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LA PARKA: VOLÓ del RING y aterrizó contra un BARANDAL… 3 MESES en COMA | La MUERTE del ÍCONO

LA PARKA: VOLÓ del RING y aterrizó contra un BARANDAL… 3 MESES en COMA | La MUERTE del ÍCONO

Era el alma de la fiesta, el hombre que hacía bailar a las arenas enteras con solo mover los hombros. Pero en una fatídica noche en Monterrey, el vuelo que debía ser una hazaña más se convirtió en su sentencia de muerte. La Parca, el símbolo máximo de la Triple A, voló entre las cuerdas para nunca más levantarse.

 Hoy abrimos el expediente del vuelo al vacío. Descubre la verdad detrás de los 90 días de agonía en una cama de hospital, el silencio de una empresa y el trágico momento en que el corazón de la calaca más querida de México dejó de latir tras chocar contra el frío acero de un barandal en el aniversario de la Arena Coliseo de Monterrey.

 Y si te vas antes del final, te pierdes el dato que ningún homenaje oficial de la Triple A incluyó en sus comunicados los detalles exactos de lo que pasó dentro de ese hospital durante 90 días, las complicaciones que fueron acumulándose una tras otra hasta que los riñones se dieron y no hubo vuelta atrás.

 Y la pregunta que el mundo de la lucha libre se hizo en voz baja, pero nunca respondió públicamente con la claridad que merece. Porque un hombre de 53 años estaba ejecutando un tope suicida en una función de circuito menor, la misma maniobra que venía haciendo desde los 90, sin que nadie en su entorno o en la empresa hubiera evaluado si su cuerpo todavía podía sostener ese riesgo.

 Suscríbete al canal ahora, no por mí, por Chui, por Jesús Alfonso Escobosa Huerta, que llegó a la Ciudad de México sin dinero, durmió en las calles, cosió a mano los trajes de otros luchadores para comer y construyó a base de carisma y entrega total la figura más querida de la triple amtunila en las últimas décadas.

 Dale like a este video para que su historia completa, no solo la foto del homenaje póstumo, llegue a quien necesita escucharla. En los próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que los comunicados de condolencia no dijeron. Primera, ¿quién era Jesús Alfonso Escobosa Huerta antes de ser la Parca? ¿Qué camino recorrió desde Hermosillo hasta la Arena México? ¿Y por qué el personaje que no creó terminó siendo el más importante de su vida? Segunda, lo que pasó exactamente la noche del 20 de octubre de 2019 en Monterrey, la mecánica precisa del

accidente, lo que el cuerpo de un luchador de 53 años no pudo compensar en el aire. ¿Y por qué ese instante fue irreversible desde el primer segundo? Tercera, los 90 días en el hospital, las cirugías, la parálisis, las complicaciones que se acumularon semana a semana y el silencio institucional de la tripla A durante todo ese tiempo.

Cuarta, el 11 de enero de 2020, lo que quedó después y lo que el caso de la Parca debería haber cambiado en la lucha libre mexicana y que no cambió. Te voy a avisar cuando llegue cada una. Hermosillo, Sonora. 4 de enero de 1966. Nace Jesús Alfonso Escobosa Huerta, un chico del noroeste de México, de la capital de Sonora, que de niño practicó fútbol americano y atletismo porque en su entorno eso era lo que se hacía y que un día de manera completamente fortuita, cambió el rumbo de su vida con la más pequeña de las coincidencias. Un amigo

le prestó dinero para entrar a ver una función de lucha libre. Grábate esto. Según él mismo contó en una entrevista a la tripla A después, ese momento fue el quiebre. Ver a los luchadores moverse dentro del cuadrilátero le produjo algo que ningún otro deporte le había producido.

 No solo admiración, vocación, el reconocimiento de que eso era lo que quería hacer. No había conexiones familiares con la lucha libre, no había tíos luchadores ni primos en el negocio. No había el apellido que abre puertas. Solo había un chico de Hermosillo que había visto una función con dinero prestado y que decidió que eso era su vida.

 Lo que siguió fue la historia más clásica del deporte mexicano, el talento que viene de la provincia y que tiene que ganarse todo a base de trabajo, sacrificio y la disposición de soportar lo que haga falta mientras el camino se abre. Jesús Escobosa se fue a la Ciudad de México a buscar entrenamiento y oportunidades. Y lo que encontró al llegar no fue exactamente la bienvenida de las grandes arenas, fue la realidad sin filtros de lo que significa ser un aspirante a luchador sin nombre, sin dinero y sin nadie que lo conozca en la capital. Escucha esto. Para sobrevivir

en la Ciudad de México mientras intentaba abrirse camino en la lucha libre, Escobosa hizo de todo. Cargó maletas como maletero, trabajó como portero, armaba rings antes de las funciones y los desarmaba después. Hacía mandados para los luchadores establecidos. Y en uno de los episodios más particulares de su historia, que él mismo relató con orgullo, compró una máquina de coser y aprendió a hacer los trajes de los luchadores.

 Los cosía, los vendía, cobraba por esa habilidad para tener algo de dinero mientras esperaba que alguien le diera su oportunidad en el ring. Ese es el chui real antes de la parca, un hombre que hizo absolutamente todo lo que fuera necesario para mantenerse en el mundo donde quería estar, sin importar cuánto tiempo tomara ni cuánto costara.

 Debutó en 1987 en una pequeña arena de Hermosillo. Su primer personaje se llamó Bello sexy. Luego vino Maligno, luego Cráter, luego Santa Esmeralda. Nombres que el circuito independiente recuerda si los busca con paciencia, pero que para el gran público nunca existieron. Los años de construcción silenciosa, de función en función en arenas chicas, de ir sumando experiencia y credibilidad en el único terreno donde la experiencia y la credibilidad se construyen, el ring.

 En 1995, con 29 años llegó a la Ripla A. La empresa fundada por Antonio Peña en 1992 como alternativa al CML con una filosofía de producción más cercana al espectáculo y al entretenimiento con viajes a Estados Unidos con la apertura internacional que el CMLL nunca había tenido de la misma manera. La Triple A era la empresa de la nueva generación, la que tenía a Octagon, a El hijo del Santo, a la primera triplemanía que había llenado plazas de toros.

 Y Jesús Escobosa llegó ahí a los 29 años como la cuarta versión de un personaje que se llamaba Karis Lamia. Piensa en eso. Karis Lamia, el cuarto en usar ese nombre, un personaje de segunda línea en la jerarquía de la empresa. No exactamente el papel que un hombre con el talento y la ambición de Chui hubiera elegido si hubiera podido elegir, pero era la puerta que se abría y Escobosa la cruzó.

 Lo que pasó después fue el resultado de una combinación de factores que rara vez se alinean de manera tan perfecta en la carrera de un luchador, talento real, un físico que generaba reacciones en el público y la capacidad de conectar con las gradas con una naturalidad que no se puede enseñar ni comprar.

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