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Selena Quintanilla: Yolanda Jaló el Gatillo, Pero No Actuó Sola… La Verdadera Traición Fue Otra

Según personas que estuvieron en esa casa ese día, Abraham no gritó, no rompió nada, se quedó de pie en la cocina con el teléfono en la mano y una expresión que uno de los presentes describió años después como la expresión de alguien que acaba de entender que perdió algo que creía que era suyo para siempre. Y entonces tomó una decisión.

Si no podía controlar a quien amaba Selena, iba a controlar todo lo demás. Cada imagen, cada contrato, cada declaración, cada versión de su historia que llegara al mundo. Todo en ese contexto llegó Yolanda Saldíar, 1991, una mujer de 34 años que nadie dentro de la familia tomó demasiado en serio al principio.

Enfermera graduada, soltera, sin hijos, sin pareja conocida, pero con algo que Abraham Quintanilla sí notó desde el principio. una devoción por Selena que no tenía límites visibles. Yolanda había construido en su apartamento algo que la mujer que vivió con ella durante dos semanas describió años después con una sola palabra: un santuario.

Paredes cubiertas de fotos de Selena, no como decoración, como altar, fotos en la sala, en la cocina, en el baño, en el techo sobre su cama, según esa mujer, que se mudó al deocarto día sin dar muchas explicaciones y sin mirar hacia atrás. Una mujer así, según versiones que circularon entre personas que conocieron la dinámica de la familia en esa época, era exactamente el tipo de persona que Abraham podía usar.

Alguien completamente entregada, alguien que nunca iba a traicionar a Selena por dinero, alguien que haría lo que fuera necesario para proteger lo que Abraham había construido. Lo que Abraham no vio venir fue que Yolanda no solo amaba a Selena, la necesitaba de una manera que no dejaba espacio para nadie más.

y que incluía a Abraham. Guarda ese detalle. En 4 años, Yolanda pasó de presidenta del fan club a administradora de las cuentas bancarias de Selena. Cheques firmados por Yolanda, tarjetas de crédito en manos de Yolanda, contactos de negocios manejados por Yolanda. Y fue en ese periodo, según fuentes cercanas a personas que trabajaron en las boutiques de Selena en esa época, cuando Yolanda comenzó a enterarse de cosas, cosas que Selena le contaba en las llamadas de madrugada, cosas que Selena nunca habría contado a nadie dentro de la familia,

porque Yolanda era la única persona en la vida de Selena que no le debía nada a Abraham, la única que estaba completamente del lado de Selena. O eso creía Selena. Martín Gómez, el diseñador de moda de las boutiques, vio lo que pasaba desde adentro. Renunció semanas antes del crimen y describió a Yolanda con palabras que 30 años después siguen siendo perturbadoras.

Ella era muy vengativa, era muy posesiva con Selena, se enojaba si alguien le hacía algo a Selena. Jugaba tantos juegos mentales. Decía que la gente había dicho cosas que no había dicho. Le pasaban cosas extrañas a la ropa en la que estaba trabajando. Ella sabía que una pieza estaba terminada, pero cuando regresaba de un viaje le habían arrancado los dobladillos.

Una mujer que saboteaba ropa para que nadie más pudiera acercarse a Selena. Guarda ese detalle. En algún momento de 1994, el nombre del Dr. Ricardo Martínez entró en la historia. cirujano plástico de Monterrey, hombre con dinero, con influencia en los círculos del espectáculo mexicano. Según versiones que circularon entre personas que conocieron la situación desde adentro, este médico no llegó a la vida de Selena por casualidad.

habría sido presentado a través de contactos comunes en la industria en México. Contactos que según algunas de esas versiones tenían relación directa con la familia Quintanilla. Lo que empezó como una relación profesional se convirtió en algo diferente. Selena empezó a comunicarse con él con una frecuencia que, según fuentes que estuvieron cerca de esa situación iba mucho más allá de lo que una amistad ordinaria requiere.

Llamadas largas, mensajes que Selena borraba después de enviarlos, viajes a Monterrey donde el médico aparecía y Yolanda lo sabía todo porque Selena se lo había contado, porque Selena confiaba en Yolanda con cosas que no podía contarle a nadie más. Pero lo que Selena no sabía era que Yolanda no solo escuchaba, guardaba cada detalle, cada fecha, cada cosa que Selena le había dicho en confianza, como quien guarda munición sin saber todavía para qué guerra. Guarda ese detalle.

Yolanda habría llegado a tener en su poder conversaciones grabadas entre Selena y el doctor Martínez. No está claro cómo las obtuvo, no está claro cuántas eran, pero está claro que existían porque Yolanda las mencionó en el juicio y el juez no permitió que ese testimonio llegara al jurado. Nunca se explicó por qué.

Fue en ese contexto cuando los números empezaron a no cuadrar. Fondos de las boutiques que desaparecían sin rastro. Cheques, que Yolanda habría firmado en nombre de las empresas de Selena sin ninguna justificación documentada. Fans que habían enviado dinero y nunca recibieron nada a cambio. Abraham descubrió el faltante y convocó a Yolanda.

La conversación fue directa y tensa. Abraham le puso los documentos sobre la mesa, le preguntó dónde estaba el dinero. Yolanda lo negó todo con una calma que quienes estuvieron presentes describieron como antinatural. Pero según fuentes cercanas a ese encuentro, lo que más perturbó a Abraham no fue la negación, fue lo que Yolanda dijo al final de esa reunión.

Antes de levantarse para irse, Yolanda miró a Abraham directamente y le dijo algo que él nunca repitió públicamente, algo que tenía que ver con el Dr. Martínez, algo que implicaba que Yolanda sabía cosas que si salían a la luz no solo destruirían la imagen de Selena, destruirían también la de Abraham.

Dos días después de esa conversación, Yolanda fue a una armería y compró un revólver calibre 38. Abraham no llamó a la policía inmediatamente después de descubrir el faltante. Esperó. Nadie ha explicado por qué esperó. Lo que ocurrió en las tres semanas siguientes es la parte de la historia que más incomoda a la familia Quintanilla.

En algún momento de esas tres semanas, Abraham y Yolanda se reunieron una vez más solos en una cafetería de Corpus Cristi. Nadie sabe qué se dijeron, pero lo que pasó después sugiere que en esa reunión se llegó a algún tipo de acuerdo, un acuerdo que implicaba a Selena y que Selena nunca supo que existió. Guarda ese detalle.

La noche del 30 de marzo de 1995, el teléfono de Selena sonó tarde. Era Yolanda llorando o haciendo algo que sonaba exactamente como llorar. Le dijo que durante un viaje a Monterrey había sido víctima de una agresión sexual, que necesitaba atención médica urgente, que no podía decírselo a nadie más, solo a ella, solo Selena.

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