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Verónica Castro: TORTURADA por su Hijo hasta “Romperle la Columna” y el DESEO de “YA NO QUERER VIVIR

A los 8 años, Verónica cocinaba lo poco que había, cambiaba pañales, bañaba a sus hermanos, los vestía, los peinaba, los llevaba a la escuela, les hacía la tarea, los acostaba. A los 8 años, Verónica  Castro dejó de ser niña, se convirtió en madre de sus propios hermanos y aprendió algo que la destruiría después, que las mujeres cargan, que las mujeres aguantan, que las mujeres no piden ayuda, que las mujeres sacan adelante a todos, aunque ellas se  estén hundiendo, que las mujeres cargan solas, siempre solas.

Quizá tú también creciste así. Quizá tú también tuviste que madurar antes de tiempo porque alguien se fue. Y si es así, entonces sabes exactamente  lo que le pasó a Verónica. Pero algo más pasó en ese cuarto de  servicio. Verónica descubrió que tenía una voz, no solo una voz bonita, una voz que cuando cantaba hacía que sus hermanos dejaran de llorar.

Su abuela paterna, Socorro Astol era dueña de una compañía artística. Su tío Fernando Soto, era el famoso comediante Mantequilla. Los hermanos Valdés Germán Tintán, Ramón, Manuel eran leyendas de la época de oro.  El talento corría en su sangre. Cuando Verónica tenía 14 años, alguien la escuchó cantar y le consiguió una beca para estudiar actuación en la academia de Andrés Soler, 14 años.

Todavía vivía en el cuarto de servicio. Todavía cuidaba a sus hermanos. Todavía cenaba café con leche y bisquet, pero ahora tenía una salida. Socorro se lo dijo una noche. Esto es lo único que te puede sacar de aquí, mija. Tu voz, tu talento. Eso es lo único que tienes. Lo único que tienes.

Verónica absorbió esas palabras como una esponja absorbe el agua y se las creyó. Se creyó que su valor estaba en su voz, en su cara, en su capacidad de actuar. Porque si lo único que tienes es tu talento,  entonces, ¿qué eres sin él? Nada. A los 17 años, Verónica trabajaba en fotonovelas. Posaba durante horas bajo luces calientes, ganando apenas lo suficiente para ayudar a su madre.

A los 19 años llegó a la televisión. 19 años, bonita, talentosa, desesperada por salir de ese cuarto, por darle a su madre una vida mejor, 19 años y dispuesta a hacer lo que fuera. Y ahí fue cuando conoció a Manuel,  el loco Valdés. Él tenía 42 años, ella tenía 19. Él era una estrella, comediante famoso, hermano de Tintán y de Ramón Valdés.

Ella era una niña que todavía vivía en un cuarto de servicio y cenaba bisquets. Manuel la vio durante una gira de ensalada de locos. La invitó a salir, le dijo cosas bonitas,  le prometió cosas y Verónica, que nunca había tenido un padre que la cuidara, se enamoró o creyó que  se enamoraba.

Porque cuando tienes 19 años y has pasado 11 años cargando sola, confundes atención con el amor. Y así fue como Verónica Castro a los 19 años, con toda una vida de cargar sola a sus espaldas, terminó en los brazos de un hombre  que estaba a punto de enseñarle la lección más dolorosa, que cargar sola no era solo algo que ella hacía, era lo único que le permitirían hacer para siempre.

A los 19 años, Verónica toma una decisión que cambiará su vida para siempre. Se mira al espejo una noche en ese cuarto de servicio, se toca el vientre que todavía está plano y decide, va a tener ese bebé  sola. Manuel, el loco Valdés, ya le había dejado claro cuál era su lugar en su vida.

Ya le había dicho las palabras que revelaré en minutos. Pero Verónica, que a los 8 años aprendió a cargar sola, toma esa decisión. Las opciones que tiene son limitadas. Aortar en 1974  en México. Ilegal y peligrosísimo. Darlo en adopción, entregar a su hijo como su padre la entregó a ella, o tenerlo, criarlo, sola, sin dinero, sin apoyo, sin nada.

Elige la tercera porque Verónica Castro decide hacer algo que su padre nunca hizo. Quedarse. El 8 de diciembre de 1974 nace Cristian. Manuel Valdés no va al hospital, no pregunta, no llama. Cristian se registra solo con los apellidos de su madre. Cristian Castro, sin valdez, sin reconocimiento, sin padre.

Verónica sale del hospital con su bebé en brazos, vuelve al cuarto de servicio y  empieza a cargar. Pero lo que vino después fue mucho más difícil de lo que ella imaginaba. Verónica tiene 20 años y un bebé de meses. Sigue en el cuarto de servicio. Trabaja en fotonovelas, comerciales, pequeñas apariciones. Cobra poco, trabaja mucho, duerme menos.

Hay noches que amamanta a Cristian. Mientras estudia un guion. Hay días que no  tiene con quién dejarlo y lo lleva cargando a los castings, pero sigue porque cargar sola es lo  único que sabe hacer. Un día está en Televisa para un casting de papel pequeño, pero la actriz principal no llega. El productor está desesperado.

Alguien ve a Verónica en la sala de espera. Alguien le dice al productor, “¿Y esa chava?” El productor  la mira. Verónica está nerviosa. Trae a Cristian dormido en sus brazos porque no tenía con quién dejarlo. Tiene ojeras. El maquillaje  está corrido y aún así hay algo en ella. Puedes leer esto.

Le dice entregándole  un guion. Verónica deja a Cristian con una asistente. Toma el guion. Sus manos tiemblan. Lee y cuando termina, cuando levanta la vista sabe que algo cambió. El papel es tuyo, dice el productor. Cuatro palabras que cambiarán  su destino para siempre. Pero el talento no basta, nunca ha bastado.

Se necesita dinero para la ropa, el maquillaje, el transporte, la niñera que cuide a Cristian mientras ella graba 14 horas al día. Verónica empieza desde abajo. Hace telenovelas pequeñas donde interpreta a la villana. Gana poco, trabaja mucho. Graba de lunes a sábado de 6 am a 10 pm. Llega cuando Cristian duerme, se despierta antes de que despierte.

Hay días que su madre socorro lo cuida. Hay días que lo lleva al set y ruega que no llore durante las grabaciones.  Hay noches que no tiene donde dormir porque no alcanzó la renta. Hay días que no tiene que comer porque eligió entre comida o pañales. Hay momentos en que piensa en llamar a Manuel, en pedirle ayuda, pero algo la detiene. Algo que aprendió a los 8 años.

Cuando su padre se fue,  le dice que no, que si pide ayuda, si muestra debilidad, todo se derrumba porque lo único que tiene  es su capacidad de cargar sola. Así que aguanta. Aguanta las noches sin dormir. Aguanta los días sin comer. Aguanta la ausencia de Manuel, que mientras ella se desvive por su hijo, él está con su esposa y sus otros hijos.

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