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Veronica Lake: Hollywood la Convirtió en Icono… y la Tiró cuando Ya No les Servía

Y en el centro de esos 12 años, una sola persona, Constance Francis Marie Okelman. Aunque el mundo nunca llegó a conocerla con ese nombre. Pero para entender cómo una mujer con el rostro más reconocible de Estados Unidos acabó sirviendo cervezas en un bar de Manhattan sin que nadie la reconociera, hay que volver al principio. Hay que volver a Brooklyn.

Hay que volver a una niña de 7 años delante de un espejo. Constance Francis Marie Okelman nace el 14 de noviembre de 1922 en Brooklyn, Nueva York. El padre Harry Okelman es operador de buques mercantes en el puerto de Nueva York. Un hombre callado, de manos grandes, que pasa más tiempo en el mar que en casa.

La madre Constance Trimble es ama de casa con un instinto frío para detectar oportunidades. Cuando Coni así la llaman en la familia tiene 3 años, su padre se va, no vuelve, se separan y la niña crece con una madre que ya empieza a mirarla de una manera que ninguna niña debería notar nunca. ¿Cómo se mira un activo? A los 7 años pasa algo que va a definir el resto de su vida sin que ella lo sepa.

Está delante del espejo del baño peinándose para ir al colegio y se da cuenta de que si inclina la cabeza ligeramente hacia la derecha, el pelo le cae sobre ese ojo y no puede ver. Le hace gracia. lo prueba varias veces y luego ese mismo día en clase mantiene la cabeza ligeramente inclinada porque el pelo le sigue cayendo.

Una compañera le dice que parece una actriz de cine. Una de las profesoras le dice que se aparte el pelo de la cara, pero el chico que se sienta detrás de ella no le habla durante toda la clase porque dirá años más tarde la propia Verónica se quedó mirándome como si yo fuera otra persona. Ese gesto no se lo enseñó nadie, lo descubrió ella sola.

tenía 7 años y ese gesto, ese exacto gesto, ese ángulo de cabeza, ese mechón cayendo, sería años después lo que Paramount Pictures convertiría en su producto estrella. Pero a los 7 años todavía era solo una niña jugando frente a un espejo. A los 11 años pasa lo segundo que va a partirla por dentro. Su padre, Harry Okelman, muere en un accidente industrial en el puerto de Nueva York.

Una grúa que falla, un golpe en la cabeza, no se despierta. La niña no estaba muy unida a él porque hacía años que no vivían juntos. Pero ese padre lejano y silencioso era el único hombre del mundo que la quería sin pedirle nada a cambio. Y de repente desaparece. Lo que queda es una madre que ya no tiene marido, ni dinero, ni un plan claro.

Lo único que tiene es una hija con una cara que la gente se queda mirando por la calle. La madre se vuelve a casar al cabo de pocos años con un médico llamado Anthony King y la familia se traslada a Miami. En Florida, la niña entra en una nueva escuela y allí los profesores notan algo que no saben muy bien cómo decirle a los padres. Cuando Coni está delante de la clase, los demás alumnos dejan de moverse.

No es que sea más lista, ni más popular, ni más simpática. Es algo físico. Es algo que pasa con su cara. El padrastro, que es médico, lo observa también, pero le preocupa lo contrario. Cree que la niña tiene problemas de autoestima, cree que se esconde. Cree que ese pelo siempre cayendo sobre el ojo es síntoma de algo.

Más adelante, mucho más adelante, varios psiquiatras le diagnosticarán a Verónica Lake un trastorno del estado de ánimo que en aquellos años no se diagnosticaba en mujeres jóvenes. una alternancia entre euforia y profunda apatía que la acompañaría toda la vida. Pero en 1936, en una casa de Miami, lo único que veía el padrastro médico era una niña tímida con un mechón sobre el ojo.

La madre, en cambio, veía otra cosa. La madre veía dinero. Connie tiene 15 años cuando su madre, Constance Trimle, decide que esa cara y ese mechón no se pueden quedar en una clase de Miami. convence al marido, hace las maletas y se llevan a la chica a Beverly Hills. Es 1938. Hollywood está en plena edad de oro.

Los grandes estudios, la MGM, Paramount, Warner Brothers, RKO, la 20th Century Fox son fábricas de soñadores. Cada año llegan a Los Ángeles miles de chicas con la esperanza de que un casatalentos las descubra. La inmensa mayoría termina trabajando de camarera de secretaria o se vuelve a casa con la cabeza baja y la maleta más vacía que cuando llegó.

Pero Connie Okelman no es una chica más y su madre lo sabe. La inscribe en una escuela de teatro en Beverly Hills. Le paga clases de dicción para borrarle el acento de Brooklyn. le compra ropa nueva con el dinero que no tiene y la lleva semana tras semana a las puertas de los grandes estudios para que la gente la vea. ¿Qué le queda a una niña cuando su propia madre la mira como mira un broker? Una acción que está a punto de subir.

¿Qué clase de infancia es la que termina antes de la pubertad? Porque alguien decidió que tu cara vale más que tu vida. En 1939, con 16 años recién cumplidos, Coni consigue su primer papel pequeño en una película de la RKO. Sale unos segundos, no habla. El crédito en pantalla nombra como Constance King usando el apellido del padrastro. Pero en la sala de proyección de la RKO, alguien se queda quieto cuando ella aparece.

No es una secuencia importante, es una toma de 3 segundos. Y sin embargo, en esa toma de 3 segundos, la cámara hace algo que las cámaras solo hacen con muy pocas mujeres. La cámara la quiere. Esa es una expresión real de Hollywood. La cámara la quiere. Significa que la luz sin que nadie haga nada especial le cae bien.

Que el ángulo, sin que nadie lo busque la favorece siempre. Que el espectador, sin que nadie le explique nada dejar de mirarla. Hay actrices con mucho más talento que nunca tienen eso. Connie lo tenía a los 16 años sin haberlo trabajado un solo día. Lo que nadie sabía en ese momento era que esa virtud sería su condena. Porque las actrices que la cámara quiere son las que los estudios convierten en propiedad.

Las que tienen talento, pero no son fotogénicas, se quedan toda la carrera trabajando con dignidad. Las que son fotogénicas en exceso, como CONI, se convierten en mercancía. 1940. tiene 17 años. Un casatalentos de Paramount Pictures llamado Arthur Hornblow Junior la ve en una prueba de pantalla. Lo que pasa después está documentado por seis personas distintas que estuvieron en la sala.

Ornblow se queda mirando la prueba en silencio. Pide que la repitan. La repiten. Pide que la repitan otra vez. y luego pronuncia la frase que va a empezar a fabricar a Verónica Lake. Dice, “Esta chica no se va a llamar Constance King. Constantin no es nombre de estrella.” Esa frase es importante. Es importante porque resume todo lo que está a punto de pasar.

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