Posted in

THALÍA: Entre el LUJO y el Infierno de un SECUESTRO… Lo que el MAGNATE hizo para SILENCIARLA

Yolanda lo supo desde el principio, todos lo sabían. Pero en el México de los años 70, una mujer que amaba a un hombre casado tenía dos opciones, aceptar las migajas o quedarse sola. Yolanda eligió las migajas con el costo específico que tiene esa elección cuando se extiende durante años y cuando hay cinco niñas mirando cómo se paga ese costo todos los días.

Ernesto iba y venía, aparecía dos días, desaparecía cinco, volvía con regalos, se iba con promesas, dejaba dinero sobre la mesa, nunca [resoplido] suficiente. Para cuando nace Talía ya hay cuatro hermanas mayores, Laura Zapata, Federica, Gabriela y Ermestina. Cinco niñas, un padre fantasma, una madre vendiendo cuadros para alimentarlas con la persistencia de alguien que no tiene otra opción que persistir.

Talía tenía 4 años cuando entendió que su familia era diferente. Veía a otras niñas en el parque con sus padres los domingos, los cumpleaños, las Navidades. Papás que estaban ahí con la presencia que esa palabra implica cuando se usa correctamente. Su papá no estaba ahí. Su papá estaba en la otra casa con los hijos que sí llevaban su apellido completo y que sí existían oficialmente para el mundo.

Yolanda nunca se quejó, nunca lloró delante de sus hijas, nunca habló mal de Ernesto. Pero Talía veía como su madre apretaba los dientes cuando él cancelaba una visita, cómo se quedaba mirando la puerta cuando prometía volver y no volvía. ¿Cómo contaba las monedas antes de ir al mercado con la meticulosidad de quien sabe que si no cuenta bien no alcanza para todos? Y aprendió algo que la marcaría para siempre con la permanencia de las lecciones que se aprenden antes de tener palabras para nombrarlas.

Los hombres se van, las mujeres se quedan y las que se quedan tienen que hacerse cargo de todo sin quejarse y sin detenerse, porque detenerse tiene consecuencias que nadie más va a asumir. Talía tiene 6 años. Ernesto Sodi Pallares fallece por complicaciones de diabetes. No fallece en los brazos de Yolanda.

Fallece en la otra casa con la otra familia. Rodeado de los hijos que sí llevaban su apellido completo, Yolanda se entera por teléfono. No la invitan al funeral. Piensa en eso un momento con toda la dimensión que tiene. El hombre con el que tuviste cinco hijas fallece y ni siquiera tienes derecho a llorar su cuerpo. Ni siquiera puedes llevar a tus niñas a despedirse de su padre porque ustedes no existían.

No oficialmente eran el secreto, el error, la vergüenza que la familia Sodi de Abolengo prefería no ver. Talía y sus hermanas se enteran de que su padre falleció y no hay velorio para ellas, no hay entierro, no hay abrazo de consuelo, solo silencio con todo el peso específico del silencio que confirma que uno no pertenece al lugar donde querría pertenecer.

Y después de esa muerte, el dinero se acaba completamente. Yolanda se queda sola con cinco hijas, sin pensión, sin herencia, sin nada. Se mudan a un departamento más pequeño, después a uno más chico, después a uno donde las cinco niñas comparten una habitación con la acumulación gradual de la pobreza que avanza cuando no hay nada que la detenga.

Hay noches que cenan frijoles sin tortillas porque no alcanzó para tortillas. Hay mañanas que Talía va a la escuela con el mismo uniforme que usó ayer y antier y hace una semana porque solo tiene uno. Hay tardes que llega a casa y no hay nadie porque Yolanda está en alguna plaza pintando retratos de turistas por 50 pesos.

Talía tenía 7 años y ya sabía calentarse los frijoles, ya sabía lavarse el uniforme, ya sabía dormirse sola. Pero algo extraordinario estaba pasando en esa niña. Cantaba. Cantaba mientras se bañaba, cantaba mientras barría, cantaba mientras esperaba a que su madre volviera con la naturalidad de quien no sabe todavía que lo que hace es extraordinario porque simplemente lo hace.

Yolanda llegó a casa una tarde y escuchó a Zalía cantando en la sala. Se quedó en la puerta, no entró, solo escuchó y se le llenaron los ojos de lágrimas porque entendió algo que cambiaría el destino de toda la familia. Esa niña, la última, la que no estaba planeada, tenía un don y ese don podría ser la salvación de todas con la urgencia que tiene la salvación cuando se ve desde la perspectiva de una madre que cuenta monedas antes de ir al mercado.

Yolanda le dijo algo que Talía nunca olvidaría. Mi hija, lo único que tienes es tu voz. Siete palabras que Talía absorbió con la intensidad de quien sabe desde muy temprano que las palabras de su madre son también instrucciones de supervivencia. Lo único que tienes es tu voz. No tienes padre, no tienes dinero, no tienes apellido que te abra puertas.

Pero si esa voz es suficientemente fuerte, si trabajas suficientemente duro, quizá puedas salir de este infierno y sacarlas a todas. A los 9 años, Talía entra al grupo infantil Din Din. A los 11 ya gana más dinero que su madre, pero cada peso va directo a las manos de Yolanda, porque Yolanda administra todo. Talía no pregunta, no reclama, no pide, porque aprendió desde los 6 años que las mujeres cargan, que las mujeres se sacrifican, que las mujeres no se quejan. Lo único que tienes es tu voz.

Úsala, explótala, entrégala aunque te duela, aunque estés cansada, porque cinco personas dependen de ti. A los 17 años toma una decisión que todos a su alrededor consideran una locura. Deja la televisión infantil y salta a Timbiriche, el grupo juvenil más grande de México. Y en Timbiriche ocurre algo que nadie le advirtió, algo que la va a marcar de maneras que el éxito que viene después no va a borrar.

Talía tiene 19 años y está en el backstage de un concierto cuando ve por primera vez a Alfredo Díaz Zordaz. Él [música] tiene 40 años, es productor de televisión, hijo de Gustavo Díaz Orda el expresidente que ordenó la masacre de Tatelolco. Alfredo lleva el apellido más pesado de México y también lleva una reputación que todos en la industria conocen menos Talía.

Lucero, Adela Noriega, Rebeca Jones. Todas pasaron por sus manos, todas terminaron rotas cuando él se cansó. [música] Pero Talía no sabe nada de eso. Talía solo ve a un hombre poderoso que la mira como nadie la ha mirado antes, como si fuera especial, como si fuera única. Alfredo se acerca y le dice algo.

Tienes algo que las demás no tienen. Seis [carraspeo] palabras que Talía graba en la memoria porque toda su vida ha sido la que no tenía padre. la que no tenía dinero, la que no tenía apellido. Y ahora un hombre con el apellido más poderoso de México le dice que ella tiene algo especial. ¿Cómo no caer? Comienzan a salir. Talía tiene 19.

Alfredo tiene 40. 21 años de diferencia con la específica ded de la diferencia. ¿Qué importa cuando una de las partes acaba de salir de la adolescencia [música] y la otra tiene la edad que tendría el padre que murió cuando ella tenía 6 años? y al que no pudo despedir. Quizá ahí está la clave.

Read More