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Después de M4TAR a Pablo Escobar… Su FAMILIA Tuvo que ROGAR por un País

Después de M4TAR a Pablo Escobar… Su FAMILIA Tuvo que ROGAR por un País

El 2 de diciembre de 1993, Juan Pablo Escobar Enao hablaba por teléfono con su padre.  Tenía 16 años. Su padre era el hombre más buscado del mundo y esa llamada desde una casa de seguridad en Medellín fue interceptada por el bloque de búsqueda, la unidad especial de la policía colombiana, que llevaba meses intentando localizar a Pablo Escobar.

 La llamada se cortó cuando el operativo comenzó. Una hora después, Pablo Escobar estaba muerto en el techo de esa casa. Un disparo en la cabeza, sus escoltas también muertos. El hombre que había ordenado el asesinato de miles de personas, que había declarado la guerra al estado colombiano, que había hecho volar un avión de Avianca con 110 personas dentro para matar a un candidato presidencial que ni siquiera iba a bordo.

 Había recibido el fin que cualquiera que conociera su historia habría anticipado. Lo que nadie anticipó fue lo que pasó con los que se quedaron. La viuda, la hija de 9 años, el hijo de 16. Los tres con el apellido más odiado de Colombia.  Los tres con enemigos que habían jurado que si podían hacer algo con la familia de Pablo Escobar antes de que la justicia los protegiera, lo harían.

 El cártel de Cali, que durante años había sido el rival más peligroso de Escobar y que en los últimos meses de la persecución había cooperado activamente en la cacería, puso precio a sus cabezas. Los Pepes, el grupo de personas perseguidas por Pablo Escobar, que se habían organizado para ayudar a cazarlo, no habían terminado con su proyecto cuando el capo cayó del techo de esa casa.

 Victoria Eugenia Enao y sus dos hijos empezaron a tocar puertas.  17 países les dijeron que no. España, Alemania. Las autoridades en los aeropuertos de esos países no los dejaron salir de la zona de tránsito. El apellido Escobar era la razón. Ni siquiera tuvieron que explicar quiénes eran. El nombre solo bastaba para que la respuesta fuera la misma.

 No podemos recibirlos aquí. Mozambique fue el único país que les dio refugio temporal en esa primera desesperación. un país del sureste de África. La viuda de Pablo Escobar y sus dos hijos en Mozambique, porque 17 países más cercanos al lugar donde habían vivido toda su vida, habían dicho que no. Y entonces llegó a Argentina.

 Cuando llegaron a Buenos Aires en diciembre de 1994, ya no se llamaban como se habían llamado toda su vida. En Colombia, antes de salir, habían hecho el trámite legal para cambiar sus identidades. La ley colombiana lo permitía y ellos tenían razones concretas y urgentes para usarla. Victoria Eugenia Enao se convirtió en María Isabel Santos Caballero.

 Juan Pablo Escobar Enao se convirtió en Juan Sebastián Marroquín Santos.  Manuela Escobar se convirtió en Juana Manuela Marroquín Santos. Tomaron la guía telefónica, descartaron los nombres que podían tener algún vínculo con la mafia, eligieron los que sonaban más ordinarios, los  que no activaban ninguna alarma en ninguna base de datos de ningún país, los que pertenecían a nadie antes de que ellos los tomaran  y llegaron a Buenos Aires como la familia Marroquín Santos.

 Pero hay algo que nadie está contando completamente sobre la historia de la familia de Pablo Escobar,  porque la historia de los nuevos nombres y los 17 países y Mozambique y Buenos Aires es solo la primera parte de lo que vivieron después de que el cuerpo del capo cayó del techo en Medellín. La historia completa incluye la noche del 16 de noviembre de 1999, cuando la policía argentina llegó al apartamento de la familia Marroquín Santos y  los arrestó.

 cuando los quisieron obligar a firmar con sus nombres originales, con Escobar Enao. Y Victoria les respondió que no, que su identidad legal era Marroquín Santos, que si firmaban con los nombres originales, eran ellos los que estaban cometiendo falsedad de documentos.  A las 5 de la mañana los metieron en celdas separadas con barrotes y piso de cemento. Y lo más perturbador no es eso.

Juan Pablo, que para entonces ya se había convertido en Sebastián Marroquín y había estudiado arquitectura, tenía en su cabeza algo que lo acompañó durante años antes de que pudiera hacer algo con ello. La cara de los hijos de las personas que su padre había ordenado matar. Los hijos del ministro Rodrigo Lara Bonilla, los hijos del candidato Luis Carlos Galán, los que también habían crecido sin padre, pero por la razón opuesta, porque el padre de Sebastián los había convertido en huérfanos. En 2009, 

Sebastián Marroquín fue a buscar a esas personas, las miró a los ojos, les pidió perdón por lo que Pablo Escobar había hecho. Ese documento se llamó Pecados de mi padre. Hoy vas a descubrir tres cosas. Primero, ¿quién era Pablo Escobar detrás del mito que las series de televisión construyeron y lo que el propio Sebastián Marroquín  describió sobre su padre en sus últimos días? El hombre más rico del mundo, que en realidad era el más pobre, porque no podía comprar lo único que quería.

 Segundo, lo que vivió la familia durante el exilio en Buenos Aires. Los 17 países rechazados, los nombres inventados tomando una guía telefónica, el arresto en Argentina, la historia familiar que inventaron basándose en una telenovela. Y tercero, ¿quién es Sebastián Marroquín hoy? ¿Y por qué el hijo del hombre que sembró terror en Colombia eligió pasar décadas pidiendo perdón a las víctimas de  su padre? Esta es la historia que nadie contó completa y empieza en Ríegro, Antioquia. El primero de

diciembre de 1949. Pablo Emilio Escobar Gaviria nació en una familia de clase trabajadora antioqueña. Su padre, Abel de Jesús Escobar  era campesino. Su madre, Ermilda Gaviria, era maestra de escuela.  En la estructura de la Colombia de esa época, ser hijo de un campesino y una maestra en el departamento de Antioquia no era la peor posición de partida posible, pero tampoco era el punto de origen desde el que la movilidad social llegaba fácil.

 Pablo Escobar creció en Envigado, municipio al sur del Valle de Aburrá, a pocos kilómetros de Medellín.  Las historias sobre sus primeros pasos en el crimen son las historias que él mismo fue construyendo y expandiendo a lo largo de los años. Mezclando verdad y mito de la manera en que los hombres que se convierten en leyendas suelen hacer.

 Robaba lápidas de los cementerios para venderlas, robaba autos, hizo sus primeras conexiones en el mundo del contrabando siendo adolescente. Lo que es documentado es que para los años 70, cuando Pablo Escobar tenía veintitantos años, ya era una figura establecida en el mundo del narcotráfico emergente de Medellín. El momento histórico fue perfecto para alguien con su combinación de ambición, inteligencia para los negocios y disposición para la violencia.

 La cocaína colombiana estaba empezando a encontrar su mercado en Estados Unidos  y los grupos que podían organizarse para producirla y distribuirla eficientemente estaban en posición de acumular riqueza en escalas que Colombia nunca había visto. Pablo Escobar  era uno de esos grupos y tenía algo que muchos de los otros no tenían.

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