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MIL MASCARAS : LA ASQUEROSA VERDAD DETRAS DE POR QUE LE PEGABA

Algo que iba a costarle la única cosa que la máscara no podía proteger. Aarón no era solo un luchador, era un hombre de libros y de arte. En su casa tenía una biblioteca con más de 50 enciclopedias. pintaba al óleo. Con los años acumuló 160 pinturas hechas por su propia mano. Entre todas hay una que él mismo considera su favorita, una última cena, pero no la de Leonardo, una versión propia donde al fondo del cuadro aparecen Adán y Eva desnudos, cubiertos con flores sin ombligo.

La pintura sigue colgada en una de las paredes principales de su casa. Vamos a volver a ese cuadro porque ese cuadro guarda un mensaje y cuando sepas lo que significa vas a entender por qué el hombre de las 1000 máscaras, el que tuvo fama mundial, terminó pintando en silencio durante décadas. En 1975, cuando Aarón tenía 33 años y estaba en el momento más alto de su carrera, ocurrió lo que él nunca pudo nombrar en público. Su primera esposa murió.

Lo dejó con cuatro hijos. El mayor de apenas 8 años. Aarón no dio entrevistas sobre ella, no habló de su nombre, no dio detalles de cómo murió, pidió silencio absoluto a su familia y esa familia, por respeto a él, obedeció. Hasta el día de hoy casi nadie sabe cómo se llamaba esa mujer, ni cómo  murió, ni cuántos años tenía.

El hombre de las mil máscaras protegió también la memoria de su esposa con una máscara de silencio. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que esa muerte lo cambió por dentro de una manera que no se iba a corregir nunca y sus propios hermanos fueron los primeros en notarlo. Su hermano mayor, José Luis ya luchaba bajo el nombre de dos caras.

Pablo, el otro hermano, luchaba como psicodélico. Los tres hermanos Rodríguez eran los  tres únicos luchadores enmascarados profesionales salidos de la misma sangre en la historia de México. En esos años todavía se reunían.  Una fotografía tomada alrededor de 1978 en una cena del Consejo Mundial de Lucha Libre, muestra a los tres Rodríguez sonriendo con sus máscaras puestas.

Aarón al centro, José Luis a su derecha, Pablo a su izquierda, los tres con el brazo sobre el hombro del de al lado. Esa foto todavía existe. Y mucho más adelante en esta historia vas a entender por qué es importante,  porque después de esa foto, los tres hermanos no volvieron a salir juntos  en una imagen pública nunca más.

Y la razón de ese distanciamiento no tiene que ver con envidias deportivas, tiene que ver con un apellido y con un sobrino que todavía no había nacido. El 25 de mayo de 1977, José Luis tuvo un hijo,  un niño al que pusieron José Alberto Rodríguez Chucuan. Nació en San Luis Potosí  como su padre y como su tío Aarón.

Aarón cargó al bebé en brazos.  Una fotografía de ese momento en blanco y negro quedó guardada durante años en un álbum familiar. Ese bebé iba a crecer, iba a entrenar, iba a convertirse en un hombre de casi 2 m, fuerte, técnico, ambicioso. Iba a ser el primer mexicano campeón mundial de la WWE. iba a hacer algo que su propio tío Aarón nunca logró en los Estados Unidos y también iba a caer.

Iba a caer más bajo de lo que cualquiera de la familia Rodríguez imaginó. Iba a ser acusado en Texas en 2020 de secuestro agravado y agresión sexual contra su pareja de entonces. Iba a ser exonerado al año siguiente, pero con una mancha permanente en el nombre. Y iba a terminar el 6 de abril de 2026 esposado en San Luis Potosí.

Mientras su segunda esposa, Mary Carmen,  temblaba en un sofá con lesiones en el rostro. Pero aquí es donde todo cambia, porque la persona que más pudo haberle hablado a ese sobrino cuando las cosas empezaron a salirse de control no fue ni  su padre, ni sus hermanos, ni sus amigos. Fue el tío. Y lo que el tío hizo, o mejor dicho, lo que el tío dejó de hacer es el corazón de esta historia.

Alberto creció en San Luis Potosí. Desde niño se metía al gimnasio a verlos entrenar.  A los 12 competía en lucha greco-romana. A los 15 ganó su  primer torneo estatal. El padre lo entrenaba cada tarde. El tío Pablo le enseñaba las llaves del estilo Amateur. El tío Aarón, mil máscaras,  el más famoso de los tres, no lo entrenó nunca, ni una sola tarde, ni una sola  clase.

Y eso en una familia de luchadores pesa más que cualquier trofeo. Alberto  se fue a Europa a los 18 años. Compitió en los Juegos Panamericanos.  se quedó a tres puntos de clasificar a los Juegos Olímpicos de Sydney. Casi repite la historia del tío. Casi regresó a México y debutó como luchador profesional.

El padre en su esquina,  el tío Pablo en el público, el tío Aarón. Otra vez no fue. En los siguientes 7 años Alberto ganó 13 campeonatos en México. 1000 máscaras no asistió a ninguno, ni uno.  En 2007, Alberto consiguió algo que ningún Rodríguez había logrado antes. Ganó el campeonato mundial de peso completo del Consejo Mundial de Lucha Libre.

El padre lloró en la ceremonia.  El tío Pablo le levantó el cinturón. El tío Aaron mandó un mensaje breve por mensajero, felicidades.  Dos palabras, sin firma. En 2009, Alberto firmó con la WWE. Se mudó a Florida. Le pidieron un cambio de nombre. La empresa necesitaba algo que pudieran  patentar sin pagar regalías a nadie en México.

Un ejecutivo sugirió uno. Alberto del Río. Un nombre falso. Un apellido que Alberto nunca había usado en su vida. Firmó el contrato en julio de 2009, aceptó el nombre inventado  y tomó una decisión que iba a cambiar todo. Decidió quitarse la máscara y esa decisión, la de quitarse la máscara que su propio padre había diseñado para  él, fue la que detonó al tío.

No los títulos, no la W, la máscara y lo que pasó después, pocos se atreven a contarlo en voz alta. El padre, dos caras, había firmado el permiso. Dijo públicamente que su hijo tenía derecho a tomar sus propias decisiones. Pablo no dijo nada. Aarón se enteró por televisión. Llamó esa misma noche a su hermano José Luis.

La conversación fue corta. Lo que se dijeron en esa llamada nadie lo ha publicado, pero después de esa llamada los dos hermanos estuvieron 14 meses sin hablarse. En enero de 2011, Alberto del Río ganó el Royal Rumble. 30 luchadores sobre el ring. El último en quedarse de pie fue él. Llamó a su padre.

Llamó a su tío  Pablo. No llamó al tío Aarón porque Aarón no había querido darle el número privado  desde que firmó con la WWE. En los años siguientes, Alberto ganó dos veces el campeonato mundial pesado. Protagonizó Wrestlemania. Se convirtió en el primer mexicano nacido en México, campeón mundial de la  W, algo que mil máscaras, a pesar de toda su fama, nunca  logró.

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