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THELONIOUS Monk: VETADO por la policía… El SÁDICO encierro que APAGÓ al genio del JAZZ

 lo que hizo fue comprar un piano, un baby grand staway que no podía permitirse económicamente, que le costó un esfuerzo descomunal de ahorro y de sacrificio sostenido durante meses o años y que cambió el destino del jazz americano, aunque nadie lo supiera todavía en ese momento, ni pudiera imaginarlo desde el exterior de esa habitación pequeña en San Juan Hill.

Telonius  tenía cco o 6 años cuando empezó a tocar ese piano, no porque alguien se lo enseñara de forma sistemática desde el principio, sino porque se sentaba delante del instrumento y miraba a su hermana mayor durante las clases  y memorizaba todo lo que veía, cada posición de los dedos, cada movimiento de las manos y lo reproducía con una naturalidad que su hermana recordó décadas después con una mezcla de orgullo y de incredulidad genuina.

 A los 11 años, su madre empezó a pagar clases formales y el maestro que le dieron entendió rápido que tenía entre manos algo que no sabía clasificar exactamente con las categorías disponibles para clasificar el talento musical de un niño de ese barrio en ese periodo. Lo que hay que entender sobre el monk niño. Y esto es algo que la narrativa del genio excéntrico tiende a oscurecer porque resulta más dramática la imagen del inadaptado que la del chico integrado en su mundo.

 es que no era el niño raro que no encajaba en ningún sitio. Era un chico con una inteligencia matemática y musical extraordinaria que encajaba perfectamente en el mundo que él mismo creaba a su alrededor. Eso que tenía amigos, que participaba en la vida del vecindario, que iba a la iglesia con su madre y absorbía el gospel con la misma atención hambrienta con que absorbía todo lo demás.

 ganó el concurso de talentos amateratas veces seguidas que al final lo prohibieron formalmente. No lo invitaron amablemente a no volver, lo prohibieron con su nombre explícito en la decisión, porque su nivel superaba con tanta distancia a todos los demás participantes que ya no tenía sentido que compitiera ahí.

 Eso dice todo lo que necesitas saber sobre el nivel de ese chico comparado con cualquier otro músico joven de Harlem en ese periodo de la historia del jazz neoyorquino. Al mismo tiempo, era un estudiante brillante en física y matemáticas en el Starwent High School, que era y sigue siendo uno de los institutos más exigentes académicamente de toda Nueva York, donde la admisión depende de un examen de entrada tremendamente competitivo que excluya la mayoría de los aspirantes.

pudo haber hecho cualquier cosa con  esa mente y eligió el jazz porque el jazz era lo único que hablaba el idioma completo que él necesitaba para decir lo que tenía dentro, el único lenguaje lo suficientemente flexible  y lo suficientemente exigente para contener la forma específica en que pensaba sobre el sonido y el tiempo y la arquitectura musical.

 A los 17 años dejó el instituto para seguir la música de forma profesional. estuvo de gira con una evangelista durante casi 2 años tocando el órgano en iglesias por todo el país, con absorbiendo el gospel como otra capa  más de su lenguaje musical que todavía estaba formándose y que llegaría a Tute a su forma definitiva  después con una densidad que nadie había anticipado.

 Cuando volvió a Nueva York, empezó a moverse por los circuitos de las Rent Parties de Harlem. Esas fiestas donde se cobraba entrada para pagar el alquiler del mes y donde el piano era el corazón de todo y donde los mejores músicos del barrio se medían unos con otros en maratones de improvisación que podían durar hasta el amanecer sin que nadie sintiera que había llegado el momento de parar.

  Y fue en ese ambiente, en esa tradición del piano stride que había dejado su marca profunda por toda la vida musical negra de Nueva York, donde Monk desarrolló lo que se convertiría en un estilo tan personal  y tan reconocible que la mayoría de sus contemporáneos tardaron años en decidir si lo que escuchaban era genialidad pura o una forma elaborada de incompetencia disfrazada.

 El Stride lo había aprendido en parte mirando y escuchando a James P. Johnson, que vivía cerca de su casa de infancia y cuya influencia Monk nunca negó públicamente ninguna de sus escasas declaraciones. Pero lo que hizo Monk precedente en ningún lugar ni en ningún idioma musical disponible. En 1940 consiguió el trabajo que lo cambiaría todo,  o mejor dicho, el trabajo que cambiaría todo el jazz americano, aunque tardara años en reconocerse públicamente con la magnitud que merecía.

 Lo contrataron como pianista de casa en el Minton’s Play House de Harlem, lotuble 118, donde los músicos se reunían después de sus compromisos pagados en otros establecimientos  para tocar sin la presión del público que había pagado una entrada y tenía expectativas convencionales para experimentar sin consecuencias comerciales, para buscar cosas nuevas que el formato del club convencional no les permitía explorar durante el trabajo remunerado.

 Y en esas jump sessions nocturnas del Mintons fue donde Monk junto a Dy Gilespi, junto a Charlie Parker, junto a Kenny  Clark y junto a otros que entendían que algo nuevo estaban haciendo en ese local, sin que todavía tuvieran nombre definitivo, empezó a construir los fundamentos armónicos y rítmicos del BOP, el lenguaje nuevo que dominaría el jazz durante décadas, la revolución musical que cambiaría todo lo que vendría después y era Edmitecto armónico de todo aquello.

 el que ponía los acordes extraños y los intervalos disonantes, las notas que no debían estar ahí según las reglas convencionales del jazz de las big bands, pero que de alguna forma encajaban con una lógica perfecta que solo él veía con total claridad desde el principio y que el tiempo terminó por demostrar que era una lógica más avanzada que cualquier otra disponible en ese momento histórico.

 Y aquí es donde la cosa se empieza a poner complicada, de una forma que duele contar con honestidad, porque mientras el Bop explotaba y DC Gilesby y Charlie Parker se convertían en las grandes estrellas de ese mundo nuevo y llenaban clubs y generaban contratos discográficos y cobertura de prensa, e Monk se quedaba al margen de ese reconocimiento, aunque su contribución al lenguaje que todos estaban hablando fuera tan fundamental como la de cualquier otro de los que estaban ahí desde el principio.

Alfred Lion, The Blue Note Records, lo fichó y grabaron juntos algunos de los discos más importantes e influyentes de la historia entera del jazz entre 1947 y los primeros años de  los 50. Pero las críticas que recibió durante esos años hacen daño de leer hoy en perspectiva con todo lo que sabemos ahora sobre exactamente lo que estaba haciendo con el instrumento y con la armonía.

 Los críticos blancos y muchos críticos  negros también escribían que Monk tocaba mal el piano, que tenía ideas interesantes, pero que le faltaba técnica para ejecutarlas con la limpieza que el piano convencional requería,  que era excéntrico de una forma que rozaba la impostura consciente, el gesto calculado para llamar la atención sobre una falta de sustancia real.

 Un crítico llegó a compararlo negativamente con Wood  Powell, diciendo que Powell podía ejecutar fluidamente lo que Monk solo concebía en teoría. pero no podía realizar con las manos. Era una crueldad enorme y una equivocación monumental hacia un hombre que tocaba con los dedos planos deliberadamente porque había descubierto que esa técnica no convencional le daba un sonido percusivo, denso y absolutamente específico que ninguna otra posición de los dedos en el instrumento podía darle de la misma forma. No era ignorancia

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