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HARFUCH DESTAPA 28 CADÁVERES en FINCAS de ROCHA MOYA en SINALOA TRAS CATEO SORPRESA

HARFUCH DESTAPA 28 CADÁVERES en FINCAS de ROCHA MOYA en SINALOA TRAS CATEO SORPRESA

Lunes 11 de mayo de 2026, cuando la tarde comenzaba a instalarse sobre los campos de Sinaloa con esa luz dorada que hace parecer que todo está en calma, Omar García Harf ordenó una operación que iba a revelar exactamente lo contrario de calma, lo contrario de normalidad, lo contrario de cualquier cosa que una sociedad civilizada pueda tolerar.

 En varias fincas, propiedad de Rubén Rocha, Moya ubicadas entre Culiacán y Badirahuato, elementos de la Guardia Nacional, de la Secretaría de la Defensa Nacional y peritos forenses del más alto nivel comenzaron a destapar lo que el exgobnador de Sinaloa había mantenido enterrado bajo toneladas de tierra, bajo años de silencio y bajo la protección de una red de complicidades que esta tarde del 11 de mayo se termina de derrumbar con una contundencia que ninguna narrativa de defensa va a poder sostener.

28 cuerpos, no 28 cifras en un reporte, 28 personas con nombre, con historia, con familias que durante meses o años esperaron una respuesta que nunca llegó, mientras sus seres queridos permanecían enterrados en las propiedades de un hombre que se presentaba ante el país como gobernador, como líder político, como representante legítimo del Estado mexicano en uno de los territorios más complejos de la República.

 Detente un momento en eso. 28 cuerpos enterrados en fincas que no son bodegas abandonadas en medio de la nada. No son terrenos valdíos sin dueño conocido. No son espacios que pudieran haber sido usados por terceros sin que el propietario tuviera conocimiento. Son fincas privadas con acceso controlado, con sistemas de seguridad, con personal que trabaja en ellas de manera permanente y con un propietario que tenía suficiente poder como para saber exactamente qué ocurría en cada metro cuadrado de sus propiedades. antes de entrar al detalle

de cómo se desarrolló el cateo, de qué encontraron los perritos cuando comenzaron a excavar y de qué implica procesalmente cada uno de esos hallazgos. Hay que entender el contexto que hace posible esta operación en este momento exacto de la ofensiva, porque sin ese contexto es imposible calibrar el peso real de lo que ocurrió esta tarde en Sinaloa.

 El día comenzó con el reventamiento del convoy de los chapitos en una emboscada que eliminó a operadores clave de la estructura que todavía intentaba mantener presencia en el estado. Esa operación de la mañana no fue un evento aislado, fue la continuación de una semana completa de golpes acumulados que han desmantelado de manera sistemática cada capa de la red que durante años sostuvo la presencia del crimen organizado en Sinaloa con la complicidad activa de estructuras políticas y de seguridad locales.

 La inteligencia que hizo posible el reventamiento del convoy también produjo información adicional que los analistas de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana venían procesando desde hacía días con una metodología que ya ha demostrado su efectividad en cada fase de esta ofensiva. Interrogatorios a operadores capturados, revisión de dispositivos electrónicos decomizados, análisis de registros de comunicaciones interceptadas durante meses y cruce de coordenadas geográficas que aparecían de manera recurrente en las conversaciones

de figuras vinculadas a la red de Rocha Moya. Algunas de esas coordenadas correspondían a ubicaciones que no tenían ninguna función comercial legítima, que no aparecían en registros fiscales como propiedades productivas. y que, sin embargo, generaban movimiento de vehículos y de personal en horarios específicos que coincidían con patrones ya identificados en otros casos de desaparición forzada.

 Cuando la inteligencia comenzó a superponer esas coordenadas con el registro de personas desaparecidas en Sinaloa durante los últimos años, apareció un patrón que no podía ignorarse. Varias de las últimas ubicaciones conocidas de personas que luego fueron reportadas como desaparecidas estaban en un radio geográfico cercano a esas fincas.

 No era coincidencia estadística, era proximidad operativa. Alguien usaba esos espacios para algo que requería aislamiento, control de acceso y garantía de que lo que ocurriera ahí no iba a ser visto por testigos externos. La decisión de ordenar el cateo, sorpresa sin previo aviso y sin filtración de información hacia ninguna autoridad local fue tomada por García Jarfuch en coordinación directa con la Fiscalía General de la República y con el mando de la Secretaría de la Defensa Nacional con la misma lógica que ha definido cada

operación exitosa de esta ofensiva. cualquier aviso previo, cualquier trámite que involucrara a instancias locales de Sinaloa, cualquier demora de horas entre la autorización judicial y la ejecución del cateo, habría dado tiempo suficiente para que alguien dentro de la red de protección moviera evidencia, limpiara escenas o alertara a quien tuviera que ser alertado.

 El cateo fue diseñado como operación táctica de alta intensidad con el mismo nivel de preparación que se usa para desarticular células armadas activas del crimen organizado, porque la premisa de trabajo era exactamente esa. Si las fincas funcionaban como cementerios clandestinos vinculados a una red de desaparición forzada, entonces el riesgo de resistencia armada o de destrucción acelerada de evidencia era real y requería respuesta con capacidad de neutralización inmediata.

 La tarde del lunes 11 de mayo, mientras la mayoría de los sinaloenses terminaba su jornada laboral, sin saber que en las próximas horas iban a conocer algo que cambia para siempre, la manera en que entienden lo que ocurrió en su estado durante los años en que Rocha Moya gobernó con la legitimidad que le otorgó el voto popular, los convoyes de la Guardia Nacional y de la Secretaría de la Defensa Nacional comenzaron a moverse hacia tres ubicaciones específicas entre Culiacán y Badirahuato.

Vehículos blindados, equipos tácticos con entrenamiento en asalto a espacios fortificados, binomios caninos especializados en detección de restos humanos, peritos forenses con experiencia en exumaciones de fosas clandestinas, equipos de excavación mecánica y personal de la Comisión Nacional de Búsqueda que durante años ha trabajado en la identificación de víctimas de desaparición forzada en todo el país.

 El despliegue fue simultáneo en las tres fincas para evitar que la intervención en una de ellas generara alerta en las otras y permitiera la destrucción de evidencia. Los accesos principales fueron bloqueados con vehículos blindados antes de que ningún elemento descendiera de los convoyes. Las rutas de salida secundarias fueron aseguradas por equipos en posiciones elevadas con capacidad de vigilancia completa del perímetro y las comunicaciones locales fueron monitoreadas en tiempo real para detectar cualquier intento de coordinar

resistencia o fuga desde el interior de las propiedades. Cuando todo el perímetro estuvo asegurado y no había posibilidad de que nadie saliera de las fincas sin ser interceptado, los equipos tácticos entraron con la rapidez y la contundencia que define este tipo de operaciones. Al grito de Fiscalía Guardia Nacional, manos arriba, los elementos irrumpieron en las construcciones principales de cada finca, mientras otros equipos se desplegaban hacia las áreas exteriores, hacia los establos, hacia los patios traseros, hacia las zonas boscosas que

rodean las propiedades y hacia cualquier espacio que pudiera contener evidencia de actividad delictiva. La resistencia fue mínima porque la sorpresa fue total. El personal que se encontraba en las fincas no tuvo tiempo de reaccionar de manera coordinada y fue reducido en cuestión de minutos sin que se registraran disparos ni enfrentamientos.

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