Y en menos de un año, fíjate, en menos de un año, Televisa la contrató para una telenovela llamada Soledad. Un papel pequeño, casi un favor, pero suficiente para que la cámara la descubriera.Y en aquel set de soledad, Christian Bach conoció a un hombre que iba a cambiarle la vida entera, aunque ella entonces todavía no lo sabía.
Humberto Zurita. Humberto en 1980 tenía 26 años. Era guapo,alto, con esa voz grave que las mexicanas reconocen al primer segundo. Era hijo de Jorge Surita, un actor del cine de oro que había trabajado con todo el mundo. Era una promesa y tenía fama de algo más. Humberto Zita en aquel 1980 era uno de esos hombres de los que las mujeres delset hablaban en voz baja mucho.
Algunas decían que era encantador, atento, un caballero de los que ya casi no se ven, pero otras decían algo distinto. Decían que Humberto sabía exactamente cuándo acercarsey cuándo desaparecer, que sabía leer a una mujer como otros hombres leían el periódico. Y honestamente las dos versiones eran ciertas, peroCristian, fiel a sí misma, no se acercaba a Humberto, no le coqueteaba, no iba a tomar café con él entre toma y toma.
Se quedaba en su sillita con un libro de Borges abierto y solo se levantaba cuando la llamaban a grabar. Humberto, que estaba acostumbrado a otra cosa, se intrigó. Lo contó él mismo riéndose en una entrevista en los años 90. Un día, durante una pausa, Humberto se sentó a su lado y le preguntó qué leía. Y Cristian, sin levantar mucho la vista, le contestó, “Borges, soloeso.” Una palabra, Borges.
Humberto esperó. Esperó que ella siguiera, que añadiera algo,que dijera que era su autor favorito o que lo había leído en la facultad. Cualquier cosa que continuara la conversación, Cristian no añadió nada. Humberto, según contó él mismo riéndose 20 años después,se levantó y se fue.
Pobre Humberto, y aquí viene lo raro, porque lo que Humberto no sabía todavía en aquel set de soledad es que estaba conociendo a una mujer que ya teníaun código entrenado desde los 4 años. Cuando alguien le hablaba, no contestaba lo que esperaban y cuando se le acercabanno se acercaba a ella, esperaba 4 años. 4 años pasaron entre aquel café y la noche en que las cosas cambiaron.
4 años en que Cristian, según supo después una de sus pocas amigas íntimas, lo observaba de lejos, sin acercarse, sin tomarlo en serio todavía, esperando ver que Humberto era el de verdad, si el encantador o el otro,4 años en que coincidieron en sets, en eventos, en cumpleaños, en cenas. 4 años en que Humberto la fue ganando despacio, sin coquetear directo, sin presionar, solo demostrándole que él también sabía estar callado,también sabía esperar, también sabía que a una mujer como Cristian no se la
conquista con flores nicon frases bonitas, se la gana con paciencia. Y aquí está el detalle que más me sorprendió durante aquellos 4 años. Según me dijo después una de esas amigas, Cristian y Humberto coincidían constantemente en eventos del mundo del cine, en cumpleaños de productores, en cenas de Televisa y siempre, siempre terminaban sentándose juntos sin decírselo, sin planearlo, como si los dos llegaran a esas mesas con un mapa mental del lugar exacto donde el otro iba a estar. Hubo una noche en 1983
[música] en una azotea de un edificio de Coyoacán, en una fiesta de un compañero de Televisa y la dueña de la casa, esto lo contó años después, los vio. Humberto y Cristianse habían quedado solos en una esquina, apoyados en una pared baja, mirando los tejados de la ciudad. Hablaron durante dos horas.
La dueña de la casa los miraba desdela cocina y le dijo a su marido, “A esos dos los vamos a ver casados, te lo digo yo, pero no pasó esa noche, tampoco la siguiente, pasó en 1984.” Cristian lo contóuna vez en una entrevista poco frecuente. Esas quedaba ella contadas con los dedos. Una noche cualquiera, después de una cena en casa de un productor común, Humberto la acompañó al coche sin más y antes de despedirsele dijo una frase que ella en sus pocas entrevistas repitió alguna vez, [música]
“Cristian, yo voy a esperar lo que haga falta, pero quiero que sepas que estoy esperando.” Cristian no le contestó esa noche subió al coche, cerró la puerta y se fue. Pero al día siguiente lo llamó. Y dos añosdespués, en 1986, después de protagonizar juntos la telenovelade Pura Sangre, Humberto Zurita y Cristian Bach se casaron esperando.
Y aquí viene lo bueno, porque casarse con Humberto fue solo el principio, porque Cristian enaquellos años estaba a punto de hacer algo que las actrices argentinas en México no hacían. Estaba a punto de convertirse en la cara del horario estelar de Televisa. En 1983 se estrenó Bodas de odio. Christian Bach interpretaba a Catalina, una mujer obligada a casarse con un hombre al que no amaba, y lo hacía con esa mezcla suya de elegancia y dolor contenido que el público mexicano no había visto antes en una actriz extranjera. Las casas se
paraban a las 9 de la noche. Yo me acuerdo perfectamente, fíjate, yo me acuerdo perfectamente de mi vecina de entonces. Cada nochea las 9 en punto dejaba la cocina, se sentaba en el sofá y no se podía hablar con ella hasta que terminaba el capítulo. Eso hacía Christian Bach. Paraba la vida de las casas.
Paraba la vida. Después, en 1995, vino bajo un mismo rostro. Interpretó a dos personajes a la vez, dos hermanas gemelas,una buena y una mala. Y aquí está el detalle bonito. Le bastaba con cambiar el gesto de la boca para que el público supiera, sin más, cuál de las dos hermanas era. Sin maquillaje distinto, sin peluca, solo la boca.
Y en 1996, Cañaveral de Pasiiones. La telenovela que la confirmó como la actriz másrespetada del horario estelar mexicano, interpretaba a una mujer atrapada en una hacienda en medio de Veracruz. Una mujer que aguantaba en silencio, una mujer que callaba lo que sentía hasta que un día cansadadejaba de callar y Cristian Bach hacía ese papel mejor que nadie en México.
Ese tipo de mujeres que callan hasta que un día dejan de callar. Lo hacía sin levantar la voz, sin gestos grandes, solo bajando los ojos en la escena exacta, y el público entero en 5 millones de casasse quedaba en silencio mirando esos ojos. Pero lo que estaba a punto de pasar entre ellos, lo que Cristian iba a construir en silencio durante los siguientes33 años, ni Humberto mismo lo había imaginado.
Suscríbete si crees, como yo, que algunas mujeres prefieren guardar su dolor a darlo en titulares. Aquí en el precio de ser, cada semana contamos historias así, historias de mujeres que pagaron precios que nadie vio. Y mientras Cristian se convertía en la cara del horario estelar, hizo otra cosa que casi nadie vio.
dejó algomuy claro al público mexicano, algo que entonces nadie entendió bien y que después se iba a entender perfectamente. Ella no iba a contar su matrimonio. Cuando los reporteros le preguntaban por Humberto, contestaba con monosílabos. Si le pedían fotos en casa,decía que no, sin excepciones. A las entrevistas en pareja mandaba a Humberto solo. Esa era su norma.
Y si una revista publicaba algo sobre su vida privada, Cristian llamaba a la directora y le pedía, con esa voz baja que tenía, que por favor no lo repitiera. Y mientras Cristian construía su carrera en pantalla, estaba construyendo otra cosa en privado, una cosa que en aquellosaños nadie en México sabía bien.
Estaba aprendiendo el oficio de productora. Miraba las hojas de presupuesto de cada telenovela.Le pedía al director que le explicara por qué cortaba aquí y no allí. se sentaba al lado del editor a ver el montaje, todo desde la sombra, y todo eso lo aprendía sin que ninguno de esos productores se diera cuenta de que estaba aprendiendo.
Porque Cristian, mientrashacía las preguntas, parecía solo curiosa. Una actriz argentina con ganas de saber, nada más. Pero claro que era más, era muchísimo más. En 1995 montaron una productora juntos. La llamaron Suba, una palabra rara. que ellos mismosse inventaron juntando las primeras letras de los dos apellidos, Su de Zurita, B de Bach.
Y duranteaños la sensación que tenía todo el mundo era que quien llevaba aquello era Humberto, normal también, porque era el que daba la cara, el que iba a las reuniones, el que hablaba con la prensa, el que aparecía siempre. Pero luegohablabas con gente que había trabajado con ellos y todos te terminaban diciendo más o menos lo mismo, que Cristian eramuy lista.
muchísimo y que además tenía una forma muy curiosa de manejar las reuniones porque no era nada escandalosa, ¿sabes? No era esa típica persona que entra y necesita que todo el mundo la mire. Para nada, más bien al revés. Se sentaba, escuchabay te dejaba hablar. Y tú pensando que la reunión iba por un lado hasta que de repente ella te hacía una pregunta y te desmontaba el asunto entero de estas personas que parecen tranquilas, pero que en realidad están pendientes de todo.
Te cuento una que me contaron. En 1997 hubo una reunión en las oficinas de Suba.Estaban cuatro personas, Humberto, Cristian, un escritor de guiones y un productor importante de Televisa que había venido a negociar el sueldo de un actor. El productor durante toda la reunión le hablaba a Humberto, le hacía las preguntas a Humberto, le explicaba los números a Humberto.
Cristian estaba sentada en una esquina, callada,escuchando todo, hasta que el productor terminó. Miró a Humberto y le dijo, “Bueno, ¿qué dices?” Humberto sonrió y le contestó, “Pregúntale a Cristian. Esto lo decide ella.” El productor, según contó después el escritor que estaba allí, se puso colorado.Llevaba 2 horas hablándole a Humberto cuando la persona que decidía estaba a 3 m callada, oyéndolo todo.
Y esa escena, fíjate, se repitió decenas de veces en 20 años. Productores que entraban a suba pensando que iban a tratar con un actor mexicano simpático y se iban habiendo cerrado el trato con una mujer argentina callada que nunca levantaba la voz. Pero Cristian en público nunca lo dijo. Cuando alguien intentaba escribir un artículo sobre ella,lo llamaba y le pedía que no lo publicara.
Cuando Televisa quería darle un premio a la mejor productora, mandaba a Humberto a recogerlo. Cuando un columnista publicaba que en Suba mandaba ella, no salía a desmentirlo, pero tampoco lo confirmaba. Una sola vez en su vida explicó por qué hacía lo que hacía. Fue en una conferencia en una universidad privada del norte de México.
Un estudiante le preguntó así, directa, sin medias tintas,¿por qué dejaba que Humberto se llevara los créditos? Cristian se quedó pensando un segundo y le contestó, “Si en suba aparezco yo, las negociaciones se complican. Si aparece Humberto, todo es más fácil. Y a mí que aparezcaél no me quita nada.
Yo sé lo que hago y él sabe lo que hago y eso es suficiente. Eso es suficiente. Aquella frase dicha en 1999 a unas estudiantes que la grabaron sin que ella supiera,es la única vez que Cristian Bach explicó públicamente por qué hacía lo que hacía.Y a mí, te voy a ser honesta, aquello me dolió un poco saberlo, porque imagínate una mujerque iba a las reuniones, escuchaba los números, hacía las preguntas que importaban y al final,cuando había que firmar, se levantaba y se iba a tomar un café para que firmara
él y ella sabía.Mientras tanto, Cristian y Humberto tuvieron dos hijos, Sebastián el mayor, Emiliano el menor. Los dos nacidos en los años 90.Los dos criados entre sets de telenovelas y oficinas de suba, los dos ya de mayores, también actores. Y a esos doshijos, Cristian les enseñó exactamente lo mismo que su madre rusa le habíaenseñado a ella, que el dolor no se pide, que las cosas privadas se quedan en privado, que las mujeres argentinas, según decía ella, riéndose en las cenas familiares, no se
quejan, se gestionan.Hay una historia que contó Emiliano el menor años después, en una entrevista. Cuando era pequeño, una tardellegó del colegio llorando porque un compañero le había dicho que su mamá era una vieja amargada que nunca sonreía en las revistas. Tenía 7años. Emiliano llegó a casa con la cara mojada, esperando que su madre lo abrazaray le dijera que el compañero era tonto.
Cristian no lo abrazó, lo escuchó, lo dejó terminar de llorar y cuando ya estaba callado le dijo, “Mi vida, vamos a pensar dos cosas. La primera, ¿qué le vas a decir tú mañana al compañero? Y la segunda, ¿qué le vas a decir tú a la próxima persona en tu vida que te diga algo así?” Emiliano contando esa anécdota añosdespués decía que aquella tarde aprendió a no esperar consuelo.
Aprendió a esperar herramientas. ¿Te das cuenta? Aquella misma escena, aquella misma técnica era la que la madre rusa había usado con Adela 40 años antes en Buenos Aires. Y ahora Cristian la usaba con sus hijos en una casa de México, sin darsecuenta de que estaba transmitiendo una herencia que venía de más atrás de lo que ella misma podía recordar.
Sebastián, el hijo mayor, eligió ser actor cuando tenía17 años. Se lo dijo a sus padres una tarde de domingo en el salón de casa. Humberto reaccionó como reaccionan los padres actores, con orgullo. Le dijo que iba a ayudarlo, que iba a hablar con la gente, que tenía mucho talento. Que adelante, Cristian. Sebastián lo recordó después.
No dijo nada. Al principio lo escuchó, asintió con la cabeza y al finalle hizo una sola pregunta. ¿Y tú sabes lo que cuesta? No. Lo que se gana, lo que cuesta. Esa fue la pregunta. Sebastián,él lo cuenta así. se quedó pensando durante varios días y le contestó una semana despuésque sí, que él creía que sí lo sabía y que aún así quería intentarlo.
Cristian aquella tarde le dio un beso y le dijo que adelante. Y desde ese día, según contó Sebastián,no volvió a preguntarle nada sobre su carrera. Le dejó hacerla. Esa era la forma de querer de Cristian Bach, dejar hacer sin invadir, sin opinar de más, sin imponerse, como si la herencia más grande que pudiera dejarles a sus hijos fuera exactamente el espacio.
Eso es suficiente. Y yo creo que precisamente por eso luego costó tanto darse cuenta de que algo no iba bien, porque al principio no había una cosa concreta que dijeras,”Pasa esto, no era más raro que eso. simplemente empezaba a desaparecer un poco. Un día no iba a una comida. Otro día decía que estaba cansada y se iba antes.
A veces pasaban semanas sin verla y luego reaparecía normal, sonriendo como si nada. Y claro, la gente tampoco insistía demasiado porque Cristian siempre había sido muy cerrada con sus cosas. Era de esas personas a las que notas que no les gusta dar explicaciones. Así que durante un tiempo nadiepensó mal. Se decían cosas entre ellos, frases sueltas en cenas, comentarios al final de unallamada.
está descansando, se está tomando un año sabático, está escribiendo ese tipo de cosas que dice la gente cuando no quiere preguntar, pero las que la conocían bien empezaron a notar otras cosas, cosas pequeñas, que de pronto rechazabaun proyecto que antes habría aceptado, que en una cena que había organizado ella se levantó a mitad y dijo que estaba mareada, que un díacanceló dos entrevistas seguidas sin dar motivos.
Una amiga años despuésrecordó una frase que Cristian le dijo una tarde en 1913 después de un café. Sin venir a cuento, le dijo, “A veces el cuerpo te avisa antes que la cabeza.” La amiga en aquel momento no le dio importancia. Pensó que era una de esas frases filosóficas quedice Cristian.
asintió y siguieron hablando de otra cosa. Pero ahora, cuando esa amiga cuenta esta historia, dice que se acuerda perfecto de aquella frase y de la cara de Cristian al decirla, que no era una frase filosófica, era una frase concreta. Y Cristian, ¿te das cuenta? Ya losabía. Lo sabía ella antes que nadie.
Pero la enfermedad llegó y entonces Cristian empezó a hacer algo rarísimo, desaparecerdespacio sin que nadie lo notara al principio. Aquí hago una pausa para darte las gracias por llegar hasta aquí. Significa que compartes conmigo esta pasión por recordar a una mujer que el tiempo no quiso entender. En el precio de ser, tenemos muchas historias que merecen ser contadas y solo tienen sentido si tú nos acompañas. Suscríbete y quédate.
Y aquí está la parteque cuesta de contar, porque la primera señal fue en 2014 cuando Cristian terminó de grabar Laimpostora, una telenovela que protagonizaba para Telemundo. Era su trabajo más reciente y todo el mundo, productores,amigas, prensa, esperaba el siguiente.
El siguiente no llegó. Cristian,sin anunciar nada, sin escándalo, sin decir ni una palabra en público, simplemente dejó de aceptar guiones. Las amigas decían que estaba descansando. Las productoras decían que estaba escogiendo proyectos. Los periodistas decían que estaba preparando algo grande conSuba y todos se equivocaban porque no había nada de eso.
Cristian en 2014 tenía 54 años y empezaba a notar algo en el cuerpo que todavía no le había dicho a nadie. Y un año después,en 2015, Cristian apareció una sola vez en público. Una solavez. Fue en el estreno de una obra de teatro de Humberto llamada Papito querido. Llegó al teatro del brazo de él,saludó a algunas amigas, posó para una foto y se fue temprano.
Aquella foto, la última foto pública de Christian Bach en suelo mexicano, todavía circula por internet. Búscala si quieres y si te paras a mirarla bien, ves algo que en aquel momento nadievio. Cristian está más delgada, la piel más blanca, la sonrisa distinta. La sonrisa no le llega a los ojos, pero la prensaen 2015 no notó nada.
Cristian Bach era una mujer madura,elegante, que de vez en cuando se dejaba ver. Eso era todo. La fama había bajado el volumen. Normal en una mujer de 50 y tantos.Nadie pensó nada raro. En 2016, Humberto subió a Instagram una foto de los dos comiendo en algún restaurante. Cristian sonreía, pero los comentarios, ay, los comentarios, empezaron a llenarse de algo nuevo, algo que nadie había dicho en voz alta hasta entonces.
Está bien, tienecáncer, se ve muy delgada. Humberto borró los comentarios, cerró los comentarios y en febrero de 2017,3 años antes de que Cristian se fuera, salió a desmentir públicamente. Dijo que su esposa estaba perfectamente, que había decidido tomarse un tiempo para escribir, que pronto laverían en algún proyecto nuevo.
Y mientras Humberto decía todo eso públicamente, Cristian en privado ya había tomado una decisión.La decisión más Cristian de toda su vida no iba a contar ni a la prensa, ni a las amigas que no fueran delcírculo más íntimo, ni a los productores, ni a la familia extendida, ni al públicoque la había acompañado durante 35 años, a nadie.
Sus hijos Sebastián y Emiliano, según contaron amigos cercanos, sabíanlo que estaba pasando y cada uno, a su manera, se acercaba a la madre los fines de semana le llevaban fotos viejas, le contaban historias, le decían cosas que normalmente uno no le dice a la madre hasta que es muy tarde, cosas que, te lo digo yo, esos hijos guardaban dentro desde hacía años y de pronto encontraron el momento de decir, una de esas tardes,Sebastián, el hijo mayor, llegó a la casa donde Cristian ya pasaba la mayor parte del tiempo. Se sentó al
lado de su madre en el sofá y le dijo, “Sin rodeos, sin preámbulo, sin esa cosa larga que ponen loshijos.” Antes de decir lo importante, que estaba orgulloso de ella, Cristian no le contestó nada, solo le agarró la mano y se quedaron así un rato largo,nada más.
En 2018, Cristian y Humberto se mudaron de Miami a Los Ángeles. En Los Ángeles había mejores hospitales,mejores oncólogos, mejores tratamientos para lo que Cristian tenía. Pero esa mudanza, te voy a serhonesta, no fue solo una mudanza médica, fue también una forma de despedirse de México.
Cristian me lo contódespués, una de sus dos amigas íntimas se fue de México con una sensación rara.Esa que tienes cuando un país te quiso mucho, pero nunca llegó a verte entera. Una vez,antes de subir al avión se lo dijo a la amiga argentina. Me quisieron mucho, pero creo que nunca terminaron de verme entera.
Y en esa casa de los ángeles, una casa discreta, sin paparatsis, sin vecinos famosos, Cristian pasó sus últimos meses. Casi no salía, casi no recibía visitas,casi no usaba el teléfono. Si te paras un momento a imaginártela, te lo cuento mejor. Una mujer argentina de 59 añoscon el pelo ya casi sin color, con la piel muy blanca, tumbada en un sofá grande del salón,una ventana grande a la derecha, una mesa pequeña con dos libros, uno de Borges, otro de poesía argentina y al otro lado del salón un piano vertical que Humberto
tocaba a veces por las noches mientras ella escuchaba con los ojos cerrados. Por las mañanas, lo contaba esa amiga, la rutina era siempre la misma. Cristian se levantabaa las 9. Una empleada le subía un café a la habitación. Ella se sentaba al borde de la cama, miraba por la ventana y se quedaba así un rato largo antes de tocar la taza.
Cuando bajaba al salón,el café ya estaba frío y ella lo tomaba igual, frío, sin queja, sin pedir otro, como si el café frío fuera. También una de esas cosas pequeñas que no merecen comentario. Por las tardesleía, a veces dormitaba. Si era buen día, salía al jardín pequeño de la casa.
Se sentaba en una silla bajo un naranjo que había plantado Humberto el primer año que llegaron a Los Ángeles y respiraba el aire de California como si fuera el aire de cualquier sitio donde quedara tiempo. A veces, lo contaba la productora mexicana, se quedaba mirando una hoja del naranjo durante varios minutossin moverse, como si esa hoja fuera en ese momento la cosa más importante del mundo.
una hoja verde, en una rama, en un jardín,en una ciudad que no era el suyo, en un país que no era el suyo. Y aún así, suficiente por las noches era Humberto, siempre Humberto cocinaba él algo sencillo, una sopa, una verdura al vapor, un pescado a la plancha, le servía a Cristian un plato pequeño que muchas veces casi no tocaba.
Después se sentaban en el sofá del salón juntos con la radio puesta bajita en el fondo y se quedaban así hasta que alguno de los dos se quedaba dormido. Casisiempre Cristian. Una de esas noches, ya casi al final de 2018, la amiga argentina estaba en la casa cenando con ellos y vio una escena que años después contó así.
Cristian después de cenar le pidió a Humberto una manta. Humberto se levantó, fue a buscarla y antes de extendérsela por encima la dobló dos veces despacio. Como se doblan las cosas cuando uno está pensando en otra cosa. Cristian, mientras lo miraba doblar la manta, le dijo a la amiga en voz baja, “Mira cómo dobla las cosas.
” Así de bien hace todo. Y se quedó callada mirándolo hasta que él terminó de extendérsela. Esa era la casa que el público mexicano nunca vio, la casa que ningún paparazzi pudo fotografiar, la casa donde Cristian Bach en silencio decidió cómo iba a irse.Solo Humberto, Sebastián, Emiliano y dos amigas íntimas que se turnaban para acompañarla algunas tardes.
Y aquí está la parte que más me dolió saber, porque Cristian en toda su vida en México solo tuvo dos amigas íntimas de verdad. Dos.Y para una mujer pública que llevaba 30 años en Televisa, eso es muy poco. Una era una productora mexicanamayor que ella, que la había conocido en los 90 cuando Cristian empezaba a aprender el oficio de productora.
[música] La otra era una actriz argentina que había llegado a México unos años antes que ella y que entendía perfectamente lo que era construirse una vida lejosde casa. Esas dos mujeres fueron las únicas fuera de la familia que conocieron a Cristian sin máscara. Las únicas que supieron cuándo tenía un día malo.
Las únicas que entraban a la casa sin avisar. Una de esas dos amigas, años después de que Cristian se fuera, dejó caer algunos detalles en una entrevista anónima en una revista mexicana. La amiga no quiso dar su nombre, pero contó cosas concretas,cosas que solo alguien que había estado en aquella casa podía saber.
Contó, por ejemplo, que Cristian en los últimos meses tenía unarutina. Por las mañanas leía Borges, siempre Borges. Por las tardes escuchaba música, sobre todo música clásica argentina,sobre todo tangos viejos cantados por mujeres. Y por las noches, cuando ya estaba muy cansada, dejaba que Humberto le leyera en voz alta lo que fuera,periódicos, cartas viejas, páginas de novelas.
Contó también la amiga anónima que Cristian una tarde le pidió que le trajera fotos viejasde Buenos Aires, de su madre, de cuando era pequeña, que las miró durante mucho rato sin decir nada y al final le devolvió el sobre y le dijo, “Según ella, yo creo que ya entendí lo que mi mamá me enseñaba. Yo creo que ya entendí. Esas palabras dichas en algún momento de finales de 2018 en una casa de losángeles son lo único que se conoce públicamente de lo que Cristian dijo sobre su madre.
45 años después de aquellas tardes en Buenos Aires, sentada en un sofá de Los Ángelescon el cuerpo cansado y un sobre de fotos viejas en el regazo, Cristian le dio la razón a su madre, sin palabras grandes, solo con esa frase, para irseasí, en paz, sin pedir, no iba a contar. Y aquí está la parte que más cuesta, porque hay una noche en esa casa de los Ángeles, dos meses antes de que Cristian se fuera, de la que Humberto Zurita ha hablado una sola vez en su vida, en una conversación privada con un amigo y ese
amigo, añosdespués ha dejado caer algunos detalles. Era una noche de finales de 2018. Cristian ya estaba muy mal. Llevaban viviendo en Los Ángeles 2 años. Y esa casa, esa casa que el público mexicano no había visto nunca,era donde Cristian pasaba todos los días tumbada en un sofá grande del salón mirando el techo o la ventana.
Esa noche, según ese amigo, Humberto la encontró sentada en el sofá del salón mirando la ventana, sin libro, sin televisión, sin teléfono, solo mirando la ventana. Si te paras un momento a imaginártelo, te lo cuento mejor. Una mujer argentina de 59 años en bata,con el pelo ya casi sin color, sentada en un sofá grande de un salón en Los Ángeles, la ventana enfrente, detrás de la ventana, una calle tranquila de algún barrio residencial y dentro del salón solo el silencio.
Humberto se sentó al lado sin decir nada, sin preguntarle cómo estaba, sin tocar el tema, porque entre ellos después de 33 años nohacía falta. Por la casa en alguna parte sonaba una radio, música clásica, una de esas estaciones públicas de los ángeles que ponen Bach o Mozart por la noche. Y Cristian, según ese amigo, sin mirar a Humberto, le dijo una frase que él después ha repetido a una sola persona en 5 años.
Humberto, tú me vas a guardar. Tú me vas a guardar. Humberto no contestó enseguida.Se quedó mirándole las manos. Después la agarró despacio y en el salón solo se oía la radio. Bac o Mozart,algo así. Cristian seguía mirando la ventana y al cabo de un rato largo, Humberto, según ese amigo, le contestó con dos palabras, solo dos.
Te lo prometo. Cristian se durmió en el sofá poco después y Humberto esa misma noche la cargó hasta la cama como si pesara nada, que probablemente ya en ese momento casi no pesaba. Esa promesa, esa promesa hecha en silencio en un sofá de Los Ángeles a finalesde 2018 es la promesa que Humberto Surita ha cumplido durante 5 años.
Tú me vas a guardar, pero lo que pasó dos años después de que Cristian se fuera es lo que el público mexicanotodavía hoy no le perdona del todo a Humberto. Y entonces empezó lo otro. El 26 de febrerode 2019, en una casa de los Ángeles, una mujer argentina de 59 años deja de respirar. Humberto, Sebastián y Emiliano están con ella.
La familia se queda con la noticia durante tresdías y cuando finalmente sale el comunicado, sale como ella había pedido. Tres líneas sin causa, sin detalles, sin permiso para preguntar más. Siempre fue su voluntad guardar los asuntos personales yfamiliares en intimidad absoluta.
Los periodistas en México no se conformaron.Llamaron a Humberto, a Sebastián, a Emiliano, a las amigas íntimas, a los productores que habían trabajado con ella. Querían saber de qué se había ido. Pero Humberto y los hijos no abrieron las puertas.Las amigas, fieles al código, no contaron nada.
Tampoco los productores que habían trabajado con ella porque habían firmado contratos con cláusulas de confidencialidad durante décadas y conocían a Cristian lo suficiente como para no romper su voluntad. Durante 4 años,la causa de la muerte de Christian Bach fue oficialmente un infarto fulminante. Eso decía el comunicado de prensa,eso repetían las notas necrológicas, eso era lo que el público asumía, pero detrás todo el mundo sabía o intuía o sospechaba.
y Humberto durante 4 añosno dijo nada hasta 2023, hasta una entrevista con la periodista Anet Kuburu en su canal de YouTube en la que Humberto después de 4 años de silencio absoluto, dejó caer dos frases.La gente sabe en general que ella agarró un cáncer, se cayó y luego añadió, “Pero, ¿cuál fue su proceso? Y todo eso se queda con ella. Así lo quiso.
Aquello dicho en 2023 fue todo lo que la gente sacó en 4 años.Y según Humberto, eso es lo que va a seguir cuidando. Y esapalabra en boca de Humberto hizo algo muy importante. Cerró el tema. 5 años después todavía no ha vuelto a abrirse. Pero aquí viene lo raro, porque 2 años después de que Cristian se fuera, en 2021, Humberto Zurita hizo algo que mucha gente del público mexicano no le perdonó del todo.
Empezó a verse con otra mujer. Esta mujer se llamaba Stefanie Salas, hija de la actrizSilvia Pasquel, nieta de Silvia Pinal, cantante, actriz, con su propia carrera y con algo que el público mexicano recordaba muy bien. Había tenido una hija con Luis Miguel, Michel Salas. Es a MichelSalas que es hoy modelo y actriz.
Es a Michel Salas que aparece en la serie sobre Luis Miguel en Netflix. Cuando se supo que Humberto Zurita estaba con Stephanie Salas, parte del público mexicano, sobre todo las mujeres mayores, las amigas de Cristian, las productoras que la habíanquerido, sintieron algo difícil de explicar. No era enojo, no era rechazo, era otra cosa más fina.
Era la sensación de que la promesa que Humberto había prometido cumplir ya noprotegía del todo a Cristian. Humberto, claro, tenía todo el derecho. Una mujer se había ido. Habían pasado dos años.Era un hombre todavía joven, con derecho a rehacer su vida. Eso lo entendía todo el mundo.
Pero algunasdecisiones, algunos lugares, algunos viajes eran un poquito más sensibles que otros. Y Humberto durante meses tuvo que defenderse en entrevistas. Tuvo que aclarar que su relación con Stephanie no quitaba el espacio de Cristian. Tuvo que decir en variasocasiones que él había amado a Cristian, que la seguía amando, que Stephanie era otra cosa.
Una vezuna periodista mexicana le preguntó directo, “Humberto, hay gente que dice que es muy pronto, que apenas pasaron dos años.” ¿Qué le contestas,Humberto? Según contó esa periodista, se quedó callado un segundo. Despuésle dijo, “Yo llevo 5 años cuidando a alguien, 4 años de proceso y un año de duelo.
La gente que cuenta desde fuera no sabe desde cuándo se empieza a contar. Lo que dijo allí Humberto en 2022 contó más de la enfermedad de Cristian que cualquier otra cosa que él haya dicho públicamente, porque dijo, sin decirlo, que Cristian llevaba mucho tiempo enferma, que la enfermedad había sido larga, que Humberto había acompañado todo el proceso y que cuando Cristian finalmente se fue, no fue una sorpresa para él.
Yo no sé qué pensó Cristian sobre todo esto, porque ya no estaba para opinar, pero hay algo quelas amigas dejaron caer años después y es que Cristian en aquellos meses finalesuna vez le dijo a una amiga íntima una frase. Esa amiga la repitió a otra y esa otra años después la dejó caer. Yo lo voy a dejar libre. No quiero que se quede solo por mí.
Esa frase sí es verdadlo explica todo. Y en 2023, Humberto y Stefanie subieron a redes sociales una foto de los dos en las cataratas de Iguazúen Argentina. Cataratas de Iguazú, el país de Cristian, la tierra donde Cristian había nacido, los paisajes que Cristian le había enseñado a Humberto en sus primeros años de matrimonio.
Y ahoraHumberto estaba ahí con Stefhanie con sonrisa de turista enamorado. Las redes se llenaron. Algunos defendían a Humberto, “El hombre tiene derecho.” Otros lo criticaban. “Hay lugares que no se tocan.” Una amiga íntima de Cristian, anónima, dejó caer una frase en una entrevista de radio. “Humberto, la memoria también se cuida con los lugares.
” Esa amiga, sin decirlo del todo, decía algo que muchos en México sentían, que Humberto, al rehacersu vida había hecho lo que tenía derecho a hacer. tenía derecho, pero algunas decisiones eran un poquito más sensibles que otras, porque Humberto la guardó, pero también en algún momento dejó de guardarla del todo. La memoria también se cuiday han pasado 5 años.
Y Cristian en la memoria de México sigue siendo esa de bodas de odio,esa de Cañaveral de Piones. La actriz argentina elegante del horario estelar. Pero a mí, te voy a ser honesta, es lo que no se ve lo que me sigue dando vueltas en la cabeza. que suba, esa productora que el público creía de Humberto, en realidad la llevaba ella, que las negociaciones que parecían cerrar él la cerraba ella.
[música] Que la mujer que en pantalla hacía a Catalina, a Andrea, a Bárbara, en cuanto se apagaban las cámaras, se sentaba en una oficina a revisar números que movían millones de pesos y nadie se enteraba. Los productores salían pensandoque el trato lo había cerrado Humberto y Cristian se quedaba dentro en silencio con un café enfrente que casi nunca tocaba.
Eso fue Cristian Bach durante 25 años y solo lo saben las dos amigas íntimas, los dos hijos, Humberto y los productores que firmaron con ella. Por eso, fíjate, cuando le llegó la enfermedad, hizo exactamente lo que llevaba haciendo toda la vida. Si llevaba 30 años diciendo que no a las revistas cuando estaba bien, no iba a empezar a decir que sí justo cuando estaba mal, fiel a sí misma, hasta el último día.
Y este fue el precio que pagó Christian Bach por ser quien fue. Hay algo que 5 años después de su muerte sigue sin encajar. Y no es la enfermedad, eso pasa. No es la decisión de no contar,eso era su derecho. Lo que pasa es que Cristian pasó 59 años aprendiendo a callar antes dehablar. 59 años respetando el dolor propio sin ponérselo a otros.
59 años entendiendo que las cosas importantes no se piden, se gestionan. Y al final de todo, cuando ya estaba en un sofá de Los Ángeles con el cuerpo cansado,hizo lo único que sí pidió en su vida. Le pidió a Humberto que la guardara y Humberto durante 5 añosha cumplido esa promesa. ¿Y tú qué cosas tuyas estás guardando para que nadie las toque? ¿Cuáles son las cosas que tú decides que son tuyas y nadie más tiene derecho a tocarlas? Cristian no se llevó un secreto cualquiera. Se llevó algo que muchas
mujeres hoy todavía hacen y que tú probablemente también.Y este fue el precio que pagó Cristian Bach por ser quien fue. Gracias de verdad por quedarte conmigo hasta el final. Y ahora cuéntame tú cómo recuerdas a Cristian porque yo tengo la sensación de que muchos la conocimos igual. sin mucho ruido desde alguna telenovela de las tardes,mientras alguien en casa veía bodas de odio o cañaveral de pasiones y se quedaba mirándola sin saber muy bien por qué, pero sin poder dejar de mirarla. Y si todavía no estás
suscrito, suscríbete ahora, porque aquí en el precio de ser seguimos haciendo algo que cada vez hace menos gente. pararnos un rato para recordar a mujeres que marcaron a millones de personas,aunque muchas veces