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La Triste Historia de Pancho Barrasa | La Mujer Que la Dejó en la Calle

La Triste Historia de Pancho Barrasa | La Mujer Que la Dejó en la Calle

Pancho Barraza, el poeta del amor. Me perdo en el tiempo que vive el amor. ¿Qué onda, mi gente? Bienvenidos a las Intrigas de Herberín. Hoy nos vamos a meter de lleno en la historia de Pancho Barraza, un icono de la música regional mexicana que ha dejado huella en la banda, el mariachi y la ranchera, pero también vamos a destapar su camino, sus amores, sus enredos y esas historias que no siempre salen en el escenario.

 Si te gusta el chisme bien servido y sin filtro, suscríbete de una vez porque aquí se viene lo sabroso y no te lo quieres perder. El amor no es obligado y te lo voy a decir más crudo. El amor no es a huevo. De acuerdo. Totalmente. Él puede ser tu tristemente célebre padre. Ya tu papá no tienes por qué querer. ¿Será que el poeta del amor siempre vivió lo que cantaba o no más le echaba crema a sus historias? Abandonado.

 La historia de Pancho Barraza arrancó en un rincón olvidado en un pueblito llamado Juan José Ríos allá en Sinaloa, donde la vida no te daba opciones, te empujaba a ver cómo sobrevivías. Desde que nació ya traía la historia en contra, porque su propio padre lo vio siendo un recién nacido y prácticamente se echó para atrás diciendo que no podía cargar con un hijo así no más, como si fuera cualquier cosa. Y se fue.

 Lo dejó sin voltear atrás, borrándose de la historia desde el primer momento. Al nacer yo, me cuentan que al nacer yo se me quedó viendo, ¿no?, que ese niño, híjole, no, no quiero pagar las que debo. Así me lo platica, ¿no? y y que este fue y se fue. Pero también me dicen que me veía y que Pero lo más pesado vino después porque su madre, una adolescente de 17 años, con el paso del tiempo encontró otra pareja y decidió rehacer su vida, dejando a Pancho enfermito en el hospital, separándose de él en el momento más vulnerable, como si el

destino le estuviera jugando doble desde el inicio. Otra pareja la cual este se fue a vivir con él a Veracruz. Y ahí fue donde entraron los abuelos, los que sí se quedaron, los que lo levantaron cuando otros se fueron. Lo criaron sin dinero, sin lujos, pero con una disciplina de hierro y valores que no se negocian, de esos que te hacen hombre aunque la vida te esté golpeando.

Que mis papás, mis abuelos, me decían siempre que yo tenía mamá y tenía papá y que cuando los conocía los tenía que respetar y decir, “Mamá y papá.” Yo nunca hubiera sabido que tenía otros papás. Que qué maravilla, ¿no? O sea, qué maravilla que hayas tenido, ¿verdad? Porque y no fue una infancia de cuento, ese chamaco sí se partía el lomo.

 Desde bien chico ya andaba en el campo levantándose antes del amanecer, sembrando, cosechando, trabajando jornadas largas que para muchos serían imposibles, pero para él eran el día a día, sin quejarse, sin hacerse la víctima. Te levantas a las 5 de la mañana, te vas a trabajar a las 6 de la mañana, eh tu hora de comida a la de de 12 a 1.

¿Qué qué matadas eh horarios de trabajo, no? cuando cuando vives en eso, cuando cuando estás ahí, entre tierra, calor y cansancio fue creciendo, pero también con algo que no se le apagaba, la música, porque mientras trabajaba se ponía a cantar y la gente se daba cuenta, se regresaban por escucharlo, porque no era normal lo que traía en la voz, había algo distinto.

No hubo clases, no hubo padrinos, fue puro oído, puro sentimiento, boleros, rancheras, lo que cayera, pero con ese estilo que después lo iba a convertir en el poeta del amor, aunque en su propia vida el amor le había fallado desde el primer minuto, mi surco. Y obviamente todo el mundo me dejaba atrás y empezaba a cantar yo y todo el mundo se regresaba por mi surco, por tal de que fuera al parejo de todos y escuchándome cantar todo el día.

Tú sol. Y ahí está lo fuerte, porque ese abandono doble, el padre que no quiso hacerse cargo y la madre que decidió empezar otra vida sin él no solo lo hizo resistente, le dejó un vacío bien profundo de esos que no se cuentan, pero que se sienten en cada canción. ¿Tú crees que alguien que fue rechazado desde que nació terminó cantándole al amor por gusto o por todo lo que le faltó desde el principio? cuando entendió que no lo querían.

 Antes de pensar en escenarios y aplausos, la vida todavía le tenía guardado otro golpe bien marcado, porque cuando tenía como 7 años, su padre volvió a aparecer de la nada como si nada hubiera pasado, como si no hubiera sido el mismo que dijo que no podía cargar con un hijo y se había borrado. El chamaco con esa necesidad de tener un papá se fue con él sin pensarlo mucho, con la ilusión bien puesta.

 Pero el viaje le duró poco en el alma porque en el camino empezó a notar lo que realmente era ese hombre, frío, distante, hasta criticándole los zapatos, haciéndolo sentir menos por lo poco que tenía. Su comportamiento, su forma de ser. Se me grabó mucho, me decía, “¿Y esos zapatos tan feos?” Yo, ya mis zapatos para mí estaban bonitos, ¿no? Recuerdo que había unos zapatos bostonianos que le decían que tenían una plataformota así.

 El golpe no fue solo por los malos comentarios de su padre o por el desprecio que le sentía hacia él, sino por lo que vino después. El hombre no lo llevó directo a una nueva vida ni a un hogar. Lo metió en un ambiente que no tenía nada que ver con él, un rancho lleno de gente desconocida donde Pancho era prácticamente un extraño.

 No había confianza, no había cercanía, solo una sensación incómoda de no pertenecer ahí, como si lo hubieran dejado caer en un lugar donde nadie lo esperaba. Pues obviamente hay un total extraño de toda la bola, ¿no? De todo to todo un montón de gente que estaba ahí. Entonces en la mañana muy temprano se van de cacería todos y me quedé yo solo ahí en el rancho, ¿no? Empecé a voltear para todos lados en una casita sola que estaba.

Y ahí fue donde el niño tomó una decisión que no cualquiera hace, porque en cuanto vio que lo dejaban solo mientras los demás se iban a lo suyo, agarró sus cosas y se salió. Caminó, buscó la manera y regresó por su cuenta con sus abuelos, los únicos que sí habían estado. No esperó a que lo volvieran a abandonar, no pidió permiso, simplemente entendió que ese no era su lugar y se regresó a donde sí había cariño.

 Como estaba muy chiquillo, estaba muy chiquillo, de plano muy chiquillo, pues no me querían dejar salir de ahí el reteno. Regresaste con papá y mamá y con mis abuelos totalmente. Y después vuelves a ver a tu padre. Bueno, te avisan que tu padre estaba enfermo. Eso ya fue mucho. No hubo despedidas, no hubo reclamos, solo una decisión firme, entender que ese no era su lugar y debía regresar a donde sí había cariño.

Pero la vida todavía le tenía guardado otro capítulo bien pesado con ese mismo hombre. Porque años después, cuando Pancho Barraza ya estaba levantando vuelo en la música, le cayó un mensaje que no cualquiera dijiere fácil. Su padre estaba enfermo y lo andaba buscando para pedirle perdón, como si con eso se pudiera borrar todo lo que no hizo.

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