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Petro Estalla y Denuncia Complot de la Extrema Derecha: El “Honduras Gate” Colombiano que Involucra a De la Espriella, Bernie Moreno y un Escándalo Militar

La política en Colombia ha alcanzado, una vez más, un punto de ebullición insostenible. En la antesala de unas elecciones que se perfilan como cruciales para el futuro del país, el ambiente se encuentra enrarecido por un torbellino de acusaciones cruzadas, montajes y tensiones que trascienden las fronteras nacionales. El presidente de la República, Gustavo Petro, ha elevado el tono de manera drástica, estallando ante lo que él describe como un plan orquestado por la extrema derecha para secuestrar la voluntad popular. En el centro de este gigantesco escándalo se perfilan figuras prominentes: el polémico abogado Abelardo de la Espriella, el senador estadounidense de origen colombiano Bernie Moreno, y una sombra de traición que se extiende hasta las propias filas de las fuerzas militares.

Este episodio, que el propio mandatario ha bautizado como una operación al estilo “Honduras Gate”, amenaza con destapar uno de los episodios de guerra sucia política más graves en la historia reciente del país. Mientras el gobierno progresista se atrinchera para defender la legitimidad de las próximas elecciones, la trama de audios falsos, intervenciones extranjeras y discursos polarizantes nos obliga a analizar en detalle los hilos de poder que se mueven en la sombra.

El Detonante: El Asesinato de un Coordinador y la Reacción de Bernie Moreno

El preludio de este último choque institucional ocurrió a miles de kilómetros de Bogotá, en los pasillos del poder de Washington. La noche del 16 de mayo, el senador republicano por Ohio, Bernie Moreno (un empresario de origen colombiano que ha mantenido una postura crítica frente a la administración Petro), emitió un pronunciamiento que encendió las alarmas en el Palacio de Nariño.

Moreno expresó su “profunda preocupación” tras el trágico asesinato de Rogers Mauricio Devia, quien se desempeñaba como gerente de campaña del sector afín a Abelardo de la Espriella en un municipio del departamento del Meta. Devia, un exalcalde local, fue asesinado cuando se dirigía a su residencia portando material publicitario.

Lo que desde el gobierno se percibe como el inicio de la maniobra de la extrema derecha radica en el uso político de este crimen. A pesar de que las autoridades colombianas, incluida la Fiscalía, aún no han esclarecido los móviles del asesinato ni han confirmado que se trate de una retaliación política, el sector opositor y el senador Moreno tomaron el suceso para construir de inmediato una narrativa de persecución y victimización.

La respuesta de Abelardo de la Espriella a las palabras del congresista estadounidense elevó la tensión a niveles preocupantes. “Gracias senador Bernie Moreno por su postura firme y por dejarlo cristalino. (…) No toleraremos esta ola de violencia política y asesinatos con nuestra campaña”, afirmó De la Espriella.

Pero el abogado fue más allá, lanzando una petición que sectores del oficialismo interpretaron como un llamado a la violación de la soberanía nacional: “Exigimos que la comunidad internacional, empezando por Estados Unidos, permanezca alerta, vigilante e intransigente en la defensa de la democracia en Colombia. Necesitamos ojos en el terreno para garantizar elecciones seguras, libres y transparentes, sin intimidación, terror ni asesinatos”.

Para el progresismo, esta retórica, que coquetea abiertamente con la intervención extranjera en asuntos internos, no es casual. Recordaron que semanas antes, el entorno de extrema derecha celebraba una imagen compartida por figuras cercanas a Donald Trump donde se mostraba un mapa de Venezuela anexado a Estados Unidos. El llamado de De la Espriella a que “el mundo actúe” y fije “ojos en el terreno” colombiano es percibido por la Casa de Nariño como un acto desesperado para deslegitimar de antemano unos comicios que se prevén complejos para el conservadurismo.

El Grito de Alerta de Petro y la Teoría del “Honduras Gate”

Ante esta escalada discursiva y las maniobras internacionales, el presidente Gustavo Petro no guardó silencio. A través de sus canales oficiales, el mandatario ordenó hacer frente a estos supuestos planes del uribismo para perpetrar un fraude electoral.

“La justicia debe investigar por qué se construyó este crimen contra las elecciones”, sentenció Petro, dejando claro que considera la campaña de difamación no como un simple choque de opiniones, sino como un ataque sistemático a la democracia.

Para dimensionar la gravedad del asunto desde su perspectiva, Petro trazó un paralelismo alarmante: “Es una operación del Honduras Gate que financió Netanyahu y el narco para destruir a los progresistas de México y Colombia”. Esta afirmación del presidente sugiere la existencia de un ecosistema internacional coordinado para desestabilizar gobiernos de corte progresista en América Latina, empleando tácticas de desinformación masiva y el uso ilegítimo de aparatos de inteligencia.

Petro apuntó directamente a los responsables históricos de este tipo de montajes en Colombia. Recordó episodios pasados donde sectores oscuros impulsaron denuncias falsas contra generales (a quienes denominó los “zapateiros”) que investigaban la corrupción dentro de las fuerzas armadas. La acusación presidencial es una severa advertencia de que las instituciones democráticas, y en particular los organismos de seguridad del Estado, están siendo minados desde adentro.

El Montaje Contra Iván Cepeda: Audios Falsos y Traición Militar

El evento que funcionó como catalizador de la furia presidencial fue la divulgación masiva de un audio que pretendía destruir la reputación del senador Iván Cepeda. En la grabación, filtrada de manera casi sincronizada a diversos medios de comunicación, una voz que supuestamente pertenecía a alias “Rogelio Benavides” (cabecilla de las disidencias bajo el mando de alias “Calarcá”) invitaba descaradamente a las bases guerrilleras a votar por Cepeda. El objetivo de la filtración era evidente y letal: manchar al candidato progresista con el estigma del apoyo subversivo.

Sin embargo, el elaborado montaje se derrumbó con estrépito gracias a las investigaciones de la propia inteligencia policial. Análisis preliminares desarrollados por investigadores expertos del Gaula de la Policía Nacional determinaron que la voz del audio no correspondía al temido cabecilla disidente. En realidad, se trataba de alias “Sergio”, un extorsionista común preso en el patio 10 de la cárcel Picaleña, en la ciudad de Ibagué. El criminal, ajeno a las estructuras postguerrilleras, estaba simplemente fingiendo, ejecutando una de las “dinámicas de extorsión carcelaria” que las autoridades venían rastreando desde hacía meses.

Pero el verdadero escándalo que sacude las bases del Estado no radica únicamente en la falsedad del audio carcelario, sino en la manera en que llegó a los principales noticieros del país. Noticias Uno reveló de manera explosiva que la filtración del montaje se habría originado en el interior mismo del Comando de las Fuerzas Militares.

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