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HARFUCH CATEA 7 NEGOCIOS de MARU CAMPOS y REVELA NEXOS con SICARIOS en Chihuahua

HARFUCH CATEA 7 NEGOCIOS de MARU CAMPOS y REVELA NEXOS con SICARIOS en Chihuahua

Martes 12 de mayo de 2026, 3:20 de la madrugada, cuando Chihuahua dormía bajo el silencio del desierto, cuando las calles de la capital estaban vacías y las luces de las gasolineras más concurridas apenas parpadeaban en modo automático, cuando nadie esperaba que la ofensiva contra la corrupción que lleva meses sacudiendo al país, alcanzara a una de las figuras políticas más protegidas del norte de México.

 Omar García Harfuch ordenó el despliegue simultáneo de comandos tácticos de la Guardia Nacional, la Secretaría de la Defensa Nacional y la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción hacia siete objetivos distribuidos estratégicamente en la ciudad de Chihuahua y su zona metropolitana. Siete negocios que en apariencia funcionaban como empresas legítimas, con empleados en nómina, con registros fiscales actualizados y con fachadas corporativas impecables.

Siete negocios que esta madrugada dejaron de ser invisibles para convertirse en el epicentro de uno de los cateos más reveladores de toda la ofensiva. Porque lo que los equipos de investigación encontraron dentro de esas gasolineras, de esas constructoras, de esas empresas de transporte y de esas oficinas corporativas, no fue simplemente evidencia de irregularidades administrativas o de evasión fiscal de bajo perfil.

 Fue la confirmación documentada de que María Eugenia Campos Galván, la exgobnadora de Chihuahua, detenida apenas horas antes bajo cargos de delincuencia organizada, lavado de dinero, peculado y traición a la patria, no operaba sola. Operaba protegida, financiada y articulada con una red de hombres poderosos en Chihuahua y en estados vecinos.

 hombres cuya influencia política, económica y criminal convirtió a esos siete negocios en piezas clave de un sistema de protección mutua que durante años funcionó con la misma impunidad con que funciona cualquier empresa exitosa registrada ante el Servicio de Administración Tributaria. Esta madrugada ese sistema dejó de funcionar de manera permanente.

 Detente un momento en la imagen completa de lo que acaba de ocurrir. No estamos hablando de un solo cateo ejecutado en una bodega abandonada en la periferia de la ciudad. Estamos hablando de siete operativos simultáneos ejecutados con precisión militar en instalaciones que operaban a plena luz del día con empleados que llegaban cada mañana sin saber que las oficinas donde trabajaban eran parte de una infraestructura diseñada específicamente para mover dinero de origen ilícito, para blindar transferencias que conectaban a la

exgobnadora con operadores políticos, empresarios ligados al crimen organizado y figuras clave de las redes que esta ofensiva lleva meses desmantelando en todo el país. Siete negocios que en las próximas horas van a demostrar que lo que durante años se sospechó sobre Maru Campos no era rumor político ni especulación mediática.

 era la realidad documentada en contratos, en transferencias bancarias, en correos electrónicos y en sistemas de contabilidad paralela que conectan cada uno de esos negocios con los nombres más comprometedores de la corrupción mexicana contemporánea. Escríbelo en los comentarios si alguna vez llenaste gasolina en alguna de esas estaciones, sin saber que detrás del mostrador y debajo de las oficinas administrativas había millones de pesos moviéndose entre cuentas que nunca debieron existir.

 La decisión de catear los siete negocios de manera simultánea en plena madrugada no fue tomada por conveniencia operativa ni por efectos mediáticos. Fue el resultado de semanas de trabajo de inteligencia que la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana comenzó a desarrollar inmediatamente después de que los equipos de análisis financiero de la Unidad de Inteligencia Financiera identificaran patrones de movimiento de recursos que no correspondían con la actividad económica declarada de esas empresas. Las gasolineras reportaban

volúmenes de venta que no coincidían con los registros de suministro de combustible que Petróleos Mexicanos había entregado a esas estaciones en los últimos 3 años. Las constructoras facturaban contratos de obra pública por montos que superaban en más del 300% el valor de mercado de los proyectos ejecutados.

Las empresas de transporte declaraban ingresos que no correspondían con el número de unidades registradas ni con las rutas operativas que esas empresas tenían autorizadas ante la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Y las oficinas corporativas que aparecían como sedes administrativas de esas empresas mostraban gastos operativos que no tenían ninguna justificación técnica.

 Si el único propósito de esas oficinas era coordinar las operaciones legítimas de negocios comerciales estándar, cuando los analistas de la Unidad de Inteligencia Financiera cruzaron esos patrones con los registros de propiedad de esas empresas, con los nombres de sus administradores y con las cuentas bancarias a las que llegaban y de las que salían los recursos que esos negocios movían cada mes.

 El nombre que apareció una y otra vez en distintos niveles de la estructura corporativa no fue el de operadores menores ni el de prestanombres improvisados, fue el de personas directamente vinculadas con María Eugenia Campos Galván y con el círculo de operadores políticos y empresariales que durante su gobierno en Chihuahua construyeron una red de protección institucional que permitió que el crimen organizado, específicamente remanentes del cártel de Jalisco Nueva Generación y células vinculadas al cártel de Sinaloa operaran

en territorio chihuahüense con un nivel de impunidad que no tiene precedente en la historia reciente del estado. La inteligencia previa no solo identificó los negocios, identificó también los horarios en que esos negocios tenían menor personal presente, los mecanismos de seguridad instalados en cada una de las instalaciones y los procedimientos internos que los administradores de esas empresas seguían para proteger la información sensible en caso de una inspección fiscal o de una investigación penal. Esa inteligencia permitió diseñar

el operativo de esta madrugada con un nivel de precisión que hizo imposible que los responsables de esos negocios pudieran destruir evidencia antes de que los comandos tácticos aseguraran cada una de las instalaciones. Los convoyes de la Guardia Nacional salieron de sus bases de operación en Chihuahua capital a las 2:50 de la madrugada, 30 minutos antes de que comenzara la erupción simultánea en los siete objetivos.

Equipos de inteligencia con capacidad de interferencia de comunicaciones bloquearon las frecuencias de radio y las señales de telefonía celular en un radio de 500 m alrededor de cada una de las instalaciones que iban a ser cateadas. Esa medida de seguridad garantizó que ninguno de los administradores de esos negocios pudiera alertar a los demás en el momento en que los comandos comenzaran la irrupción.

 A las 3:20 de la madrugada con una coordinación que requirió ensayos previos y comunicación encriptada entre los equipos desplegados en los siete puntos, los comandos tácticos rompieron simultáneamente los accesos principales de las gasolineras, de las constructoras, de las empresas de transporte y de las oficinas corporativas, con el grito que esta ofensiva ha repetido en cada operativo ejecutado desde el desmantelamiento del cártel de Jalisco Nueva Generación, Fiscalía, Guardia Nacional, Manos arriba al suelo. La reacción de los empleados y

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