“No ver los obstáculos como problemas, sino aceptarlos y descubrir en ellos la oportunidad de mejorar a sí mismo,” decía otro. Autoayuda para sicarios. Evangelio para la familia michoacana. La familia michoacana se formalizó alrededor de 2006. Nazario Moreno y Servando Gómez Martínez, conocido como la tuta, eran sus líderes principales y desde el principio la organización tuvo características que la distinguían de los otros cárteles mexicanos del periodo. Primero, el discurso social.
La familia michoacana decía que su objetivo era limpiar Michoacán de la extorsión, el secuestro y las drogas que otros cárteles practicaban en el estado. El comunicado [música] que enviaron a una televisora regional en sus primeros meses de operación declaraba que su lucha era por la divina justicia y en defensa del pueblo michoacano, que no tolerarían el secuestro, que no permitirían la venta de drogas en las comunidades donde operaban.
era el narco con discurso de autodefensa, el cartel que decía proteger al pueblo de los otros carteles. Segundo, la disciplina religiosa interna. Los miembros de la familia no podían consumir alcohol, no podían consumir drogas, participaban en ceremonias de iniciación que incluían oraciones, ayunos de tres días, juramento sobre la Biblia marcada con las siglas LFM.
El uniforme de los mandos era camisa blanca y evilla plateada, que según la simbología interna representaba pureza guerrera, el sicario como guerrero de Dios, matar como acto de redención. Tercero, el trabajo comunitario. Nazario Moreno creó en Michoacán una red de grupos de ayuda para jóvenes con problemas de adicciones, centros de rehabilitación informales donde jóvenes con problemas de alcohol y drogas podían recibir apoyo.
Donaba despensas, [música] financiaba obras comunitarias en los pueblos donde la familia operaba. Lo que nadie en esas comunidades supo hasta que fue demasiado tarde era que los grupos de rehabilitación eran también redes de reclutamiento. Los jóvenes que llegaban con adicciones y que salían limpios tenían una deuda con el chayo que él cobró de la única manera que le interesaba, [música] incorporándolos a la familia.
Así construyó su base social, [música] los que se quedaron limpios gracias a él y que después limpiaron los problemas del Chayo de la misma manera que él los [música] había limpiado a ellos. El 9 de diciembre de 2010 fue el día que cambió la historia [música] del Chayo o al menos la historia oficial.
El gobierno de Calderón dijo que había sido abatido en un enfrentamiento en Apatingan, sin cuerpo, sin imágenes del cuerpo, sin la verificación independiente que en otros casos de capos abatidos el gobierno sí había producido. En [música] los pueblos de Michoacán, que conocían a El Chayo, nadie creyó que estaba muerto.
Los altares empezaron a aparecer días después del anuncio oficial. San Nazario, mártir de los humildes, veladoras, imágenes, personas que llegaban a rezar. El periodista José Gil Ololmos, que estudió el fenómeno de la narcocultura religiosa en México, lo explicó de una manera que resulta perturbadora por su lógica interna.
Nazario Moreno decidió ungirse como santo. Para eso necesitaba morir. Murió oficialmente y renació como leyenda espiritual de uno de los grupos más organizados y más violentos del narco mexicano. Si eso es verdad, si la muerte oficial de diciembre de 2010 fue diseñada por el propio Nazario para transformarse en mito, entonces lo que el gobierno de Calderón presentó como una victoria en la guerra contra el narco fue en realidad exactamente lo que el capo quería que fuera.
Mientras el gobierno celebraba haberlo matado, el Chayo estaba fundando los Caballeros Templarios. [música] Los caballeros templarios surgieron en 2011, meses después de la muerte oficial de El Chayo, otra organización con iconografía religiosa, esta vez de las cruzadas medievales, escudos con la cruz templaria, juramentos, ceremonias, otro evangelio del narco construido sobre la misma arquitectura espiritual que la familia michoacana había establecido.
El gobierno de Peña Nieto, que llegó al poder en diciembre de 2012, llegó con un Michoacán completamente fuera de control. Los caballeros templarios extorsionaban a comunidades enteras. Los aguacateros, los limonceros, los mineros, los comerciantes. Todo el que producía algo en Michoacán pagaba el diezmo que la familia primero y los templarios después habían institucionalizado como el impuesto del narco.
La respuesta de las comunidades fue lo que en 2013 y [música] 2014 se conoció como el Movimiento de Autodefensas michoacanas. grupos de civiles armados que se organizaron para expulsar a los templarios de sus municipios. José Manuel Mireles, médico de Tepalcatepec, se convirtió en la cara más visible del movimiento y el movimiento llegó a tener miles de miembros activos en docenas de municipios.
Fue en ese contexto, en la operación para desmantelar los caballeros templarios, que las autodefensas habían presionado al gobierno federal, a priorizar cuando apareció el Chayo. El 9 de marzo de 2014, Tumbiscatío, Michoacán, el hombre a caballo que intentaba escapar, que disparó mientras galopaba, que cayó cuando los soldados respondieron.
Las huellas dactilares confirmaron la identidad. Nazario Moreno González, el que el gobierno había declarado muerto en diciembre de 2010, el que los pueblos de Michoacán habían convertido en santo mientras estaba vivo, el que había fundado los caballeros templarios que el mundo creía que dirigían otros.
Esta vez sí hubo cuerpo. Esta vez sí hubo fotos. Esta vez la muerte fue verificable. Pero la segunda muerte de El Chayo produjo algo que sus aliados dentro del mito habían anticipado. Los creyentes no lo interpretaron como el fin de San Nazario, sino como la confirmación de su santidad. Dios lo rescató para probar nuestra fe, dijeron algunos en Michoacán cuando la segunda muerte fue confirmada.
El narco, que había diseñado su propia muerte para convertirse en leyenda, murió de verdad 4 años después y sus seguidores lo incorporaron al mito de la misma manera, como prueba de que la fe era real, aunque el cuerpo ya no lo fuera. En los años posteriores a su segunda muerte, el culto a San Nazario no desapareció.
Las capillas sobrevivieron en algunas comunidades. La iconografía se mantuvo [música] y el nombre Nazario Moreno quedó en la historia del narco mexicano no solo como el capo que murió dos veces, sino como el primer narcotraficante [música] que fue convertido en objeto de culto religioso en vida y en muerte.
El experimento que el Chayo realizó en Michoacán, la fusión de crimen organizado con estructura religiosa y trabajo comunitario fue también el modelo que otras organizaciones observaron. Los caballeros templarios lo heredaron [música] y la idea de que el narco puede construir legitimidad social en las comunidades donde opera, usando el lenguaje de la fe y la ayuda directa a [música] los pobres, es un modelo que el crimen organizado mexicano ha aplicado en diferentes versiones.
Desde entonces, el chayo fue el primero. El experimento más completo y más extraño, [música] el capo que escribió un evangelio que prohibió el alcohol a sus sicarios. [música] que diseñó su propia muerte para resucitar como leyenda y que murió de verdad 4 años después de la muerte que había diseñado. [música] Nazario Moreno González, el chayo, el más loco, San Nazario, el narco que murió dos veces y [música] que en las comunidades de la tierra caliente michoacana todavía tiene quien le rece.
Suscríbete al canal, dale like si llegaste hasta el final [música] y mira el próximo video en tu pantalla porque la historia que sigue tiene el mismo misterio, [música] el poder, la fe y la mentira que se convierte en leyenda. Para entender la figura de Nazario Moreno, hay que entender el contexto específico de Michoacán en los años 2000 y por qué ese estado se convirtió en el laboratorio donde el narco mexicano [música] experimentó con algo que ningún otro cartel.
había intentado antes con esa coherencia. La legitimidad social construida sobre el discurso religioso. Michoacán es un estado con una geografía específica que tiene consecuencias directas sobre cómo opera el poder en su territorio. [música] La Tierra Caliente, la región del interior donde las temperaturas superan los 40 gr en verano y donde los cultivos de aguacate, limón y drogas coexisten en el mismo paisaje.
Es un territorio que el Estado mexicano ha alcanzado históricamente de manera irregular. Las carreteras llegan, la policía llega, pero la presencia constante, la institucionalidad que en las ciudades grandes se da por sentada, en los municipios de la tierra caliente siempre fue más débil de lo que el mapa oficial sugería.
En ese vacío, las organizaciones criminales construyeron sus propios sistemas de gobierno local, no porque el pueblo los pidiera necesariamente, sino porque, en ausencia de alternativas reales, el que llega primero con la estructura gana la lealtad de facto de las comunidades que necesitan que alguien administre el orden.
La familia michoacana llegó con una propuesta diferente a la que los cárteles anteriores habían hecho en ese territorio. El cártel del Golfo y los setas, que habían tenido presencia en Michoacán antes, llegaron con el modelo del poder puro. Pagan o los matamos, cooperan o los desplazamos. Nadie pregunta de dónde viene el dinero ni a dónde va.
La familia llegó con el modelo del patrón protector. El que dice que viene a limpiar, a proteger, a construir. El que prohíbe las drogas y el alcohol a sus propios hombres, mientras trafica lo mismo que prohíbe hacia los mercados del norte. El que reparte despensas un día y extorsiona a los mismos beneficiarios al mes siguiente, con la diferencia de que la extorsión se presenta como el diezmo que cualquier comunidad paga a su protector.
Ese modelo requería una narrativa que lo justificara. Y la narrativa que Nazario Moreno construyó era religiosa porque el contexto cultural de la Tierra caliente michoacana es un contexto donde la fe tiene un peso específico que otras narrativas no tienen. Los pensamientos no eran solo una rareza, eran la arquitectura ideológica de una organización que necesitaba que sus miembros creyeran que lo que hacían era justo, no que era legalmente correcto, no que era moralmente neutral, sino que era justo en términos que la fe podía
validar. El sicario que mató, sabiendo que lo que hacía era el trabajo de un guerrero de Dios, es un sicario más leal y más difícil de convencer de que debería salirse que el sicario que sabe que está matando por dinero. El primero tiene una razón que trasciende la economía, el segundo solo tiene la siguiente nómina.
Nazario Moreno entendió eso y lo usó. La primera muerte de El Chayo en diciembre de 2010 [música] y el papel de Genaro García Luna en ese anuncio es uno de los capítulos más políticamente complejos de esta historia. Genaro García Luna era en ese momento el secretario de seguridad pública del gobierno de Felipe Calderón, el hombre que diseñó e implementó la estrategia de la guerra contra el narco que Calderón declaró en 2006.
El mismo que años después fue arrestado en Estados Unidos y procesado por sus presuntos vínculos con el cártel de Sinaloa. El anuncio de la muerte de El Chayo en diciembre de 2010 salió bajo el paraguas institucional de la Secretaría de Seguridad que García Luna encabezaba. La policía federal dijo que lo había abatido.
El vocero de seguridad salió con el comunicado. El gobierno celebró la victoria sin cuerpo, sin fotos del cuerpo, sin verificación. Cuando en 2014 resultó que el Chayo había estado vivo durante esos 4 años, el PRD, partido de oposición, presentó una denuncia formal contra Genaro García Luna por las posibles omisiones en el reporte de la primera muerte del capo.
La denuncia señalaba que si el gobierno sabía que el Chayo estaba vivo y no lo reportó o si el comunicado de 2010 fue una fabricación deliberada, eso constituía una falta grave que merecía investigación. La investigación no llegó a ninguna conclusión pública definitiva sobre ese punto específico. García Luna siguió siendo secretario hasta el fin del sexenio de Calderón.
Fue arrestado en diciembre de 2019 en Estados Unidos. Fue procesado en Nueva York por cargos de tráfico de drogas y en 2023 fue condenado. La historia completa de la relación entre García Luna y el cártel de Sinaloa que el juicio americano fue estableciendo con testimonios de exnarcos que lo conocieron de dentro, incluye la posibilidad de que García Luna hubiera facilitado el escape de algunos objetivos del narco en diferentes momentos de su gestión a cambio de los pagos que según los testimonios recibía.
Si el Chayo estuvo en esa categoría, [música] si la muerte de diciembre de 2010 fue un acuerdo donde el capo desaparecía formalmente del radar oficial a cambio de algo que nunca se documentó públicamente. La historia de la primera muerte de Nazario Moreno tiene una dimensión adicional [música] que el comunicado oficial nunca reveló.
Esa dimensión es especulativa en el sentido de que no hay una prueba documental que la establezca definitivamente, pero el contexto es real. El secretario de seguridad que anunció la muerte de El Chayo fue condenado años después por sus vínculos con el narco y el chayo estuvo 4 años vivo después del anuncio de su muerte.
[música] Las coincidencias en ese mundo no son siempre solo coincidencias. El movimiento de autodefensas michoacanas de 2013 [música] y 2014 es la historia más dramática que produjo el periodo de los caballeros templarios y que sin la figura de Nazario Moreno no puede entenderse completamente. Los templarios habían sistematizado la extorsión de una manera que superó todo lo que la familia michoacana había hecho antes.
[música] No era solo el diezmo que se cobraba a los narcos querían operar en el territorio. Era también el diezmo que se cobraba a los aguacateros que querían sacar su cosecha, a los limonceros que querían vender en el mercado, a los mineros que querían extraer el hierro, a los comerciantes que querían abrir sus tiendas, a los taxistas que querían trabajar.
Todo producía un cobro de piso. El territorio michoacano bajo los templarios era un territorio donde cada actividad económica tenía un impuesto no oficial que nadie había votado, pero que todo el mundo pagaba porque la alternativa era conocida y nadie quería experimentarla. Esa extorsión sistemática fue lo que produjo el hartazgo que en enero de 2013 llevó a los agricultores de Tepalcatepec a tomar las armas. El Dr.
José Manuel Mireles, que se convirtió en el vocero más visible del movimiento, describió lo que las comunidades habían vivido. El secuestro de familiares, [música] las violaciones, los cobros de piso, la imposibilidad de trabajar sin pagar al cártel, el punto de quiebre colectivo de personas que habían decidido que las opciones disponibles eran armarse o seguir viviendo como vivían.
[música] El movimiento creció. En 2014 tenía decenas de miles de miembros en múltiples municipios y su avance territorial fue lo que acorraló a los caballeros templarios [música] y lo que finalmente llevó al ejército a priorizar la operación que terminó con el Chayo en Tumbiscatío [música] en marzo de 2014. La paradoja del movimiento de autodefensas es que el gobierno federal, que inicialmente lo vio con sospecha, [música] terminó reconociéndolo e intentando incorporarlo a las estructuras oficiales de seguridad y que
algunos de los líderes del movimiento, incluyendo eventualmente el propio Mireles, terminaron siendo procesados por delitos que el gobierno dijo que habían cometido en el contexto del conflicto. Las autodefensas que nacieron para combatir a los templarios terminaron siendo en algunos casos absorbidas por otras organizaciones criminales que vieron en ellas una estructura ya armada y ya organizada que podía ser redirigida hacia otros fines.
Michoacán sigue siendo uno de los estados con mayor presencia del crimen organizado en México. La familia michoacana que Nazario Moreno fundó sigue existiendo como organización, aunque en una forma diferente y más fragmentada que la original. El cártel Jalisco Nueva Generación, que tiene raíces en las estructuras que el cártel del Milenio ayudó a construir en el estado, sigue siendo una de las organizaciones más poderosas del narco mexicano.
El experimento de El Chayo terminó con él, pero el territorio donde lo hizo sigue siendo el mismo. El culto a San Nazario es el capítulo más extraño de toda esta historia y también el que dice más sobre la manera en que el narco mexicano construye legitimidad social en los territorios donde opera. Antes de Nazario Moreno, el narco mexicano tenía sus santos populares.
Jesús Malverde, el bandolero sinaluense del siglo XIX, que según la leyenda robaba a los ricos para dar a los pobres y que la cultura popular del norte de México había convertido en patrón de los narcos. [música] La Santa Muerte, la figura esquelética que el crimen organizado adoptó como patrona porque la muerte trata a todos por igual y porque pedir protección a la propia muerte tiene una lógica específica para quien vive rodeado de ella.
Pero esos cultos eran cultos a figuras que el propio mundo del narco había adoptado. [música] Nadie había fabricado un santo desde el principio. Nadie había construido deliberadamente la arquitectura de una figura religiosa dentro del narco, con su evangelio, sus ceremonias, sus mandamientos, sus capillas. [música] Nazario Moreno lo hizo y el periodista José Gil Ololmos, que pasó años estudiando la narcocultura religiosa en México, llegó a la conclusión de que la muerte oficial de 2010 [música] fue parte del diseño, que el chayo entendió
que un santo necesita morir, que la muerte y la resurrección son los elementos centrales de cualquier narrativa religiosa que quiera tener la potencia del mito y que diseñó su desaparición oficial de la misma manera que diseñó sus pensamientos. como un instrumento para producir en sus seguidores el tipo de lealtad que solo la fe puede producir.
Si eso es verdad, [música] entonces el chayo fue algo que el narco mexicano no había producido antes, un arquitecto de su propio mito, un hombre que entendió que el poder de la fe es más duradero que el poder de las armas y que intentó construir ambos simultáneamente. Lo que sus seguidores sintieron cuando el gobierno anunció la primera muerte en 2010 no fue el luto de perder un jefe.
Fue la confirmación de que San Nazario había cumplido el ciclo que los evangelios describen, la muerte como preludio de la resurrección. Y cuando en 2014 murió de verdad, los más devotos reinterpretaron también esa segunda muerte, no como el fin, sino como la ascensión definitiva del [música] mártir que había dado su vida por la familia.
El fenómeno de San Nazario no desapareció con la segunda muerte. Las capillas sobrevivieron en algunas comunidades de la tierra caliente. La iconografía se mantuvo en los hogares de quienes lo habían conocido y en quien lo había conocido solo por su leyenda. Y en los días de muertos y en los aniversarios de su primera y su segunda muerte, hay personas en Michoacán que todavía llevan flores y veladoras al lugar donde le reza a un narco.
Eso no es irracional. Es la lógica de las comunidades donde el Estado nunca llegó suficientemente bien como para ofrecer la protección que el Chayo ofreció a su manera con sus métodos y sus costos. Las personas que recibieron despensas y grupos de rehabilitación para sus hijos adictos, antes de que se enteraran de que esos grupos eran también redes de reclutamiento, tienen razones comprensibles para guardar una memoria complicada del hombre que las ayudó y que las explotó simultáneamente.
Eso también es el chayo, el capo que fue santo para algunos mientras fue verdugo para otros. El mismo hombre. Al mismo tiempo, para cerrar la historia de Nazario Moreno, hay que hablar de lo que su caso revela sobre la guerra contra el narco que Felipe Calderón declaró en 2006 y sobre los límites de esa estrategia.
La guerra contra el narco que Calderón inició en diciembre de 2006 fue la respuesta militarizada a un problema que el gobierno de Fox no había podido o no había querido resolver. El despliegue del ejército en los estados con mayor presencia del crimen organizado, los operativos en Michoacán, en Tamaulipas, en Chihuahua, la política de decapitar a las organizaciones eliminando a sus líderes.
El caso de El Chayo ilustra el límite de esa estrategia. Primero, el gobierno anunció una victoria que no era tal, ya sea porque García Luna sabía que el Chayo estaba vivo y lo dejó así, o porque genuinamente no pudo verificar la muerte y proclamó una victoria que no tenía evidencia suficiente. El resultado fue un comunicado oficial que fue falso durante 4 años.
Segundo, durante esos 4 años, [música] el Chayo fundó los caballeros templarios. La organización que supuestamente había perdido a su líder produjo una nueva organización que en muchos aspectos fue más poderosa que la original. La estrategia de decapitar líderes no eliminó la organización, la transformó. Tercero, el culto a San Nazario, que surgió después del anuncio de la primera muerte demostró que las organizaciones criminales [música] que construyen legitimidad social sobreviven a sus líderes de maneras que las que no la construyen [música] no pueden hacer.
Una organización sin mito puede ser desmantelada cuando se captura a su liderazgo. Una organización con mito tiene una continuidad que trasciende las personas específicas que la dirigen. El experimento de Nazario Moreno en Michoacán no fue un éxito en el sentido de que terminó con su muerte y con la desintegración de los caballeros templarios, [música] pero tampoco fue un fracaso completo en el sentido de que el modelo que construyó [música] la legitimidad social basada en el discurso religioso y la ayuda comunitaria [música] fue observado y
adoptado en diferentes versiones por otras organizaciones en otros estados. La historia [música] de El Chayo es también la historia de un modelo de poder que México todavía no ha resuelto completamente, el de las organizaciones criminales que llenan los vacíos que el Estado deja y que en esos vacíos construyen una legitimidad que las armas del Estado no pueden desmantelar solo porque maten al líder.
Nazario Moreno González, el Chayo, el más loco, San Nazario, murió en diciembre de 2010 [música] o no, murió en marzo de 2014. Es así verificada. [música] Y en las capillas de la tierra caliente michoacana hay quien todavía le reza. Hay un elemento de la vida de Nazario Moreno que conecta su historia con algo más amplio sobre la diáspora mexicana en Estados Unidos y sobre los caminos que algunos jóvenes encontraron cuando regresaron de California a sus estados de origen.
La California de los años 80 y 90 era el destino más común para los migrantes mexicanos que buscaban trabajo y oportunidades. Las comunidades mexicanas en el valle central de California, en Los Ángeles, en San José y Fresno y Palo Alto, habían construido economías paralelas donde el trabajo agrícola, la construcción y los servicios eran las salidas más visibles y donde el tráfico de drogas era también una economía paralela que en algunos sectores [música] era más accesible que el trabajo formal.
Nazario Moreno llegó a California siendo joven. Trabajó en las ciudades del norte del estado y en ese contexto encontró dos cosas que definirían el resto de su vida. Las comunidades evangélicas mexicanas, que en California de esa época eran [música] activas y que ofrecían a los migrantes una red social y una estructura de sentido que la vida en el norte no siempre daba por otras vías.
y el negocio del tráfico de drogas que en las comunidades de la diáspora mexicana era una economía presente, aunque informal. Las dos [música] cosas, la fe evangélica y el narco, no como opuestos, sino como elementos que en la cabeza de Nazario Moreno terminaron fusionándose en algo que ninguno de los dos era por separado.
El arresto en Macal en Texas por cargos de narcotráfico, fue el punto de quiebre que lo devolvió a México. Salir de Estados Unidos después de un arresto, especialmente para alguien con cargos de narcotráfico, cerraba la posibilidad del regreso legal. El camino hacia adelante era México y México.
Para alguien que venía de California con el conocimiento de cómo funciona el mercado americano de la droga y con los contactos que ese tiempo en el norte había producido, era también la oportunidad de construir algo diferente de lo que hubiera podido construir si nunca hubiera salido de Apatingán.
La historia de los jóvenes mexicanos que emigraron, aprendieron el negocio del narco en Estados Unidos y regresaron a sus estados a aplicar ese conocimiento. [música] Es la historia de cómo el crimen organizado mexicano importó el modelo americano de la distribución de drogas. No solo el producto, sino también la organización, la logística, los contactos.
Nazario Moreno fue uno de ellos, no el único, pero el que más lejos llevó la innovación de combinar ese conocimiento del negocio con un proyecto ideológico que le daba una dimensión que el narco puro no tenía. [música] La fe evangélica que absorbió en California, el evangelio que escribió en [música] Michoacán, la organización que construyó sobre los dos.
El camino que empezó en Palo Alto y Fresno terminó en Tumbiscatío. La segunda muerte de El Chayo en marzo de 2014 tiene un detalle que la hace visualmente memorable en la historia del narco mexicano. [música] El hombre a caballo. No es común que un capo del narco sea abatido galopando en un caballo. Los cárteles mexicanos del siglo XXI son organizaciones con vehículos blindados, con helicópteros en algunos casos, con la tecnología de comunicaciones que el dinero del narcotráfico puede comprar.
[música] La imagen del jefe a caballo pertenece a otro tiempo, pero Nazario Moreno en Tumbiscatío [música] el 9 de marzo de 2014 estaba a caballo. Tumbiscatío es un municipio de la tierra caliente michoacana donde la geografía montañosa hace que ciertos caminos [música] sean más accesibles a caballo que en vehículo.
Y el chayo, que llevaba 4 años viviendo en la clandestinidad en ese territorio, había adaptado su vida a la geografía de la región donde se escondía. La imagen del hombre a caballo intentando escapar de los soldados, disparando mientras galopaba, cayendo cuando los soldados respondieron. tiene algo que la distingue de todas las fotos de capos capturados o abatidos que el gobierno mexicano había producido en los años de la guerra contra el narco.
Tiene la dimensión de una escena que pertenece a otro siglo, aunque ocurriera en 2014. El narco más peculiar de México, el que escribió un evangelio y diseñó su propia muerte para convertirse en santo, murió de la manera más anacrónica posible. a caballo en la sierra michoacana disparando mientras huía de los soldados.
Esa imagen también es parte de la leyenda de El Chayo, no la imagen que él diseñó con los pensamientos y las capillas y el culto a San Nazario, sino la imagen real, la que el operativo produjo y que circuló en los medios después de que las huellas dactilares confirmaron la identidad. El hombre a caballo, el capo que diseñó su propio mito, el que murió dos veces.
La primera muerte. Comunicado oficial de diciembre de 2010 sin cuerpo. El gobierno celebró. El Chayo siguió vivo. La segunda muerte, el hombre a caballo en Tumbiscatío. Marzo de 2014. con cuerpo, con huellas dactilares, con la confirmación que la primera no tuvo. Y en las capillas de la tierra caliente, las velas siguen encendidas para San Nazario, porque en el México de la narcocultura morir dos veces no disminuye la leyenda, la aumenta. Yeah.