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Lucero: 30 Años de IMPERIO FAMILIAR.. El MILLONARIO de Slim que la Hizo TRAICIONAR a su Propia Madre

Algunos en el medio la llamaron protectora, otros, las malas lenguas de la farándula mexicana la llamaron controlador. En los pasillos de San Ángel se aseguraba que Luz María León no dejaba ni que su hija fuera al baño sin consultarlo primero, que negociaba cada peso de cada contrato, que estaba presente en cada grabación, en cada entrevista, en cada llamada.

Y aquí, comadre, aquí empieza lo que puso en peligro todo, porque cuando Lucito apenas tenía 13 años, en su vida apareció el hombre más peligroso que iba a conocer en toda su carrera. Un hombre de 26 años, alto, encantador, con voz suave y mirada profunda, un hombre que en aquel entonces era una de las promesas más brillantes de la música mexicana.

compositor, productor, ganador de los festivales OTIMO del 82, 83 y 84. Se llamaba Sergio Andrade y se enamoró, según contó años después María Raquenel Portillo, la que conocimos como Mari Boquitas, se enamoró de Lucerito, de la niña de 13 años. A inicios de los 80, Lucerito y Sergio Andrade trabajaron de la mano.

Él le produjo el disco Te prometo en 1982. Él se atribuyó el haberle conseguido el papel de chispita. Él compuso para ella cuando la niña tenía 14 años, una canción que hoy se escucha con escalofríos en la espalda. La canción se llamaba Con tan pocos años y hablaba, comadre, hablaba de una niña que, a pesar de su corta edad se enamora y comete errores al actuar como una niña.

Hoy, con el contexto de todo lo que sabemos sobre Sergio Andrade, esa canción se escucha distinto. Hoy entendemos que algo perturbador pasaba en aquel estudio de grabación. Mary Boquitas lo dijo en su podcast en Boca Cerrada hace apenas un par de años. dijo que cuando ella, que también era una adolescente, empezó a trabajar con Andrade, él hablaba todo el tiempo de Lucerito, que la mencionaba con una obsesión que no entendía, como si la niña hubiera sido algo más que un artista para él, como si hubieran tenido

algo más que una relación de trabajo. Las malas lenguas del medio dicen que entre Lucerito y Sergio Andrade habría existido una relación sentimental. Ninguno de los dos lo ha confirmado jamás, pero las versiones circularon y siguen circulando. Lo que sí está documentado, lo que sí ocurrió es que un día Luz María León entró al estudio de grabación de Sergio Andrade.

Vio como el productor se dirigía a su hija. Vio la cercanía, vio la mirada y tomó la decisión más importante de toda la vida de Lucero. rompió el contrato, sacó a su hija del clan que se estaba formando alrededor de aquel hombre y se la llevó para siempre. Esa decisión salvó a Lucero, le salvó la vida, le salvó la cordura, le salvó la carrera.

Porque Sergio Andrade, despechado, traicionado, según contaron testigos en el mismo medio, cayó en una depresión y para curar esa depresión inventó un concurso. Un concurso en Televisa que él mismo bautizó como la doble de Chispita. Buscaba a una niña parecida a Lucero. Encontró a una adolescente de 14 años en Monterrey con la voz potente, el carácter rebelde y los ojos enormes.

Esa niña se llamaba Gloria Trevi y todo lo que le pasó a Gloria Trevi en los siguientes 20 años. Todas las niñas del clan, todo el horror que después saldría a la luz, todo eso, comadre, todo eso pudo haberle pasado a Lucero si su madre no la hubiera sacado a tiempo. Por eso, cuando años más tarde le preguntaron a Lucero si su madre la había explotado, ella siempre respondió lo mismo.

Dijo que su madre nunca la explotó. dijo que la había protegido. Dijo palabras textuales en una entrevista para el programa Hoy Día, que tener ese apoyo y ese cuidado era una fortuna enorme y agregó algo más, algo que hoy resuena distinto. Dijo que muchas mujeres habían sufrido abusos a esas edades en esas épocas. y dio gracias, dio gracias en voz alta frente a millones de mexicanos por la madre que tuvo.

Guarda ese nombre, mi gente, Sergio Andrade, porque vas a entender por qué Luz María León hizo lo que hizo después. Porque una vez que sacó a su hija del primer peligro, nunca jamás iba a soltarla. Y así, después de aquella ruptura con Andrade, empezó la verdadera construcción del imperio. Lucero pasó a discos Melody. Estrenó en 1987 el álbum Lucerito, después conocido como 815, que la lanzó al estrellato del pop mexicano.

Compitió de tú a tú con Timbiriche, con Sasha Socol, con Luis Miguel, con Chayán, con Tatiana. Y en 1989, con apenas 20 años, decidió cambiar su nombre artístico. Dejó de llamarse lucerito. Pasó a llamarse lucero como un símbolo de su crecimiento como mujer. Pero detrás de cada decisión, comadre, detrás de cada anuncio público, había una mujer firmando los papeles.

Una mujer que negociaba con las disqueras, una mujer que escogía qué telenovela aceptar y cuál rechazar. Una mujer que medía cada palabra de cada entrevista, una mujer que decidía con qué hombre podía salir su hija y con qué hombre no. Esa mujer era Luz María León Souiné. Y aunque Lucero la haya llamado siempre su manager, su mejor amiga, su guía, la realidad es que durante 40 años Luz María León fue algo más.

Fue la verdadera dueña del nombre artístico Lucero. Fue la arquitecta. fue la que firmaba antes de que su hija leyera. Fue la sombra que México nunca quiso ver. Por eso, cuando años después le preguntaron a la propia lucero quién había organizado su boda, esa boda que iba a romper récords de audiencia, esa boda que iba a paralizar México un sábado de enero, Lucero respondió con una frase que hoy es una confesión.

dijo cinco palabras que tienes que escuchar con atención, mi gente, porque las vamos a oír varias veces a lo largo de esta historia. Dijo, “Mi mamá organizó toda la boda, pero falta lo más impactante porque Luz María León no organizó esa boda sola. Tenía un cómplice, un cómplice que era el dueño de la televisora más poderosa de habla hispana.

Un cómplice que conocía a Lucero desde que era una niña pequeña y que tenía un apodo de cariño para ella, un apodo que nadie más se atrevía a usar, un cómplice que iba a morir tres meses después de la boda y que dejó esa teleboda como uno de los últimos grandes operativos de su vida. Y ese nombre tienes que guardarlo también, Emilio Azcárraga Milmo, el tigre.

Para que entiendas, comadre, lo que era Emilio Azcárraga Milmo en los años 80 y 90, tienes que entender que no era solamente un empresario, era un emperador. El tigre lo llamaban en los pasillos el tigre Azcárragas, el hombre que tomó las riendas de Televisa cuando su padre murió en 1972 y que durante 25 años convirtió toda esa empresa en el monopolio más poderoso del entretenimiento en habla hispana.

El hombre que decidía qué telenovela se grababa y cuál no. El hombre que decidía qué cantante se volvía famoso. El hombre que con una llamada de teléfono podía borrar una carrera entera de la noche a la mañana. Las altas esferas de la política mexicana le rendían cuentas. Los presidentes de la República le hablaban con respeto.

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