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Por esto México ODIA a Las Vegas: Así le ROBARON a MÁRQUEZ para salvar al GRINGO

Este se cansa.” Márquez lo miró y asintió. El susto de la caída ya se había evaporado. Lo que quedaba era determinación pura. Tercer round. Márquez salió de su esquina con un propósito diferente. Ya no estaba esperando, ya no estaba midiendo, ahora estaba cazando. Su primer golpe fue un gap largo que encontró la frente de Norwood y lo hizo retroceder medio paso.

Norwood contestó con una izquierda que Márquez esquivó agachándose y de inmediato soltó un gancho de izquierda al hígado de Norwood que sonó como un tambor. El campeón apretó los dientes. Márquez volvió a entrar, esta vez con un 12. Jab seguido de recto de derecha que conectó limpio en la cara del campeón. Norwood buscó el clinch por primera vez en la pelea, envolviendo a Márquez con ambos brazos y recargándole todo su peso encima. Cortés lo separó.

Márquez no perdió un segundo, apenas se separaron lanzó otro golpe al cuerpo, un recto corto a las costillas flotantes de Norwood que hizo que el campeón encogiera involuntariamente la cintura. Norwood contestó con un gancho de izquierda que rozó la 100 de marque sin conectar limpio y de nuevo buscó abrazar al mexicano. Clinch, separación.

Otra vez Márquez al cuerpo. Un uppercut corto que se coló por debajo de los codos de Norwood y lo impactó en el plexo solar. Norwood exhaló un gruñido que las primeras filas pudieron escuchar. Ese golpe le dolió. Márquez lo supo porque los ojos del campeón cambiaron. Ya no eran ojos de cazador, eran ojos de un hombre que acaba de descubrir que la presa tiene garras.

El round cerró con Márquez avanzando y Norwood retrocediendo. Una imagen que se repetiría durante el resto de la noche. Cuarto round. Y aquí cambió todo. Norwood salió intentando retomar la iniciativa, lanzando una izquierda larga que Márquez bloqueó con el guante derecho. Los dos entraron a distancia corta, intercambiando golpes en un espacio donde apenas cabía un puño entre sus cuerpos.

Y en medio de ese intercambio cerrado, las cabezas chocaron. Un crujido seco como de dos piedras golpeándose bajo el agua. Norwood retrocedió llevándose la mano al ojo izquierdo. La sangre empezó a brotar de inmediato, caliente, espesa, resbalando por su ceja y metiéndose en el ojo. Una cortada. Cortés detuvo la acción y llamó al médico del ring, que examinó la herida y la declaró causada por choque accidental de cabezas.

Dio luz verde para continuar, pero el Norwood, que regresó a pelear después de esa pausa, era un hombre completamente diferente al que había empezado el round. La confianza se le escapaba con cada gota de sangre. Ahora peleaba con un solo ojo bueno, el izquierdo nublado por la sangre que seguía manando, pese a los esfuerzos de su esquina con la vaselina y elwuel.

Y algo peor, el miedo se instaló en su cerebro. Miedo a que la cortada se abriera más. Miedo a que el doctor parara la pelea por herida, miedo a perder su invicto no por golpes, sino por un tajo sobre el ojo. Ese miedo lo paralizó. Dejó de lanzar su izquierda con poder. Dejó de avanzar. Dejó de ser el peleador agresivo que había cruzado el ring como un animal en el primer round.

En su lugar quedó un hombre que se protegía, que agarraba, que abrazaba. Marquez olió la sangre en el agua como un tiburón. Lanzó cuatro japs seguidos al ojo cortado de Norwood, cada uno encontrando el mismo punto exacto, cada uno reabriendo la herida que la esquina del campeón intentaba cerrar. Norwood se cubrió la cara con ambos guantes y buscó el clinch como si fuera una balsa salvavidas.

Cortés lo separó y Márquez inmediatamente soltó un recto de derecha que impactó justo debajo de la cortada. La sangre salpicó. El round terminó con Norwood regresando a su esquina con la cara convertida en un mapa de rojo y Márquez caminando a la suya con la calma de quien sabe que tiene la pelea bajo control. Quinto round.

Beristein le dijo a Márquez entre rounds que fuera al cuerpo que la cortada estaba haciendo su trabajo arriba, pero que necesitaban quitarle las piernas al campeón para que no pudiera correr. Márquez obedeció. La campana sonó y el mexicano salió con una misión quirúrgica, destruir el cuerpo de Freddy Norwood. Su primer golpe fue un gancho de izquierda al hígado que Norwood ni vio venir.

El campeón llevaba los guantes altos protegiendo su ojo cortado y dejó el torso completamente expuesto. Márquez lo castigó como si estuviera golpeando un saco pesado. Gancho al hígado, recto al plexo solar, uppercut a las costillas flotantes, otro gancho al hígado. Los golpes viajaban por debajo de la línea de visión de Norwood, que con un ojo medio cerrado por la sangre no podía ver las manos de Márquez cuando bajaban al cuerpo.

Cada impacto arrancaba un gemido del campeón. Norwood intentó responder con una izquierda arriba, pero Márquez la esquivó con un movimiento de cintura y lo castigó con un derechazo al mentón que hizo que las piernas de Norwood se trabaran. El campeón retrocedió tres pasos y Márquez lo persiguió soltando una combinación de cuatro golpes que terminó con un gancho al cuerpo tan profundo que Norwood se dobló visiblemente.

El campeón agarró a Márquez por detrás de la cabeza y lo jaló hacia abajo usando su peso para detener el ataque. Era una falta clara. Cortés lo separó, pero no amonestó a Norwood. Nada, ni una advertencia. El round terminó con Norwood regresando a su esquina, agarrándose las costillas con una mueca de dolor que las cámaras capturaron en primer plano. Sexto round.

Lo que pasó en este round fue una combinación de arte marcial y crueldad calculada que definió quién era realmente Juan Manuel Márquez como peleador. El mexicano salió de su esquina y de inmediato lanzó un jab doble que encontró la cara de Norwood. Ambos golpes conectando limpio y antes de que el campeón pudiera reaccionar, Márquez bajó el nivel y lo castigó con un gancho devastador a las costillas derechas.

El sonido fue nauseabundo, un impacto húmedo contra la carne que resonó en las primeras filas. Norwood soltó un quejido audible y su cuerpo se contrajo involuntariamente, como si un resorte invisible le hubiera jalado el torso hacia adelante. Márquez no le dio respiro. Volvió arriba con un recto de derecha que encontró la mandíbula de Norwood y lo sacudió y de inmediato bajó otra vez al cuerpo con un upercut que se incrustó en el estómago del campeón como un martillo en arcilla.

Norwood buscó el clinch con desesperación, abrazando a Márquez con fuerza y recargándole todo el peso. Pero en el clinch, el campeón empezó a pelear sucio con descaro. Le metió el antebrazo en la garganta a Márquez, le pisó el pie izquierdo, le pegó un codazo en las costillas mientras Cortés estaba fuera de ángulo, Márquez se soltó empujando y de inmediato lo castigó con un 1 2 3.

Jab, recto, gancho, que conectó completo y mandó la cabeza de Norwood hacia atrás como un muñeco de resorte. El campeón retrocedió hasta las cuerdas y Márquez lo siguió con otra ráfaga de golpes al cuerpo. Tres ganchos alternados a las costillas izquierda y derecha que sonaban como alguien golpeando carne cruda sobre una mesa.

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