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REY MISTERIO: LA ASQUEROSA VERDAD DETRÁS DE SU OSCURO VICIO

REY MISTERIO: LA ASQUEROSA VERDAD DETRÁS DE SU OSCURO VICIO

El luchador mexicano más famoso de la historia. Ídolo de millones de niños en el mundo entero. Ese mismo hombre enganchado a pastillas durante 10 años en secreto. Y según confesó el mismo, hubo una noche en 2007 en la que casi se quita la vida. Y la versión que el público mexicano conoce de Rey Misterio es la versión limpia, la del héroe enmascarado.

 Hoy vas a saber la oscura realidad, la que él mismo escribió en su autobiografía y la que ocultaron durante 10 años es mucho más asquerosa que la que contaron. Quédate hasta el final porque hoy vas a saber por qué tomaba pastillas en secreto, por qué estuvo a punto de quitarse la vida y aún más doloroso, porque su propio hijo Dominic lo destruye delante del mundo entero su nombre Óscar Gutiérrez Rubio.

 El mundo lo conoce como Rey Misterio. Y para entender cómo el ídolo más grande de la lucha libre latina llegó hasta ahí. Antes tienes que ver de dónde vino. Óscar Gutiérrez Rubio nació el 11 de diciembre de 1974 en el hospital Scripts Memorial de Chula Vista, California, una ciudad de frontera a 22 km de Tijuana, a 23 km del centro de San Diego, un suburbio de clase trabajadora donde se hablaba más español que inglés, donde las familias mexicanas habían llegado en los años 60 y 70 buscando un futuro que en Tijuana ya no encontraban. Su papá se llamaba

Roberto Gutiérrez, trabajador de fábrica, hombre callado, de los que entraban a su turno a las 5 de la mañana y regresaban a casa a las 6 de la tarde sin contar lo que había hecho durante el día. Su mamá se llamaba María del Rosario, limpiadora de casas, mujer pequeña, fuerte, religiosa, de las que rezaban un rosario por cada hijo cada noche, y tenía cuatro hijos por los que rezar.

 Rogelio, Roberto Junior, Luis y el más pequeño Óscar. Los Gutiérrez Rubio no tenían dinero. La familia entera vivía en una casa de dos cuartos en Chula Vista. María cruzaba la frontera todos los días para limpiar casas de familias americanas ricas en San Diego. Roberto hacía turnos dobles cuando podía y los cuatro hijos crecían entre dos países.

 Hablando inglés en la escuela, hablando español en la mesa, comiendo enchiladas verdes los domingos y cereal americano los lunes. Esa dualidad, esa mexicanidad de frontera iba a marcar la vida entera del más pequeño de los hermanos. Y en esa casa pobre de chula vista, donde el dinero apenas alcanzaba, había una palabra que todos los hijos Gutiérrez Rubio respetaban más que ninguna otra.

 Una palabra que iba a definir el destino de Óscar para siempre. Esa palabra era tío. El tío en cuestión se llamaba Miguel Ángel López Díaz, hermano de María del Rosario. Nacido en Tijuana el 8 de enero de 1958. Y para 1979, cuando Óscar era apenas un niño de 5 años, su tío Miguel Ángel ya era una estrella de la lucha libre mexicana.

 Su nombre artístico era Rey Misterio, sin segundo apellido, sin junior, sin números, simplemente Rey Misterio. Y en las Arenas de Tijuana, en los gimnasios de San Diego, en las pequeñas funciones de pueblo, ya era figura conocida. Óscar lo veía con los ojos abiertos de los niños que descubren un héroe en la propia familia.

 Cuando el tío Miguel Ángel llegaba a la casa de Chula Vista, los cuatro sobrinos corrían a verlo. Le tocaban la cara para ver si tenía la máscara puesta debajo de la piel. Le pedían que les hiciera llaves. Le rogaban que los llevara al gimnasio y Óscar, el más pequeño, el más callado, el más flaco, era el que más insistía. Quería ser como el tío, quería tener máscara, quería volar en el ring.

 Lo que ningún miembro de la familia podía imaginar entonces en esa casa modesta de chula vista era que ese niño flaco con la mirada brillante iba a convertirse en el luchador mexicano más famoso del mundo y que la máscara que tanto admiraba en su tío iba a tapar 30 años después. Una de las caídas más dolorosas de la lucha libre mundial.

 A los 8 años, su tío Miguel Ángel finalmente se dio. Le dijo a María del Rosario que se llevaba al niño al gimnasio, que el chamaco tenía talento, que solo necesitaba aprender. María, que era religiosa y temía por la integridad física de su hijo más pequeño, no quería que entrara al ring. Pero el tío insistió.

 le dijo que el muchacho iba a entrenar bajo su mirada, que no le iba a pasar nada y que la lucha libre para un niño pobre de la frontera no era un deporte, era un camino para salir de la pobreza. María seedió y Óscar Gutiérrez, con 8 años cumplidos, empezó a cruzar la frontera todos los sábados con su tío para ir al gimnasio que Miguel Ángel había abierto en Tijuana junto con Negro Casas y Superastro.

 Ese gimnasio iban a entrenar en los años siguientes a una generación completa de luchadores que después llegaría a la fama mundial. Conan, Psicosis, Halloween, Damián 666 y el más pequeño de todos, el sobrino del jefe, Óscar. En ese gimnasio, durante 6 años, Óscar Gutiérrez aprendió lucha libre como pocos niños en la historia.

 Su tío era exigente, implacable. Le hacía hacer ejercicios físicos hasta que vomitaba. Le hacía repetir llaves 100 veces. Le decía que si quería usar una máscara con el nombre Misterio, tenía que merecerla. Y Óscar, con la disciplina silenciosa de los niños tímidos, obedecía todo. Sin quejarse, sin llorar. A los 14 años lo bautizó, le dio su primer nombre artístico, lo llamó Colibri y con ese nombre en una arena de Tijuana en 1989, el muchacho de 14 años hizo su debut profesional.

Era ilegal. En México se requería licencia oficial para luchar profesionalmente, pero los promotores de Tijuana, conocidos del tío Miguel Ángel, hacían la vista gorda con el sobrino. Colibríz saltaba. volaba, hacía piruetas que ningún otro luchador de su edad podía hacer y la afición lo amaba. Lo que pocos saben es que durante esos primeros años, mientras Óscar Gutiérrez se convertía en estrella en Tijuana, su cuerpo ya estaba pagando un precio.

 Las rodillas del niño volador empezaron a fallar antes de los 20 años y esa fragilidad oculta iba a ser la semilla de todo lo que iba a pasar después. A los 16 años, Óscar Gutiérrez cambió de nombre. Su tío decidió que ya estaba listo para llevar el apellido completo de la familia. lo bautizó como Rey Misterio Junior y con ese nombre lucharía durante los siguientes 8 años en México.

 Primero en Circuitos Independientes de Tijuana, después en asistencia, asesoría y administración, la legendaria AAA del promotor Antonio Peña. Conan, que entonces era el Booker principal de la empresa, fue quien lo recomendó a Peña. dijo, “Ese muchacho es lo más espectacular que he visto subir a un ring en años.

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