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José Antonio Yépez Ortiz “EL MARRO”: De Controlar Ciudades Enteras a mandar desde la celda

José Antonio Yépez Ortiz “EL MARRO”: De Controlar Ciudades Enteras a mandar desde la celda

Hay dos versiones sobre lo que le ocurrió a José Antonio Jep Ortiz, el hombre conocido como el marro desde el día en que fue detenido. En la primera versión dice que cayó para siempre, que un hombre que lo tuvo todo, poder, dinero, mujeres, territorios, hombres armados, propiedades de lujo, el miedo de ciudades enteras, terminó derrotado dentro de una celda de concreto gris, sufriendo cada día el peso de una condena de 60 años.

 La segunda versión es mucho más oscura y viene directamente del gobierno de Estados Unidos porque a finales de 2025 el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos emitió un comunicado oficial en el que afirmó algo que hizo temblar los cimientos de la versión que México había construido durante 5 años, que el marro no había dejado de operar, que desde el interior de la cárcel, a través de abogados y familiares, seguiría enviando instrucciones, manteniendo alianzas y conservando influencia dentro del cártel Santa Rosa de Lima, que la prisión, en

su caso, no habría logrado apagar del todo su poder. Dos versiones completamente opuestas. Y en medio de esa contradicción, una pregunta que nadie en México ha sido capaz de responder todavía con claridad. ¿Qué tan controladas están realmente las cárceles mexicanas cuando el que está adentro es un capo de alto nivel? En este video vamos a conocer la historia completa de el marro, quién era antes de ser capturado, cómo construyó su imperio criminal, cómo terminó siendo detenido y sobre todo, ¿cómo es realmente su vida hoy dentro de prisión?

Vamos a explorar las dos versiones, la del hombre destruido y la del hombre que todavía opera desde adentro. Y vamos a dejar que sea el espectador quien decida cuál se acerca más a la verdad. Quédate hasta el final porque la parte más perturbadora de esta historia todavía no ha comenzado.

 Suscríbete al canal si te gusta saber cómo viven tras las rejas los criminales más peligrosos y temidos de México y del mundo. Aquí contamos las historias que casi nadie se atreve a contar. Cuando se habla de narcotráfico y crimen organizado en México, siempre aparecen los mismos nombres, los mismos rostros, los mismos apodos que ya forman parte de la cultura popular.

 Hay criminales tan famosos que sus historias se han convertido en series de televisión, en corridos, en fenómenos de masas que trascienden las fronteras del país. Pero el mundo del crimen organizado no se agota en los nombres que todo el mundo conoce. Detrás de las figuras mediáticas existe toda una capa de hombres mucho menos conocidos para el público general.

 Hombres que operan en las sombras, que evitan los focos y que paradójicamente son en muchos casos igual de peligrosos o incluso más importantes que los grandes capos famosos. El marro pertenece exactamente a esa categoría, un hombre que para una enorme parte del público general es un completo desconocido, pero que durante años controló territorios enteros.

financió grupos armados con capacidad de fuego comparable a un ejército. Desafíó al gobierno federal de México y al mismo tiempo a uno de los cárteles más poderosos del país y construyó una organización criminal que puso de rodillas a uno de los estados más importantes de México. Y lo más perturbador no es solo la violencia que dejó a su paso, sino el tipo de negocio que construyó.

 Porque el marro no era simplemente un narcotraficante más. Su verdadero negocio era algo que la mayoría de personas ni siquiera imagina cuando piensa en el crimen organizado. Y más adelante descubrirás por qué Estados Unidos asegura que el marro todavía sigue operando desde prisión 5 años después de haber sido capturado. Para entender quién es realmente este hombre, primero tenemos que retroceder en el tiempo.

 Tenemos que conocer su historia, sus crímenes y el largo camino que lo llevó a convertirse en uno de los capos más relevantes de Guanajuato. Solo entendiendo su pasado podremos comprender la magnitud de su caída y también la posibilidad inquietante de que esa caída no haya sido tan definitiva como muchos creen. Para hablar del marro hay que empezar por un lugar que pocos conocen fuera de Guanajuato y que, sin embargo, es absolutamente fundamental para entender cómo nació el cártel que él terminaría liderando.

 Santa Rosa de Lima es una pequeña localidad del municipio de Villagrán, en el corazón del estado de Guanajuato, un lugar aparentemente tranquilo, de casas sencillas, calles sin pavimentar y vida cotidiana que transcurre al ritmo lento de un pueblo del vajío. un lugar que nadie habría señalado en el mapa como origen de nada importante.

 Y sin embargo, con el tiempo, ese rincón del país se convertiría en el epicentro de una de las organizaciones criminales más violentas del centro de México. Y es ahí, en ese lugar que muy pocos pueden ubicar, donde tiene su origen la historia de El Marro. Pero antes de llegar a José Antonio Jep Ortiz, hay que hablar de otro hombre, uno cuyo nombre tampoco aparece en los grandes titulares del crimen organizado, pero que sentó las bases del grupo que el marro terminaría apropiándose.

 Ese hombre se llamaba David Rogel Figueroa. Nacido en Guanajuato en 1980, hijo de un agricultor y de un ama de casa, Rogel Figueroa tuvo una juventud marcada por la escasez y por la ambición de salir de ella a cualquier precio. Su sueño, al principio era algo tan modesto como comprarse una casa propia. Y para conseguir el dinero que necesitaba, tomó el camino más rápido que encontró, enrolarse en la policía estatal de Chiapas.

 Pero no lo hizo para servir a la ley, lo hizo para aprender a violarla con impunidad desde dentro. Desde su posición como policía raso, Rogel Figueroa comenzó a extorsionar polleros, es decir, a los traficantes que llevan migrantes desde Centroamérica hacia el norte de México y hacia Estados Unidos. Aprendió con una rapidez sorprendente todos los códigos del mundo corrupto en la frontera sur.

 Era carismático, era astuto y sobre todo entendía algo que muchos criminales ignoran hasta que es demasiado tarde. La importancia de repartir sobornos en el momento exacto y a la persona correcta. Esa habilidad para comprar voluntades sería su pasaporte hacia niveles más altos del crimen organizado. Pero eso no es nada comparado con lo que vendría después, porque lo que aprendió a continuación cambiaría el mapa del crimen en México para siempre.

 En esa búsqueda permanente de ascender, Rochelle Figueroa estableció contacto con Mauricio Guisar Cárdenas, conocido en el ambiente como el amarillo. Era otro policía corrupto, pero de un rango completamente diferente. El amarillo supervisaba negocios de los setas en la zona de Tabasco, Chiapas y Guatemala y era hombre de confianza directa de Omar Treviño Morales.

 Z42, uno de los líderes de la organización criminal más sanguinaria que ha existido en la historia de México. Bajo su ala, Rogel Figueroa dio un salto enorme que ninguna cantidad de extorsiones apolleros le habría dado jamás. Pasó a supervisar el tráfico de migrantes a gran escala y, más importante aún, a controlar la extracción ilegal de combustible directamente de los ductos de Pemex.

 El huachicol, como se llama en México a este tipo de robo de gasolina, no era todavía el negocio multimillonario en que se convertiría con el tiempo. Pero alguien como Rochel Figueroa ya intuía claramente todo lo que podía llegar a ser. El problema era que los beneficios que recibía como operador de los setas le seguían pareciendo insuficientes en comparación con lo que ganaban los grandes jefes.

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