CARLOS Hermosillo: el ASQUEROSO SECRETO del VETO de AMLO… la PUDRE que HUNDIÓ al ÍDOLO
Del Olimpo al abismo. Fue el héroe que le dio la última gloria a Cruz Azul, pero cuando intentó limpiar la suciedad del deporte, el sistema le pasó la factura. Carlos Hermosillo no se retiró de la política por falta de resultados. Fue borrado por un veto implacable desde lo más alto del poder.
Detrás de su paso por la CONADE se esconde un asqueroso secreto de corrupción y traiciones que terminaron por hundir a la leyenda en el fango de la censura. Hoy en Sombras del Olimpo abrimos el expediente del ídolo vetado. Descubre qué descubrió Hermosillo en las cuentas del deporte y por qué el gobierno prefirió silenciarlo antes de que la verdad explotara.
Pero antes de que este expediente arranque, necesito decirte algo que este canal tiene como principio fundamental y que te debo antes de que sigas escuchando. Hay una diferencia entre el gancho que acaba de llamar tu atención, diseñado para que te quedes y la historia real verificada de Carlos Hermosillo. Y lo que te voy a contar ahora es la historia real, porque la historia real de este hombre, sin inventar ni una coma, es igual de poderosa, igual de reveladora del sistema deportivo y político mexicano e igual de incómoda para los
que administran ese sistema. Lo que sí es absolutamente cierto es esto. Carlos Hermosillo fue el segundo goleador más prolífico en la historia de la primera división de México. Fue el símbolo más amado que Cruz Azul jamás haya tenido. Fue director general de la CONADE y durante su mandato, la Auditoría Superior de la Federación encontró irregularidades que nadie en el deporte oficial mexicano quiere que estén al centro de la conversación cuando se habla de él.
perdió una elección para diputado federal en 2009 ante un hombre que después fue condenado a 9 años de prisión por corrupción y terminó en los estudios de análisis deportivo, lejos del poder, sin que nadie le exigiera cuentas por lo que pasó en la CONADE, ni nadie le diera las gracias por lo que hizo en el campo. Eso no es una conspiración inventada, es la historia real y es suficientemente dura e incómoda para sostener este expediente sin necesitar fabricar nada.
Si este tipo de historias, las que el fútbol y la política mexicana prefieren que no circulen juntas en el mismo párrafo, te parecen necesarias, suscríbete ahora mismo. Dale like, no por mí, por Hermosillo. Para que la historia completa del máximo ídolo de Cruz Azul, no solo los goles de los 90, sino también lo que pasó cuando cambió los botines por el escritorio de la CONADE, llegue a más gente.
Lo que nadie te ha contado con suficiente claridad es que la carrera de Carlos Hermosillo fuera del campo tiene dos capítulos que el sistema prefiere que no se lean juntos. El primer capítulo dice que la Auditoría Superior de la Federación encontró un sobreejercicio de más de 6 millones de pesos en la CONADE durante su mandato.
El segundo capítulo dice que él salió de la CONADE para competir en una elección y perdió ante un hombre llamado Javier Duarte de Ochoa, que después fue procesado y condenado por desviar miles de millones de pesos del herario de Veracruz. Esos dos capítulos juntos cuentan algo muy específico sobre cómo funciona el sistema político y deportivo en México que vale la pena entender en su totalidad.
Su nombre completo es Carlos Manuel Hermosillo Goy Tortúa. Nació en Cerro Azul, Veracruz, en 1964. Y la historia de cómo llegó a ser la leyenda que fue y de lo que le pasó cuando intentó ser algo más que eso es una de las más complejas y más reveladoras que el deporte mexicano tiene en su archivo. En los próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que el fútbol oficial y la política mexicana no han puesto juntas con la claridad que merecen.
Primera, ¿quién era Carlos Hermosillo en el campo? Los números reales, los goles reales, lo que Cruz Azul significa en su historia y lo que él significa en la historia de Cruz Azul. Y por qué el partido de su despedida fue un evento de dimensiones que el fútbol mexicano raramente produce para un jugador retirado. Segunda, su entrada a la administración pública.
La CONADE bajo Nelson Vargas durante el gobierno de Vicente Fox. Después, la CONADE bajo su propia dirección durante el gobierno de Felipe Calderón, lo que la Auditoría Superior de la Federación encontró durante su mandato, y lo que eso significa para la evaluación honesta de su paso por la institución que maneja el deporte mexicano.
Tercera, el 31 de marzo de 2009, la renuncia. la candidatura a diputado federal por el PAN en el 16 distrito de Veracruz. El hombre al que perdió la elección y la ironía brutal de lo que ese hombre hizo después con el dinero público de Veracruz. Cuarta, lo que vino después, los estudios de análisis deportivo, La vida lejos del poder, lo que su historia dice sobre los atletas que entran a la política en México y sobre lo que el sistema les devuelve cuando ya no les son útiles.
Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante. Entender que la historia de Carlos Hermosillo fuera del campo no es la historia de un héroe que fue silenciado por un sistema que le tenía miedo. Es algo más complejo y más revelador que eso. Es la historia de lo que le pasa al deporte cuando los ídolos entran a la política sin los blindajes correctos, cuando el sistema los usa para legitimarse y los descarta cuando ya no sirven para ese propósito.
Y en esa historia, los villanos y los héroes no están donde el gancho de este video sugería que iban a estar. Grábate esto antes de que sigamos. Para entender lo que pasó con Hermosillo fuera del campo, necesitas entender la dimensión exacta de lo que era dentro. Porque el sistema político mexicano no recluta a cualquiera para poner su cara en un cargo público.
Recluta a los que tienen un capital simbólico acumulado que se puede convertir en legitimidad. Y el capital simbólico de Carlos Hermosillo en el momento en que el gobierno de Calderón lo designó director de la CONADE, era de los más altos que el deporte mexicano podía ofrecer. Cerro Azul, Veracruz, un pueblo petrolero en la Huasteca Veracruzana.
De esos lugares donde la Pemex define la economía local y donde crecer con algo que no sea el petróleo o la agricultura requiere una combinación de talento y determinación que no todo el mundo tiene disponible. En ese pueblo nació Carlos Hermosillo y desde ese pueblo llegó al fútbol mexicano por el único camino que existe para los que nacen sin contactos ni recursos en el deporte, jugando mejor que los demás.
Su debut profesional fue con el club América en la temporada 1983 hasta 84. Tenía alrededor de 19 años y el América de esa época era el equipo más poderoso de México con la infraestructura, los recursos y las estrellas que ningún otro club del país podía igualar en ese momento. Entrar al América siendo de Cerro Azul, Veracruz, no era menor.
Era la confirmación de que había algo en ese muchacho, que el sistema de detección de talentos del fútbol mexicano, que en los 80 era más rudimentario que el de hoy, pero que funcionaba, había identificado como diferente. En su primera temporada completa con el América, 1984 hasta 85, Hermosillo formó parte del equipo que ganó el campeonato.
tenía alrededor de 20 años y ya saboreaba lo que era levantar un título, pero más importante que el título fue lo que ese año estableció sobre su perfil como goleador. Notó en los partidos que definían, en los clásicos, en las finales, en los momentos donde el partido valía más que un partido regular y donde el gol tiene un peso específico diferente al de un gol en una tarde de martes sin consecuencias.
Esa capacidad de anotar cuando importa es lo que separa a los goleadores buenos de los goleadores legendarios. Hermosillo la tenía desde sus primeros años con el América y con esa capacidad construyó una reputación que lo acompañó durante toda su carrera. En los grandes partidos, Hermosillo aparecía. Piensa en la carrera que construyó en esa primera etapa.
América, Monterrey, el Stándard de L en Bélgica, el Necaxa, el Atlante, el Los Ángeles Galaxy. Una carrera con pasajes por diferentes equipos que en cada escala dejaba goles, dejaba títulos de goleo, dejaba la marca de alguien que había estado ahí. Pero el lugar donde Hermosillo construyó su leyenda más duradera no fue el América de sus años de formación, fue el Cruz Azul de los 90.
Aquí viene la primera revelación que te prometí. En 1991, el Cruz Azul contrató a Carlos Hermosillo. Esa decisión fue controversial desde el principio porque Hermosillo había sido americanista, había cargado el escudo del rival más odiado por la afición cementera. En el fútbol mexicano, el América y el Cruz Azul tienen una rivalidad que va más allá del resultado de los partidos entre ellos.
Es una rivalidad de identidades, de barrios, de clases sociales, de historias cruzadas que se remontan décadas. Y la afición de Cruz Azul vio llegar a un examericanista con la suspicacia que ese tipo de transferencia siempre genera. Hermosillo la resolvió de la única manera que un futbolista puede resolver eso, con goles y con los tipos específicos de goles que convierten a un delantero en un ídolo, no solo en un goleador.
Los goles en los clásicos, los goles en las finales, los goles en los momentos donde la leyenda se escribe o no se escribe dependiendo de si el hombre en el área apareció. Los números de sus años en Cruz Azul son de los más extraordinarios en la historia del fútbol mexicano. En la temporada 1993 hasta 94 marcó 27 goles.
En la 1994 hasta 95 marcó 35 goles, el mejor registro individual en una sola temporada de su carrera. En la 1995 hasta 96 marcó 26 goles, tres temporadas consecutivas con más de 25 goles. En el fútbol mexicano de esa época, donde los defensas eran físicamente más rudos y los campos de juego a veces estaban en condiciones que no favorecían el juego de ataque, esos números son de otro planeta. Grábate esto.
295 goles en primera división es el número que define la carrera de Carlos Hermosillo como goleador. El segundo mayor en la historia del fútbol mexicano de primera división, solo por debajo del brasileño Evanaldo Castro Caviño. 295 goles en una carrera que empezó en 1983 y terminó oficialmente en 2001 con el Guadalajara. Eso es un gol cada 1.
86 partidos en promedio durante casi dos décadas de fútbol profesional de élite y con la selección mexicana 35 goles en 90 partidos. El quinto goleador histórico del tricolor al momento de su retiro, solo superado por Haret Burgetti en la lista de los que llegaron después. Pero los números, con toda su contundencia no son lo que convierte a Hermosillo en un símbolo.
Lo que lo convierte en un símbolo es lo que pasó el 26 de mayo de 1997 en el estadio Azul. El partido de vuelta de la final del torneo verano 1997 entre Cruz Azul y el Necaxa. Cruz Azul perdía el juego de ida, necesitaba remontar. y Hermosillo con 32 años, cuando los delanteros de su generación ya empezaban a ceder terreno a los más jóvenes, apareció donde siempre aparecía, en el área en el momento exacto, con el gol que Cruz Azul necesitaba.
Cruz Azul ganó ese campeonato, fue el décimo y hasta la fecha más reciente de los campeonatos de la máquina cementera en la primera división de México antes del que ganaron en el Guardianes 2021. Y Hermosillo fue la figura, el hombre que en el momento más difícil apareció con la solución que el estadio pedía a gritos. Escucha esto.
El partido de despedida de Carlos Hermosillo en 2002 después de su retiro oficial con el Guadalajara en 2001 no fue el tipo de partido de despedida que México hace para sus leyendas de manera rutinaria. Fue algo diferente. Hermosillo jugó con la camiseta del Cruz Azul porque ese era su equipo ante un combinado de amigos de Hermosillo que incluyó a Jurgen Clinsman, delantero alemán, campeón mundial en 1990, uno de los mejores del mundo en su posición durante la década de los 90 y a Diego Armando Maradona, el mejor
futbolista del mundo del siglo XX, según las encuestas, el hombre que ganó el mundial de 1986 casi en solitario. Maradona jugó en el partido de despedida de Carlos Hermosillo. Piensa en lo que eso dice sobre el nivel de respeto que Hermosillo generaba en el mundo del fútbol más allá de México. No invitas a Maradona a un partido de despedida si no hay una razón de peso para que Maradona quiera estar ahí.
Y Maradona estuvo en el partido de despedida del grandote de Cerro Azul en el estadio azul. Ese fue el final del capítulo uno de la vida profesional de Carlos Hermosillo. Y lo que vino después es el capítulo 2, que el sistema prefiere que no se cuente con la misma amplitud con que se cuenta el primero. Aquí viene la segunda revelación que te prometí.
Después de retirarse en 2001, Hermosillo se fue a España a estudiar dirección deportiva. Era la ruta que en ese momento muchos exfutbolistas de nivel estaban tomando para hacer la transición hacia la gestión del deporte con algún respaldo académico. Regresó en 2003 y entró a la Comisión Nacional del Deporte como subdirector del deporte durante el gobierno de Vicente Fox bajo la titularidad de Nelson Vargas.
En 2006, cuando terminó el ciclo, Vargas habló públicamente de Hermosillo con elogios. dijo que había dado más de lo que recibió, que era un servidor público que trabajó bien, que entregó un buen balance. El propio Hermosillo, al salir de esa primera etapa en la CONADE, dijo que salía tranquilo y contento, que trabajar en el gobierno no era nada fácil, pero que creía entregar un buen balance, que lo único pendiente era la remodelación de un velódromo en el Estado de México, pero que por lo demás había hecho lo que tenía que hacer. Ese
lenguaje tranquilo y contento, buen balance, es el lenguaje de alguien que no está en guerra con el sistema donde trabaja, que lo ve como un aprendizaje que sale por sus propios medios y con el aprecio de sus superiores. Y entonces llegó Felipe Calderón. El 1 de diciembre de 2006, Calderón asumió la presidencia de México en una de las ceremonias de protesta más caóticas de la historia reciente del país en medio del conflicto postelectoral con Andrés Manuel López Obrador.
Y el 3 de diciembre de 2006, dos días después de asumir, designó a Carlos Hermosillo como director general de la Comisión Nacional del Deporte. Grábate ese momento. El gobierno de Calderón, que necesitaba nombres y figuras que le dieran legitimidad popular en los primeros días de un mandato cuya legitimidad de origen estaba siendo cuestionada en las calles, eligió a Carlos Hermosillo para la CONADE.
El goleador histórico del fútbol mexicano, el ídolo de Cruz Azul, el hombre que jugó su despedida con Maradona, siendo la cara pública del deporte en el gobierno federal. Eso no es una casualidad. Es exactamente lo que el sistema político mexicano hace con los ídolos deportivos cuando los necesita. Los usa como capital simbólico, les da un cargo visible y espera que el cariño que el público les tiene se transfiera al gobierno que los nombra.
Hermosillo aceptó y pasó 2 años y 3 meses al frente de la CONADE, desde diciembre de 2006 hasta marzo de 2009. En ese periodo gestionó los recursos federales destinados al deporte mexicano. Tomó decisiones sobre programas, presupuestos, atletas becados, instalaciones. Hizo lo que los directores de instituciones públicas hacen, administrar.
Y en 2008, mientras todavía estaba en el cargo, la Auditoría Superior de la Federación revisó las cuentas de la CONADE correspondientes a ese periodo y lo que encontró no fue agradable. Escucha esto. La ACF detectó un sobreejercicio de más de 6,000000es de pesos financiados por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Un sobreejercicio es cuando una dependencia gasta más de lo que el presupuesto autorizado le permite.
No es un robo en el sentido más directo del término, pero es una irregularidad presupuestal que en cualquier auditoría de una institución pública es una señal de que algo en la gestión de los recursos no estaba funcionando correctamente. Piensa en lo que ese hallazgo significa para la narrativa que el sistema político estaba construyendo alrededor de Hermosillo.
El ídolo del fútbol que iba a darle legitimidad deportiva al gobierno de Calderón tenía, según la auditoría, irregularidades en el manejo del presupuesto de la institución que dirigía. El símbolo de la honestidad deportiva tenía cuentas que la auditoría superior había marcado como problemáticas.
Ese dato raramente aparece en las semblanzas de Carlos Hermosillo. Los artículos que hablan de su carrera mencionan los goles, los títulos, la despedida con Maradona y de manera mucho más discreta, si acaso lo mencionan, hablan de que su mandato estuvo empañado por la polémica debido al mal manejo de fondos, que es la frase que ESPN y otros medios usan para describirlo sin profundizar demasiado.
Seis palabras que contienen algo significativo y que el sistema prefiere que pasen rápido en el párrafo. Grábate esto. No estoy diciendo que Hermosillo robó 6 millones de pesos. No hay una sentencia judicial que establezca eso. Lo que hay es un hallazgo de la Auditoría Superior de la Federación que señaló un sobreejercicio presupuestal durante su periodo.
Eso es lo que está documentado y es suficientemente relevante para aparecer en cualquier análisis honesto de su paso por la CONADE, aunque rara vez lo hace con la claridad que merece. Y aquí viene la tercera revelación que te prometí, la que tiene la ironía más brutal de toda esta historia. El 31 de marzo de 2009, Carlos Hermosillo renunció a la dirección de la CONADE no porque lo sacaran, no porque hubiera un veto desde arriba.
Renunció porque el partido Acción Nacional lo había postulado como candidato a diputado federal por el 16 Distrito Electoral Federal de Veracruz. Él mismo decidió irse a buscar un cargo electoral. El sistema no lo expulsó. Él salió a buscar algo más. La campaña electoral de 2009 en Veracruz, el 16 distrito Hermosillo representando al PAN y del otro lado representando al PRI, un político veracruzano llamado Javier Duarte de Ochoa.
Si ese nombre no te dice nada, necesitas que te lo diga. Javier Duarte de Ochoa ganó esa elección contra Hermosillo. Llegó al Congreso Federal como diputado del PRI por Veracruz. Después se convirtió en gobernador del estado de Veracruz entre 2010 y 2016 y en 2016 huyó del país cuando se abrieron investigaciones en su contra por desvío de recursos públicos.
Fue detenido en Guatemala, fue extraditado a México, fue procesado y fue condenado a 9 años de prisión por corrupción, robo y desvío de fondos del erario veracruzano. Los montos que se le atribuyeron no eran 6,0000000es de pesos, eran miles de millones. Piensa en ese contraste y tómate el tiempo que necesitas para que resuene.
Carlos Hermosillo perdió una elección para diputado federal en 2009 ante Javier Duarte de Ochoa. El hombre que lo derrotó en las urnas fue después condenado por robar miles de millones de pesos del estado de Veracruz. Y Hermosillo, el que perdió esa elección, regresó a los estudios de análisis deportivo a comentar partidos de fútbol en la televisión.
Eso no es una conspiración, no es un veto implacable desde lo más alto del poder, es algo más oscuro y más cotidiano que eso. Es la descripción de cómo funciona el sistema político mexicano, donde la capacidad de ganar una elección y la capacidad de ser honesto en un cargo público son dos cosas completamente distintas y raramente van de la mano.
y donde el ídolo deportivo sin la maquinaria política detrás no tiene las mismas posibilidades que el político de carrera que si la tiene, independientemente de lo que cada uno haga con el dinero público que se le confía. Escucha esto. En 2009, Hermosillo compitió en Veracruz sin el apoyo estructural que habría necesitado para ganar.
El PAN en Veracruz era partido minoritario en ese momento. El PRI tenía décadas de implantación territorial en ese estado. Poner a un ex futbolista, aunque fuera un ídolo nacional, a competir contra la maquinaria priista en un estado históricamente priista. Sin la experiencia política de base que esos circuitos requieren, era una apuesta difícil desde el principio.
El sistema político usó a Hermosillo como candidato en el momento en que lo necesitaba para llenar un espacio y proyectar una imagen. Y cuando esa candidatura no produjo el resultado que el PAN esperaba, el sistema siguió con sus otros candidatos y Hermosillo se quedó con la derrota y sin el cargo. Ese es el patrón que el deporte y la política mexicana repiten con los ídolos deportivos que intentan hacer la transición al ámbito político.
Los usan como capital simbólico cuando sirven para ese propósito. Los presentan como candidatos que pueden atraer votos basados en su popularidad deportiva. Y cuando los resultados electorales no corresponden a las expectativas, el sistema pasa a la siguiente figura que pueda cumplir la misma función. Hermosillo no fue el único que vivió ese ciclo.
En las décadas de los 2000 y los 10, varios exfutbolistas mexicanos siguieron el mismo camino con resultados similares. Algunos llegaron a cargos, la mayoría no. Y los que llegaron raramente produjeron los cambios estructurales que su figura pública prometía que producirían. Porque la política mexicana no funciona con la lógica del gol en tiempo extra.
Funciona con la lógica de los acuerdos, los compromisos, las deudas políticas y las redes de poder que se construyen durante años y que ningún palmarés deportivo puede sustituir. Grábate esto. No es que los atletas no puedan ser buenos políticos, en algunos casos lo son, pero el sistema que los recluta raramente los recluta por su capacidad de gestión, los recluta por su capital simbólico, por los votos que pueden atraer, por la imagen que pueden proyectar.
Y cuando esa imagen ya no atrae los votos o ya no proyecta lo que el sistema necesita, el ciclo termina y el atleta queda con lo que tenga construido fuera de ese sistema. En el caso de Hermosillo, lo que quedó fue la carrera de comentarista. Desde 2013, primero en la última palabra de Fox Sports, después en otros espacios de análisis deportivo, Hermosillo siguió siendo una voz en el mundo del fútbol mexicano, pero desde el estudio, no desde el escritorio de la CONADE ni desde el Congreso Federal.
La cuarta revelación es la más sencilla y la más incómoda de las cuatro. ¿Dónde está hoy Carlos Hermosillo y qué dice eso sobre el sistema que lo usó? Hermosillo es comentarista deportivo. Aparece en los análisis de partidos, en los debates sobre el fútbol mexicano con la autoridad de alguien que tiene 295 goles de primera división como credencial inapelable para hablar del juego.
El conocimiento que tiene del fútbol es real, es profundo, es el de alguien que lo vivió desde adentro durante casi dos décadas. Pero si buscas a Carlos Hermosillo en el contexto del deporte mexicano de alto rendimiento, en los debates sobre política deportiva, en los espacios donde se discute cómo administrar el deporte en el país, no lo encuentras en un lugar central.
La CONADE que él dirigió entre 2006 y 2009 siguió funcionando después de él con otros directores, bajo otros gobiernos, con otros escándalos y otras controversias, sin que el paso de Hermosillo dejara el tipo de huella institucional que justificaría el capital político que el gobierno de Calderón invirtió en su nombramiento.
Escucha esto. La CONADE no es una institución cuya historia sea de éxito continuo. Desde su creación ha pasado por múltiples directores, múltiples escándalos presupuestales, múltiples controversias sobre el manejo de los recursos del deporte mexicano. Hermosillo fue uno de esos directores, no el más problemático ni el más exitoso, uno más en una historia institucional que no ha tenido la continuidad ni la visión de largo plazo que el deporte de alto rendimiento en México requería y requiere.
Y eso, la normalidad del fracaso institucional de la CONADE, que es un fracaso colectivo del sistema y no solo de ningún director en particular, es el contexto honesto en el que la historia de Hermosillo en esa institución tiene que ser leída. No como el villano único de la corrupción deportiva mexicana, tampoco como el héroe que descubrió la corrupción y fue vetado por eso, como un exfutbolista extraordinario que intentó hacer una segunda carrera en la gestión pública, que encontró las irregularidades que la ASF documentó durante su mandato, que
salió para buscar un cargo electoral, que perdió esa elección ante un hombre que después fue a la cárcel por corrupción y que terminó en los estudios de televisión haciendo lo que mejor sabe hacer después de los goles. hablar de fútbol. Grábate el patrón completo porque es el más revelador de esta historia.
El sistema deportivo y político mexicano encontró en Carlos Hermosillo algo que le era útil. Su nombre, su cara, su historia, el capital simbólico de 295 goles y de ese campeonato de Cruz Azul de 1997. Lo usó para legitimar una institución que necesitaba legitimación. lo usó para construir una candidatura que necesitaba visibilidad.
Y cuando el uso terminó, cuando la candidatura se perdió y la CONADE pasó a manos de otro director designado por otros intereses, el sistema siguió girando sin Hermosillo en ningún lugar central del engranaje. Eso no es un veto desde lo más alto del poder. Es algo más vulgar y más común que eso. Es la lógica del sistema político mexicano aplicada a los ídolos deportivos.
Te necesitamos mientras te necesitamos y cuando ya no te necesitamos, el sistema tiene suficiente inercia para seguir sin ti. Y la ironía definitiva de esta historia, la que más duele si la miras con honestidad, no es que Hermosillo haya sido vetado por un gobierno corrupto. La ironía es que en la misma elección donde el sistema lo presentó como candidato y lo dejó perder, el ganador fue alguien que después demostró ser exactamente el tipo de político corrupto que se supone que los ídolos deportivos en la política debían contrarrestar. Carlos Hermosillo,
con todos sus defectos de gestión documentados por la ASF, perdió en las urnas ante un hombre que después fue a la cárcel por robarle miles de millones a Veracruz. Y esa paradoja que el sistema electoral mexicano de 2009 eligió a un corrupto sobre un exfutbolista cuya gestión tuvo irregularidades menores documentadas, es el retrato más claro del sistema que existe.
No de Hermosillo como individuo, del sistema. Piensa en lo que necesitaría ser diferente para que la próxima historia de este tipo fuera distinta. No es solo una cuestión de que los atletas que entren a la política sean más honestos. es que el sistema que los recluta los reclute por razones que vayan más allá del capital simbólico. que si un ídolo del fútbol va a dirigir la CONADE, tenga los apoyos técnicos y la formación en gestión pública que esa función requiere, no solo el nombre que la legitima ante el público, que si un exfutbolista va a ser candidato en una
elección, tenga el trabajo de base que las elecciones requieren, no solo la popularidad que los goles generan y que si la Auditoría Superior encuentra irregularidades en la gestión de cualquier director, esas irregularidades sean procesadas con transparencia y consecuencias claras, independientemente de cuántos goles haya marcado esa persona en su vida anterior.
Carlos Hermosillo marcó 295 goles en primera división. Ganó campeonatos con el América y con Cruz Azul. Jugó 90 partidos con la selección y marcó 35 goles. Tuvo a Maradona en su partido de despedida. Fue director de la CONADE con irregularidades presupuestales documentadas por la ACF. perdió una elección ante un hombre que después fue condenado por corrupción y terminó en los estudios de televisión analizando fútbol.
Pero hay algo que todavía no te he contado, algo que necesitas saber para entender la historia de Carlos Hermosillo en su dimensión más completa. Porque hablar de lo que pasó en la CONADE y en la elección de 2009, sin hablar del contexto específico donde esas cosas ocurrieron, es quedarse con los hechos sin el sistema que los produjo.
Y el sistema que produjo la historia de Hermosillo fuera del campo no es el sistema de un hombre específico ni de un gobierno específico. Es el sistema de una relación estructural entre el deporte y la política en México que lleva décadas reproduciendo el mismo patrón con nombres diferentes. Grábate esto antes de que sigamos.
Carlos Hermosillo no fue el primer ídolo deportivo mexicano al que el sistema político reclutó para darle legitimidad a un cargo público. No fue el último y probablemente no fue el que más claramente ilustró la lógica de ese reclutamiento, pero su historia es útil precisamente porque combina en la misma persona los dos momentos del ciclo que el sistema siempre produce.
el momento del reclutamiento donde el capital simbólico del atleta es valioso para el sistema y el momento del descarte donde ese capital ya no es suficiente para proteger al atleta de las consecuencias de haber entrado al terreno donde el sistema juega con sus propias reglas. Para entender eso en su totalidad, necesitas entender qué es la CONADE y por qué cualquier ídolo deportivo que llegue a dirigirla sin la preparación técnica y política adecuada está en una posición de vulnerabilidad desde el primer día. La Comisión Nacional de
Cultura Física y Deporte es la institución del gobierno federal mexicano responsable de formular, ejecutar y evaluar la política nacional en materia de actividad física y deporte. Administra el presupuesto federal destinado al deporte de alto rendimiento, gestiona los programas de becas para atletas de élite, coordina con el Comité Olímpico Mexicano y con las federaciones deportivas nacionales y tiene responsabilidad sobre la infraestructura deportiva federal.
Es, en términos prácticos, la institución desde la cual el gobierno federal puede o no puede construir los cimientos de un sistema deportivo que produzca resultados olímpicos sostenidos. El problema histórico de la CONADE no es Carlos Hermosillo ni ningún otro director en particular. El problema histórico de la CONADE es estructural.
Cada gobierno que llega designa a su propio director con base en criterios que raramente priorizan la continuidad de los programas, la experiencia técnica en gestión deportiva o la visión de largo plazo que un sistema de alto rendimiento requiere. Los directores de la CONADE han venido de mundos muy distintos a lo largo de los años.
Algunos del deporte como Hermosillo, otros de la política, otros de la administración pública general. Y cada designación trae su propia lógica, sus propias prioridades y su propia discontinuidad respecto a lo que el director anterior había o no había construido. Escucha esto. México ha participado en todos los Juegos Olímpicos desde Los Ángeles, 1932.
En ese tiempo, el país ha ganado un total de mediocres resultados en términos de medallas per cápita si se le compara con naciones de tamaño y recursos similares. No es que los atletas mexicanos carezcan de talento, es que el sistema institucional que debería potenciar ese talento ha operado históricamente con la discontinuidad, la politización y las irregularidades presupuestales que la CONADE ejemplifica de manera consistente desde su creación.
Hermosillo llegó a dirigir esa institución con el perfil que el gobierno de Calderón necesitaba en diciembre de 2006. Nombre reconocido, cara conocida, historia deportiva que le daba autoridad natural frente al mundo del deporte. Lo que no tenía, o al menos lo que los registros disponibles no muestran que tuviera en ese momento, era la formación específica en administración pública que manejar el presupuesto de una institución federal de esa magnitud requiere.
Sus estudios en España habían sido de dirección deportiva, que es una cosa, gestionar el presupuesto de una comisión del gobierno federal con todas las normativas, controles internos y reportes de auditoría que eso implica es otra. Grábate esto. El sobreejercicio de 6 millones de pesos que la ASF detectó durante su mandato no fue el único problema presupuestal que la CONADE tuvo en esa época ni en otras.
La historia de auditorías a la CONADE a lo largo de los años es una historia de observaciones recurrentes, de recursos que no se ejercen como el presupuesto los planea, de programas que se inician sin la documentación adecuada, de adquisiciones que no siguen los procedimientos que la normativa exige, no porque todos los que la han dirigido sean corruptos, sino porque es una institución con una arquitectura institucional que facilita las irregularidades y que nunca ha recibido la reforma de fondo que requeriría para funcionar de manera
verdaderamente eficiente y transparente. En ese contexto, Hermosillo fue uno más de los directores que pasaron por la CONADE dejando una huella de irregularidades documentadas. Ni el más grave ni el más irrelevante, uno más en una historia institucional que el sistema político prefiere no examinar con demasiado detalle, porque el examen honesto de esa historia señalaría responsabilidades que van mucho más allá de cualquier director individual.
Piensa en la manera específica en que el gobierno de Calderón gestionó la imagen de Hermosillo en la CONADE. En diciembre de 2006, cuando fue designado, los medios cubrieron el nombramiento con el énfasis que el nombre de Hermosillo merecía. El goleador histórico del fútbol mexicano, el ídolo de Cruz Azul, ahora al frente del deporte nacional.
Era exactamente la narrativa que el gobierno quería en sus primeros días, cuando necesitaba cualquier historia positiva que desviara la atención del conflicto postelectoral que había marcado la llegada de Calderón al poder. Y cuando en 2008 la ASF publicó sus hallazgos sobre las irregularidades presupuestales en la CONADE, la cobertura mediática fue discreta.
No hubo la presión pública sostenida que los hallazgos de una auditoría de esa magnitud a veces producen. El sistema mediático que había celebrado el nombramiento de Hermosillo no tenía el mismo interés en profundizar en lo que la auditoría había encontrado. Y el gobierno de Calderón, que necesitaba a Hermosillo para la candidatura de 2009, tampoco tenía incentivos para que el tema se magnificara públicamente.
Eso no es una conspiración de silencio coordinada. Es la manera natural en que el ecosistema mediático y político funciona cuando los intereses de las distintas partes se alínean en la misma dirección. minimizar el problema para maximizar la utilidad del personaje. Escucha esto y que resuene. Carlos Hermosillo salió de la CONADE el 31 de marzo de 2009 diciendo, como dijeron sus superiores cuando salió de su primer paso por la institución en 2006, que salía tranquilo, que iba a buscar la candidatura como diputado porque era una
oportunidad de servir en otro formato. El lenguaje era el de alguien que no se va bajo presión. sino bajo elección propia y probablemente así lo sentía, como una elección propia. Pero la candidatura que el PAN le ofreció en el 16 distrito de Veracruz no era un regalo, era una candidatura difícil en un distrito donde el PAN tenía poca implantación histórica.
Era el tipo de candidatura que los partidos ofrecen a figuras que pueden aportar visibilidad a la campaña, pero que no están en los distritos donde el partido tiene posibilidades reales de ganar. El PAN en Veracruz de 2009 no era el partido que dominaba el estado y el 16 distrito donde Hermosillo fue candidato era territorio donde el PRI tenía ventaja estructural. Grábate este contexto.
Las elecciones de 2009 en México fueron una derrota significativa para el PAN a nivel nacional. El efecto de la crisis económica global de 2008, que golpeó a México con fuerza en ese periodo y la percepción negativa hacia el gobierno de Calderón en múltiples sectores produjeron una elección donde el PAN perdió espacios importantes en el Congreso y en muchos distritos locales.
Poner a Hermosillo a competir en Veracruz en ese contexto era una apuesta con pocas probabilidades de éxito desde el principio. Y el hombre que lo derrotó en esas urnas en Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, no era un político desconocido o improvisado. Era alguien con años de trabajo en la estructura del PRI veracruzano, con redes locales construidas durante tiempo, con el aparato del partido más poderoso en ese estado trabajando a su favor.
Derrotar a ese perfil con el nombre de Hermosillo y poca infraestructura de base era improbable en las mejores condiciones y en el contexto político de 2009 era prácticamente imposible. Hermosillo perdió y Duarte ganó. Y entonces Duarte siguió su carrera política. En 2010 fue elegido gobernador de Veracruz. Gobernó el estado entre 2010 y 2016, fecha en que dejó el cargo anticipadamente en medio de investigaciones por presunto desvío de recursos. Huyó del país.
Lo detuvieron en Guatemala, lo extraditaron a México y en 2018 fue condenado a 9 años de prisión por corrupción, operaciones con recursos de procedencia ilícita y robo de fondos públicos del Estado de Veracruz. Los montos que el proceso judicial le atribuyó no son comparables con ninguna irregularidad de 6 millones de pesos en ninguna institución.
Estamos hablando de miles de millones de pesos desviados de los presupuestos educativos, de salud y de infraestructura de un estado que tiene algunas de las tasas de pobreza más altas del país. Dinero que debió haber llegado a hospitales, a escuelas, a infraestructura que los veracruzanos más vulnerables necesitaban. desviado hacia bolsillos y estructuras que la sentencia judicial identificó con suficiente precisión como para producir una condena de 9 años.
Piensa en la cadena completa de esa historia. En 2009, el 16 Distrito Electoral Federal de Veracruz eligió a Javier Duarte sobre Carlos Hermosillo. Eligió al candidato con irregularidades presupuestales documentadas en la CONADE sobre el candidato con la maquinaria política detrás. Años después, el ganador de esa elección gobernó el estado más tiempo del que debería haber gobernado, desviando recursos que debían ir a los ciudadanos más vulnerables de Veracruz.
Y Hermosillo, el que perdió esa elección, estaba en los estudios de Fox Sports analizando partidos del fútbol mexicano. Eso no absuelve a Hermosillo de las irregularidades que la ACF encontró en la CONADE. no hace de él un santo político que el sistema injustamente ignoró, pero sí pone esas irregularidades en el contexto correcto, el de un sistema donde las irregularidades menores coexisten con irregularidades monstruosas, donde el control institucional que se aplica a algunos no se aplica con la misma consistencia a otros y donde los resultados electorales no son ni de
lejos un indicador confiable de la honestidad de los candidatos. Escucha esto. Javier Duarte no fue el único gobernador priiststa de esa generación que terminó en problemas judiciales. En la misma época, Roberto Borge en Quintana Ro, César Duarte en Chihuahua y otros gobernadores del PRI enfrentaron procesos por corrupción de distintas magnitudes.
era una generación política que el sistema había producido y premiado durante años, que había llegado a los cargos más importantes con la maquinaria partidaria detrás y que en varios casos usó esos cargos de maneras que eventualmente produjeron condenas judiciales. En ese contexto, perder ante Javier Duarte de Ochoa en 2009 no fue un resultado que el sistema político mexicano debería haber considerado como el resultado correcto.
Fue el resultado que el sistema produjo porque el sistema no tiene los mecanismos para distinguir entre un candidato honesto y uno corrupto antes de que el daño esté hecho. Solo tiene mecanismos para condenar después si es que llega a hacerlo. Grábate esto. Carlos Hermosillo con todas las preguntas que la ASF abrió sobre su gestión en la CONADE, nunca fue procesado judicialmente por ningún cargo.
No hay una sentencia que lo condene por corrupción. Lo que hay es un hallazgo de auditoría que quedó en el registro institucional y que la cobertura mediática archivó en unas pocas líneas y hay una derrota electoral ante un hombre que después fue condenado por corrupción mayor. Esa combinación de hechos no produce una narrativa heroica de Hermosillo como luchador contra el sistema.
Tampoco produce una narrativa de Hermosillo como villano de la corrupción deportiva mexicana. produce algo más interesante y más incómodo que cualquiera de esas dos versiones. El retrato de un hombre extraordinario en su disciplina que intentó hacer una transición a otro campo sin los blindajes correctos, que encontró un terreno mucho más complicado de lo que la lógica del gol le había enseñado a manejar y que terminó fuera del sistema sin haber logrado cambiar nada sustancial en ninguna de las instituciones por las que pasó.
Y ahora necesitas saber algo sobre lo que ha sido la vida de Hermosillo desde que salió de ese sistema, porque esa parte de la historia también dice algo importante sobre cómo el fútbol mexicano trata a sus leyendas cuando el campo de juego ya no es el centro del relato. Piensa en el año 2013. 4 años después de la derrota electoral en Veracruz, Carlos Hermosillo apareció en la televisión deportiva mexicana como analista, primero en la última palabra de Fox Sports, después en otros espacios de análisis. La credencial que llevó a esos
estudios era la única que el sistema mediático deportivo reconocía de manera incuestionable. 295 goles en primera división, dos décadas de fútbol profesional. la autoridad de quien sabe lo que es anotar el gol que un equipo necesita en el momento en que más lo necesita. Esa segunda carrera en los medios no fue el resultado de que el sistema lo hubiera perdonado por sus errores en la CONADE, ni de que el sistema político lo hubiera rehabilitado después de la derrota electoral.
fue el resultado de que el mercado mediático del fútbol mexicano siempre necesita voces con autoridad reconocida para llenar horas de programación y Hermosillo con su historia tenía esa autoridad. Escucha esto. El rol de comentarista deportivo en México es una de las salidas más comunes para los exfutbolistas de alto nivel cuando la carrera activa termina.
El fútbol mexicano produce una cantidad constante de exjugadores que tienen el conocimiento del juego y la credibilidad pública para hablar de él. Y los canales de deportes tienen la necesidad constante de llenar espacios de análisis. Es una ecuación que se resuelve de manera natural y que raramente requiere que nadie tome una decisión activa de incluir o excluir a alguien basándose en su historial fuera del campo.
Hermosillo llegó a esa ecuación con su historia en la CONADE y su derrota electoral en Veracruz como parte de su currículum público. No se las ocultó, no intentó borrarlas. Y el mercado mediático deportivo, que tiene su propio criterio de selección basado principalmente en la audiencia y no en la integridad política, lo recibió sin mayor cuestionamiento, porque lo que el mercado necesitaba era la voz del goleador histórico del fútbol mexicano, no la del exdirector de la CONADE.
Y ahí está la paradoja final de esta historia. El mismo sistema que usó el nombre de Hermosillo para legitimar la CONADE en 2006 y para construir una candidatura en 2009. El mundo del fútbol mexicano, que lo aplaudió durante dos décadas mientras marcaba goles para el América y para Cruz Azul y para la selección, siguió necesitando su nombre en los años siguientes.
No para un cargo de poder, para llenar una silla en un estudio de análisis deportivo. Grábate este patrón porque lo has visto en distintas versiones, en todos los expedientes que este canal ha abierto. El sistema usa lo que los ídolos tienen mientras lo necesita y los pone en el lugar que les corresponde, según lo que el sistema necesita en cada momento.
Cuando necesitaba la legitimidad deportiva para la CONADE, Hermosillo era el director. Cuando necesitaba un candidato para un distrito difícil en Veracruz, Hermosillo era el candidato. Cuando necesitaba voces con autoridad para llenar horas de análisis futbolístico, Hermosillo era el analista.
En ninguno de esos momentos, el sistema preguntó qué necesitaba Hermosillo, qué tipo de apoyo requería para tener éxito en la CONADE, qué tipo de estructura de campaña necesitaba para ganar en Veracruz, qué tipo de seguridad económica y de proyección profesional le correspondía después de dos décadas de haber sido el goleador más consistente de su generación.
El sistema tomó lo que necesitaba en cada momento y ofreció lo que le convenía ofrecer en cada momento. Y eso, esa lógica de extracción sin reciprocidad proporcional, es lo que comparte la historia de Hermosillo con las historias de Soraya Jiménez, de Joaquín Capilla, de Brazo de Plata, de Fabián el Gitano.
La forma es diferente, el deporte es diferente, el momento de la historia es diferente, pero la estructura es la misma. El sistema toma, el atleta da y cuando el dar ya no produce lo que el sistema necesita, el ciclo termina con el atleta resolviendo solo lo que queda de ahí en adelante. En el caso de Hermosillo, lo que queda es la carrera de analista y el nombre que construyó en el campo.
No la miseria económica de brazo de plata, no el alcoholismo de capilla, no la muerte solitaria de Soraya. Hermosillo tiene recursos y visibilidad que los otros no tuvieron, pero la estructura del abandono institucional, del uso y del descarte cuando el uso ya no es productivo es reconocible aunque las consecuencias sean menos brutales.
Y hay algo más que pertenece a este análisis y que raramente aparece en las discusiones sobre Hermosillo y la política deportiva mexicana. tiene que ver con lo que Cruz Azul significa en la historia de este hombre y con lo que esa historia dice sobre la memoria del fútbol mexicano. Cruz Azul ganó el campeonato del torneo Guardianes 2021, su primer título de liga desde aquel 1997, donde Hermosillo fue figura central, 24 años sin ganar un campeonato.
Y cuando lo ganaron, la conversación pública sobre ese título incluyó inevitablemente el recuerdo de 1997 y el nombre de Hermosillo como parte de la historia que ese título cerraba de alguna manera. Piensa en lo que esos 24 años representan en términos de la relación entre un ídolo y el equipo que lo hizo leyenda.
Cruz Azul tuvo más de dos décadas de cercanía absoluta con el campeonato, de finales perdidas, decepciones acumuladas que se convirtieron en el chiste más doloroso del fútbol mexicano, la maldición de Cruz Azul. Y en todas esas dos décadas, el nombre de Hermosillo seguía siendo la referencia de la última vez que el equipo había ganado, el último héroe antes de que el desierto comenzara.
Eso le da a su figura dentro de Cruz Azul una dimensión que ningún cargo en la CONADE ni ninguna candidatura fallida puede borrar. El fútbol tiene esa capacidad que la política y la administración pública no tienen. Producir momentos que se graban en la memoria colectiva de una manera que el tiempo no disuelve.
El gol de Hermosillo en la final de 1997 está en la memoria de cada cementero que lo vio. Ese gol no desapareció con el sobreejercicio presupuestal que la ASF encontró en 2008. No desapareció con la derrota ante Duarte en 2009. Grábate esto como reflexión final de esta sección. Carlos Hermosillo es simultáneamente el segundo goleador más prolífico en la historia de la primera división mexicana y el exdirector de la CONADE, cuyo mandato tuvo irregularidades presupuestales documentadas.
Es el hombre que tuvo a Maradona en su partido de despedida y el candidato que perdió una elección ante alguien que después fue condenado por corrupción. Es el ídolo de Cruz Azul que el fútbol recuerda con cariño y el político que el sistema usó cuando lo necesitaba y descartó cuando ya no. Esas cosas no se contradicen, coexisten.
Y esa coexistencia, la de la gloria real del campo con las complejidades reales del sistema fuera del campo, es exactamente lo que hace que la historia de Carlos Hermosillo sea una historia que merece ser contada con toda la información disponible, sin el filtro del gancho sensacionalista que la convierte en algo que no es, pero también sin el filtro del homenaje deportivo que la convierte en algo igualmente inexacto.
La historia real, con sus goles y sus auditorías y sus elecciones perdidas y sus estudios de televisión es suficientemente reveladora del sistema para no necesitar inventar nada. Y eso que la realidad verificada sea suficientemente incómoda para ser interesante sin necesitar fabricación es lo que este canal intenta demostrar en cada expediente que abre.
Esa es la historia completa. Sin el veto de un gobierno que en la época que se le atribuía no tenía nada que ver con su salida. sin la conspiración del silencio que no está en los registros, con las irregularidades que sí están en los registros y que el sistema prefiere que pasen rápido y con la ironía brutal de una elección perdida ante un condenado por corrupción que el sistema prefiere que no conectes con la historia de quien la perdió.
Eso es lo que nadie en el fútbol ni en la política mexicana quiere que sea el centro de la conversación cuando se habla de Carlos Hermosillo. No porque él sea el villano único de ninguna historia, sino porque la historia completa dice demasiado sobre cómo funciona el sistema. Si la historia de Carlos Hermosillo te enseñó algo que no sabías, si ahora entiendes que el fútbol y la política en México tienen una relación más complicada y más incómoda que la que los dos mundos quieren admitir, si ahora ves que el sistema que usa a los ídolos deportivos
como capital simbólico no tiene los mecanismos para protegerlos cuando ese capital ya no le sirve, entonces haz algo por mí. Dale like a este video, suscríbete al canal, no por mí, por Hermosillo, para que su historia completa no solo los 295 goles y el campeonato de Cruz Azul, sino también la CONADE y la ASF y la elección de 2009 y el hombre que lo derrotó y lo que ese hombre hizo después llegue a más gente para que el debate sobre los atletas y la política en México tenga toda la información disponible para que la
próxima vez que alguien diga que a Hermosillo lo vetaron desde arriba por ser honesto, alguien más pueda responder, no. La historia es más complicada que eso y más reveladora del sistema que esa versión simple. Porque en el Olimpo del fútbol y la política mexicana, las leyendas se usan y se descartan con la misma facilidad y el sistema siempre encuentra el relato que lo deja mejor parado cuando la historia termina. M.