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¡LA SALIDA ESTABA CERCA! … ¿PORQUE NO PUDIERON ESCAPAR DEL INCENDIO EN LOS MOCHIS? 

¡LA SALIDA ESTABA CERCA! … ¿PORQUE NO PUDIERON ESCAPAR DEL INCENDIO EN LOS MOCHIS? 

La salida estaba ahí. Esa es la parte más difícil de mirar. No estamos hablando de personas perdidas en un cerro, ni atrapadas en un sótano sin ventanas, ni encerradas en un lugar clandestino del que nadie sabía nada. Estamos hablando de una plaza comercial en pleno centro de Los Mochis, un lugar abierto al público, un lugar al que familias entraron para comprar, trabajar, comer, caminar, esperar el día de las madres.

 Y aún así seis personas ya no pudieron regresar a casa. La gran pregunta no es solo dónde empezó el fuego. La gran pregunta es otra, más incómoda, más humana, más brutal. ¿Por qué no pudieron salir? El incendio comenzó la tarde del 7 de mayo de 2026 dentro de Plaza Fiesta Las Palmas en Los Mochis, Sinaloa. Versiones preliminares ubicaron el origen alrededor de la zona de cocina de la tienda Ley dentro del complejo ubicado sobre el boulevar Álvaro Obregón entre Río Fuerte y Antonio Rosales en la colonia Centro.

 De ahí, según los primeros reportes, las llamas habrían avanzado hacia áreas de ropa, juguetes y otros negocios, pero todavía no hay una causa oficial cerrada. La Fiscalía de Sinaloa mantiene los peritajes abiertos y eso es clave porque una cosa es saber dónde comenzó el humo y otra muy distinta es entender por qué ese humo se volvió una trampa.

Antes de seguir, suscríbete a Alerta Roja porque aquí vamos caso por caso, pista por pista, hasta donde otros no quieren mirar. Hay un video de apenas segundos que resume el terror. No hace falta verlo completo para entenderlo. La imagen se llena de humo, la gente corre. Una parte del techo falso del plafón parece desprenderse. Se escuchan gritos.

Alguien advierte que el lugar se está quemando y pide correr. Es una escena corta, pero revela algo enorme. El incendio no se vivió como una evacuación ordenada, sino como una ruptura, como ese momento en que un espacio común conocido cotidiano se convierte de golpe en un laberinto negro. Al principio los números fueron cambiando.

 Primero se habló de decenas de personas atendidas, de intoxicados, de traslados hospitalarios, de cuerpos visibles dentro del inmueble. Después vino la confirmación más dura. Seis personas murieron, cuatro mujeres y dos hombres. Entre los nombres identificados públicamente aparecen Mirna Morales González, Estefana González Parra, Rosa Amelia Bojóquez Rojo, Marta Elena Bacace Puro, Camilo Sasueta y José Fabián Montoya Higuera.

 No son cifras, no son víctimas en abstracto, son personas que tenían fia, rutinas, deudas, planes, compras pendientes, llamadas sin contestar y una vida que no estaba preparada para terminar dentro de una plaza comercial. Y aquí viene lo más doloroso. Mirna y Estefana, madre e hija, habrían entrado a comprar ropa para el día de las madres.

 Esa frase parte el caso en dos, porque cambia la imagen mental. Ya no vemos solo humo y patrullas, vemos a una familia escogiendo algo para una celebración. Vemos una salida que parecía cercana. Vemos a José Jesús, pareja de Mirna, intentando buscarlas adentro hasta que los bomberos tuvieron que rescatarlo con quemaduras en el cuerpo y en el rostro.

Vemos a una familia que no perdió a una persona, sino a dos generaciones en el mismo incendio y vemos a Marta Elena Bacasuaispuro, trabajadora de Casa Ley, reconocida por la empresa como una colaboradora fallecida en medio de la emergencia. Lo confirmado ya es grave. Lo que falta por confirmar podría ser peor, porque la pregunta no se apaga con el fuego, al contrario, se vuelve más grande cuando uno mira los detalles.

Algunos de los cuerpos, de acuerdo con análisis difundidos por especialistas consultados localmente fueron hallados cerca de salidas de emergencia. Y ese dato cambia todo. Si estaban cerca, entonces quizás sí intentaron evacuar, quizá si alcanzaron a ver una ruta. Quizá el problema no fue que no supieran que había que salir.

 Tal vez el problema fue que el humo llegó primero, que el monóxido de carbono les quitó fuerza, que la visibilidad desapareció, que el oxígeno bajó, que el cuerpo dejó de responder antes de que la mano pudiera empujar una puerta. Esta es una de las líneas más fuertes del caso. No necesariamente murieron por las llamas directas.

 Una hipótesis razonable, todavía sujeta a confirmación pericial, es que el humo y los gases tóxicos hayan sido el factor decisivo. En un incendio cerrado, el enemigo no siempre es el fuego visible. A veces es lo que no se ve. El monóxido de carbono entra al cuerpo, desplaza el oxígeno, confunde, debilita, desorienta.

 Una persona puede seguir caminando unos metros y después simplemente no poder más. Puede ver una puerta y no alcanzarla. Puede escuchar gritos y no saber de dónde vienen. Puede estar a segundos de la salida y quedarse atrapada en una nube negra. Y aquí viene lo extraño. ¿Por qué el humo se propagó de esa manera? Un especialista local planteó que el humo pudo haberse desplazado de forma atípica, posiblemente empujado o distribuido por ductos de ventilación.

 Eso no está confirmado como causa oficial, pero abre una línea fundamental. Si los ductos, extractores, plafones, rutas de aire o sistemas internos ayudaron a mover el humo, entonces el incendio no fue solo una llama creciendo en un punto, fue una trampa respiratoria extendiéndose por dentro del edificio.

 También están las versiones sobre los sistemas contra incendio. Reportes locales recogieron señalamientos de que los rociadores no habrían funcionado, aunque eso debe ser confirmado por los peritajes. Y ahí la pregunta deja de ser técnica para volverse brutal. Si había sistemas instalados, respondieron. Si no respondieron, ¿por qué? Falta de mantenimiento, válvulas cerradas, bombas sin presión, tanques sin agua suficiente, ¿Dectores que no activaron a tiempo? ¿Alar que sonaron tarde o que nadie escuchó? Esto no prueba una omisión, pero sí marca una ruta de

investigación obligatoria. Porque un centro comercial no se protege con buena suerte, se protege con mantenimiento, con rutas libres, con extintores vigentes, con personal entrenado, con alarmas, con detectores, con lámparas de emergencia, con puertas que abran hacia el flujo de salida, con señalización visible aunque haya humo, con simulacros, con brigadas, con dictámenes, con bitácoras, con pruebas reales, no solo con papeles guardados en una carpeta.

 Y aquí aparece otro punto delicado. Protección Civil de Ahome informó que la tienda ya había sido revisada en octubre pasado y que en esa revisión cumplía con los lineamientos. También dijo algo que suena razonable pero inquietante. No hay riesgo cero. Es verdad, ninguna revisión puede garantizar que jamás habrá un incendio. Pero esa explicación deja una pregunta abierta.

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