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PEDRO FERNÁNDEZ: 50 Años Bajo CONTROL. Primero Su Padre. Después Su Esposa. Jamás Fue Libre

Y dijiste lo mismo que dijo todo México. Dijiste, “¿Quién es ese niño?” En 1978 salió la de la mochila azul, el disco, El sencillo, el golpe. Vendió un millón de copias en México, 200,000 copias en España. El niño de 8 años se convirtió en el cantante más vendido del momento. Al año siguiente, en 1979, salió la película La niña de la mochila azul.

Pedrito de protagonista, una niña llamada María Rebeca a su lado y todo México llorando. Tú llegabas a tu casa después del trabajo, prendías la televisión. Ahí estaba ese niño con sombrero de charro cantando con la voz limpia, mirando a la cámara con esos ojos enormes y sentías que era de la familia, que era ese sobrino lejano que no veías mucho, que era ese hijo que tu hermana acababa de tener.

Pedrito Fernández era todo México en una persona pequeñita. Pero escucha bien esto que te voy a decir ahora, porque es la primera grieta de la historia. Mientras tú llorabas viendo a Pedrito cantar en la película, ese niño no estaba en su casa. Ese niño no estaba con su mamá. Ese niño no estaba en la cama de su cuarto, ese niño estaba en un avión solo con una manager que se llamaba La Chucha Rodríguez volando hacia España con 8 años cumplidos.

Y aquí aparece la primera persona que necesitas conocer en esta historia, una mujer cuyo nombre tú jamás escuchaste, pero que estuvo ahí desde el principio. La chucha Rodríguez era la manager personal del niño cuando los padres no podían viajar con él. Y los padres no podían viajar con él casi [música] nunca porque la madre estaba en Guadalajara cuidando a los otros cinco hijos.

Y el padre, según el propio Pedro le contó a Patti Chapoy en abril de 2024, ni siquiera trabajaba. Imagínatelo tú. Un niño de 8 años en un avión volando a Madrid sin su mamá, sin su papá, con una señora que trabajaba para la disquera. El propio Pedro Fernández, ya con 54 años, [música] se sentó frente a Patti Chapoy y dijo palabra por palabra.

Esto es una parte que hoy trato de entender y no logro entenderla porque me costaría mucho trabajo pensar que yo puedo [música] soltar a un hijo a los 8 o 9 años solo. Esa [música] frase, escúchala otra vez. Me costaría mucho trabajo pensar que yo puedo soltar a un hijo a los 8 o 9 años solo. Esa frase la dijo un padre hablando de sí mismo cuando era niño, y su propio padre lo había soltado.

Y 46 [música] años después, el hijo seguía sin entender cómo. Y aquí tengo que pedirte algo. Si esta historia es la primera que escuchas de las que yo cuento, suscríbete. No por mí, por Pedrito, por esa madre que lo dejó irse en un avión, por las mujeres y los hombres que la industria del espectáculo mexicano trituró y a los que la prensa rosa nunca les contó la historia completa.

Aquí sí se cuenta. Y cada suscripción es una víctima más que no se va a quedar en el olvido. Vamos a la madre, porque en esta historia la madre es la primera víctima silenciada que necesitas conocer. Pedro Fernández nunca ha contado en detalle quién era su madre. Lo que sí ha dicho en varias entrevistas es que ella estaba en casa cuidando a los hermanos menores, que era ella la que quedaba con la responsabilidad de cinco niños mientras el mayor viajaba por el mundo y que con los años la relación entre ellos se rompió igual que

con el padre. Esto quizá tú lo conoces. Quizá tú tuviste una madre así de las que no hablaban, de las que aguantaban. de las que se tragaban todo. Esa fue la madre de Pedro Fernández, una mujer que se quedaba viendo como el padre administraba el dinero del hijo y no decía nada. Una mujer que veía partir al niño en aviones [música] y no decía nada.

Una mujer que después, cuando el hijo se peleó con el padre y se fue de la casa para siempre, tampoco dijo nada. A ella el niño no la perdonó, aunque Pedro nunca lo ha dicho con esas palabras. lo ha dejado claro. En 2024, en una entrevista [música] en el programa El minuto que cambió mi destino, Pedro Fernández dijo hablando de sus padres en plural, “Para mí hay cosas que fueron importantes y dejaron de serlo.

Mis padres en plural, no solo el padre, la madre también.” Recuerda ese plural, mis padres. Lo vas a necesitar al final cuando entiendas la magnitud completa de lo que la familia Cuevas le hizo a su hijo mayor. Y aquí cierro este primer bloque con un dato que te va a poner los pelos de punta. En todos los archivos de la prensa rosa de los años 80 y 90, en todas las revistas de la época, en todas las entrevistas a la familia, hay fotos de Pedrito en escenarios.

Pedrito en aeropuertos, Pedrito en hoteles, Pedrito firmando autógrafos. Pero hay muy pocas fotos de Pedrito con su madre, casi ninguna. Como si esa mujer nunca hubiera existido en la vida pública del niño, como si la hubieran borrado del escenario antes incluso de que el niño se subiera a él. Esa mujer borrada es la primera víctima de la historia.

No tiene nombre público, no tiene cara que tú reconozcas. Lo único que sabemos de ella es que tuvo seis hijos, que vivía en Villa Corona, que se quedaba en casa y que su hijo mayor, el famoso, hace décadas que no le habla. Y mientras esa madre se quedaba sin voz en Jalisco, pasaba algo en Ciudad de México que va a explicarte por qué [música] Pedrito Fernández a los 14 años ya tenía suficiente dinero para mantener a una familia entera, pero personalmente no tenía ni para comprarse un dulce porque alguien se estaba quedando con

todo. Vamos al bloque dos. Aquí viene lo primero que te prometí. Para entender lo que pasó con el dinero de Pedrito Fernández, primero tienes que entender cómo funcionaba el sistema del niño prodigio en el espectáculo mexicano de los años 70 y 80. Era una maquinaria, una maquinaria perfectamente engrasada, una maquinaria que convertía los niños talentosos en cajeros automáticos para sus familias.

Funcionaba así. Un niño con voz especial, descubierto en cualquier rincón del país, era llevado a la ciudad de México. Una disquera grande, casi siempre CBS o RCA, le hacía [música] pruebas. Si pasaban las pruebas, le firmaban un contrato. Pero ese contrato, óyeme bien, no lo firmaba el niño.

El niño tenía siete u 8 años. No podía firmar nada. El contrato lo firmaba el padre. o en algunos casos un tutor legal. Y todo el dinero que el niño generaba durante toda su carrera infantil y adolescente iba a manos del padre. Esto que te estoy contando no es una sospecha, es cómo funcionaba la industria, legal, oficial, todo en orden.

El niño cantaba, el padre cobraba. El niño no tenía la menor idea de cuánto generaba y nadie le explicaba al niño que ese dinero en estricta justicia tenía que ser administrado para él, no consumido por la familia. Y este sistema tenía un agravante perverso en el caso de Pedro Fernández. Don Pepe, el padre no tenía un trabajo propio.

El propio Pedro, en aquella entrevista con Patti Chapoy de abril de 2024 lo dijo con todas las letras. Cuando Chapoy le preguntó a qué se dedicaba su padre, Pedro contestó, “No sé.” A los 54 años, el cantante mexicano más conocido de toda una generación no sabía a qué se dedicaba [música] su padre. Solo sabía que ayudaba a veces en talleres mecánicos.

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