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Los OSCUROS SECRETOS de la PRINCESA HAYA DE DUBÁI. La fuga que humilló al hombre más poderoso.

Cuando su padre Rashid bin Said Al Mactum murió en 1990 y Mohamed empezó a tener más peso en las decisiones del Emirato. Dubai era todavía una ciudad mediana del Golfo, que vivía principalmente de los ingresos del petróleo y del comercio tradicional. 30 años después, Dubai es la ciudad más visitada del mundo con 70 millones de turistas anuales antes de la pandemia.

un aeropuerto que es el más transitado del planeta en tráfico internacional, una zona financiera que compite con Singapur y con el City de Londres y el icono de la ciudad moderna que puede construirse de la nada si tiene suficiente dinero y suficiente voluntad. El precio de esa transformación en términos humanos es algo que los informes del turismo de Dubai no incluyen.

La construcción del Burf Khalifa y del Palm Islands y de todas las infraestructuras que convirtieron a Dubai en lo que es se hizo con trabajo de migrantes principalmente del sur de Asia en condiciones que las organizaciones de derechos humanos han documentado repetidamente como explotación laboral. El sistema de Cafala, que vincula la situación legal de un trabajador migrante a su empleador, de manera que hace prácticamente imposible salir de una relación laboral abusiva sin consecuencias legales, ha sido criticado por Human Rights Watch, por Amnistía

Internacional y por los relatores especiales de la ONU. En múltiples informes, los Emiratos Árabes Unidos son un estado autoritario que prohíbe los sindicatos, restringe la libertad de prensa, criminaliza la disidencia política y como el Olossintrop proceso judicial de Aya puso de manifiesto, retiene a miembros de su propia familia gobernante contra su voluntad.

La paradoja de Dubai en el siglo XXI es exactamente esa. Es el destino de vacaciones de elección de millones de personas que valoran el sol. los hoteles de lujo, los centros comerciales y la seguridad superficial de un estado donde el crimen callejero es prácticamente inexistente y es simultáneamente un estado donde una princesa necesitaba huir en secreto con sus hijos porque le habían dejado un arma cargada en la habitación como advertencia de lo que le esperaba si no obedecía.

Las dos cosas son ciertas al mismo tiempo y la mayoría de los turistas que se fotografían ante el Burch Khalifa eligen conscientemente no pensar demasiado en la segunda. Aya y Mohamed se conocieron en 2002 en un concurso en Jerez de la Frontera, España, durante uno de los eventos ípicos que eran la afición compartida que los conectaba.

Se casaron el 10 de abril 2004 en el palacio al Barakaca de Amán, en una ceremonia privada a la que asistieron Abdalá y Rania de Jordania. Aya tenía 30 años, Mohamed tenía 55. La diferencia de edad era de 25 años. Él era ya, en 2004, uno de los hombres más poderosos del mundo. Ella era la primera mujer de linaje real que se convertía en esposa de un gobernante Miratí.

era su sexta esposa, no la única. La primera esposa de Mohamed, la jequesa Jin Bint Mactum, es la primera dama oficial de Dubai y la madre de 12 de sus hijos, incluyendo el heredero designado Hamdan bin Mohamed. Mohamed tiene, según los registros disponibles, al menos seis esposas y 30 hijos. La poligamia es legal en los Emiratos Árabes Unidos y en el contexto de la familia gobernante es también una práctica política.

Las alianzas matrimoniales con distintas ramas de las familias de la élite del Golfo son parte del tejido de poder que sostiene el sistema. Aya era la joya internacional de ese sistema. La princesa Jordana con Oxford y los Juegos Olímpicos y la agenda humanitaria que presentaba a Dubai en el Foro Económico Mundial de Davos y en las galas de la realeza europea.

Los primeros años del matrimonio produjeron la imagen pública que se esperaba. Apariciones en Royal Ascott, en los grandes premios ípicos de Europa, en las cumbres internacionales, donde Mohamed asistía en su calidad de primer ministro. tuvieron dos hijos, Aljalila, nacida el 2 de diciembre de 2007 y el Jeque Zayed, nacido el 7 de diciembre de 2011.

Mohamed anunció el nacimiento de Zayed en Twitter con el orgullo de un padre que en ese momento tenía 62 años y que consideraba a su hijo con Aya un vínculo especial. Aya declaraba públicamente su admiración por su marido con la fluidez de alguien que sabe exactamente qué se espera que diga. Cada día me fascina todo lo que hace.

Doy gracias a Dios todos los días por lo afortunada que soy junto a él. Eso fue antes. Lo que vino después empezó en diciembre de 2018 cuando algo que Haya vio o descubrió cambió el eje de su vida de una manera que no tuvo vuelta atrás. La princesa Latifa Bind Mohamed al Mactum es una de las hijas del Emir, nacida de un matrimonio diferente al de Aya.

En febrero de 2018, la Tifa intentó escapar de Dubai por segunda vez. La primera había sido a los 16 años, en 2002, cuando fue capturada y, según su propio testimonio grabado en video, encarcelada y torturada durante 3 años como castigo. En 2018, con 32 años, Latifa planeó una segunda fuga con una amiga finlandesa llamada Tina Jainen, que era su instructora de artes marciales, y un espesespía francés llamado Herb Joberg.

El 24 de febrero de 2018, Latifa y Yaugienen tomaron una lancha inflable desde la costa de Omán hasta aguas internacionales, donde les esperaba un yate con bandera estadounidense. Llevaban 8 días navegando cuando el yate fue abordado frente a las costas de la India por comandos que lanzaron granadas de humo y encañonaron a las mujeres.

La Tifa fue sedada e introducida en un avión privado de vuelta a Dubai. Yaanen fue detenida en Dubai durante dos semanas. Antes de la fuga, Latifa había grabado un video de 40 minutos que sus amigos publicaron después de su captura como seguro de vida. En ese video grabado con una calma que resulta más escalofriante que cualquier dramatismo, la Tifa decía, “Si estáis viendo esto, no significa algo bueno, quiere decir que estoy muerta o en una situación muy muy mala.

Describía las restricciones bajo las que vivía. No poder conducir, no poder viajar, no poder salir de Dubai desde 2002. Criticaba a un padre que solo piensa en su propia imagen y que ha destruido la vida de tantas personas y decía que el fallido intento de fuga de 2002 le había costado 3 años de encarcelamiento y torturas.

Aya conocía a Latifa. Era su madrastra en el sentido en que el matrimonio la había puesto en esa posición dentro de la familia. Y en diciembre de 2018, cuando el escándalo internacional por la captura de la Tifa amenazaba con convertirse en un problema diplomático serio, Aya tomó una decisión que cambiaría el curso de su propia vida.

Llamó a su amiga Mary Robinson, expresidenta de Irlanda y exalta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, y le pidió que viajara a Dubai para ayudar con lo que describió como un dilema familiar. Robinson fue, se reunió con la Tifa en presencia de la familia y al salir hizo una declaración que los activistas de derechos humanos en todo el mundo criticaron con una dureza que la propia Robinson reconoció después.

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