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Raphael No La Habría Cantado Sin Él… Y Esa Canción Se Convirtió En La Más Vendida De España

Una limitación física que cerraba la puerta de ser pianista concertista. La carrera que había imaginado, la que sus maestros veían para él. la que había empezado a construir desde pequeño. Aquella lesión fue una de esas cosas que te cambian la vida de una manera que no puedes ver en el momento en que pasan.

En el momento en que pasan, solo ves lo que pierdes. Lo que se abre después es algo que no puedes imaginar todavía. Pero Manuel Alejandro no se rindió. Si no podía ser pianista concertista, sería otra cosa. Si la música clásica no era el camino, habría otro camino. No sabía exactamente cuál, pero sabía que la música seguía siendo lo suyo y que no iba a abandonarla porque una puerta se hubiera cerrado.

Con 21 años se fue a Madrid, la capital, el lugar donde pasaban las cosas, donde estaban las discográficas, las radios, los teatros, las academias musicales, donde un compositor que tenía canciones dentro podía encontrar el camino para sacarlas al mundo. Madrid en aquella época era una ciudad llena de personas que habían llegado del sur con las mismas ganas y las mismas incertidumbres.

Gente que había dejado atrás pueblos y ciudades pequeñas buscando algo que no podían encontrar donde habían crecido, que cargaban con sus talentos y sus sueños en maletas que a veces llegaban con más ilusión que ropa. Manuel Alejandro llegó así. consiguió trabajo en Radio Madrid, produciendo los efectos sonoros para las radionovelas, un trabajo técnico que pagaba las facturas, que le daba cierta estabilidad, pero que no tenía nada que ver con [música] lo que él quería hacer de verdad.

Para complementar sus ingresos, tocaba el piano por las noches en un club nocturno, rodeado de mujeres en busca de clientela, tocando canciones para que la gente bailara y bebiera y hablara de otras cosas sin prestar demasiada atención a la música que él tocaba. Ese era Manuel Alejandro en aquellos años, un hombre de 30 años con miles de canciones dentro, pero sin el camino claro para sacarlas, sin el intérprete correcto que pudiera darles la vida que se merecían, sin el puente que le faltaba entre lo que creaba y el mundo que podía escucharlo.

Y entonces llegó Paco Gordillo. En la cuesta de Santo Domingo de Madrid había una academia musical. La dirigía Manuel Gordillo, un hombre que era a la vez músico, representante artístico y productor en aquella época dorada de la música española. un hombre que tenía olfato para el talento.

Ese don que tienen muy pocas personas de ver en alguien lo que ese alguien puede llegar a ser y no solo lo que es en ese momento. Manuel Alejandro llegó a esa academia como pianista y allí conoció al chico de Linares, Rafael Martos Sánchez, el que había ganado el festival de Benidorm, el que sería Rafael.

Hay un detalle en esta historia que me parece uno de los más hermosos de toda la serie. Rafael recordó este momento en varias entrevistas a lo largo de los años y siempre mencionaba algo que añade una capa de significado a todo lo demás. Rafael, Manuel Alejandro y Paco Gordillo no solo se conocieron en esa academia, vivían en el mismo edificio, los tres, en el mismo edificio de Madrid, en la misma época, el representante, el compositor y el cantante.

tres hombres del sur que habían llegado a la capital [música] buscando algo que no podían encontrar donde habían crecido, que habían terminado viviendo bajo el mismo techo sin saber que eso era lo que iba a pasar, sin saber que de esa convivencia iba a nacer algo que cambiaría la historia de la música española. Esas cosas no se planifican, simplemente ocurren.

Y cuando ocurren hay que saber reconocerlas. y aprovecharlas. ¿Te ha pasado alguna vez eso? Que algo que parecía casual resultó ser importante, que un encuentro que parecía accidental cambió algo en tu vida. Que conociste a alguien sin saber que esa persona iba a importar. Manuel Alejandro reconoció algo en Rafael desde el primer momento, una voz que podía hacer cosas que muy pocas voces podían [música] hacer, que podía tomar una letra y vivirla desde dentro de una manera que hacía que el oyente sintiera que esa canción era para él, que podía dar a las palabras una

intensidad que ningún otro intérprete podía dar de la misma manera. Y Rafael reconoció algo en Manuel Alejandro, un compositor que no escribía canciones genéricas, que escribía desde dentro de sí mismo, que ponía algo verdadero en cada letra que hacía, que cuando la cantabas no estabas interpretando a otro, sino expresando algo que podría haber sido tuyo.

Gordillo los vio a los dos y los unió. En el estudio de Gordillo, Manuel Alejandro componía canciones para Rafael al tiempo que ejercía como su pianista y director de orquesta. Dos papeles a la vez, el de crear y el de ejecutar, el de escribir el traje y el de ayudar al que lo lleva a moverse bien dentro de él. dos hombres del sur que se habían encontrado en Madrid en el momento exacto, que tenían exactamente lo que el otro necesitaba.

antes de continuar. Están ahí cuando las necesites. Ahora mismo quédate aquí porque lo que viene a continuación lo cambia todo. Hay una frase que se usa mucho para describir a Manuel Alejandro, una frase que es tan perfecta que cuando la escuchas entiendes inmediatamente de qué se trata la colaboración entre este hombre y los artistas para los que escribía. El sastre le llaman.

[música] El sastre, el sastre de los cantantes, el hombre que hace trajes a medida para las voces más grandes de la música en español. [música] Y hay quien lo explica de esta manera, con palabras que son difíciles de mejorar. Es como un sastre que te hace trajes tan buenos que no tienes que probártelos, que están siempre perfectos.

No necesitas probártelos, no necesitas ajustes, están perfectos desde el primer momento. Eso es lo que Manuel Alejandro hacía para Rafael. Canciones que encajaban perfectamente en esa voz específica, en esa manera de interpretar, en esa intensidad concreta que Rafael ponía en cada nota. Canciones que no podrían haber sido cantadas por ningún otro artista de la misma manera.

Trajes a medida. Y Manuel Alejandro fue tan consciente de ese papel a lo largo de su vida que cuando se casó con purificación Casas, la mujer con quien compartiría 57 años de vida y con quien firmaría canciones bajo el seudónimo de Ana Magdalena. En el álbum de bodas firmó como su otro sastre.

Su otro sastre, el del traje de novio, el del traje más importante de todos. Como diciéndole a Rafael en ese libro conmemorativo, “Tú eres el cantante para quien hago los mejores trajes musicales y ella es para quien hago los más importantes de mi vida.” Y en 1966, cuando los dos llevaban unos años trabajando juntos, llegó el momento de la primera gran prueba, la película.

[música] Rafael iba a protagonizar su primera película como actor, una producción de Epoca Films y Benito Perojo, dirigida por Mario Camus, una historia que narraba las vicisitudes de un joven cantante que llega a Madrid a buscar el éxito en el mundo de la música, que conoce a una famosa periodista que empieza a triunfar, pero se ve atormentado por una misteriosa joven.

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