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CARLOS ZÁRATE: LA ASQUEROSA VERDAD del HOMBRE con 66 NOCAUTS que MÉXICO ABANDONÓ

CARLOS ZÁRATE: LA ASQUEROSA VERDAD del HOMBRE con 66 NOCAUTS que MÉXICO ABANDONÓ

66 knockouts en 69 peleas. Detengámonos ahí un momento porque ese número necesita tiempo para que el cerebro lo procese. 66 peleas donde Carlos Sarate metió un golpe que mandó al otro hombre al piso y el árbitro contó hasta 10 y el otro hombre no pudo levantarse a tiempo. 66 veces en 69 intentos.

 Ese porcentaje de finalizaciones es uno de los más altos que el boxeo profesional. ha producido en toda su historia, no en el boxeo mexicano, en el boxeo mundial. Y usted que me está viendo probablemente no conoce el nombre de Carlos Zárate con la misma inmediatez con que conoce el de Julio César Chávez o el de Barrera o el de Morales.

 Puede que lo haya escuchado, puede que sepa vagamente que fue campeón del mundo, pero las 66 palabras que acompañan su nombre en los libros de historia del boxeo, esas 66 no tienen en la memoria colectiva de México el lugar que merecen. Eso es lo que vamos a contar hoy. ¿Quién fue Carlos Sarate? Lo que hizo y lo que México hizo con él después.

 Porque hay algo en la historia de Sarate que el boxeo mexicano prefiere no hablar demasiado. Algo sobre cómo el sistema trata a sus campeones cuando ya no son útiles y algo sobre la manera en que el olvido llega para los que se fueron demasiado pronto del lugar donde todo el mundo los conocía. Carlos Sara Tecerna nació el 23 de mayo de 1951 en Tepito, Ciudad de México.

 El mismo Tepito que le dio a Marco Antonio Barrera décadas después. El barrio que ya contamos en este canal, que tiene su propio código y sus propias reglas y su manera de producir hombres que saben desde chicos que el espacio hay que ganárselo. Tepito en los años 50 era más pobre de lo que es ahora, que ya es decir algo.

 un barrio que el resto de la ciudad miraba con distancia, donde las familias numerosas vivían apretadas en vecindades que tenían las paredes delgadas y los pasillos oscuros y ese olor específico de los lugares donde mucha gente vive muy junta. Sarate creció en ese ambiente con varios hermanos, con la escasez que en esos barrios era constante y que uno aprende a normalizar porque no hay otra manera de vivir con ella.

 y con el gimnasio de boxeo que quedaba a pocas cuadras de la casa y que para los chicos de Tepito representaba lo que siempre ha representado el boxeo en los barrios pobres de México. Una salida, no la única salida, pero una real, una donde el esfuerzo se traduce en resultado de maneras que en la economía formal raramente pasan con tanta claridad.

Sarate llegó al gimnasio siendo adolescente y lo que encontró ahí, lo que el boxeo le reveló sobre sí mismo en las primeras semanas de trabajo, fue algo que cambió su relación con el futuro de manera inmediata. pegaba diferente. Eso es lo primero que los entrenadores dicen de un peleador cuando tienen entre manos algo especial que pega diferente, que los golpes que mete tienen una calidad que va más allá de la técnica que se puede enseñar, que hay algo en la manera en que el cuerpo se alinea, en cómo el peso se transfiere

desde los pies hasta el puño en el momento del impacto, que produce un daño que los golpes de la mayoría de los peleadores no producen, aunque estén mejor ejecutados. Técnicamente Zara tenía eso. Sus primeros sparrings lo sintieron antes de que él mismo supiera bien cómo explicarlo. Cuando Zara te conectaba, el otro hombre lo sentía diferente, no más fuerte necesariamente, porque la fuerza bruta no es lo mismo que la potencia real en el boxeo, sino con una calidad de impacto que hacía que el golpe llegara a lugares que los

golpes normales no llegaban. Los entrenadores que trabajaron con él en esos primeros años decían que tenía la mejor derecha que habían visto en el peso gallo en décadas. Una derecha que salía de una postura que en términos técnicos no era la más ortodoxa, pero que producía un resultado que ningún análisis técnico podía desestimar, que cuando llegaba la pelea tendía a terminar.

 Debutó profesionalmente en 1970, 19 años y en los siguientes 9 años construyó el récord que lo hizo lo que fue. Las primeras peleas fueron contra rivales locales. Los nombres que aparecen en los libros de la época son nombres que hoy no le dicen nada a nadie, que forman parte de ese universo de boxeadores profesionales que pelearon y perdieron y siguieron sus vidas sin que el deporte les diera más que unos pesos y la experiencia de haber estado ahí.

 Contra esos rivales, Sarate fue estableciendo el patrón que iba a definir toda su carrera. La derecha, el knockout,  el árbitro contando, el otro hombre en el piso. Para 1974, 4 años después de su debut, Zarate tenía un récord de 34 victorias, cero derrotas y 32 knockouts, 32 de 34.  El porcentaje ya era astronómico y seguiría siéndolo.

 La selección mundial del CMB en el peso gallo empezó a prestarle atención. El peso gallo, que es la categoría de 118 libras,  tenía en esa época varios peleadores de primer nivel, compitiendo por la misma posición en el ranking mundial. México producía boxeadores de gallo de manera consistente, porque el físico del mexicano promedio encaja bien con esas categorías bajas donde la velocidad y la resistencia importan tanto como la potencia.

 Sarate avanzó en ese ranking con la misma metodología con que había avanzado desde su debut, ganando por knockout, una pelea después de otra. El título mundial llegó el 8 de mayo de 1976 en el Palacio de los Deportes de la Ciudad de México, Zárate contra Rodolfo Martínez, el campeón gallo del CMB, también mexicano. Una pelea entre dos hombres del mismo país por el cinturón más importante de la división.

 Sarate ganó por knockout en el noveno round. Tenía 24 años. Era el nuevo campeón mundial gallo del Consejo Mundial de Boxeo. Y el Palacio de los Deportes, lleno de mexicanos que habían ido a ver a uno de los suyos ganar el título, rugió de la manera en que ruge México cuando un campeón se corona en casa. Lo que vino después fue la defensa del cinturón durante los siguientes 3 años.

nueve defensas del título, nueve victorias, siete por knockout. Esos 3 años, desde 1976  hasta 1979, fueron los años de Sárate en el boxeo mundial, el periodo donde era el mejor gallo del planeta de manera indiscutible, donde los rivales que la WBC le ponía enfrente llegaban con la reputación de sus países y salían con el daño que producía la derecha de un hombre de Tepito  que había aprendido a pelear en un gimnasio a unas cuadras de su casa.

 Los rivales vinieron de Japón, de Corea, de Puerto Rico, de Panamá. El boxeo mundial del peso Gallo en los años 70 tenía jugadores de varios países que competían al más alto nivel y que cuando llegaban a pelear con Sarate descubrían que el campeón mexicano tenía algo que sus análisis previos no habían capturado del todo.

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