracaso según los registros de la época. La arena no compró el nuevo personaje.
La química no estaba. El público no respondió con el entusiasmo que los promotores esperaban. Siguió trabajando bajo distintos nombres y máscaras según el territorio y el promotor. Recuperó el nombre Silver King. Perdió la máscara de Black Tiger ante la Park en Torreón, su ciudad natal, en un momento cargado de simbolismo por ocurrir exactamente donde había empezado todo y continuó hacia adelante.
En 2007 regresó a Japón esta vez a Old Japan Pro Wrestling. El 1 de marzo de 2007 ganó el campeonato mundial juvenil de peso pesado de la empresa al derrotar a Katsuji con Akayima. mantuvo el título por menos de 2 meses antes de perderlo ante Ryu Jiikata el 29 de abril de 2007, otro campeonato en otro continente.
Otra demostración de que Silver King seguía siendo bueno, seguía siendo relevante, seguía mereciendo esos espacios, aunque el mercado no siempre lo premiara de manera proporcional a la trayectoria que tenía detrás. Pro Wrestling Illustrated loó en el número 46 de los 500 mejores luchadores del mundo en el año 2001.
Junto a El Texano aparecieron en el número 68 de los 100 mejores equipos de los años PWI en 2003. Reconocimientos verificables de las publicaciones más importantes y más respetadas del wrestling profesional en el mundo. Esta es la historia de un hombre que ganó campeonatos en México, en Estados Unidos y en Japón, que fue reconocido por los especialistas como uno de los mejores del mundo durante más de una década y que aún así, en algún momento de la primera década del siglo XXI empezó a perder terreno en el mercado central. La carrera tenía sus
subidas y bajadas como todas las carreras largas. Las empresas grandes lo llamaban, lo usaban en el espacio que consideraban apropiado para él en ese momento y luego lo dejaban continuar por su propio camino. El mercado de la lucha libre es así, implacable, cíclico y con una memoria que se hace más corta cuanto más tiempo pasan los años desde que estuviste en el cartel principal.
Y entonces llegó septiembre de 2005 y llegó una tarde completamente normal que no lo era en absoluto. Escucha esto porque esta es la segunda revelación que te prometí. Una tarde de septiembre de 2005, César González Barrón fue a las oficinas del Consejo Mundial de Lucha Libre en la Ciudad de México a cobrar su quincena.
Un viernes de rutina, el trámite más ordinario posible, cobrar el salario y seguir con el resto del día. Pero cuando llegó, una persona de la empresa le mencionó que había un casting abierto para una película de Hollywood que se iba a filmar en territorio mexicano, que había productores buscando luchadores para el elenco, que por qué no iba a tomarse unas fotos y participaba.
César González Barrón no quería ir, fue prácticamente obligado a asistir. Ese día se tomó unas fotografías junto a otros luchadores que también estaban siendo evaluados en la misma sesión. Universo 2000 estaba ahí. Máscara sagrada, Shocker, Canek. Nombres con peso real en la historia del CML y de la lucha libre mexicana. González pasó la primera prueba de selección y lo citaron en los estudios Churubusco de la Ciudad de México para la siguiente etapa del proceso.
Ahí le pidieron que realizara algunos movimientos de lucha libre para que los productores y el coreógrafo de la película pudieran ver cómo se movía en tiempo real, no en fotografía. El coreógrafo encargado lo llamó al ringado y lo que vio lo dejó sin palabras. Silver King se movía con una fluidez, una velocidad y una precisión que no se aprende en dos semanas de casting para una película.
Se movía así porque llevaba exactamente 20 años haciéndolo cada noche en arenas de todo el mundo. Pasó la segunda prueba, lo llamaron para una tercera. Para entonces, César González ya estaba en Guadalajara cumpliendo con su calendario de funciones. Estaba hospedado en casa de su compañero, el texano, su socio de los Cowboys, cuando recibió la llamada del productor Ricardo del Río.
La noticia era que había conseguido el papel. La película era una producción de Paramount Pictures. El actor principal era Jack Black. La película se llamaba Nacho Libre y contaba la historia de un cocinero de un orfanato que quería convertirse en luchador para poder mejorar la alimentación de los niños. La comedia perfecta para el mercado familiar americano con un elemento de cultura popular mexicana en el centro.
Y el personaje que Silver King iba a interpretar era Ramsés, el luchador invencible, el campeón absoluto imbatible, el villano que nadie había podido derrotar y que Nacho tenía que superar en el clímax de la película para completar su arco narrativo. Un antagonista físicamente imponente, técnicamente impecable, intimidante por naturaleza y por presencia.
Silver King no preguntó sobre los detalles artísticos del personaje ni sobre las implicaciones narrativas del rol. preguntó cuánto iba a cobrar porque aceptar el papel significaba dejar el ring durante aproximadamente 2s meses mientras duraran las filmaciones. Cuando escuchó la cifra, aceptó de inmediato. Grábate esto.
Silver King no fue a buscar ese papel. El papel lo encontró a él en un viernes de quincena. Nacho Libre se filmó principalmente en Oaxaca, México. Cuando César González llegó al set de filmación, encontró a un grupo de actores y extras intentando aprender movimientos básicos de lucha libre para poder participar en las secuencias de combate de la película.
Lo llamaron para que ayudara con la coreografía de los combates y en cuestión de minutos demostró que no era simplemente el experto técnico en el set. Era la razón principal por la que los combates de la película iban a verse auténticos, porque él era auténtico en cada movimiento que hacía. La película se estrenó en 2006. Recaudó más de 99 millones de dólares en taquilla mundial con un presupuesto de aproximadamente 35 millones dó.
No fue un éxito masivo de taquilla en el sentido de las grandes producciones de ese año, pero tampoco fue un fracaso y con el paso del tiempo, Nacho Libre se convirtió en una película de culto en México, en América Latina y en Estados Unidos. El personaje de Ramsés quedó grabado en la memoria colectiva de millones de personas que nunca habían visto una función del CMLL o de la WCW, que no sabían quién era Silver King ni quién había sido el Dr.
Wagner, pero que recordaban perfectamente la máscara dorada, la presencia física dominante y el nombre Ramsés. Cuando Jack Black se enteró de la muerte de Silver King en mayo de 2019, publicó en su cuenta de Instagram una imagen de Ramsés en el set de filmación de Nacho Libre. Escribió César González. Vaya con Dios, hermano.
No lo llamó Silver King, no lo llamó Ramsés, lo llamó por su nombre real, como si en ese momento específico de duelo, detrás de todos los personajes y detrás de todas las máscaras, quedara solo el hombre. Piensa en eso un momento. 34 años de carrera activa, campeonatos mundiales en tres continentes.
Más de una docena de títulos ganados en distintas empresas y distintos países. Apariciones en WCW Monday Nitro durante tres temporadas consecutivas frente a millones de espectadores. Reconocimiento de Pro Wrestling Illustrated como uno de los 500 mejores del mundo en 2001. Toda esa carrera, todo ese trabajo y la imagen que el mundo en general identificaba de manera inmediata con el nombre Silver King era la de un hombre con máscara dorada en una película de comedia junto a Jack Black.
No es una crítica, no hay juicio moral en esa observación. Es la realidad concreta del alcance que tiene la cultura pop versus el alcance que tiene un deporte de nicho, aunque ese deporte sea apasionante y sus practicantes sean extraordinarios. Y Silver King, sin proponérselo en ningún momento, cruzó esa frontera de la manera más improbable posible, yendo a cobrar la quincena un viernes cualquiera de septiembre de 2005.
Lo que ninguna película muestra es lo que vino después de Nacho Libre, los años de seguir luchando con el mismo compromiso de siempre, los eventos en Europa donde el público lo conocía como Ramsés, pero lo respetaba como Silver King, las giras en Japón a los 50 años. El circuito independiente, la resistencia sostenida durante años frente a un mercado que va desplazando a los veteranos de manera natural hacia los espacios secundarios.
Necesito que prestes mucha atención a lo que viene ahora. Después de Nacho Libre, Silver King no se retiró, no aprovechó la visibilidad de la película para hacer una transición hacia los medios de comunicación o hacia la televisión. No se convirtió en figura decorativa del deporte.
Siguió luchando exactamente como antes, porque seguir luchando era lo que hacía y lo que sabía hacer mejor que ninguna otra cosa. Firmó con Triple A en 2008. Apareció en la Triplemanía 16 haciendo equipo con la Parca y Chesman. Comenzó a construir una nueva etapa de su carrera dentro de esa empresa. En 2010 se integró al grupo Los Wagner Maníacos junto a su hermano, el Dr.
Wagner Jr. Continuando el linaje familiar en el contexto de la Triple A. En la Triplemanía 18, Silver King y Último Gladiador ganaron el campeonato mundial en parejas de la Triple A derrotar a Beer Money Incomponet en una lucha de eliminación que incluía cuatro equipos, otro campeonato, otro título. A los 42 años de edad, después de casi tres décadas en el negocio.
Para el año 2014, cuando dejó la tripla A y comenzó a trabajar en el circuito independiente en México y en el exterior, ya llevaba 29 años en el negocio. 29 años de funciones, de viajes, de entrenamientos, de caídas sobre tapetes y pisos de madera, de noches en hoteles de distintas ciudades en distintos países, de recibir el peso de otros cuerpos sobre el propio en cada combate.
En la lucha libre, ese desgaste físico acumulado no se negocia ni se compensa con voluntad ni con técnica. se registra en el cuerpo de manera permanente y progresiva. Grábate este dato. En 2010, González comenzó a usar el nombre artístico Silver Kane, también escrito Silver Kane, como una estrategia para poder volver a usar su máscara en funciones del Distrito Federal de México.
Las reglas de la lucha libre mexicana en relación a las luchas de apuestas son complejas y específicas en ciertos territorios y bajo ciertos promotores. Un luchador que perdió su máscara en una lucha de apuesta oficial no puede volver a usarla en ese territorio de manera legítima. Al usar un nombre diferente, Silver Kane, en lugar de Silver King, podía trabajar con máscara nuevamente en esos contextos específicos.
Así de complejo y así de específico es el mundo de la lucha libre mexicana. Los nombres y las máscaras tienen reglas y restricciones que no existen en ningún otro deporte ni en ninguna otra forma de entretenimiento en el planeta. El 27 de junio de 2015 perdió ante su hermano, el Dr. Wagner Jr. En una función en Palmeto, Florida. Un combate entre hermanos en suelo americano, lejos de las grandes arenas de México, que resumía perfectamente la etapa de la carrera en la que ambos se encontraban.
veteranos de la élite mundial que seguían activos porque el ring era su lugar natural y porque el público, aunque más pequeño que en los años de esplendor, seguía ahí para recibirlos con el respeto que su historia merecía. En 2016 y 2017 trabajó regularmente en Inglaterra, donde el mercado europeo de la lucha libre había crecido de manera significativa en la segunda década del siglo XXI.
El público británico tenía una relación particular con la lucha libre mexicana. La conocía a través del cine, de los videojuegos, de las retransmisiones de la WCW en los años 90 y de promotoras locales que habían construido un ecosistema independiente sólido en ciudades como Londres, Manchester y Birmingham. En ese contexto, el nombre Silver King funcionaba en dos niveles simultáneos.
Para los puristas era el excampeón mundial del CML, el luchador que había estado en la WCW, el veterano de 30 años de carrera que merecía respeto por su trayectoria. Para el público más casual era Ramsés de Nacho Libre, el villano con la máscara dorada, el tipo que había peleado contra Jack Black. Esa combinación de credibilidad deportiva y reconocimiento cultural popular lo hacía un valor real en el mercado europeo independiente.
El 14 de marzo de 2019, a menos de 2 meses de morir, estaba en Japón participando en un evento compartido con World Ring Stardom y Tokyo Gurentai, formando equipo con fuerza guerrera y diamante en un combate que perdieron ante último dragón, el hijo del Santo Isiru, Japón hasta el final. Tres continentes hasta el final, 34 años hasta el final.
Un hombre de 51 años, 34 años de carrera activa en Japón a 60 días de su muerte. Y en abril de 2019, un mes exacto antes de que ocurriera lo que ocurrió en Londres, Silver King dio la que sería su última entrevista pública. Dijo lo siguiente: “La juventud es fugaz. Las lesiones se vuelven más serias y algún día tendré que dejar la lucha libre, pero me siento satisfecho de haber ganado todo por mis propios méritos y no porque conociera a alguien por dentro.
Forgé mi propia historia. Grábate esas palabras con cuidado, porque un mes después de pronunciarlas las probó de la manera más definitiva y más irreversible que existe. Esta es la tercera revelación que te prometí. El 11 de mayo de 2019, era sábado por la noche, en lucha libre World Fest and the Round House de Camden, Londres, el cartel anunciaba a Silver King, presentado como Ramsés para maximizar el reconocimiento del público europeo, enfrentándose a Juventud Guerrera, dos veteranos de la lucha libre mexicana, dos hombres que habían
recorrido el mundo luchando, que se conocían profesionalmente desde los años de la WCW, cuando ambos estaban en el roster de la misma empresa que habían compartido el ring en múltiples ocasiones a lo largo de décadas. La pelea de Fbara, 1998, el reto al título de peso crucero era uno de los muchos combates que habían tenido a lo largo de los años.
Cuando César González llegó al Rohouse esa noche, según los reportes de personas que estuvieron presentes, parecía estar bien. No había señales externas visibles de que algo estuviera mal. Tenía 51 años y llevaba más de tres décadas haciendo esto de manera profesional. Su cuerpo conocía el ritual de prepararse para una función mejor de lo que conocía cualquier otra rutina del día a día de su vida.
El combate comenzó y durante varios minutos fue un combate que el público recibió con entusiasmo. Roberto Carrera Maldonado, un fan que estaba en la audiencia esa noche, dijo a la BBC lo siguiente. Se sentía como si fuera parte del show. Era completamente normal durante el combate. Todos estábamos muy sorprendidos.
No estaba claro lo que estaba pasando. Esa frase lo dice todo. El nivel profesional de Silver King era tan alto y tan sólido. Su manejo del ring tan natural y tan automatizado después de 34 años que cuando su cuerpo comenzó a fallar, el público tardó en entender que lo que estaba viendo era real y no parte de la narrativa del combate.
Escucha esto con mucha atención porque cada detalle importa. En algún momento del combate, Silver King comenzó a perder el ritmo habitual de sus movimientos. Sus respuestas al rival se retrasaron de manera perceptible. Sus movimientos perdieron la fluidez característica que cualquier persona que lo había visto antes habría reconocido como diferente y luego cayó de cara sobre el tapete del ring.
El referee Black Terry siguió en el ring sin detener el combate. No comprendió en ese momento lo que estaba ocurriendo realmente. Juventud guerrera lo miró desde el suelo intentando comprender si esto era parte de la narrativa del combate o si era algo completamente diferente. intentó girarlo una vez, dos veces.
El cuerpo de Silver King no respondía de la manera normal. Finalmente logró voltear a Silver King para la posición de pin y el referó los tres conteos para el final oficial del combate con una excitación visible de casi 5 segundos antes del tres final. El combate terminó oficialmente mientras un hombre estaba sufriendo un infarto masivo.
Durante varios minutos después del final del combate, el público presente en el Roundhouse siguió sin entender completamente lo que había ocurrido delante de sus ojos. Alguien que estaba en la audiencia esa noche dijo a Camden New Journal. Al principio parecía parte del show, pero luego no se levantó y llegó el equipo médico al escenario.
Desalojaron a todos y había mucha policía y muchas ambulancias afuera. El público cantaba silver, silver silver mientras los médicos trabajaban en el ring. No sabían que el hombre al que le cantaban ya no podía escucharlos. Tardaron más de 5 minutos en llegar los médicos al ring desde el momento en que Silver King cayó. 5 minutos. En un ataque cardíaco.
Cada minuto sin intervención reduce significativamente las posibilidades de supervivencia. Los primeros 4 minutos sin RCP son críticos. Después de 10 minutos sin oxígeno en el cerebro, el daño es irreversible en la mayoría de los casos. 5 minutos en llegar en un evento con miles de personas presentes. En un espectáculo que se había anunciado como el más grande de la lucha libre en Europa.
5 minutos es un tiempo demasiado largo cuando el corazón de un hombre ya no late. El London Ambulance Service respondió a la llamada a las 10:21 de la noche. Enviaron dos ambulancias, un paramédico avanzado y un oficial de respuesta a incidentes. Le realizaron maniobras de RCP de manera sostenida. usaron un desfibrilador para intentar reactivar el ritmo cardíaco.
Los paramédicos hicieron todo lo que era posible hacer en ese momento y en ese lugar con los recursos que tenían disponibles. No fue suficiente. El Roundhouseous de Camden fue desalojado. La policía acordonó el área. Las ambulancias bloquearon la calle exterior. El público salió a la noche londinense sin saber completamente qué había pasado, con los rumores circulando de boca en boca.
Los teléfonos encendidos buscando información, el silencio del shock, reemplazando el ruido de la función que minutos antes había llenado ese edificio de música y gritos y lucha libre. César Cuautemo González Barrón fue declarado muerto esa noche del 11 de mayo de 2019 en el Round House de Camden, Londres, Inglaterra. Tenía 51 años de edad.
Había pasado exactamente 34 años de su vida luchando como profesional desde su debut en 1985. Esta es la cuarta revelación que te prometí. El mundo de la lucha libre y del wrestling profesional respondió de inmediato a la noticia. La WWE emitió un comunicado oficial que decía que estaban entristecidos de conocer que el legendario luchador de lucha libre y exestrella de la WCW Silver King había fallecido a los 51 años.
Eric Bischov, el expresidente de la WCW, que había sido directamente responsable de contratar a tantos luchadores mexicanos durante los años 90, declaró públicamente, “Me entristece conocer la muerte de Silver King.” Como tantos de los grandes luchadores que ayudaron a los americanos a apreciar la lucha libre y a hacer de nitro el éxito que fue, se le echará de menos.
Gracias y descansa en paz. El hijo del santo, el hombre que le había quitado la máscara en noviembre de 1987 en lo que fue una de las primeras grandes derrotas de su carrera, el rival de décadas, escribió en Twitter, “Lamento profundamente la muerte de mi gran rival y compañero en tantas batallas. se fue como quería peleando. Sean Waltman, exestrella de la WWE conocido como Expack, que había compartido el vestuario de la WCW con Silver King durante los años de ambos en esa empresa, dijo, “Fue un honor haber sido su amigo y haber compartido el ring
con el gran Silver King. Era verdaderamente uno de los grandes y estoy destrozado por su muerte. Lucha Libre Triple A World emitió su comunicado oficial. Lucha libre Triple A World Wide se une al luto que tiene la familia luchística por la muerte de César Cuautemo González Barrón Silver King.
Pero también hubo voces de amargura. Máscara año 2000 Junior, un veterano de la lucha libre dijo en esos días, “Ahora veremos lo que siempre pasa.” Cuatro palabras cargadas de amargura acumulada. Cuatro palabras que dicen que en el mundo de la lucha libre independiente, cuando ocurre algo trágico, el sistema que debería proteger a sus trabajadores falla de manera predecible y nadie rinde cuentas de manera proporcional a la tragedia ocurrida.
Después de su muerte, el cuerpo de Silver King tardó días en poder ser trasladado de regreso a México por cuestiones logísticas y administrativas relacionadas con la repatriación de restos desde el exterior. Llegó a la Ciudad de México el 19 de mayo de 2019, 8 días después de su muerte. Desde la Ciudad de México fue trasladado a Monterrey y luego por tierra hasta Torreón, Coahuila, su ciudad natal y la ciudad de su padre.
En la funeraria Galloso de Torreón se organizó un velatorio al que el público en general pudo asistir. Miles de personas que habían crecido viéndolo luchar, que lo recordaban como Silver King o como Ramsés o simplemente como el hijo del Dr. Wagner y hermano del Dr. Wagner Jr. Llegaron a despedirlo. Lo enterraron en el panteón Jardines del Tiempo en Torreón junto a su padre.
El drctor Wagner había muerto en ese mismo Torreón el 12 de septiembre de 2004. También de un ataque al corazón a los 68 años, padre e hijo en la misma tierra, en la ciudad donde todo había comenzado hace décadas para ambos. En 2020, la empresa Triple A lo incluyó póstumamente en su salón de la fama en reconocimiento a una carrera que merece ese lugar.
Grábate esto. La lucha libre tiene una relación con la muerte que ningún otro deporte tiene de la misma manera. No porque sea necesariamente más peligrosa que el boxeo o el fútbol americano en términos estadísticos, sino porque en la lucha libre el escenario es el escenario, el ring es el altar y cuando alguien muere ahí, muere frente al público que pagó para estar presente en el único lugar donde toda su vida profesional cobró su sentido más completo y más real.
No hay intimidad en ese momento, no hay privacidad. Es exactamente como vivió en público frente a las personas que vinieron a verlo. El Hijo del Santo lo dijo perfectamente y con la economía de palabras que caracteriza a quien realmente entendió lo que ocurrió. Se fue como quería peleando. Piensa en eso un momento más. Hay algo profundamente honesto y también profundamente revelador en esa frase.
Silver King llevó 34 años construyendo una carrera que tenía todos los ingredientes de la grandeza real y documentable. Campeonatos mundiales en el CML, presencia internacional en tres continentes verificada, reconocimiento de los especialistas, un papel en una película de Paramount Pictures y también tenía todos los ingredientes de la invisibilidad que el mercado deportivo impone con el tiempo, el peso de un apellido que lo comparaba con su padre y su hermano antes de que pudiera demostrar nada. años trabajando en
posiciones secundarias en la WCW, donde su talento fue subutilizado de manera sistemática. Una fama pública que llegó finalmente a través de un personaje de cine más que a través de sus logros deportivos reales y concretos. La lucha libre lo elevó, le dio campeonatos, le dio arenas llenas, le dio reconocimiento internacional, le dio un papel en Hollywood que nunca buscó y también le dio las condiciones para que a los 51 años estuviera luchando en un evento independiente en Londres sin la infraestructura médica que un atleta de
su trayectoria, de su legado y de su edad merecía tener garantizada a su disposición. La pregunta que el mundo de la lucha libre todavía no ha respondido completamente es la siguiente, ¿qué responsabilidad tienen los promotores cuando contratan a un atleta veterano para competir en sus eventos? ¿Y cuáles son los estándares mínimos de seguridad médica que deben garantizarse? Los medios especializados señalaron que los médicos tardaron más de 5 minutos en llegar al ring desde que Silver King cayó, que el referie no detuvo el
combate en el momento en que Silver King dejó de responder con normalidad. Que Juventud Guerrera, confundido y asustado frente a algo que nunca había experimentado en tantos años de carrera, intentó girar a su compañero sobre el tapete sin saber qué hacer exactamente, que el público tardó varios minutos en comprender que lo que estaba viendo no era actuación, sino realidad.
El mundo del wrestling independiente opera con una estructura que en muchos casos carece de los protocolos de seguridad médica que existían en el wrestling americano de alto nivel durante las décadas anteriores. En los Estados Unidos, durante los años de la WWF y la WCW como empresas de primer nivel, había comisiones atléticas estatales que regulaban los eventos y exigían presencia médica certificada en el Ringside.
Esas comisiones fueron perdiendo poder progresivamente. En el circuito independiente europeo las regulaciones varían enormemente de país a país y de promotora a promotora. Las consecuencias de esa falta de uniformidad son visibles en noches, como la del 11 de mayo de 2019 en Camden. La ironía amarga es esta. Silver King fue contratado para ese evento precisamente porque era Silver King, porque era Ramsés, porque tenía 34 años de carrera y el reconocimiento que eso genera se le contrató por lo que era y al mismo tiempo no se garantizaron las
condiciones mínimas que alguien con esa trayectoria y esa edad merecía tener disponible si algo salía mal. Esa contradicción no tiene una explicación simple, pero sí tiene un nombre. Es el precio que la industria del entretenimiento deportivo independiente cobra a sus participantes sin reconocerlo explícitamente.
César González Barrón no era una víctima sin agencia propia. Era un profesional adulto y experimentado que tomó sus propias decisiones durante 34 años y que eligió seguir en el ring a los 51 años porque eso era lo que amaba por encima de cualquier otra consideración. Esa elección merece respeto absoluto y genuino, no condendencia ni juicio retrospectivo fácil, pero el sistema en el que tomó esas decisiones tenía grietas visibles para quien quisiera verlas antes de que ocurriera lo que ocurrió. Y la noche del 11 de mayo de
2019, esas grietas quedaron expuestas de la manera más dolorosa posible frente a miles de personas que habían ido a celebrar la lucha libre y terminaron siendo testigos involuntarios de algo que ninguno de ellos esperaba ni quería ver. Hay una última cosa que necesitas saber para entender esta historia en su totalidad.
Silver King no es solo la historia de un hombre que murió en el ring. Es la historia de lo que la lucha libre hace con sus grandes a lo largo del tiempo. Los eleva hasta el Olimpo, les da títulos y aplausos y arenas llenas y roles en producciones de Hollywood. Y luego cuando ya no son los más jóvenes ni los más comercialmente atractivos para el mercado principal, cuando el mercado los desplaza de manera natural hacia carteles secundarios, hacia giras en Europa, hacia eventos del circuito independiente, los deja continuar solos con lo que siempre
supieron hacer, sin la red de seguridad institucional que debería acompañar a alguien con esa trayectoria, sin la estructura que un atleta profesional de ese nivel de logros debería tener garantizada. En abril de 2019, en lo que sería su última entrevista, Silver King dijo que se sentía satisfecho, que había ganado todo por sus propios méritos, que nadie le había regalado nada, que había forjado su propia historia con su propio trabajo y tenía razón en cada una de esas afirmaciones porque los datos lo prueban. El campeonato mundial de peso
completo del CML con 330 días de reinado, ganado a los 26 años. Campeón en parejas en México con el texano y con su hermano, el Dr. Wagner Jr. distintas ocasiones. Campeón en Japón con el Texano y el EWA World Tag Team Championship en marzo de 1995 en Hiroshima, campeón en All Japan en 2007, campeón en parejas en la Triple A con último gladiador en Triplemanía 18.
Estrella de WCW Monday Nitro durante tres temporadas consecutivas. reconocido por Pro Wrestling Illustrated como el número 46 de los 500 mejores del mundo. Villano de una película de Paramount Pictures que recaudó más de 99 millones de dólares mundialmente, inducido póstumamente al salón de la fama de la Triple A en 2020, 34 años, tres continentes, más de una docena de campeonatos en distintas empresas y países.
Una película de Hollywood que llegó por pura casualidad un viernes de quincena y una última noche en Londres con la máscara dorada puesta frente a miles de personas que lo querían. Ese es el legado de Silver King. Ese es el legado de César Cuautemoc González Barrón. Y ese legado merece ser conocido completo. No solo la parte que se viralizó, no solo la imagen de Ramsés, no solo el video de la caída en el Roundhouse.
El legado completo incluye los 330 días de reinado como campeón mundial del CML a los 26 años. Incluye las madrugadas en hoteles de Japón aprendiendo un estilo que lo haría mejor. incluye las funciones en Arenas Medianas de México cuando el mercado lo había desplazado del cartel principal, pero él seguía ahí porque eso era lo que hacía.
incluye la dignidad de no haber pedido nada que no se hubiera ganado primero. Incluye la última entrevista de abril de 2019 dada con la tranquilidad de quién sabe exactamente lo que ha construido y no necesita la validación de nadie más para estar en paz con eso. El hijo del santo. El hijo del santo que le quitó la máscara en 1987 y que fue su rival y su compañero durante décadas.
dijo la frase más honesta y más precisa que se pudo decir sobre César González Barrón en el momento de su muerte. Se fue como quería, peleando. Esa frase no necesita adornos. Es exactamente lo que fue y exactamente lo que significa. Nació en Torreón el 9 de enero de 1968. Creció en la sombra de un apellido que era simultáneamente Gloria y Carga imposible de ignorar.
Debutó a los 17 años como el invasor. Perdió la máscara ante el Hijo del Santo en 1987. Perdió la cabellera ante Kendo en 1988. Se fue a Japón. Se convirtió en Black Tiger tercero. Volvió al CML. Ganó el campeonato mundial a los 26 años. Lo mantuvo 330 días. Se fue a la WCW. 3 años en Nitro. Volvió a México. Fue a Japón otra vez.
Ganó el título de All Japan en 2007. Hizo una película de Hollywood por accidente un viernes de quincena de 2005. Ganó el campeonato de parejas de la Triple A en Triplemanía 18. Siguió luchando. Siguió luchando en México, en Estados Unidos, en Japón, en Inglaterra, a los 40 años, a los 45, a los 50, a los 51.
Siguió luchando porque era lo que era y porque nunca encontró una razón suficientemente poderosa para dejar de serlo. La lucha libre lo recibió a los 17 años con los brazos abiertos porque lo reconoció de inmediato como alguien que pertenecía ahí. Y la lucha libre lo despidió a los 51 años en un ring de Camden, Londres, de la única manera en que alguien que pertenece completamente a un lugar puede ser despedido dentro de él con la máscara puesta, haciendo lo único que siempre supo hacer mejor que casi nadie.
El Hijo del Santo tenía razón, se fue como quería, peleando. Y eso en el mundo particular y extraordinario de la lucha libre mexicana es exactamente lo que significa haber vivido de verdad. Y el 11 de mayo de 2019 subió al ring en Londres con una máscara dorada que millones de personas reconocían del cine.
Y en el único lugar donde toda su vida cobró sentido completo durante 34 años consecutivos, su corazón dijo que ya era suficiente. El Hijo del Santo lo dijo mejor que nadie. se fue como quería, peleando del Olimpo al abismo o quizás del Olimpo al ring de Camden, al único lugar donde Silver King fue siempre completamente Silver King y nunca tuvo que ser nadie más.
Si la historia de César González Barrón te enseñó algo que no sabías. Si ahora entiendes que detrás de Ramsés había una carrera de 34 años que el mundo casi no vio, si ahora ves el precio real de dedicar toda una vida al ring, cuando el negocio no siempre cuida de la misma manera a los que más dieron, entonces haz algo por mí.
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