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Princesa Margarita: La Obligaron a Elegir… y 50 Años Después Descubrieron la Mentira

Su padre. Jorge VI es un hombre que llegó al trono sin quererlo, empujado por la abdicación de su hermano Eduardo VI en 1936. Un hombre que tartamudea cuando habla en público y que, sin embargo, encuentra siempre las palabras exactas cuando está solas con sus hijas. Con Isabel habla de responsabilidad, de deber, de lo que significa llevar una corona.

Con Margarita habla de música, de teatro, de las películas que ve en el cine privado del palacio. La hace reír y ella lo hace reír a él. Es el único amor de su vida que llega sin precio, el único que no le pide que sea otra cosa. En febrero de 1952, Jorge VI muere mientras duerme en Sandringham. Tiene 56 años. La causa oficial es un coágulo coronario.

Margarita tiene 21 años. Su hermana Isabel, que está en Kenia cuando recibe la noticia, regresa a Londres como reina y de un día para otro todo cambia. No porque Isabel deje de querer a su hermana, al contrario, sino porque una reina no puede ser hermana antes que monarca, porque las reuniones de estado empiezan a ocupar las horas que antes eran de las dos, porque los asesores, los secretarios, los ministros llenan los pasillos que antes recorrían solas, porque el palacio sigue siendo el mismo edificio, pero ya no es el mismo lugar.

Y Margarita se queda sola en él con 21 años, sin un destino trazado, sin el único hombre que la amó sin pedirle nada. Lo que nadie sabía en ese momento era que en ese palacio vacío, en ese primer invierno sin su padre, Margarita ya llevaba meses mirando de una forma diferente a un hombre que llevaba años entre ellos sin que nadie lo hubiera visto venir.

Peter Townsend nació en 1914 en Rangun, Birmania, hijo de un coronel del ejército británico. estudió en Heileybory, se unió a la Royal Air Force en 1933 y en la batalla de Inglaterra se convirtió en uno de los pilotos más condecorados de la guerra. El 3 de febrero de 1940 derribó el primer avión alemán sobre suelo inglés.

Tiene la cruz de vuelo distinguido y una barra. Tiene el aspecto de un actor de Hollywood y los modales de alguien. que ha pasado su vida entre personas que saben exactamente cómo comportarse. En 1944, el rey Jorge VI lo nombra caballerizo de su casa. Un cargo de máxima confianza. Alguien que acompaña a la familia real en sus desplazamientos, que gestiona la agenda, que está presente en los momentos más privados de la vida de palacio.

Las princesas lo ven llegar por primera vez y según los testimonios de la época, Isabel le dice a su hermana en voz baja, “Mala suerte, está casado.” Pero el destino inicial de 3 meses se vuelve permanente. se gana la confianza del rey y sin que nadie lo planifique, sin que nadie lo vea venir, empieza a acompañar a Margarita en los viajes que el rey le encarga.

Cabalgan juntos cada mañana durante una gira por Sudáfrica en 1947. Margarita tiene 17 años. En un viaje a Belfast, Townsen pide que su habitación en el castillo de Hillsboro sea contigua a la de la princesa. Nadie lo cuestiona. Nadie todavía ve nada. Townsend se divorcia de su primera esposa en 1952. Ese mismo año muere el rey. Y algo que llevaba años creciendo despacio, sin prisa, en los márgenes de lo permitido, de repente existe de verdad.

En unos minutos vamos a ver lo que ocurrió exactamente el día en que el mundo entero descubrió lo que había entre ellos. ¿Y por qué ese momento lo cambió todo? El 2 de junio de 1953, la coronación de Isabel Segunda en la abadía de Westminster. Más de 8000 invitados. Las cámaras de televisión de la BBC transmitiendo en directo por primera vez en la historia.

Millones de personas en toda Gran Bretaña y la Commonwealth pegadas a sus receptores. Todas mirando a la misma mujer, la nueva reina. La corona de San Eduardo descendiendo sobre su cabeza. La solemnidad de un ritual que lleva siglos siendo exactamente igual. Y entonces una cámara capta ese gesto. Margarita se acerca a Peter Townsen y le quita una pelusa del uniforme.

Solo eso. Un gesto que dura segundos. Tan íntimo, tan absolutamente cotidiano, tan imposible de hacer con alguien que no sea tuyo. Los fotógrafos de los periódicos americanos lo ven, lo publican. Y en 24 horas el mundo entero sabe lo que en palacio llevaban meses fingiendo que no existía. Ese gesto de 2 segundos en el lugar más solemne del mundo.

El único momento de toda la coronación en que Margarita fue completamente ella misma. El único momento en que nadie pudo decirle que no. Lo que siguió después tiene todos los elementos de una historia que se ha contado mal durante 70 años. El gobierno de Churchill, que según la versión oficial fue el gran obstáculo del romance, tiene en realidad una postura más matizada de lo que parece.

Churchill era un romántico confeso. La idea de un héroe de guerra casándose con una princesa no le desagradaba en absoluto. Pero su mente práctica exigía que el asunto se manejara correctamente y lo que no podía permitir era el escándalo. Lo que sí hace Churchill, y esto es un hecho documentado, es ordenar el traslado de Townsend.

Bruselas, agregado aéreo en la embajada británica. Lejos, ocupado, separado. Cuando Margarita se entera, según testimonios posteriores, hay una de las dos únicas peleas serias que las dos hermanas tuvieron en toda su vida. Una discusión en la que Margarita dice exactamente lo que piensa y en la que Isabel, atrapada entre el amor a su hermana y las obligaciones de su cargo, no puede darle lo que necesita.

A Margarita la mandan a Rodía, a él lo mandan a Bélgica y lo separan durante dos años esperando que se les pase. Pero no se les pasa. Margarita cumple 25 años en agosto de 1955. Esa es la edad límite establecida por las leyes de la corona. Hasta los 25, un miembro de la familia real necesita el permiso explícito de la reina para casarse.

A partir de los 25 puede hacerlo sin ese permiso. La pareja y sus allegados llevan meses esperando ese momento, creyendo que ese momento lo cambia todo. Y entonces el gobierno les presenta una nueva lectura de las leyes. El acta de matrimonio real de 1772 establece que además del permiso de la reina, un miembro de la familia real que quiera casarse con alguien no aprobado por la corona necesita también el permiso del parlamento y de la Iglesia anglicana, de la que la reina es la cabeza visible y de los representantes de la Commonwealth.

El precio sube, siempre sube y junto con el precio suben las consecuencias. Margarita perdería su título, perdería su lugar en la sucesión, perdería sus ingresos de la lista civil y tendría que vivir fuera de Inglaterra si decidía casarse con un hombre divorciado. Eso es lo que le dijeron. Lo que nadie sabía entonces, lo que los documentos desclasificados en 2004 revelarían décadas después, es que eso no era verdad.

Pero no vamos a llegar hasta ahí todavía. Todavía queda mucho por contar. Si este canal te está dando historias que nunca habías escuchado de esta manera, suscríbete ahora y activa la campanita. Cada semana hay una historia nueva y ninguna se cuenta como aquí. El otoño de 1955 es el más largo de la vida de Margarita.

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