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SALVADOR CABAÑAS: CONFESÓ LA ASQUEROSA RAZÓN POR LA QUE LE DISPARÓ

Lo que pasó en las siguientes 4 horas todavía hoy se cuenta a medias. Ese domingo 24 de enero, el América había perdido 2 a0 contra Monarcas Morelia en el estadio Morelos, jornada 2 del torneo bicentenario. Cabañas no había metido gol, había salido cansado, frustrado, en silencio. Regresó a la ciudad de México en el avión del equipo esa misma tarde.

Llegó a su casa de coapa, cenó con su esposa María Lorgia y con su cuñado. Y a eso de la medianoche, los tres salieron del departamento. Querían tomar algo después del mal partido. Querían distraerse. Querían cerrar la noche fuera de casa. Antes de salir, Cabañas hizo dos llamadas, una al teléfono de su hermano en Paraguay.

Le dijo que estaba bien, que había perdido, pero que la próxima ganaban. le dijo que tenía ganas de regresar a Itahua unos días en el receso de febrero y antes de colgar le dijo algo que el hermano recordó años después con escalofríos. Le dijo, “Hermano, cuídense ustedes allá que aquí está la cosa medio rara.

” El hermano no le preguntó a qué se refería. Pensó que hablaba de México en general, de la violencia, de las noticias. Cabañas colgó y 20 minutos después salió de su casa rumbo al barbar. Lo que Cabañas no le dijo al hermano esa noche, lo que llevaba guardado desde hacía días, era que algo lo estaba inquietando desde el partido del San Luis, algo que había empezado ocho noches antes.

El sábado 16 de enero, una semana antes de esa madrugada del bar, el América había abierto el torneo bicentenario con un partido en el Estadio Azteca contra el San Luis. Y esa noche fue la gran noche de cabañas. metió dos goles, el primero al minuto 23, el segundo al minuto 62. El América ganó 5 a 1 y Cabañas salió ovasionado del Azteca por más de 40,000 personas.

Esa misma noche, en una mesa de un palco privado del Estadio Azteca, había un hombre que también había visto los dos goles, pero no los había aplaudido. Los había visto con la cara apretada en silencio, mientras tres acompañantes a su lado entendían, sin que él tuviera que decirlo, que esa noche habían perdido dinero, mucho dinero, y que la culpa era de uno solo, del paraguayo que estaba abajo sobre el césped alzando los brazos.

Ese hombre era el JJ, operador del cártel de los Beltrán Leiva, mano derecha de Edgar Valdés Villarreal, la Barbie, y dueño, junto con sus socios de una red de apuestas deportivas que esa noche había puesto una suma fuerte a que el América perdía contra el San Luis. La cifra exacta nunca se hizo pública.

Algunos investigadores hablaron después de $200,000, otros de 400. Lo que sí está documentado es que el JJ salió del Estadio Azteca esa noche con la mandíbula apretada, sin felicitar a nadie, sin hablar con sus acompañantes. Subió a un cadilac escalade negro y le dio una sola orden al chóer que lo llevara a casa. En los días siguientes, en Círculos Cerrados del Bajo Mundo, el JJ habló del partido del San Luis, no con todos, solo con sus operadores más cercanos.

Comentó la jugada del primer gol, la del segundo. Dijo que Cabañas había tenido suerte. dijo que el portero del San Luis era una desgracia, pero detrás de los comentarios técnicos había otra cosa que nadie en su entorno se atrevió a contradecir. El JJ se había sentido humillado y los hombres del narco mexicano cuando se sienten humillados no olvidan.

Imagina por un momento lo que es cargar con eso. Tú no sabes nada. Tú metiste dos goles en el Azteca. Tú duermes tranquilo y a kilómetros de tu casa, un hombre con poder y con pistola lleva 8 días pensando en tu nombre. Cabañas tampoco lo sabía esa madrugada. Llegaron al bar pasadas las 12:30 del lunes 25.

El gerente Charlie Cázares los recibió en la puerta personalmente. Conocía a Cabañas. Era cliente regular. Los acomodaron en una mesa cerca de la pista. Pidieron tragos. La música estaba alta, las luces tenues, el lugar estaba lleno. Y aquí viene el primer detalle clave, el que Charlie Cázares contaría años después en una entrevista.

30 o 40 segundos después de que entró Cabañas, entró el JJ casi al mismo tiempo, por la misma puerta. Tampoco era extraño porque también era cliente. Charlie lo cateó a la entrada como siempre. No le encontró arma, lo dejó pasar. El JJ se sentó en otra mesa más alejada con su acompañante de aquella noche, un hombre al que en el medio llamaban el contador porque llevaba las cuentas de las ventas y una mujer joven colombiana que iba con ellos.

Pero algo le falló a Charlie esa noche porque el JJ había logrado entrar con un arma, una vereta de calibre pequeño. ¿Cómo lo hizo? ¿Dónde la escondió? ¿Quién lo ayudó a meterla? Son preguntas que la investigación posterior nunca aclaró del todo. Lo que sí se sabe es que esa pistola entró al barbar esa madrugada con un solo propósito y que el dueño del arma, en cuanto vio a Cabaña sentado en su mesa, supo que esa pistola iba a usarse esa misma noche.

4 horas pasaron en ese bar antes de que sonara el disparo. 4 horas en las que Cabañas y el JJ estuvieron en el mismo lugar, respirando el mismo aire, sin saber lo que se venía. Y en esas 4 horas, el JJ se acabó dos botellas, miró tres veces hacia la mesa de cabañas y le dijo a su acompañante una frase que el contador, años después, en una declaración interna, contó.

le dijo mirando a cabañas a lo lejos, una sola línea le dijo, “Ese güey hoy se va con un recuerdo.” A las 5:20 de la madrugada, después de 4 horas y media de música, alcohol y luces, Cabañas se levantó de su mesa para ir al baño. Caminó hacia el fondo del lugar. La entrada al baño era estrecha. Una puerta angosta quedaba un pasillo corto.

Cabañas entró. 30 segundos después, el JJ se levantó de su mesa. Le dijo a la mujer colombiana que ahora regresaba, le dijo al contador que lo acompañara y caminó hacia el baño con la misma puerta angosta por donde acababa de entrar Cabañas. El contador se quedó afuera vigilando junto a la mujer colombiana.

El JJ entró solo, lo que pasó en los siguientes 90 segundos. Lo reconstruyeron después tres fuentes. El propio Cabañas en entrevistas que dio años más tarde a la BBC y a varios programas de televisión. Los videos de seguridad del bar que se incautaron en la investigación judicial. Y el empleado encargado del baño, un trabajador del bar que estaba ahí esa madrugada, presenció todo y declaró a las autoridades cuando se desató el escándalo.

Tres fuentes independientes que coincidieron en lo esencial. Tres fuentes que reconstruyeron un minuto y medio que cambiaría la historia del fútbol mexicano. Y aquí está la primera verdad, la que durante 15 años se contó como pleito de borrachos y que en realidad fue otra cosa. Cabañas estaba parado frente al urinario.

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