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SASHA MONTENEGRO: Por ESTO la DEJARON MORIR SOLA… la heréncia de LÓPEZ PORTILLO que CALLARON

El padre de Alexandra calificaba. La familia entró a México con visas permanentes y la pequeña Alexandra, sin saberlo, creció en el país que iba a cambiar su nombre, su rostro. su historia entera. 30 años después, esa niña refugiada iba a ser la amante del hombre más poderoso de México. 30 años después, su pasado yugoslavo iba a ser borrado de los registros oficiales.

Y 30 años después, una mujer llamada Carmen Romano iba a aprender a odiarla con un odio que duró hasta el día de su muerte. Pero aquí, en 1947, todavía es una niña de 2 años en un barco y su padre todavía está vivo. Todavía espera reconstruir su carrera periodística en México. Todavía sueña con regresar algún día a Yugoslavia.

Ninguno de esos sueños se cumplirá. El padre va a morir en 1955 cuando Alexandra tiene 10 años. va a morir en circunstancias que la familia nunca quiso desarrollar públicamente. va a morir, según las pocas versiones que han llegado al archivero con problemas de alcoholismo y una depresión profunda relacionada con la imposibilidad de regresar a su tierra y va a dejar a Alexandra, a su madre y a sus hermanos sin ingresos en una ciudad de México de los años 50, donde una familia de inmigrantes yugoslavos sin idioma fluido era

prácticamente mente invisible. Alexandra creció rápido. Tuvo que crecer rápido. Empezó a trabajar a los 14 años en una tienda de ropa. A los 16 hacía modelaje para anuncios de prensa. A los 18 empezó a recibir propuestas de cine. Una mujer con ascendencia eslava, alta, voluptuosa, con rasgos extranjeros llamativos, era exactamente lo que la industria cinematográfica mexicana de los años 60 y 70 buscaba.

Alexandra cambió su nombre. Alexandra se convirtió en Sasha Montenegro. Sasha, una versión más comercial de Alexandra. Montenegro. un apellido inventado que sonaba a aristocracia balcánica. Sasha Montenegro nació en términos de identidad pública alrededor de 1968 y desde ese año la actriz se convirtió en una figura clave de un género específico del cine mexicano de la época.

un género que durante años se llamó Cine erótico y que después se etiquetó con el nombre por el que todos lo conocen hoy, el cine de ficheras. Si llegaste hasta aquí, suscríbete a Las Tumbas de la Fama, activa la campana, dale a like y déjame en los comentarios. ¿Tú recuerdas haber visto las películas de Sasha Montenegro en los años 70? ¿Sabías que era de origen yugoslavo? Porque a continuación vamos a entrar a lo que pasó en aquellos años, a las cenas que cambiaron la vida de Sasha y sobre todo a la noche exacta en que conoció al hombre que iba a cambiar

todo. La noche del 1 de marzo de 1976, aquí el archivero tiene que poner contexto. El cine de ficheras de los años 70 no era lo que la cultura popular hoy lo recuerda. era, en términos prácticos, un género de cine erótico ligero, con humor, con personajes femeninos exuberantes y con tramas que giraban alrededor de cantinas, salones de baile y mujeres que vivían bajo la mirada machista de un México que apenas empezaba a cuestionar sus propias estructuras de poder.

Montenegro hizo entre 1968 y 1976. Más de 50 películas dentro de este género. ellas de noche, las del talón, muñecas de medianoche, películas que vendían millones de boletos en cines populares, películas que la convirtieron en una de las mujeres más conocidas y deseadas del México de aquellos años y películas que paradójicamente la pusieron en el radar de la élite política masculina del país.

Aquí el archivero quiere detenerse en un detalle que pocas biografías oficiales reconocen. El cine de ficheras de aquellos años no era simplemente entretenimiento, era, en términos sociológicos, una de las pocas rutas que tenían las mujeres mexicanas de los años 70 para acceder a círculos de poder que normalmente les estaban vetados.

Una actriz de ficheras famosa podía ser invitada a cenas oficiales, podía conocer empresarios, políticos, banqueros, podía, si jugaba bien sus cartas, transitar del cine popular al círculo íntimo de la élite mexicana en cuestión de años. Sasha Montenegro entendió esto rápido y desde 1971, según las versiones que han llegado al archivero, empezó a aceptar invitaciones específicas, cenas en Casas de la Lomas, eventos privados en Cuernavaca, fiestas en Acapulco, espacios donde la actriz no estaba como invitada cualquiera,

estaba como acompañante de hombres mucho mayores. estaba haciendo en términos prácticos una ruta paralela al cine, una ruta que iba del set de filmación a la mesa del poder, una ruta que muchas otras actrices de ficheras de su generación también recorrieron. Con éxito variable, Sasha tuvo más éxito que la mayoría.

Y la razón principal, según los testimonios cruzados, era que Sasha hablaba múltiples idiomas, tenía cultura europea, sabía mantener una conversación inteligente sobre temas internacionales y proyectaba un aire de sofisticación que la diferenciaba radicalmente de otras actrices del mismo género. Sasha no era una fichera. Sasha era una intelectual disfrazada de fichera y esa combinación en el México conservador de los años 70 era exactamente lo que volvía loco a hombres como José López Portillo, hombres educados, hombres con barniz cultural, hombres que

en público presumían tener esposas refinadas como Carmen Romano, pero que en privado buscaban una versión más libre, más extranjera, más peligrosa de la mujer culta. Sasha cumplía todos los requisitos y el destino los iba a poner cara a cara porque los presidentes mexicanos de los años 70, todos ellos, frecuentaban en privado el mundo del espectáculo.

Las cenas oficiales en Los Pinos incluían siempre en una mesa específica a artistas que el presidente o sus colaboradores invitaban como adorno cultural. Esas cenas eran rituales de poder. El presidente saludaba a los artistas, tomaba foto con ellos y en algunas ocasiones marcaba con un gesto o una mirada el inicio de una relación que después se desarrollaba en circuitos paralelos.

Esas relaciones eran un secreto a voces dentro del periodismo de espectáculo mexicano. Todos lo sabían, nadie lo publicaba. Hasta que López Portillo asumió la presidencia el 1 de diciembre de 1976 y dentro de los primeros 4 meses de su sexenio, las cenas oficiales empezaron a incluir cada vez con más frecuencia a una invitada específica, Sasha. Montenegro.

La primera cena documentada en que Sasha y López Portillo coinciden oficialmente fue el 1 de marzo de 1977. Una cena de gala en honor a embajadores europeos. Sasha fue invitada en su calidad de actriz reconocida internacionalmente. López Portillo, presidente recién estrenado, paseó por las mesas saludando a los invitados. Y en la mesa donde estaba Sasha, según los testimonios cruzados que el archivero ha podido reconstruir, la conversación duró más de lo protocolario.

10 minutos, 15 minutos, 20 minutos. Carmen Romano, la primera dama, observaba desde otra mesa. Y según los mismos testimonios, Carmen Romano se levantó en algún momento de esa conversación, se acercó a la mesa de Sasha, saludó con una sonrisa fría y se la llevó al esposo del brazo como diciendo, “Esta es la primera y última vez que esta conversación dura tanto.

” Carmen Romano era una primera dama cualquiera. Carmen Romano era una mujer educada, refinada, miembro de una familia mexicana tradicional, con un carácter fuerte y un instinto político afilado. Llevaba casada con López Portillo desde 1951, 26 años de matrimonio en aquel momento. tenían tres hijos legítimos, José Ramón, Carmen Beatriz, Paulina, familia consolidada en todos los aspectos formales.

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