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Su Esposa Soñó Su Muerte La Noche Anterior: La Tragedia De Martín Elías

Siguió trabajando, mejorando, encontrando su propia voz, su propio estilo. Y en 2007, cuando tenía 17 años, se casó con su primera esposa Claudia Varón. Se conocieron en Bogotá estudiando en la universidad, se enamoraron, se casaron por la Iglesia Católica y un año después tuvieron su primer hijo, Martín Elías Díaz varón.

Y Martín padre estaba feliz, tenía su familia, tenía su carrera. Todo parecía ir bien, pero el matrimonio no duró. En 2014 se separaron. Siempre mantuvieron relación en buenos términos por el hijo, pero el amor se acabó. Y ahí fue cuando Martín conoció a Dayana Jaimes. Y eso fue amor verdadero, amor del destino.

Dayana era la mujer de su vida. Se enamoraron profundamente, se juntaron y en 2015 tuvieron una hija, Paula. Y Martín estaba completo. Tenía su familia, tenía a Dayana, tenía dos hijos, tenía su carrera explotando. Todo era perfecto porque musicalmente Martín estaba en su mejor momento. En 2012 se había unido con el acordeonero Juancho de la Espriella.

Sacaron dos álbumes juntos. Después, en 2015, volvió con Rolando Ochoa, su acordeonero original. Sacaron más música. Los hits empezaron a sonar por todo Colombia. El terremoto, 10 razones para amarte. Cancelada de mi vida, ábrete. Canciones que toda Colombia cantaba. Martín llenaba estadios. Sus fans, los martinistas, lo adoraban. Usaban camisetas amarillas.

Iban a todos sus shows. Y Martín correspondía a ese amor. Era cercano, accesible. Se quedaba horas firmando autógrafos, se sacaba fotos con todos. Era genuino, era humilde. Pero el 22 de diciembre de 2013 pasó lo que cambió todo. Diomedes Díaz murió. Paro cardíaco, 56 años. Vida de excesos que lo alcanzó. Y Martín quedó destrozado.

Perdió a su padre, a su héroe, a su inspiración. Y en los shows después de eso, Martín siempre homenajeaba a Diomedes, cantaba sus canciones, miraba al cielo, lloraba en tarima. El dolor era real, era profundo y la gente lloraba con él porque Diomedes era leyenda para Colombia y verlo muerto era duelo nacional y ver a Martín llorar a su padre era desgarrador.

Y después de la muerte de Diomedes, Martín sintió aún más presión. Ahora sí era el heredero oficial el que tenía que mantener vivo el legado. Y Martín lo aceptó. Trabajó más duro, dio más shows, sacó más música. Su carrera explotó completamente en 2015-2016. Martín Elías era el vallenato más escuchado de la nueva generación.

Había logrado salir de la sombra del padre. Había creado su propia luz y Colombia lo amaba. Y llegamos a 2017, año que iba a ser el más grande de la carrera de Martín. Tenía giras programadas, disco nuevo en producción, contratos millonarios. Todo estaba saliendo perfecto y en abril llegó Semana Santa. Martín tenía shows programados en Coveñas, Sucre.

Decidió aceptar el contrato aunque estaba cansado. Quería descansar con su familia en Cartagena, pero salió el show y no pudo decir que no. Entonces dijo, “Bueno, voy a Coveñas Toco y después me reúno con Dayana y Paula en Cartagena para pasar Semana Santa. El jueves 13 de abril, Martín estaba en Cartagena con su familia, Dayana, sus hijos, su hermano Rafael Santos, todos juntos disfrutando, cenaron juntos, pasearon, todo normal.

Y esa noche Dayana tuvo el sueño. Soñó algo blanco, algo malo. Se despertó asustada, le contó a Martín y Martín la tranquilizó. le dijo que era solo pesadilla, que no pasaba nada y Dayana trató de creerle, pero no podía sacarse esa sensación. El viernes 14 de abril, viernes santo, Martín salió de madrugada hacia Coveñas.

Tenía que llegar temprano para Soundcheck para preparar el show. Iba en su camioneta Toyota TXL Blanca con su chóer Armando León Quintero Ponce con dos músicos más. Llegaron a Coveñas, hicieron soundcheck. Descansaron un rato y en la noche empezó el show. Y el show fue espectacular. Martín dio todo. Más de 2 horas de puro vallenato.

Cantó todos sus hits. La gente bailaba, cantaba, gritaba. Los martinistas con sus camisetas amarillas enloquecidos. Y al final Martín hizo su tributo a Diomedes. Cantó, “El culpable soy yo.” Miró al cielo mientras cantaba, lágrimas en los ojos como despidiéndose. Y que el divino ilumine allá arriba tu nombre y te entregue la gloria, cantó con el alma.

Terminó la canción, la gente aplaudió de pie y Martín bajó del escenario agotado, feliz. Se quedó después del show firmando autógrafos, sacándose fotos. Había video grabado 15 minutos antes del accidente. Un fan lo paró en la calle. Martín, sonriente, amable, firmó. Saludó, agradeció. Última foto, últimas palabras, último adiós, sin saber que era último.

O subió a la camioneta tipo 5 de la mañana, ya estaba amaneciendo y arrancaron hacia Cartagena. Martín iba a reunirse con su familia. El plan era llegar a Cartagena, pasar el resto de Semana Santa con Dayana, con Paula, con sus hermanos. Unos días de descanso después de tanto trabajo. Y Martín iba contento, cansado, pero contento.

Subió a la camioneta, se sentó en el asiento del copiloto, se quitó el cinturón de seguridad porque estaba incómodo. Empezó a cambiarse de ropa. Llevaba ropa del show, quería ponerse algo más cómodo. Y el chóer Armando aceleró. Tenían que llegar rápido. Delante de ellos iba otra camioneta, la de Rolando Ochoa, su acordeonero. Iban separados, pero cerca, Rolando adelante, Martín atrás.

Y en un momento Armando aceleró más, adelantó a Rolando. Martín le dijo, “Apúrate, que quiero llegar.” Y Armando obedeció. D metió el acelerador a fondo. La camioneta llegó a 150 km porh en una vía que permitía 50. Era exceso brutal. Y la vía estaba en mal estado, baches, huecos y en el sector de aguas negras, a las 7:40 de la mañana apareció un bache grande.

Armando trató de esquivarlo, pero iba demasiado rápido. La camioneta perdió el control. Se salió de la vía, empezó a volcar, dio vueltas en el aire, dos, tres vueltas y Martín, que no tenía cinturón puesto, salió expulsado por el parabrisas. Su cuerpo voló por el aire, cayó contra el asfalto, impacto brutal y la camioneta siguió volcando hasta estrellarse contra un árbol.

Rolando Ochoa, que venía atrás, vio todo. Frenó de golpe, salió corriendo, llegó a donde estaba Martín tirado en el asfalto y Martín estaba consciente. Tenía los ojos cerrados, pero hablaba. Rolando le decía, “Martín, aguanta, ya viene la ambulancia.” Y Martín decía, “Ayúdenlos a ellos que están peor que yo.

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