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Evidencia destruida | El encubrimiento en la Fiscalía de CDMX

Evidencia destruida | El encubrimiento en la Fiscalía de CDMX

Hay una pregunta que la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México no ha respondido con precisión y no es la que los medios de comunicación han formulado durante semanas. No es quien mató a Edit Guadalupe Valdés Saldiar. Esa respuesta, al menos en términos procesales, ya existe en el expediente. La pregunta es otra, más incómoda, más reveladora.

 ¿Por qué el aparato institucional construyó durante días una narrativa específica sobre el móvil del crimen? ¿Quién se beneficiaba de esa narrativa? ¿Y qué ocurre cuando esa narrativa colapsa ante la evidencia forense de un teléfono celular? El miércoles 15 de abril de 2026, una joven de 21 años salió de su casa en la colonia Magdalena Atlasolpa, en Itapalapa y abordó un mototaxi solicitado por aplicación móvil.

 Su destino era el edificio ubicado en el número 829 de la avenida Revolución en la colonia Nonoalco, Alcaldía Benito Juárez. El trayecto cruza la ciudad de oriente a poniente. Es un recorrido largo que atraviesa capas de densidad urbana y que ese día quedó registrado tanto en la aplicación del transporte como en las cámaras del sistema C5.

A las 16:45 horas, las cámaras del propio edificio registraron el ingreso de Edit Guadalupe. Ingresó sola, no volvió a salir por ninguna cámara. Lo que sucedió en las siguientes horas es el núcleo del escándalo y no únicamente por el crimen en sí. Lo que sucedió después de las 16:45 del 15 de abril es una secuencia de acciones institucionales que documentadas con precisión dibujan un patrón difícil de atribuir a la incompetencia aislada.

 Ese patrón tiene nombre, omisión sistemática. Y la omisión sistemática cuando beneficia a alguien plantea inevitablemente la pregunta de a quién sirve. El jueves 16 de abril, los padres de Edit Guadalupe acudieron a la fiscalía. La joven no había regresado a casa, no respondía mensajes. La última señal de su teléfono apuntaba a la zona de Benito Juárez.

 Los funcionarios que los recibieron no activaron el protocolo Alba, no iniciaron diligencias de localización inmediata, no solicitaron los videos de vigilancia del edificio ni de las cámaras del C5 en esa zona. En cambio, les indicaron que debían esperar 72 horas antes de presentar una denuncia formal. Esa instrucción no tiene sustento en ninguna norma vigente de la Ciudad de México.

 No existe un artículo, un reglamento ni una circular que obligue a las familias de personas desaparecidas a esperar ese plazo. Es un mito burocrático que persiste en los mostradores de las fiscalías y que en este caso tuvo consecuencias letales documentadas. La propia institución reconoció posteriormente un retraso de 15 horas en el inicio de las diligencias de localización.

15 horas. En ese intervalo, el cuerpo de Edith Guadalupe permaneció oculto bajo arena y escombros en el sótano de un edificio de tres torres y 45 departamentos. En ese intervalo, alguien pudo haber reorganizado la escena, destruido evidencia o preparado una versión de los hechos.

 La fiscalía no ha explicado qué ocurrió exactamente en esas 15 horas desde el punto de vista de sus propias acciones internas. ha reconocido el retraso, ha destituido funcionarios, pero no ha reconstruido públicamente con fechas y registros precisos, la cadena de decisiones que produjo ese vacío. La familia no esperó.

 Utilizando la última ubicación compartida por el teléfono celular de Edit, gestionaron directamente con comerciantes y vecinos de la colonia Nonoalco. obtuvieron videos de seguridad que la fiscalía no había solicitado cuando la evidencia acumulada por los propios familiares apuntó al edificio de Avenida Revolución 829 y cuando la presión social materializada en bloqueos sobre la calzada ermita Istapalapa y sobre la propia avenida Revolución se hizo insostenible, la fiscalía actuó.

 La inspección ministerial en el edificio comenzó cerca de la 1:30 de la madrugada del viernes 17 de abril, no por iniciativa institucional, por presión ciudadana. Esa noche, en el sótano del edificio, los peritos localizaron el cuerpo. Estaba cubierto deliberadamente bajo un montículo de arena y escombros. Estaba envuelto en bolsas de plástico negras.

El ocultamiento no fue improvisado. Requirió materiales, tiempo y conocimiento del inmueble. requirió acceso a una zona de tránsito limitado dentro de un complejo habitacional cerrado. Esos elementos no describen un crimen de impulso irreflexivo. Describen un crimen con etapa de preparación y etapa de encubrimiento.

Y la etapa de encubrimiento tuvo éxito durante más de 30 horas. En parte porque el aparato institucional que debía interrumpirla eligió no moverse. El análisis de la escena primaria identificó la caseta de vigilancia como el lugar de la agresión inicial. Dentro de esa estructura existe un área elevada, un tapanco, zona de descanso del guardia cuya escalera interna y cuya base presentaban indicios hemáticos.

 Los peritos aplicaron pruebas de quimioluminiscencia porque alguien había intentado limpiar las superficies. Las manchas habían sido eliminadas a simple vista. La ciencia forense las recuperó. Los rastros en la escalera interna consistentes con el traslado de un cuerpo desde el nivel superior al inferior.

 Esa trayectoria, tapanco, escalera, a nivel inferior, sótano, constituye la ruta física del feminicidio, tal como la ha reconstruido la fiscalía. Juan Jesús, un joven de 24 años que llevaba aproximadamente 3 meses trabajando como guardia de seguridad en ese edificio, fue detenido el mismo 17 de abril.

 Presentaba rasguños en el abdomen y heridas en las manos. La fiscalía interpreta esas lesiones como evidencia de resistencia activa por parte de la víctima. fue vinculado a Proceso y el juez de control impuso prisión preventiva oficiosa en el reclusorio norte. Hasta allí, la estructura de la acusación parecía sólida, pero hay una pieza en ese rompecabezas que no encajó desde el principio y que la fiscalía nunca explicó con suficiente profundidad.

 El sistema de videovigilancia del edificio fue desconectado entre las 16:23 y las 17:44 horas del 15 de abril. El panel de control de ese sistema se encuentra, según la investigación, exclusivamente dentro de la caseta de vigilancia. La desconexión ocurrió 12 minutos antes del ingreso registrado de Edit Guadalupe al edificio a las 16:45.

La reconexión ocurrió una hora y 21 minutos después. En ese intervalo no existe registro visual de lo ocurrido en el interior del inmueble. Ese vacío fue construido. No fue una falla técnica, fue una acción deliberada. La fiscalía sostiene que solo el guardia de turno tenía acceso al panel y el conocimiento para operar ese sistema.

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