Posted in

SILVER KING: LA ASQUEROSA VERDAD DETRÁS DE SU MUERTE QUE OCULTARON 6 AÑOS

Esa noche, Silver King se quitó la máscara y por primera vez en su vida pública dejó de ser Silver King. Volvió a ser César González Barrón, el hijo de Dr. Wagner, el hermano de Dr. Wagner Junior. El tercero, el que se había inventado un personaje para escapar del apellido y al que el apellido lo había vuelto a alcanzar delante de todo México.

Y aquí es donde la mayoría de la gente cree que termina la historia, pero apenas empieza porque César no se quebró, no se fue, no se retiró. Hizo algo que muy pocos luchadores hacen después de perder la máscara. Siguió usando el nombre. Siguió siendo Silver King sin máscara, sin el secreto, sin el misterio, con la cara descubierta y se fue a buscar trabajo a donde fuera.

se subió a una camioneta con otro muchacho de su generación, un compañero de pelea que también necesitaba dinero, un luchador que se hacía llamar el texano y entre los dos armaron una pareja, sombreros de vaquero, camisas a cuadros, chamarras de cuero, los cowboys, los vaqueros y empezaron a viajar. Subieron a las cartas, ganaron el campeonato de parejas de la Udoboa, ganaron el de la Dobio Boboá y un día de 1992 los llamaron de Estados Unidos, de Atlanta, de la World Championship Wrestling, la WCW, la empresa más grande que peleaba contra

la WWE en aquellos años. Querían a los cowboys mexicanos para un evento en vivo. El Clash of the Champions 19. Televisión nacional. Millones de espectadores gringos viendo por primera vez a dos morenos del norte de México peleando en su propio idioma. Esa noche en Atlanta, Silver King estaba a un paso del estrellato mundial, del verdadero, del que da dinero, casas, contratos, fama internacional.

Pero algo pasó, algo que casi nadie cuenta cuando hablan de Silver King en la W UCW. Y aquí entra la primera traición real, la que no era de la familia, la que era del negocio. Los pusieron contra los fabbulus freebirts y los hicieron perder. Hasta ahí normal. La lucha libre es un guion. Los resultados se deciden antes de subir al ring.

Pero lo que pasó después no estaba en el guion. Después de ese debut, los Cowboys no volvieron a salir en horario estelar. Los empezaron a usar en cartas más chicas, en eventos secundarios, en giras por pueblos pequeños del sur de Estados Unidos. La promesa de televisión nacional se esfumó en tres semanas y la gente que los había llamado dejó de devolverles las llamadas.

Silver King regresó a México, el texano por su lado, él por el suyo. Y en 1993 llegó al Consejo Mundial de Lucha Libre, el CML, la empresa más grande de México. Ahí, sin máscara, peleó contra los mejores de su generación. Emilio Charles, Escorpio, la fiera, a todos los rapó y ganó el campeonato de parejas del CML junto a su propio hermano, Dr. Wagner Junior.

Los dos González peleando juntos por primera vez, la sangre arriba del ring, pero adentro de César algo ya estaba roto. La pérdida de la máscara contra el hijo del Santo le había dejado un hueco que no se llenó con títulos. Y la traición silenciosa de la W ucu. Le había dejado otro hueco. Y la sombra de su hermano, ahora más grande que nunca, le pesaba como una losa.

¿Sabes qué hace un hombre cuando carga tres heridas que no puede cerrar? Inventa máscaras nuevas, una y otra y otra. Y aquí es donde la historia se empieza a poner muy oscura. En los años siguientes, César fue cambiando de personajes, como otros cambian de camisa. se hizo llamar Black Tiger en Japón. Volvió a ponerse máscara, una máscara que no era la suya, una máscara que no le correspondía.

Y cuando perdió esa máscara también contra El Park, fue su segunda derrota pública de identidad. Dos máscaras perdidas, dos rostros descubiertos, dos veces el ridículo delante de miles. Después se inventó otro personaje para una película de Hollywood. Le pusieron Ramses. Era el villano enmascarado de una comedia gringa llamada Nacho Libre con Jack Black en el papel principal.

Se estrenó en 2006 y de pronto César el tercero, el de la máscara perdida dos veces, el que en su propio país ya no podía usar el nombre con el que había empezado, se convirtió en uno de los rostros enmascarados más reconocidos del cine en lengua inglesa. un villano mexicano que millones de espectadores gringos vieron en pantalla grande sin saber quién era, sin saber su nombre real, sin saber su historia.

era el reconocimiento más grande de su carrera y también el más cruel, porque ese reconocimiento llegó tarde. Llegó cuando la WCW ya había cerrado, cuando los rings grandes de México ya no lo llamaban como antes, cuando ya no tenía 30 años, sino casi 40. Y aquí es donde empieza el descenso, el verdadero. Porque la siguiente máscara que se inventó no fue para Hollywood.

fue para escapar de algo y eso es lo que casi nadie sabe. A partir de 2007, en la Ciudad de México, a Silver King le prohibieron usar su máscara. La razón pública era una cuestión técnica del reglamento. La razón real, la que se contaba en los vestidores, era otra. La Comisión de Vox y Lucha de la Capital tenía un acuerdo no escrito con el C ML y con la AA.

las dos grandes empresas y los luchadores que pertenecían a una de esas dos empresas no podían usar máscara si estaban contratados por otra. César en aquellos años ya no estaba en el CML, estaba peleando como independiente y eso en el mundo cerrado de la lucha libre mexicana era casi una traición. Entonces se inventó otro nombre más, Silver Caín, y en lugar de máscara empezó a usar pintura facial, maquillaje negro y plateado para que en Ciudad de México lo dejaran subir al ring, para que la comisión no le pusiera multa,

para no quedarse sin trabajo. Imagina por un momento lo que es eso, ser un luchador profesional, haber subido a un ring de la WCW en Atlanta, haber sido villano de una película de Hollywood y a los 40 años tener que pintarte la cara como un niño en una fiesta de disfraces porque en tu propia ciudad no te dejan usar la máscara con la que llevas 20 años peleando.

Esa fue la humillación silenciosa de Silver King, la que nadie publicó, la que no salió en ninguna entrevista, la que su propia familia no comentaba. Pero todavía no llegamos a lo peor, porque hay algo de esos años, entre el 2012 y el 2018 que casi nadie sabe. Algo que tiene que ver con un hijo que no era su hijo y con un nombre que él tuvo que desmentir en público.

En 2012, en la lucha libre independiente mexicana empezó a aparecer un luchador joven enmascarado que se anunciaba como Silver King Jr. La gente del medio asumió que era el hijo de César, que el villano del toreo y de Hollywood había metido a su hijo al negocio. Era una noticia bonita, una continuidad.

Otro González más en el ring, pero no era su hijo. César tuvo que salir a aclararlo. Tuvo que decir públicamente que ese muchacho no tenía ninguna relación de sangre con él, que había agarrado el nombre Silver King Junior sin permiso, que se lo había robado en términos prácticos. Y luego en 2014 apareció un segundo Silver King Junior, otro impostor, otro muchacho sin parentesco que usó el nombre hasta que perdió la máscara en octubre de 2015, donde reveló su nombre civil Felipe García González, sin ninguna relación con la familia. Dos impostores, dos

Read More