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Los OSCUROS SECRETOS de PAT NIXON: la MUJER que SUFRIÓ en SILENCIO en la CASA BLANCA

Los vaqueros de Artesia prefiguraban el apoyo al derecho al aborto en 1972, la posición personal clara, expresada en el contexto correcto, sin la confrontación que habría costado demasiado. En el verano de 1925, cuando Telma tenía 13 años, su madre Kate murió de cáncer de hígado. Telma asumió todas las tareas domésticas de la familia, la cocina, la limpieza, el cuidado de su padre y de sus hermanos mayores, además del colegio y el trabajo en la granja.

Era una niña haciendo el trabajo de un adulto porque no había ningún adulto disponible para hacerlo. 5 años después, en 1930, su padre murió de tuberculosis después de meses en que Telma lo cuidó. Tenía 18 años, era huérfana, no tenía dinero y tenía la determinación que produce específicamente ese tipo de infancia, la de alguien que ha aprendido que nadie va a venir a rescatarte y que la única opción disponible es levantarse y seguir.

lo que hizo a continuación es uno de los relatos de autodeterminación más extraordinarios de la historia de las primeras damas americanas, aunque raramente recibe la atención que merece, porque la narrativa oficial de Pat Nixon siempre la subsumió en la narrativa de Richard Nixon. Trabajó como limpiadora en el Banco de Artesia para pagarse clases en Fullerton Junior College.

Conducía, hacía de técnica de rayos X, era mecanógrafa, llevaba libros de contabilidad, era modelo, trabajaba como extra en el cine de Hollywood. Hay registros de que aparecen películas de Busby Berkley de los años 30 como una de las caras del fondo, anónima, cobrando unos dólares por día de rodaje. Era también, según los que la conocieron en esa época, la persona más trabajadora y más autodisciplinada de cualquier aula en que entraba.

En 1937 se graduó Kunlaude de la Universidad del Sur de California con un título en educación y comercio. Un profesor suyo la describió con una frase que resuena décadas después. Destacaba entre las niñas bonitas y sobrecargadas de las hermandades de esa época como un buen libro en un estante de literatura barata.

era la descripción más exacta disponible de la diferencia entre Pat Ryan y el mundo que la rodeaba en aquellos años. Había llegado a la misma universidad que las hijas de las familias ricas de California, pagándose la matrícula con el dinero de fregar suelos y salía de ella con mejores notas que la mayoría de ellas. Se mudó a Witier, California, donde consiguió trabajo como profesora de bachillerato.

Y en una audición para un grupo de teatro amater en 1938, conoció a un joven abogado recién llegado de la Facultad de Derecho de Duke University que se llamaba Richard Milhost Nixon. Él le pidió que se casara con él la primera noche que salieron. Ella dijo que pensó que estaba loco. La cortejó durante dos años con una tenacidad que sus cartas de esa época documentan con la intensidad de alguien que sabe perfectamente lo que quiere.

Nixon la llevaba en coche a sus citas con otros hombres. Esperaba en el coche hasta que el otro hombre la traía de vuelta y luego la acompañaba a casa. Cuando Pat le preguntó si no le molestaba, él dijo que prefería estar cerca, aunque fuera así a no estar. Se casaron el 21 de junio de 1940 en la Mission In de Riverside, California.

La vida que Richard Nixon le ofreció a Pat Ryan en 1940 no era la vida más emocionante disponible para una mujer de 28 años con su título, su experiencia y su inteligencia. Había rechazado a varios pretendientes más ricos y de mayor estatus social durante los años de la universidad. Había elegido a Nixon.

con la misma lógica con que había tomado todas las decisiones importantes de su vida, no por lo que tenía, sino por lo que creía que podría construir con lo que tenía. Nixon era brillante, ambicioso y tenía el fuego de alguien que necesita probar algo al mundo con urgencia. Era también, como Pat aprendería durante los 53 años siguientes, profundamente inseguro, terriblemente poco hábil para las demostraciones de afecto y capaz de una frialdad emocional en los momentos de más tensión que los que estaban cerca describían como el mecanismo de alguien

que se cierra cuando las circunstancias le exigen estar abierto. Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, mientras Nixon servía en la Marina, Pat trabajó en la oficina de Administración de Precios en San Francisco. Era el tipo de trabajo que requería exactamente las capacidades que PAT tenía.

Atención al detalle, eficiencia, la capacidad de gestionar información compleja en circunstancias de presión. También le escribía a Nixon con la regularidad de alguien que mantiene un vínculo a través del Pacífico con las herramientas que tiene disponibles. Las cartas de ese periodo que los biógrafos que han podido acceder a ellas describen como más afectuosas que cualquier cosa que los dos mostrarían en público durante el resto de sus vidas juntas, son el registro de que hubo un momento en que la relación entre Pat y Dick Nixon era genuinamente la de dos

personas que se amaban. de una manera que ninguno de los dos sabía del todo cómo expresar. La primera señal de lo que sería el patrón de toda su vida pública llegó en 1946, cuando Nixon decidió presentarse al Congreso por California. Pat, que tenía 34 años y acababa de tener a Triia, su primera hija, había establecido con mucho esfuerzo el tipo de vida estable que su infancia sin estabilidad la había llevado a querer, una casa, un trabajo, una familia.

Nixon llegó con la política y se lo llevó todo. Pat hizo lo que haría el resto de su vida. Apoyó, investigó al oponente, escribió literatura de campaña, distribuyó folletos. apareció en los actos. Lo hizo porque creía en su marido y porque la alternativa habría sido decirle que no a algo que él quería de todas. El primer gran momento de crisis de su vida pública llegó en septiembre de 1952.

Nixon era el candidato a vicepresidente en el ticket de Eisenhauer cuando el New York Post reveló que había un fondo privado de sus patrocinadores californiano que usaba para gastos políticos. No era ilegal, pero en una campaña que Eisenhauer había construido sobre la promesa de honestidad y contra la corrupción demócrata, la revelación podía destruir su candidatura.

Nixon organizó una retransmisión de televisión y radio para defenderse el 23 de septiembre de 1952. Fue la primera vez que un político americano usó la televisión directamente para apelar al pueblo en medio de una crisis. Pat Nixon apareció en esa retransmisión sentada en una butaca a la derecha de su marido, mayormente fuera de foco de la cámara.

Cuando la cámara la enfocaba, tenía el semblante del que la prensa americana empezaría a llamar Plástica Pat, inmóvil, sin expresión, con la mirada fija en un punto fuera del encuadre. Nixon habló de sus finanzas con el detalle de un contador. Describió su modesta casa con hipoteca en Washington y entonces llegó la frase que convirtió a Pat en símbolo.

Mi mujer no tiene un abrigo de visón, pero tiene un abrigo de paño republicano digno de respeto. La frase convertía la ausencia de lujo en virtud moral. convertía a Pat en la representante de todas las mujeres americanas que tampoco tenían abrigos de bisón y convertía a Pat en un instrumento al servicio del discurso de su marido, sin que nadie le preguntara qué pensaba ella de ser usada como argumento.

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