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Silvia Pinal: Lo Que Ningún Medio Se Atrevió A Contar

La bebé nace en un hospital de la colonia Roma. El parto se complica. La niña tiene que quedarse internada bajo observación médica varias semanas más de lo previsto. Y Rafael Bancels, el padre, no tiene dinero para pagar la cuenta. Ni Silvia tampoco. Estamos hablando de una pareja de actores jóvenes sin ahorros, sin patrimonio, viviendo al día.

La niña literalmente queda secuestrada por el hospital hasta que alguien pague la deuda. Es así de cruel y así de literal. Los hospitales privados de la Ciudad de México, de los años 50 no soltaban al recién nacido si los papás no liquidaban hasta el último centavo de la factura. Y aquí Silvia toma una decisión que nadie le pidió que tomara.

No acude a la familia de Banquels, no acude a su madrastra, no acude a ningún productor con el que ya hubiera trabajado. La decisión que toma es ir personalmente a las oficinas de la Asociación Nacional de Actores en pleno centro de la capital a tocarle la puerta al presidente del sindicato. Y el presidente del sindicato en 1950 era Jorge Alberto Negrete Moreno, el charro cantor, el hombre más poderoso del cine mexicano, el esposo en ese momento de Elisa Cristi y muy pronto futuro esposo de María Félix.

Pregunta incómoda número uno. ¿Por qué Silvia? ¿Por qué fue ella en persona? ¿Por qué no mandó al esposo, que era el padre de la criatura, a pedir el préstamo a su sindicato? Vanquels era miembro de la anda. Vanquels era el agremiado. Lo lógico, lo natural, lo decoroso para una mujer recién parida en aquellos años era que el marido fuera, pero fue ella y entró sola.

Lo que pasó dentro de esa oficina cambió a Silvia Pinal para siempre. Esa parte ella sí la contó. La contó muchísimas veces. La contó al periodista Joaquín López Dóriga en 2019. La dejó plasmada en su libro autobiográfico Esta soy yo, publicado en 2015 por editorial Porrua y permitió que se recreara en la serie biográfica Silvia Pinal, frente a ti, producida por Carla Estrada para Televisa.

Negrete la recibió con desprecio, la hizo esperar horas y al final la versión oficial sostiene, le negó el préstamo y la corrió de la oficina sin dejar que terminara de explicarle el motivo. Silvia salió de ahí llorando y desde ese día, durante los 74 años que le quedaron de vida, jamás volvió a referirse al charro con cariño.

Lo llamó déspota. Lo llamó grosero, lo llamó desgraciado. Dijo con esas palabras exactas que cuando se casó con María Félix, los dos se creían los dueños del universo. Hasta aquí la historia oficial, la que está en los libros, la que millones de mexicanos conocen, la que pasaron en horario estelar de Televisa.

Y permíteme detenerme en algo que el guion oficial nunca explica. ¿Quién era Jorge Negrete en 1950? Hablamos del hombre más adorado por las mujeres mexicanas y el más temido por los hombres de la industria. Acababa de fundar la Asociación Nacional de Actores en 1941 y la presidía con Mano de Hierro. Cobraba por película, una cifra que ningún actor mexicano se había atrevido a cobrar antes.

Vivía en una mansión de Coyoacán con caballerizas, cancha de tenis y un garaje con tres autos importados. Acababa de salir de un divorcio escandaloso con Elisa Cristi, que le había costado cifras millonarias en pensiones. Estaba a punto de empezar el romance público con María Félix. romance que culminaría con boda en 1952, apenas año y medio después del episodio que estamos analizando.

Y sobre todo era un hombre acostumbrado a que las jovencitas del medio le tocaran la puerta. La gran mayoría, según testimonios de actrices de aquella época, lo hacían por una sola razón. Conseguir un papel, una carta de recomendación, una palanca para entrar a una producción. Negrete para esas situaciones tenía un protocolo bien establecido.

Las recibía, las escuchaba 10 minutos y si le interesaba alguna como mujer, las invitaba a cenar. Si no le interesaba, las despachaba con educación. Esto lo cuenta Carmen Salinas en una entrevista de 1998 con Patti Chapoy, refiriéndose a las costumbres del charro en aquellos años. Carmen, que había debutado tarde y conoció el medio por terceros, era una memoriosa implacable de los chismes del cine de oro.

¿Por qué entonces a Silvia Pinal la trató de manera tan distinta? ¿Por qué? Según las propias palabras de la actriz, ni siquiera la recibió bien. La hizo esperar horas y la corrió. Una jovencita de 19 años, guapa, rubia, con una incipiente carrera presentándose ante un sindicato del que ella misma era miembro, no merecía, en términos del protocolo habitual del charro ese maltrato.

¿Por qué Silvia recibió un trato fuera de lo normal? Solo hay dos hipótesis razonables. Una, que Negrete estuviera de mal humor ese día por algún asunto personal y se desquitara con la primera persona que le tocó la puerta. posible, pero raro, en un hombre que había hecho de la cordialidad pública un instrumento de su carrera política dentro de la anda.

La otra mucho más incómoda, es que Silvia Pinal no fuera para Negrete una desconocida, que llegara a esa oficina con un asunto que el charro reconocía y que él, por las razones que fueran, decidiera cortar de raíz delante de su secretaria, delante de los testigos, delante del sindicato entero, para evitar que se entendiera lo que ahí se estaba ventilando.

una ruptura pública, un desplante teatral, una manera brutal efectiva de cerrar un asunto privado disfrazándolo de altanería profesional. Pero esta es la parte donde se acaba el guion autorizado y empieza lo que la familia jamás quiso que supieras, porque hay un detalle que no encaja y ese detalle es el motor de toda esta investigación.

Si la historia fue tan simple como una novata pidiendo dinero a un sindicato y un dirigente déspota negándolo por mala leche, ¿por qué Silvia Pinal nunca, en 60 años de carrera, en miles de entrevistas, en autobiografías, en libros, en programas de radio, en mesas de cantantes, en homenajes, jamás, nunca, ni una sola vez dijo qué fue exactamente lo que ella le dijo.

a Jorge Negrete dentro de esa oficina. Lo que él le dijo sí lo recordaba palabra por palabra. 70 años después podía repetir las frases que le soltó el charro como si las acabara de escuchar. Pero lo que ella le dijo a él, lo que entró diciendo, lo que fue a pedirle realmente, eso jamás. Una laguna perfecta de 70 años, un silencio quirúrgico.

Una sola persona en 74 años le preguntó directo qué le había pedido al charro y la respuesta fue textual, lo que ella misma soltó en una entrevista con Verónica Castro en 1992 antes de cambiar inmediatamente de tema. Cito a Silvia, eso es algo que solo él y yo supimos. y se quedó callada. Y nunca más se volvió a tocar el tema con ella.

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