Y a los 14 ingresó al seminario conciliar de San José en Cuernavaca. Ahí compuso una misa completa, una misa entera con todas sus partes, con toda su estructura litúrgica. Un adolescente componiendo música sacra en un seminario del centro de México. Y paradójicamente fue esa experiencia la que le reveló que su camino era el sacerdocio.
Fue la música misma la que le dijo que tenía que salir de ahí. A los 17 años abandonó el seminario. Su abuela apoyaba que se hiciera sacerdote, pero su padre, don Marcos, se opuso porque reconoció el talento musical de su hijo. Y así salió José Manuel Figueroa Figueroa del mundo de lo sagrado con años de formación espiritual a cuestas con el conocimiento de cómo funciona el bien.
Y como dice Moni, quien conoce el bien también conoce su opuesto. Y quien le da la espalda a uno, abre la puerta al otro. El que estudia para sacerdote y luego le da la espalda a Dios, ese camino no queda libre, dijo Moni con esa seguridad que no deja espacio para el debate. Alguien más lo ocupa y ese alguien cobra intereses.
Siempre cobra intereses. Y entonces empezaron los años de sombra, los años que casi nadie recuerda porque no hay fotos de esa época, no hay entrevistas, no hay anécdotas gloriosas que contar. Son los años del fracaso, del anonimato, de tocar puertas que no se abrían. José Manuel llegó a la Ciudad de México y tocó puertas en todas las disqueras que encontró.
Disco Sorfeón lo rechazó sin siquiera escucharlo bien. Otros ni se molestaron en recibirlo. Y entonces se fue a Chicago. Chicago, un joven mexicano de la sierra de Guerrero en el frío de Chicago, vendiendo autosunda mano, haciendo comerciales de radio por $50 cuando los conseguía, cantando en presentaciones esporádicas donde a veces le pagaban y a veces no.
años así, años en que un hombre se pregunta si se equivocó de camino, en que la desesperación puede llevar a tomar decisiones que en circunstancias normales nunca se tomarían. Y fue en esos años, dice Moni, cuando algo cambió. algo en la energía de Joan Sebastián, algo en su disposición, algo en lo que estaba dispuesto a aceptar a cambio de salir de esa oscuridad.
Las cartas no dicen exactamente cuándo ni exactamente cómo, pero dicen que en algún punto de esos años de nadie algo entró y que lo que entró no vino solo a ayudar, vino a cobrar también. El punto de inflexión llegó cuando una noche, mientras trabajaba en el centro vacacional Oxtepec cantando por el sistema de altavoces, apareció alguien, una mujer que llegó buscando hospedaje, que mientras hacía su reservación escuchó esa voz por los altavoces y se detuvo.
Esa mujer era Angélica María, la cantante y actriz. Y Angélica María quedó convencida de lo que acababa de escuchar. Le buscó, le encontró y le dio el teléfono del productor Eduardo Magallanes. Una mujer que llegó a hacer una reservación y que sin saberlo cambió el destino de la música mexicana. Casualidad. Moni dice que tampoco esa palabra existe y luego vino Jesús Rincón, productor de discos Capitol.
El primer disco, El sencillo descartada, que vendió 12000 copias principalmente en Ciudad Obregón, Sonora. Un comienzo modesto, pero un comienzo. Y luego de repente un promotor lo llamó para cantar en Texas. con un salario de $1,000 diarios de $50 por comercial a 1000 por noche. Así de rápido, así de inexplicable, así de sospechoso, según las cartas de Mony.
En 1977 tomó la decisión que Mony señala como la más cargada de significado de toda su vida. Cambió su nombre. No fue solo una decisión comercial ni artística, fue algo que él mismo envolvió en misticismo desde el principio. Su nombre real era José Manuel Figueroa Figueroa. Decidió llamarse Joan Sebastián porque quería homenajear los llanos de San Sebastián, donde trabajó de niño, y porque Yan significa libre y Sebastián significa amante.
Pero lo más revelador fue el cambio de la u por la o en Juan. Una hermana suya que creía en la numerología, le sugirió ese cambio para que el nombre tuviera exactamente 13 letras. 13 letras. Su número de la suerte, decía. El número que mandó grabar en su guitarra en forma de corazones. El número que tatuó en su identidad para siempre.
Moni se detiene mucho en el 13, no porque sea el número del [ __ ] en sí, sino porque quien elige ese número como escudo, como bandera, como sello personal, está enviando una señal muy específica al universo. El 13 es la carta de la muerte en el tarot. No la muerte literal, sino la transformación profunda, el final de algo para que nazca otra cosa.
El número de la última cena, el número que en muchas culturas marca el límite entre un mundo y otro. Y Joan Sebastian lo eligió conscientemente, lo celebraba, lo lucía como si fuera un contrato firmado a la vista de todos. El 13 no es mala suerte para todos”, explicó Mony. Pero cuando alguien lo elige conscientemente, cuando lo talla en su guitarra, cuando lo convierte en el sello de su identidad, eso tiene un significado.
Eso es una declaración. Y las fuerzas oscuras escuchan esas declaraciones, las escuchan y las aceptan [carraspeo] como si fueran un contrato. Y entonces llegó el éxito de golpe, sin escalas, como si alguien hubiera abierto una llave que antes estaba soldada con hierro. En 1977 firmó con el sello Musart y debutó con El Camino del amor que vendió 127,000 copias de golpe.
Una canción suya, Sembrador de amor, fue elegida por un grupo argentino para el Mundial de fútbol de 1978 en Argentina. Las puertas que antes ni se abrían ahora se abrían de par en par. Los productores que antes ni lo atendían, ahora lo buscaban. Y las canciones, las canciones seguían saliendo una tras otra, sin pausa, como si alguien le abriera una llave dentro de la cabeza y no pudiera cerrarla.
En los años 80 grabó con el Mariachi Vargas de Tecalitlán, el más legendario de México. Luego, por sugerencia de su propia madre, grabó con banda la costeña y ese disco cambió todo. Se le atribuye a Joan Sebastian haber popularizado la música de banda a nivel nacional, un género que existía, pero que estaba encerrado en ciertas regiones, y él lo sacó al mundo.
¿Cómo lo hizo un hombre de la sierra de Guerrero que había estudiado para sacerdote? ¿Cómo se convierte alguien así en el pionero de un movimiento musical entero? Mony tiene su respuesta. y no es la que uno esperaría escuchar, porque hay algo que la gente que lo conoció de cerca siempre mencionaba con un escalofrío que no lograban disimular.
Joan Sebastian no solo componía rápido, Joan Sebastian componía en cantidades que a los propios profesionales de la industria les costaba creer. Más de 1000 canciones a lo largo de su vida, 12,000 versiones grabadas por otros artistas en todo el mundo. 854 canciones registradas ante la Sociedad de Autores y Compositores de México.
Eso no es productividad normal, eso no es lo que le pasa a cualquier hombre con talento. Su hijo José Manuel lo describió con una mezcla de asombro y de algo que no sabía cómo nombrar. Su padre tenía un gusto musical que iba desde la música clásica hasta los sonidos africanos, el country y el rap.
un hombre que hacía regional mexicano y que en la intimidad de su rancho escuchaba Nirvana, escuchaba Guns and Roses, escuchaba cosas que nadie asociaría jamás con el rey del jaripeo, como si necesitara escapar de su propia música, como si la música que producía no fuera completamente suya. Eso es exactamente lo que dice Mony, que la música de Joan Sebastián no era completamente suya, que había algo que se la dictaba, algo que le abría esa llave y le ponía las canciones y que a cambio pedía cosas.
Siempre pedía cosas. Las mujeres. Hay que hablar de las mujeres porque en la vida de Joan Sebastian, las mujeres no eran simplemente conquistas, ni trofeos, ni debilidades. Eran algo más profundo y más complicado que todo eso. Su hermano Federico, que lo conocía como nadie más en el mundo, lo dijo con una honestidad que dejaba sin palabras.
Mujeres de todas las edades lo buscaban. Muchas hasta le ofrecían dinero por estar con él. Y según testigos cercanos que lo vieron de cerca durante décadas, Joan Sebastian sentía que necesitaba estar enamorado para poder relacionarse íntimamente. Que necesitaba ese fuego, esa intensidad, esa corriente eléctrica entre dos personas, como si ella algo dentro de él se apagara, como si algo se lo exigiera para poder funcionar.
Teresa González fue su primera esposa y, según el abogado familiar Cipriano Sotelo, la única con la que se casó legalmente. Con ella tuvo tres hijos, José Manuel, Trigo y Juan Sebastián. le dedicó la canción y las mariposas con unos versos que describían ese primer amor con la ternura de alguien que todavía no sabe lo que viene.
Era una tarde de primavera, yo 17 y tú quinceañera, tú colegiala y yo un soñador. Pero ese matrimonio terminó como terminaron todos los que vinieron después por infidelidades que él no podía evitar aunque quisiera. O eso es lo que Mony sugiere cuando habla de las cadenas. Maribel Guardia llegó a su vida a principios de los 90.
Miss Costa Rica 1978. Miss fotogénica de Miss Universo, una de las mujeres más hermosas de su generación en toda América Latina. Y cuando Joan Sebastián la conoció en un palenque, ella estaba comprometida con otro hombre. Terminó ese compromiso para estar con él como si no hubiera podido resistirlo, como si algo la hubiera jalado hacia él sin que ella pudiera hacer nada.
Protagonizaron juntos la telenovela Tú y yo en 1996. Tuvieron a Julián y parecía que esa historia podría ser diferente a las anteriores. No lo fue. La noche que terminó todo quedó grabada en la memoria de millones de personas porque sucedió en vivo en televisión ante los ojos de toda la farándula mexicana. Maribel estaba sentada en casa viendo Ventaneando con Joan Sebastian a su lado y Pepillo Origel en plena transmisión reportó que había visto al cantante bailando con la actriz Harleet Terán en una discoteca hasta las 6 de la mañana.
Joan había llegado a casa a las 7. Maribel lo había esperado despierta toda la noche y ahí, en ese momento, con el televisor encendido y él sentado a su lado, todo se derrumbó. Maribel le guardó la ropa en una maleta y lo corrió de la casa ese mismo día. Y años después dijo lo que muchos pensaban, pero pocos se atrevían a decir.
Él me dijo que no era verdad hasta el último minuto de su vida, pero obviamente era verdad. Y luego añadió algo que en cuatro palabras resumía décadas. Le encantaban las mujeres y los caballos. Fue terrible hasta el último momento. Terrible. Esa palabra la eligió ella. No difícil, no complicado. Terrible.
La tercera en discordia, Arlet Terán, tenía 19 años cuando todo pasó. Y años después también habló con una honestidad que desarmaba. Fui una víctima de las circunstancias. tenía 19 años y estaba trabajando día a día con un señor acostumbrado a chulear hasta a las escobas. Acostumbrado a chulear hasta las escobas. Esa frase.
En 2023, después de la muerte de Julián, [carraspeo] Harlet llamó a Maribel para darle el pésame y fue perdonada públicamente. Otra vuelta de una historia que no terminaba nunca de terminar. Mony lo ve en las cartas como una energía que no le pertenecía del todo, como algo que se había instalado en Joan Sebastian y que usaba su cuerpo, su voz, su talento y su carisma para seguir alimentándose.
La carta que siempre aparece cuando Moni habla de él es el [ __ ] No como insulto, como diagnóstico. Esta carta no representa al demonio de las películas”, explicó con esa paciencia de quien ha tenido que aclarar esto muchas veces. Representa las cadenas, representa al ser humano atado a sus deseos materiales, a su sed, incapaz de soltarlos aunque lo estén destruyendo desde adentro.
Y cuando esta carta aparece en la misma lectura junto a la carta de la muerte y a la torre, eso es una historia de pacto, una historia de alguien que vendió su paz a cambio de poder. Y Joan Sebastian tenía esas tres cartas en su vida, las tres juntas siempre. Y aquí Mon reveló algo que nadie le había preguntado y que generó más conversación que todo lo anterior.
Habló de Alicia Juárez, La diva de la ranchera, la última esposa de José Alfredo Jiménez, el padre de toda la música ranchera mexicana. Joan Sebastián tuvo un romance con ella mientras estaba casado con Teresa González. le mintió, le dijo que estaba separado y cuando Teresa lo descubrió, el romance terminó. Joan Sebastian le escribió tres canciones: Secreto de amor, Alicia y el primer tonto.
Tres canciones para una mujer a quien le mintió desde el principio. Pero lo más revelador fue lo que él mismo confesó después a un periodista. Lo dijo sinvergüenza, casi con orgullo. Es que yo quería estar ahí donde estuvo el maestro. refiriéndose a José Alfredo Jiménez, quería estar donde estuvo el maestro, en su cama, en su música, en su leyenda.
Mony ve en esa confesión algo mucho más oscuro que una simple conquista amorosa. Hay artistas que no solo admiran a sus ídolos, los invocan, los llaman con sus actos, con sus palabras, con sus decisiones. Los imitan hasta en lo más íntimo. Y a veces lo que llega en respuesta a esa invocación no es el artista que admiraban.
sino lo que viajaba con ese artista, lo que lo acompañaba a él. Y esas entidades no distinguen entre homenaje y contrato, pero las cartas también hablan del futuro. Y el futuro de Joan Sebastian estaba escrito con sangre. La primera señal llegó el 27 de agosto de 2006 y no hubo manera de ignorarla. Trigo de Jesús Figueroa.
Su hijo, 27 años. Coordinador de seguridad de su propio padre, el trabajo que él mismo había elegido para estar siempre cerca de Joan Sebastián. Esa noche en la plaza del Valle en Hidalgo, Texas, después de un concierto, tres fans alcoholizados reaccionaron con violencia cuando el personal de seguridad les impidió acercarse al cantante.
Uno de ellos sacó un arma, golpeó a trigo en la cabeza con ella y luego le disparó en la parte posterior del cráneo. Y Joan Sebastian llegó a tiempo para recogerlo del suelo, para sostenerlo en sus brazos mientras se desangraba, gritando, pidiendo ayuda. Sin que nadie llegara a tiempo, lo llevaron al Hospital Medical Center de McAlen.
Murió durante la cirugía. El asesino huyó saltando cercas entre la oscuridad de esa noche de Texas. Y nunca fue capturado, nunca, ni una sola pista que llevara a ningún lado, como si la tierra se lo hubiera tragado o como si alguien se lo hubiera llevado. Eso no fue un crimen cualquiera dice Mony con una frialdad que resulta más perturbadora que el llanto.
Eso fue el primer cobro. La entidad oscura que estaba detrás de Joan Sebastian empezó a cobrar y eligió lo más preciado que él tenía, lo que más dolor podía causarle, sus hijos. Porque el dolor de los hijos es el dolor que no se puede superar. Y la oscuridad lo sabe. Joan Sebastian compuso una canción para trigo en 2009.
Se llamaba simplemente trigo. Y en ella había una frase que años después, con todo lo que Moni reveló, resonaría de una manera completamente diferente. Con tu recuerdo viviré lo que me resta por vivir. Primero Dios, y gracias a mi fe nos volveremos a reunir. Primero, Dios lo dijo con convicción [carraspeo] o lo dijo con la desesperación de quien siente que Dios ya no está de su lado.
¿O lo dijo con la culpa de quien sabe en algún rincón de su alma que algo que él mismo hizo pudo haber tenido algo que ver con lo que le pasó a su hijo? Esa pregunta nadie puede responderla, pero lo que sí pasó después hace que resuene todavía más distinto. 4 años después llegó el segundo cobro. El 12 de junio de 2010, Juan Sebastián Figueroa.
Otro hijo, 32 años. intentó entrar a un bar en Cuernavaca, Morelos, con sus amigos, y el guardia de seguridad le negó la entrada. Se armó una discusión. El guardia sacó un arma, un disparo al cuello, un disparo al abdomen, otro hijo muerto. Otro hijo de Joan Sebastian muerto de manera violenta, lejos de cualquier campo de batalla, lejos de cualquier cosa que tuviera sentido.
Pero lo que vino días después fue lo que heló la sangre de toda la familia y de todos los que seguían de cerca la historia. Apareció un narcomensaje atribuido al cártel del Pacífico Sur, adjudicándose el asesinato, alegando que Juan Sebastián había tenido una relación con la esposa de un miembro del cártel. Era cierto, ¿era una excusa para justificar algo que ya había sido decidido desde antes? ¿Era una advertencia dirigida no a Juan Sebastián, sino a su padre? Nadie lo sabe.
Nadie lo ha podido aclarar nunca. Pero el mensaje estaba ahí y el hijo estaba muerto. Joan Sebastian salió a dar la cara con la voz rota por el dolor, pero la postura intacta por el orgullo. Dijo, “Yo no soy narcotraficante. Tal vez les suene a prepotencia, pero soy un artista con 30 años de éxito. el cantautor más premiado por la academia de los gramis.
Y su voz no temblaba, su postura no cedía. Pero sus ojos sus ojos contaban una historia completamente diferente. ¿Qué había detrás de todo eso? Mony tiene su respuesta y no es la única. En 2021, la periodista Anabel Hernández publicó el libro Ema y las otras señoras del narco. Y en ese libro aparece algo que nadie de la familia de Joan Sebastian ha podido rebatir del todo ni confirmar del todo.
Según versiones recogidas en esa investigación, la finca de Joan Sebastian en Juliantla, ese lugar que él describía como su paraíso en la tierra, habría sido sede de reuniones con algunos de los hombres más peligrosos de México. Arturo Beltrán Leiva, Edgar Valdés Villarreal, la Barbie, el Chapo Guzmán, el Mayo Zambada, los hombres que en ese momento controlaban partes enteras del país con un poder que superaba al del propio gobierno.
Y en 2023, en el juicio contra el exsecretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, celebrado en Nueva York ante un tribunal federal de Estados Unidos, el testigo Sergio Villarreal Barragán, el Grande, declaró bajo juramento que Joan Sebastián había amenizado una fiesta tras una reunión entre García Luna y los Beltrán Leiva. un testimonio bajo juramento en un tribunal de Estados Unidos sobre una reunión que supuestamente ocurrió en el rancho de Joan Sebastian.
Joan Sebastian nunca fue investigado formalmente, nunca fue acusado, pero la sombra quedó. Y para Moni esa sombra no es una coincidencia, es parte del mismo mapa. El mapa de lo que pasa cuando alguien entra en contacto con ciertos círculos de poder oscuro, ya sea espiritual, ya sea terrenal, porque a veces los dos mundos se tocan más de lo que queremos creer y su propio hermano.
Federico Figueroa, el hermano de Joan Sebastian, al que en mayo de 2014 le aparecieron narcomantas en Guerrero, señalándolo como nuevo líder de Guerreros Unidos. El hermano al que se vinculó con uno de los crímenes más horrorosos de la historia reciente de México, la desaparición de los 43 normalistas de Ayotsinapa, 43 estudiantes, 43 familias que siguen esperando una respuesta, 43 nombres que pesan en la conciencia de un país entero y el apellido Figueroa ahí en el medio de todo. Las familias que hacen pactos
oscuros no lo hacen solos”, dijo Mony. La oscuridad se expande. Toca a todos los que están cerca. Y en la familia Figueroa esa oscuridad tocó a todos, a unos con la muerte, a otros con el escándalo, a otros con el silencio, a otros con el dinero que no alcanza a tapar la herida. Pero a todos sin excepción.
Y eso, eso no era ni siquiera lo más perturbador de lo que Mony tenía que decir. Lo que vino después, lo que las cartas le mostraron sobre los hijos que aún vivían, sobre el precio que aún se estaba cobrando, sobre lo que puede venir todavía. Eso es lo que viene ahora. Hay un patrón que Mon Vidente describe con una precisión que pone los pelos de punta.

Un patrón que no es nuevo en sus lecturas, pero que rara vez aparece tan nítido, tan completo, tan imposible de ignorar, como en el caso de Joan Sebastian. Es el patrón de los que subieron demasiado rápido, de los que tuvieron demasiado y de los que después perdieron de maneras que no tienen explicación lógica, ascenso fulminante, éxito que parece sobrenatural y luego pérdidas que también parecen sobrehumanas.
Pérdidas que tocan exactamente lo que más duele, como si alguien que te conoce perfectamente eligiera que quitarte. Joan Sebastian tenía ese patrón escrito en su vida como si alguien lo hubiera trazado mucho antes de que él naciera. Y la pregunta que Mony lanza al aire, sin adornos, sin rodeos, es la que nadie en esa transmisión se atrevía a hacer.
¿Hasta dónde llega el cobro? ¿Con cuántos hijos se salda una deuda de ese tamaño? ¿O es que esa deuda nunca se salda del todo? Para entender lo que Moni reveló sobre los hijos, hay que entender primero quiénes eran. Porque Joan Sebastián no tuvo ocho hijos iguales. Tuvo ocho vidas diferentes, ocho historias diferentes, ocho maneras distintas de cargar el apellido Figueroa.
Y según Mony, cada uno de ellos heredó algo más que ese apellido. José Manuel Figueroa, el primogénito, nació el 15 de mayo de 1975. Lleva el nombre real de su padre como si fuera un peso y un regalo al mismo tiempo. Ha hecho carrera musical propia. Debutó en 1995 con Expulsado del Paraíso, que vendió 300.000 copias.
tuvo una relación con Ninel Conde. Interpretó a su padre adulto en la bioserie y fue él quien dijo la frase que quizás resume mejor todo lo que Mony ha intentado explicar en sus cartas. Mi papá no murió de cáncer, murió de los golpes que le dio la vida en el corazón. Golpes en el corazón, no en los huesos, no en la sangre. en el corazón.
Julián Figueroa, el hijo de Joan Sebastián y Maribel Guardia, nacido el 2 de mayo de 1995, cuando su padre ya cargaba el peso de décadas de éxito y sus primeras sombras empezaban a hacerse visibles. Julián creció entre dos mundos que difícilmente podían ser más distintos. El mundo luminoso y ordenado de su madre, Maribel Guardia, actriz ganadora de la diosa de Plata, conductora, mujer que ha construido su vida con una disciplina y una elegancia que la gente admira y el mundo tormentoso y desbordado de su padre con los ranchos, los caballos, las
relaciones simultáneas, la música que no paraba, los hijos regados por el mundo y ese cáncer que lo seguía como una sombra. Desde 1999, Julián eligió a su padre, no en el sentido de que abandonara a su madre, sino en el sentido de que siguió sus pasos. Quiso ser cantante, quiso ser actor y en 2016 hizo algo que nadie le había pedido hacer, pero que él eligió con toda su alma.
interpretó a su propio padre, joven en la bioserie, por siempre Joan Sebastian. Se metió en la piel de Joan Sebastian, adolescente, de Joan Sebastian, joven, del hombre que aún no sabía en qué se convertiría. Estudió sus gestos, aprendió su forma de caminar, reprodujo su sonrisa. Y hay quienes dicen en voz baja que meterse tan profundo en la energía de un hombre que cargó con lo que cargó Joan Sebastian no es algo que uno pueda hacer sin consecuencias.
Que hay energías que se pegan, que hay historias que se transfieren. Moni lo dice directamente y sin ambigüedades. Cuando un hijo hereda la sangre de un hombre que tuvo un pacto, esa herencia no es solo genética. La oscuridad sigue líneas de sangre. Va de padre a hijo, como va el color de los ojos o la forma de la nariz.
Y si el hijo, además, se sumerge voluntariamente en la energía de su padre, si la adopta, si la encarna, se convierte en un blanco perfecto, el más fácil de todos. El 9 de abril de 2023, Julián Figueroa fue encontrado muerto en su departamento de la Ciudad de México. Lo encontró su esposa y Melda Tuñón. Tenía 27 años.
- El mismo número de años que tenía trigo cuando murió. Su hermano Trigo, que también murió a los 27. Dos hermanos, el mismo número, como si alguien hubiera firmado ese destino para los Figueroa, el club de los 27. Así le llaman al grupo de artistas que murieron a esa edad. Jim Morrison, Janis Joplin, Kurt Cobain, Amy Winhouse, Jimmy Hendrick y ahora Julián Figueroa y Trigo Figueroa, dos de los hijos de Joan Sebastián.
Casualidad, la misma respuesta de siempre. Moni no cree en esa palabra. Dijeron que Julián murió de un infarto. Dijeron que su corazón simplemente paró. Un corazón de 27 años. Un corazón joven en un cuerpo que no tenía historial cardíaco conocido públicamente. Un corazón que, según todos los que lo conocían, latía fuerte, apasionado, con toda la intensidad de su padre.
Y Moni, cuando le preguntaron guardó silencio. Uno de esos silencios suyos, que duran apenas tres o cu segundos, pero que pesan como piedras, las deudas espirituales no prescriben. Dijo finalmente, no desaparecen con la muerte del que las contrajo. Se quedan flotando en la sangre de la familia, esperando el momento.
Y cuando encuentran al siguiente de la línea, cobran sin avisar, sin dar tiempo a prepararse. Y entonces Mony reveló algo que nadie esperaba, algo que no estaba en el guion de esa transmisión ni en las preguntas del público, algo que salió de las cartas sin que nadie lo invocara. Habló del número del maldito número 27.
dijo que en la vida de Joan Sebastian el número 27 no era una coincidencia, que 2 + 7 son nu y que el nueve en numerología es el número del fin de un ciclo, el número del karma que se completa, el número de lo que se cierra para que otra cosa empiece. y que en la familia de Joan Sebastian ese número apareció dos veces de la manera más cruel que puede aparecer un número.
En los certificados de defunción de sus hijos. Las entidades oscuras tienen su propia numerología, dice Moni con esa convicción que no deja espacio para preguntas. Sus propios ritmos, sus propios momentos. Y cuando eligen cobrar, eligen el momento que tiene más significado, no el más conveniente para ellas.
El más doloroso para quien recibe el golpe. Tres hijos muertos. Trigo, Juan Sebastián, Julián. Tres. Y Moni pregunta en voz alta lo que nadie en esa transmisión se atrevía a preguntar. Se cerró el ciclo con Julián o todavía hay más por pagar. ¿Hay más Figueroa que todavía caminan por este mundo? Porque los hay.
Todavía hay sangre de Joan Sebastian que sigue viva. Pero hay otra dimensión de esta historia que Moni exploró en sus cartas y que generó tanto debate como las muertes de los hijos. Quizás más, porque toca algo que la gente entiende de otra manera. El cáncer. En 1999, a los 48 años, Joan Sebastian recibió un diagnóstico que a cualquier persona en el mundo le habría paralizado la vida.
Mieloma múltiple, un cáncer que se forma en las células plasmáticas de la médula ósea. Los médicos le dieron un pronóstico de uno a 5 años de vida. Le dijeron que tenía que prepararse, que tenía que empezar a despedirse de todo. Y Joan Sebastian salió del consultorio y fue directo al escenario. Bueno, no exactamente.
Primero se retiró un tiempo, hizo quimioterapia, se quedó sin pelo, se quitó el sombrero en público y enseñó la calva con una sonrisa que partía el corazón. y luego volvió, porque no podía no volver. Lo dijo él mismo con una honestidad brutal. Cuando me llegan los 49 años y me llega un diagnóstico de un cáncer terrible, yo me retiro de los escenarios.
Después de un año y fracción de estar sin trabajar, me di cuenta de que no podía estar sin los escenarios. Yo sentía que me estaba muriendo sin el contacto de mi público. Se estaba muriendo sin el contacto de su público. Con el cáncer no se moría. Sin el escenario, sí. Mony ve en eso la marca más clara del pacto.
La imposibilidad de detenerse, la compulsión de seguir produciendo, de seguir generando esa energía de miles de personas entregadas a él en cada concierto. La entidad oscura no te suelta mientras le sirves, explica. Y cada concierto de Joan Sebastián era un festín para esa entidad. Miles de personas entregando su emoción, su llanto, su amor.
Todo eso es energía y la energía es alimento. El cáncer recurrió en 2007, volvió en 2012 y esa vez Joan Sebastian lo anunció en pleno concierto el 26 de julio desde el escenario, como si necesitara que su público lo supiera, como si el pacto exigiera que la confesión fuera pública. Volvió en 2014 cuatro veces.
El cáncer llegaba, lo tumbaba y él se levantaba. Los médicos decían que iba a morir y él salía al escenario. Cantaba sentado en un banco porque ya no podía estar de pie, pero cantaba, siempre cantaba. Y hay algo que sus médicos le dijeron, que habla de una terquedad que va más allá de la valentía. Le dijeron que si no dejaba de montar caballos le quedaban seis o 7 años de vida.
Le explicaron que ese esfuerzo físico era incompatible con el estado de sus huesos, que el cáncer en los huesos y el galope de un caballo no podían coexistir. Y Joan Sebastian los escuchó, asintió y siguió montando a escondidas en su rancho cuando creía que nadie lo veía, como si no pudiera parar, como si algo no lo dejara parar.
El que vende su alma no puede descansar, dice Moni. Tiene que seguir produciendo, tiene que seguir dando, tiene que seguir llenando estadios y palenques y generando esa corriente de energía humana que la entidad necesita. Porque el día que para, ese es el día que el cobrador llega a la puerta y ya no acepta esperar más.
Pero la historia del cáncer tiene un capítulo que muy poca gente conoce y que Moni señala como fundamental. En abril de 2015, apenas 3 meses antes de su muerte, Joan Sebastian se sometió a un tratamiento que llamaban de cemento óseo, un procedimiento para fortalecer el deterioro que el mieloma había causado en sus huesos durante 16 años de batalla.
16 años. Los médicos le habían dado uno a 5 años en 1999 y vivió 16. Tres veces más de lo que decía el pronóstico. Cuatro veces más. Mony tiene una interpretación de eso que no es la misma que tiene la medicina. dice que la entidad que lo acompañaba no quería que Joan Sebastian muriera mientras le fuera útil, que mientras siguiera produciendo, mientras siguiera llenando escenarios, mientras siguiera generando esa corriente de energía humana que es el alimento de esas fuerzas, la entidad lo mantenía vivo, lo mantenía en pie contra toda lógica
médica, lo mantenía cantando cuando debería haber estado encamado y cuando ya no pudo más, cuando el cuerpo ya no daba, lo soltó y lo soltó de golpe. Y hay otro hilo en esta historia que Moni desenvolvió con cuidado porque es el más delicado de todos. La relación entre Joan Sebastián y Vicente Fernández, dos gigantes, los dos hombres más grandes de la música ranchera de su generación, el charro de Wentitlán y el rey del jaripeo.
Amigos, hermanos, como se llamaban mutuamente cuando las cosas estaban bien. Y sin embargo, algo entre ellos nunca terminó de estar en paz del todo. como dos imanes que se atraen y se repelen al mismo tiempo, como dos fuegos que cuando se juntan brillan más, pero también pueden quemarse mutuamente. Se distanciaron más de una vez, la primera por un incidente en un concierto en Houston.
Joan Sebastian dejó subir fans al escenario durante la presentación. Vicente se molestó, lo ofendió en privado y Joan Sebastian le respondió con una calma que lo desarmó. Chente, son recursos, como cuando tú bajas el micrófono. Y Vicente le respondió, no son recursos porque no lo haces tú. Ese tipo de pelea entre dos hombres con ese ego, con esa historia, con esa cantidad de orgullo entre los dos.
No se resuelve fácil. Y no se resolvió fácil. Luego hubo otro distanciamiento cuando Joan Sebastian prometió canciones inéditas para un segundo álbum de Vicente, que luego resultaron no serlo del todo. Y luego estuvo el asunto de Alicia Juárez, la misma mujer, los dos. Joan Sebastián lo confesó con una audacia que dejaba sin palabras.
Es que yo quería estar ahí donde estuvo el maestro. Y Vicente lo supo. Y eso tampoco se olvida fácil, pero Joan Sebastián le escribió algunas de las canciones más exitosas de la carrera de Vicente. Estos celos que ganó el Grami Latino en 2008 a mejor canción regional mexicana para siempre el tema de la telenovela Fuego en la sangre que se quedó 2 años en las listas y un millón de primaveras.
Esa canción que Joan Sebastian dijo haber compuesto tras un contacto espiritual con su hijo trigo muerto. Su hijo muerto le había dictado esa canción desde el otro lado. Esas fueron sus palabras. Y para Moni esa confesión dice todo sobre el mundo en que Joan Sebastian vivía. Un hombre que recibía mensajes de sus muertos.
Un hombre con una conexión al otro lado que no se construye por casualidad, que se construye de cierta manera y que tiene sus propias reglas. Vicente declaró después de la muerte de Joan Sebastián un disco No vale que perdamos la amistad. Y tenían una cita para comer juntos en el rancho los tres potrillos de Vicente el día que Joan Sebastian murió.
ese día, el mismo día, una cita que ya nunca pudieron tener para Moni eso tampoco es casualidad. dice que cuando dos hombres con energías tan cargadas como Joan Sebastian y Vicente Fernández estaban a punto de reunirse, algo lo impidió, algo que no quería que ese encuentro sucediera, algo que sabía lo que podría pasar si esos dos hombres se juntaban en ese momento específico.
Y entonces está la fortuna. ¿Por qué hay que hablar de la fortuna? Porque en la historia de Joan Sebastian, el dinero no es solo dinero, es también una medida de lo que el pacto le dio y de lo que el pacto no podía quitarle en vida. 50 y un propiedades repartidas en Guerrero, Morelos, Jalisco y Veracruz. 854 canciones registradas.
Un avión privado en exhibición en su rancho natal. 40 trabajadores y sus familias que cuidaban solo los caballos de la Candelaria. El rancho Las Palmas en Cuernavaca con 8 m, tres pisos, 16 habitaciones, museo personal y picadero con fuente y espejos. Valuado en 11 millones de dólares. Ese rancho que era tan espectacular que Joan Sebastian se lo heredó en vida a Julián.
como si supiera que no iba a tener tiempo de heredarlo de otra manera o como si hubiera algo que le decía que Julián tampoco iba a tenerlo mucho tiempo. Y sin embargo, con todo ese patrimonio, con esa cantidad de propiedades y canciones y caballos y dinero, Joan Sebastián murió sin testamento. Sin testamento.
Después de 10 años de saber que tenía una enfermedad terminal, después de cuatro recurrencias del cáncer, después de ver morir a dos de sus hijos, sin testamento, como si hacerlo fuera admitir algo que no podía admitir, como si algo no lo dejara escribirlo. “El que tiene un pacto no puede soltar lo que acumuló”, dice Moni.
Hacer un testamento significa aceptar que te vas, significa soltar. Y la oscuridad no te deja soltar. Porque si sueltas ya no eres útil y si ya no eres útil el cobro se acelera. El testamento que nunca escribió fue la última trampa que le tendieron. Y él cayó en ella. nueve herederos peleando, ocho hijos y la viuda Alina Espino. Y entre todos ellos una hija que se convirtió en la voz de lo que muchos pensaban pero no decían.
Juliana Joeri Figueroa, la hija de Erika Alonso, la que nació el 8 de marzo de 2003 y que fue reconocida legalmente como heredera por un juez en Texas después de que su madre peleara en tribunales estadounidenses. Y Juliana, que tiene más de 20 años y no tiene miedo de hablar, lo dijo con una franqueza que cortaba el aliento.
Me da pena la familia que me tocó y saber que mi papá se partió la madre trabajando para todos sus hijos y que salgan tan avariciosos. Una frase que retumba, que resuena, que dice todo sobre lo que quedó después de que Joan Sebastian se fue. Y Moni ve en esa pelea por la herencia también una firma del pacto.
dice que las energías oscuras no solo cobran con muertes, cobran también con divisiones, con resentimientos, con hijos que se miran como enemigos, con familias que se destrozan desde adentro, porque el dolor de la desunión también es alimento. Y la herencia que Joan Sebastián dejó sin testamento fue el campo de batalla perfecto para ese dolor.
Espino, la última mujer, la que estuvo con él hasta el final, 30 años menos que Joan Sebastian, reservada, discreta, la clase de persona que nunca da entrevistas porque prefiere vivir su dolor en privado. Lo acompañó en silencio durante 19 años. Se casaron oficialmente en 2010. Tuvieron a Joana Marcelia.
y a Dillabé, la única de los ocho hijos que heredó los ojos azules de su padre. Y estuvo ahí en el rancho Cruz de la Sierra en Juliantla, en esa noche de julio de 2015, cuando John Sebastian dio su último suspiro junto a él, como había estado 19 años. En silencio, Mony ha dicho que ese tipo de mujer carga algo que muy poca gente puede cargar.
La energía de un hombre que vivía con una presencia oscura pegada a él, una presencia que no pedía permiso para entrar en la vida de los que rodeaban a Joan Sebastian, que simplemente entraba y que dejaba su marca, aunque no siempre visible, aunque no siempre inmediata, pero siempre presente.
Y hay algo que Monnie mencionó casi al final de esta parte de su lectura, que hizo que mucha gente se quedara en silencio largo tiempo. Mencionó el caballo, el padrino, un corsel blanco andaluz de 55,000. El favorito de Joan Sebastián entre todos los caballos que tuvo en su vida. y tuvo muchos, 50 solo en la Candelaria, con nombres que decían todo sobre cómo los veía: El general, el torero, el bailador, Messi.
Pero el padrino era diferente. El padrino era el que montaba cuando quería pensar, el que montaba cuando necesitaba escapar de todo, el que lo había acompañado en los momentos más oscuros de su vida. Y el padrino murió cinco días antes que Joan Sebastian. 5co días. Como si el caballo hubiera visto lo que venía, como si hubiera decidido que no quería estar ahí cuando llegara.
Los animales sienten lo que los humanos no pueden ver, dice Moni. Y los caballos especialmente son seres con una sensibilidad espiritual que los humanos hemos perdido hace mucho. Cuando el caballo de un hombre muere antes que él, el caballo vio lo que venía. se fue primero para no presenciarlo o la oscuridad se lo llevó primero como aviso para que Joan Sebastian supiera que el momento había llegado y no pudiera decir que no lo supo.
El 13 de julio de 2015 a las 7 de la tarde en el Rancho Cruz de la Sierra en Juliantla, Joan Sebastián dejó de respirar. Tenía 64 años. La noche anterior a las 4 de la mañana había sufrido la complicación que lo llevó a ese momento. Las 4 de la mañana, la hora que en muchas tradiciones esotéricas se conoce como la hora del [ __ ] La hora en que el velo entre los mundos es más delgado.
La hora en que lo que no se ve puede verse. Y en esa hora, en su rancho de Juliantla, el hombre que lo había tenido todo, empezó a irse. Julián Figueroa, su hijo, declaró que su padre murió en sus brazos. El mismo Julián, que años después también moriría, sosteniendo a su padre en sus brazos en el momento final.
Como Joan Sebastian había sostenido a trigo en sus brazos en Texas. Dos escenas casi idénticas. Separadas por 9 años, unidas por la sangre y por algo más que eso. El comunicado de la familia dijo, “Hoy partió serenamente, rodeado por nosotros. Fue un guerrero con alma poética que luchó hasta el final. un guerrero. Esa es la palabra que eligieron para despedirlo.
Y los guerreros pelean contra algo, contra alguien. La pregunta que quedó sin respuesta es si ese guerrero ganó o si lo que peleó durante 16 años con el cáncer fue solo la batalla visible. Y había otra batalla que nadie veía y esa sí la perdió. Pero Moni dice que la historia no terminó ahí. Dice que lo que se pone en marcha con un pacto de ese tamaño no termina con la muerte del que lo firmó.
Dice que las energías oscuras son pacientes, que pueden esperar, que pueden dormir, pero que nunca se van del todo mientras haya sangre de esa familia caminando por el mundo. Y hay sangre de Joan Sebastian, que todavía camina, todavía hay Figueroa que respiran. Y Moni tiene algo que decir sobre cada uno de ellos.
Y eso, eso es lo que viene ahora. Lo que Moni reveló sobre quién está en riesgo, lo que las cartas le mostraron sobre el nieto de Joan Sebastian, sobre la batalla de Maribel Guardia y sobre lo que ella llamó la deuda pendiente. Hay un momento en la lectura de Moni y vidente que la gente que la siguió en vivo dice que jamás olvidará.
No es el momento en que habló de los hijos muertos. No es el momento en que sacó la carta del [ __ ] No es el momento en que habló del cáncer ni del testamento que nunca existió. Es el momento en que Mon dejó de mirar las cartas y miró directamente a la cámara con esos ojos suyos que parecen ver cosas que no están en el cuadro y dijo algo sobre el presente, no sobre el pasado de Joan Sebastian, sobre lo que todavía está pasando, sobre lo que puede seguir pasando.
La deuda de Joan Sebastián no está saldada, dijo. Y cuando las deudas espirituales no se saldan, buscan al siguiente: al hijo, al nieto, al que carga el apellido, aunque no lo sepa. Ya se llevó a tres, ya se cobró tres vidas de esa sangre y todavía hay Figueroa que respiran. Todavía hay sangre de ese hombre que sigue viva y caminando por este mundo.
La gente en el chat empezó a escribir nombres en cuanto Moón y dijo eso. Unos escribían José Manuel, otros Arelea, otros Joana Marcelia, otros Juliana Joerí, la pequeña Diabé, la de los ojos azules. Y luego alguien escribió el nombre que a todos les había estado dando vueltas en la cabeza sin atreverse a decirlo.
José Julián, el hijo de Julián Figueroa, el nieto de Joan Sebastián, el niño que nació en medio de la tragedia, el niño que todavía no tiene edad para entender lo que carga. Mony guardó silencio cuando le preguntaron por el niño. Un silencio que duró varios segundos y que para los que lo vieron en vivo, fue probablemente el momento más inquietante de toda la transmisión.
Y luego habló despacio con una calma que resultaba más perturbadora que el grito. “Rodeen a ese niño de luz”, dijo, “de oración, de protección espiritual, de personas que lo quieran sin agenda. Que alguien ponga escudo de luz alrededor de ese niño, porque los que cargan la sangre de los que tienen pactos son los más vulnerables y más cuando son pequeños, porque no tienen defensas todavía y eso conecta directamente con algo que todo México ha seguido con una mezcla de dolor y de indignación durante meses.
la batalla de custodia por José Julián entre su abuela Maribel Guardia y su madre, la viuda de Julián y Melda Tuñón. Una batalla que se ha librado en los tribunales y en los medios, que ha tenido acusaciones de ambos lados. ¿Qué ha hecho que dos mujeres que comparten el dolor de haber perdido al mismo hombre estén ahora enfrentadas por el niño que él dejó? Y en el centro de todo, un niño pequeño que no eligió nada de esto, que solo existe y que según Moni necesita más protección que ningún otro miembro de esa familia. Maribel Guardia. Hay que
detenerse en Maribel porque Moni tiene mucho que decir sobre ella. Y no todo es oscuro. No todo en esta historia es sombra y pacto y cobro. Maribel es la mujer que ha sobrevivido lo que pocas mujeres pueden sobrevivir y seguir siendo la que es. que amó a Joan Sebastian sabiendo desde muy temprano que nunca sería completamente suyo, que vio morir a su único hijo, que ahora pelea por su nieto con una ferocidad, que ha sorprendido a los que solo la conocían como la Miss Costa Rica, sonriente y elegante de los años
80, y que a sus 60 y tantos años sigue siendo una de las mujeres más luminosas del espectáculo. latinoamericano, como si el tiempo no la tocara, como si algo la protegiera. Mony tiene una teoría sobre eso. Dice que hay mujeres que tienen una luz propia tan poderosa que ni la oscuridad más intensa que las rodea puede apagarla.
que son como faros en medio de la tormenta, que se pueden doblar, que se pueden romper por dentro, que pueden sufrir de maneras que nadie imagina, pero que no se apagan. Maribel Guardia es una de esas mujeres, dice la vidente, por eso pudo amar a Joan Sebastian sin que la oscuridad de él la consumiera. Por eso sobrevivió, por eso todavía está de pie después de todo.
Maribel Guardia tiene colmillos y los usa cuando le tocan lo que ama y ese niño es lo último que le queda de su hijo y no lo va a soltar. Y hay algo más que Mony reveló sobre Maribel que a mucha gente le sorprendió escuchar. Dijo que Maribel Guardia, a pesar de todo lo que le hizo Joan Sebastian, a pesar de la traición con Arlet Terán, a pesar de los años de infidelidades, a pesar del dolor que ese hombre le causó, nunca dejó de quererlo.
No de la misma manera, pero sí con ese cariño profundo que solo existe cuando dos personas han compartido algo que ninguna de las dos puede nombrar del todo. Y Moni dice que eso también la protegió, que el amor genuino, aunque sea amor herido, aunque sea amor roto, es el mejor escudo contra la oscuridad. Porque la oscuridad no puede instalarse donde hay amor verdadero.
Puede rodear, puede presionar, pero no puede entrar. Pero hay otra parte de la lectura de Moni que generó quizás el mayor debate de toda esa sesión, porque Mony se atrevió a señalar algo que nadie más en el mundo del espectáculo se ha atrevido a decir de manera directa. y lo dijo sabiendo perfectamente lo que estaba haciendo.
Habló de la herencia musical, no de las propiedades ni del dinero, de las canciones. 854 canciones registradas, más de 12,000 versiones grabadas por artistas de todo el mundo. Un catálogo que sigue generando dinero, que sigue sonando en bodas y en serenatas y en radios de toda América Latina. Y Moni pregunta algo que nadie había preguntado antes.
¿Qué hay dentro de esas canciones? ¿Qué energía llevan? ¿Qué carga invisible viene con ellas? Las canciones que salen de un pacto no son canciones normales, dice la vidente, con una seguridad que no deja margen para el debate. Llevan la firma de quien las inspiró. Y no estoy hablando del compositor, estoy hablando de lo que estaba detrás del compositor.
Cada vez que alguien escucha una canción de Joan Sebastian, cada vez que alguien la tararea, que la baila, que llora con ella, está siendo tocado por esa energía. Sin saberlo, sin quererlo, sin poder evitarlo, el chat estalló de nuevo. Muchos protestaron, muchos dijeron que eso era demasiado, que cómo se atrevía a decir algo así sobre las canciones de Joan Sebastian.
Y Monin ni parpadeó. No lo digo para asustar a nadie, aclaró. Lo digo porque quien sabe esto puede protegerse, porque quien no sabe simplemente no puede. Y entonces Mony habló de algo que conecta todo, de la obsesión de Joan Sebastian con querer siempre más y de cómo esa obsesión, que es la misma que Mony describe como la marca más clara del pacto, también lo hizo ser quien fue.
Porque hay que decirlo, aunque resulte incómodo, sin esa sed, sin esa compulsión de seguir y seguir y nunca conformarse, Joan Sebastián no habría sido Juan Sebastián. No habría compuesto 1000 canciones. No habría llenado palen todo México durante cuatro décadas. No habría producido el álbum para siempre para Vicente Fernández, que vendió 2 millones de copias.
No habría sorprendido al mundo colaborando con Will Iam de los Black Peace en 2012. No habría ganado cinco gramis. Lo que lo destruyó fue exactamente lo mismo que lo construyó, dice Mon. Y eso es lo más trágico de todo. No fue víctima de algo externo. Fue víctima de sí mismo, de lo mejor y lo peor de sí mismo, que resultaron ser exactamente lo mismo.
Hay una cosa que Joan Sebastian dijo en vida, que Mony cita siempre cuando habla de él, porque para ella resume todo. lo dijo cuando le preguntaron por qué no descansaba con el cáncer, por qué seguía trabajando cuando los médicos le decían que parar. Y Joan Sebastian respondió con una sencillez que dolía. ¿De dónde va a salir para mantener a todas estas familias? hablando de sus empleados, de las familias de los 40 trabajadores que cuidaban sus caballos, de los músicos de su banda, de toda la gente que dependía de que Joan Sebastian siguiera siendo
Joan Sebastian, un hombre que se negaba a parar, no por vanidad, sino porque sentía que si paraba otros sufrían, que el peso de sus decisiones de décadas atrás ahora lo cargaban personas inocentes y no podía con eso. ve en esa frase la imagen más completa de Joan Sebastián, un hombre que en el fondo era bueno, que quería hacer el bien, que amaba a su gente, que no era un monstruo ni un villano, pero que en algún momento de su juventud tomó una decisión que no supo calibrar, que abrió una puerta sin saber lo que
había detrás y que después tuvo que vivir y sus hijos tuvieron que pagar las consecuencias de esa puerta. Y hay algo que Moni mencionó sobre los últimos días de Joan Sebastián que mucha gente no sabe. En sus últimas presentaciones cantaba sentado en un banco en el escenario. Sus huesos ya no aguantaban estar de pie.
El mieloma había hecho su trabajo durante 16 años y aún así llenaba los lugares. Aún así la gente compraba sus boletos. Aún así viajaba desde lejos para verlo sentado en un banco cantando con la voz que todavía tenía, porque esa voz era lo que no se podía quitar. El cáncer le quitó los huesos, le quitó la postura, le quitó a sus hijos, pero no le quitó la voz.
Y Moni dice que eso tampoco fue casualidad, que la entidad que lo acompañaba necesitaba esa voz y que la cuidó hasta el final. En 2014 anunció su gira de retiro de los jaripeos, que llamó la última maroma, porque también había sufrido una caída durante un espectáculo. El rey del jaripeo ya no podía hacer el jaripeo, pero seguía cantando.
Y en ese mismo año 2014 presentó a la SACME lo que sería su último gran reconocimiento en vida, el premio Gran Maestro, el primero que se daba en la historia de esa institución, el primer gran maestro de la Sociedad de Autores y Compositores de México, un hombre que llegó de un pueblo sin pavimento a Juliantla y terminó siendo el primer en recibir ese título.
casualidad. Ya sabemos lo que Moni piensa de esa palabra. El velorio fue como él hubiera querido o quizás como algo quería que fuera. El féretro en el ruedo donde practicaba con sus caballos. El rancho abierto al público durante varios días. Un mariachi cantando sus canciones frente al féretro. La familia ofreciendo barbacoa y refrescos.
a los cientos de personas que llegaban desde todos lados. No se permitió la entrada de celulares. El último gran secreto de Joan Sebastian, su muerte tenía que ser sin cámaras, sin grabaciones, sin redes sociales, como si incluso en ese momento hubiera cosas que no podían verse o que algo no quería que se vieran.
El 16 de julio, el homenaje de cuerpo presente en la sociedad de autores y compositores de México fue dirigido por Armando Manzanero y Roberto Cantoral Zuki, los más grandes, reconociendo al más grande. y fue sepultado junto a los restos de su hijo trigo en Juliantla, en el pueblo donde todo empezó, en la tierra donde de niño le tenía miedo a las culebras y soñaba con canciones que nadie le había enseñado.
El poeta del pueblo volvió a su pueblo para no irse jamás y dice Moni que ahí sigue. No de una manera que asuste, no como una aparición ni como un fantasma de película, sino de la manera en que siguen los que mueren con deudas que no cerraron, rondando cerca de su música, cerca de sus hijos, cerca de Juliantla, cerca de ese nieto que lleva su sangre y que todavía no sabe lo que eso significa, esperando que alguien en su familia haga lo que él no pudo hacer.
Cerrar bien lo que él dejó abierto. Saldar de otra manera lo que se quedó sin saldar. Y hay una señal de esperanza, una sola, pero real. A finales de 2024, los herederos de Joan Sebastian llegaron por fin a un acuerdo para formar una empresa que administrara y distribuyera las regalías musicales de manera equitativa entre los nueve herederos.
Un acuerdo que parecía imposible hace solo unos años, que requirió casi una década de peleas y de dolor y de palabras que no se pueden retirar, pero que llegó para Moni ese acuerdo tiene un significado que va mucho más allá del dinero. Cuando los herederos de un hombre que tuvo un pacto oscuro logran finalmente ponerse de acuerdo, eso es una liberación, dijo.
Eso es la familia empezando a cerrar lo que él dejó abierto. Y cada vez que la familia sana un poco, cada vez que los hijos se miran como hermanos y no como enemigos, la deuda se va achicando. No desaparece de golpe, pero se va achicando. Y eso es lo más parecido a la esperanza que las cartas le dieron a Moni en toda esa lectura.
Y entonces viene la pregunta final, la que Moni deja abierta en el aire cuando termina de hablar, la que no tiene respuesta fácil ni cómoda, ni tranquilizadora. Si Joan Sebastián hizo un pacto, ¿fue él el malo de esta historia? ¿O fue simplemente un hombre desesperado que quería salir de la miseria de Juliantla y que tomó el único camino que alguien le ofreció? Un hombre que no entendía completamente el precio de lo que aceptaba.
Un hombre que amaba demasiado, que quería demasiado, que sentía demasiado y que pagó demasiado por ello, y que sus hijos también pagaron sin haberlo pedido, sin haber firmado nada. Mony lo miró todo. Lo miró en las cartas durante mucho tiempo y cuando levantó la vista había en sus ojos algo que no suele verse en sus lecturas, algo que podría haber sido tristeza.
No era un hombre malvado, repitió por última vez. era un hombre atrapado. Y la diferencia entre esas dos cosas es la diferencia entre merecer lo que te pasa y simplemente padecerlo. Joan Sebastian padeció, sus hijos padecieron y el mundo que lo amaba también padeció. Porque las historias de ese tamaño no son privadas, se derraman.
Tocan a todos los que están cerca y a veces también a los que están lejos, pero que llevan sus canciones en el corazón. La tumba de Joan Sebastian está en Juliantla, al lado de los restos de su hijo trigo. La gente sigue yendo cada aniversario luctuoso, cada 13 de julio, con flores y con velas y con sus canciones sonando en bocinas improvisadas en ese pueblo de montaña donde él nació.
Sus canciones suenan en las radios. Sus composiciones siguen generando regalías. Su nombre sigue siendo pronunciado con ese respeto, mezclado con algo más que tienen los nombres de los que tocaron algo que va más allá de lo ordinario. El poeta del pueblo, el rey del jaripeo, el hombre que llegó de una sierra y que se convirtió en leyenda y su bioserie sigue circulando.
Sus hijos José Manuel y Julián lo interpretaron en pantalla. Sus nietos crecen con su nombre. Sus canciones se cantan en bodas y en funerales y en fiestas y en noches de llanto, y en mañanas de esperanza. Como si no hubiera manera de que ese hombre se fuera del todo, como si algo lo mantuviera vivo más allá de lo que debería.
Mony cerró sus cartas cuando terminó de hablar de Joan Sebastian. Las apiló una sobre otra con mucho cuidado, las envolvió en su tela, las guardó y dijo una última cosa antes de terminar la transmisión, una sola frase que se quedó flotando en el aire de esa sala y que los que la vieron en vivo dicen que no han podido quitarse de la cabeza desde entonces.
“Resen por esa familia”, dijo. “No importa si creen en esto o no. No importa si piensan que estoy loca, recen por esa familia, especialmente por el niño. Recen por el niño. Y luego apagó la cámara y se fue. Y el silencio que quedó después de eso era de los que no se llenan fácil. Y si después de todo lo que acabas de escuchar sobre Joan Sebastian, sobre sus pactos, sobre sus secretos, sobre sus hijos y sobre lo que Moni Vidente vio en sus cartas, todavía tienes ganas de saber más. Entonces, no te puedes perder
el video que ya tenemos en el canal. Lucero rompe el silencio y revela lo que nadie conocía de Juan Sebastian. Porque Lucero, que estuvo cerca de él durante años, que colaboró con él en el álbum Un lujo, poco antes de su muerte, que lo conoció no como el ídolo, sino como el hombre, guardó silencio mucho tiempo.
Po.