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MANTEQUILLA NÁPOLES: El ASQUEROSO SECRETO DETRÁS DE SU FAMILIA

José Ángel Nápoles con 18 años recién cumplidos y Suga Ramos con 22 decidieron irse. Esta misma semana, según contó Mantequilla, 40 años después, al periódico La Jornada, tomaron un barco de carga mexicano que salía del puerto de Santiago hacia Veracruz. Pagaron el pasaje con todo el dinero ahorrado de las primeras ocho peleas profesionales, 800 pesos cubanos, $50 al cambio y dejaron en Cuba a sus madres, a sus padres, a sus hermanos, a sus novias.

Pero José Ángel Nápoles en 1959 no dejó solo a su madre caridad en la casa de madera del barrio de los hoyos. Dejó algo más. Una novia, una mujer cubana de 17 años, hija de la dueña de la casa donde Caridad lavaba ropa, llamada Marlene Estrada. Y Marlene Estrada. Esa madrugada del primero de enero, cuando José Ángel se fue al puerto de Santiago sin avisarle.

estaba embarazada de 4 meses. José Ángel Nápoles, según contó el mismo en 1995 a la revista Vanidades de México, no supo que Marlene Estrada estaba embarazada hasta 10 años después, hasta 1969, cuando ya era campeón mundial, cuando ya vivía en una mansión de la colonia Polanco, cuando ya manejaba un cadilac negro. Una carta llegó al gimnasio de los baños Roma de la Ciudad de México un martes por la mañana.

La carta venía de Santiago de Cuba. La firmaba Marlene Estrada. Le contaba que el primero de mayo de 1959, 4 meses después de que José Ángel se fuera, había nacido un niño. Le pusieron el nombre del padre, José Ángel Nápoles Estrada, y le decía que el niño ya tenía 10 años. y que necesitaba conocer a su padre. Mantequilla Nápoles.

Esa mañana en el gimnasio de los Baños Roma, según el testimonio que dio a Vanidades, leyó la carta dos veces, la rompió en cuatro pedazos, la tiró al bote de basura del vestidor y no contestó. Marlene Estrada durante los siguientes 30 años le escribió 42 cartas más. Mantequilla nunca contestó ninguna.

Y el niño de la primera carta, ese hijo cubano abandonado en Santiago de Cuba, cumplió 59 años en 1999 sin haber visto nunca a su padre. Pero antes de llegar a esa carta de vanidades, hay 10 años de la vida de mantequilla Nápoles en México que cambiaron todo. Llegó al puerto de Veracruz el 12 de enero de 1959 junto con Sugar Ramos.

Sin papeles, sin contactos, sin un peso en el bolsillo. Tomó un autobús de segunda clase hasta la Ciudad de México y se presentó en el gimnasio de los baños Roma de la calle Jesús Carranza del centro de la ciudad. El dueño del gimnasio era un cubano que había emigrado en 1942. Se llamaba Cuco Conde.

Tenía 48 años y según contaría décadas después al diario Esto de México. Reconoció a Mantequilla Nápoles desde la puerta. Le ofreció un cuarto en una pensión de la colonia Doctores. Le ofreció comida, le ofreció entrenamiento y le ofreció firmar un contrato como apoderado por 20 años. Mantequilla, con 18 años firmó el contrato esa misma tarde sin entender los términos.

Cude se quedaba con el 40% de cada bolsa. El otro entrenador, Kid Rapidez, con el 15, Mantequilla con el 45 restante. Debía mantener a su madre caridad en Santiago de Cuba, mandando giros mensuales por correo postal. Pero Mantequilla Nápoles durante los siguientes 17 años de carrera profesional en México, nunca mandó un solo peso a su madre Caridad en Santiago de Cuba.

La carta de Marlene Estrada del año 1969 no fue la primera carta que llegó a los baños Roma desde Cuba. Antes habían llegado 32 cartas de su madre Caridad pidiéndole dinero para medicinas. Mantequilla durante esos 10 años no contestó ninguna. Entre 1959 y 1969. Mantequilla peleó 32 veces como profesional en México. 30 victorias, 22 knockouts. 22.

Y el 18 de abril de 1969 en el Forum de Inglewood, California, noqueó al estadounidense Cortis Cokes en 13 asaltos, bolsa de mantequilla, $80,000 y se convirtió a los 29 años en el primer boxeador cubano mexicano en ganar un cetro mundial unificado del Peso Welter. Cuando regresó a la ciudad de México, lo recibieron en el aeropuerto Benito Juárez con 3000 personas.

Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, lo invitó a una cena privada en Polanco y dos meses después, en una entrevista de Televisa, Mantequilla dijo una frase publicada en portada del diario Esto. Dijo que él era el orgullo de México y que su madre Caridad en Santiago de Cuba podía estar tranquila porque su hijo era ahora campeón mundial.

Caridad Nápoles. Según se supo años después por una entrevista que Marlene Estrada dio en 1995 a la revista cubana Bohemia. No escuchó esa frase de mantequilla en 1969. No la escuchó porque Caridad Nápoles había muerto 4 meses antes, el 12 de diciembre de 1968, en una cama de hospital del barrio de los Hoyos de Santiago de Cuba, sola de tuberculosis pulmonar avanzada y Mantequilla Nápoles, su hijo único, el campeón mundial welter del Consejo Mundial de Boxeo, no se enteró de la muerte de su madre hasta 3 años después,

hasta 197. 72. Cuando una carta del Comité Olímpico Cubano llegó al gimnasio de los baños Roma de la calle Jesús Carranza, esa carta del Comité Olímpico Cubano, esa carta que Mantequilla Nápoles leyó 3 años después de la muerte de su madre Caridad, ni siquiera es lo más oscuro de toda esta historia porque 4 meses después de la pelea con Curtis Cox en la ciudad de México, Mantequilla Nápoles conoció a una mujer mexicana que iba a convertirse en la madre madre de sus cuatro hijos legítimos.

Y esa relación durante los siguientes 15 años iba a repetir exactamente la escena que el pequeño José Ángel había visto cada noche en la Casa de Madera de Santiago de Cuba. Pero esa escena, lo que pasó dentro de la mansión de la colonia Polanco entre 1969 y 1984 todavía no es lo que tienes que saber primero.

Antes tienes que saber lo que esos cuatro hijos mexicanos 50 años después, en febrero de 2019, le hicieron a su propio padre. Para entender lo que pasó en febrero de 2019 en una casa prestada de la calle República de Chile, número 174 sur de Ciudad Juárez, hay que volver a una mujer. Una mujer que no era la primera esposa cubana de mantequilla ni la segunda esposa mexicana.

Era la tercera, la última, la que durante los últimos 28 años de la vida de José Ángel Nápoles fue la única persona que lo cuidó sin pedirle nada a cambio. Esa mujer se llamaba Juana Berta Navarro. La había conocido mantequilla en 1991, 16 años después de retirarse del boxeo, cuando ya había perdido todo lo que ganó en el ring. Berta tenía 40 años.

Era enfermera retirada del seguro social en Ciudad Juárez. Mantequilla, con 51 años vivía en un cuarto rentado de Bellavista, sin trabajo, con principios de demencia pugilística. Berta lo cuidó durante 28 años, sin casarse hasta 1999, sin pedirle nunca dinero, sin saber durante 15 años que Mantequilla tenía un hijo cubano abandonado en Santiago y cuatro hijos mexicanos sin hablarle hace tres décadas.

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