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LORENA OCHOA: la REINA del GOLF quemada a los 28… “NO PODÍA LEVANTARME de la CAMA” Lo dejó TODO

Segunda, lo que fue dominar el golf mundial durante 158 semanas consecutivas, el precio cotidiano de ese dominio, lo que Lorena dijo en sus propias palabras sobre lo que sentía cuando estaba en la cima y el momento exacto en un hotel en Tailandia a principios de 2010, donde algo se aclaró de una manera que ella misma describió como inequívoca y definitiva.

Tercera, el 23 de abril de 2010, la conferencia de prensa en Ciudad de México, lo que dijo, lo que el golf mundial respondió, por qu su decisión fue incomprendida en el momento y reconocida como histórica después. Y lo que el  último torneo de su carrera, el Tres Marías Championship en Michoacán, del 29 de abril al  2 de mayo de 2010 representó para ella y para el circuito que la despidió.

Cuarta, lo que vino después, lo que Lorena Ochoa construyó desde que dejó el campo competitivo,  el Salón de la Fama, la Fundación, los Hijos, el diseño de campos, las conferencias, el programa para golfistas mexicanas y por qué es hasta hoy uno de los pocos casos  en la historia del deporte mexicano, donde la historia después de la gloria es tan poderosa como la gloria misma.

Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante. Entender por qué la historia de Lorena Ochoa no es una historia de caída. Es una historia de algo mucho más raro y mucho más difícil de conseguir dentro del deporte profesional. Una salida elegida en los términos correctos, en el momento correcto, por las razones correctas.

Y lo que eso dice sobre quién era Lorena desde mucho antes de que el mundo supiera su nombre. Grábate esto antes de que sigamos. Para entender por qué Lorena se fue cuando se fue, necesitas entender desde dónde vino. Porque la decisión que tomó en 2010 no fue improvisada. Estaba anunciada desde el primer día que pisó el Guadalajara Country Club con 5 años y una curiosidad que iba a cambiar la historia del golf latinoamericano.

Guadalajara, Jalisco, 1986. Lorena Ochoa Reyes tenía 5 años cuando empezó a jugar golf. La historia que la familia cuenta sobre ese inicio tiene la belleza de las cosas que ocurren sin plan maestro, una caída,  una recuperación y el campo de golf del Guadalajara Country Club donde su familia vivía cerca del T del hoyo 10.

El golf apareció casi como consecuencia natural de estar en ese lugar,  de tener un padre aficionado al deporte, de ser una niña con más energía de la que las actividades habituales podían contener. Javier Ochoa, su padre, no era entrenador, no era profesional, era un aficionado del golf que lo practicaba  por el placer de practicarlo, que llevaba a sus hijos al campo, porque el campo era parte de la vida familiar, de la cultura de ese club de Guadalajara, donde las familias del entorno construían sus vínculos sociales

alrededor de la cancha. Y Lorena, desde los primeros momentos en que tomó un palo, mostró algo que los que estaban mirando identificaron con rapidez. No era solo coordinación ni talento técnico en bruto, era una concentración inhabitual en una niña de esa edad,  una presencia en el momento, una capacidad de abstraerse de todo lo que no era el golpe que estaba por ejecutar, que en el golf marca una diferencia enorme entre los que llegan y los que no llegan.

A los 6 años ganó su primer campeonato estatal, a los siete su primer evento nacional. Piensa en esa velocidad. Dos años de gol formal y ya ganando a nivel nacional. Eso no es el producto de un programa de alto rendimiento que la había descubierto y la estaba desarrollando sistemáticamente. Es el producto de algo que estaba en  ella antes de que nadie pusiera un sistema alrededor.

Grábate este detalle porque es el que más  define a Lorena Ochoa como persona. Tenía 11 años cuando se acercó a Rafael Alarcón, un profesional del Guadalajara Country Club que había ganado el campeonato amateur canadiense 1979. Mientras él trabajaba en su propio juego en la cancha, no la llevaron, no se la presentaron, se acercó sola.

Una niña de 11 años interrumpió al profesional adulto. Le preguntó si la ayudaría con su juego y cuando Alarcón le preguntó cuál era  su objetivo, Lorena le dijo sin titubear que quería ser la mejor jugadora del mundo. Escucha eso. 11 años. La mejor del mundo. No la mejor de Guadalajara. No la mejor de México,  la mejor del mundo.

En 1992, cuando eso fue dicho, la mejor del mundo en gol femenino era Betsy King o Laura Davis o Dotty Mri. atletas de primer nivel internacional, en su mayoría americanas o europeas, en un circuito donde América Latina prácticamente no existía en el mapa de la élite. Y una niña de 11 años del Guadalajara Country Club decía que quería ser la mejor del mundo como quien declara un hecho que todavía no ha ocurrido, pero que ya está decidido. Alarcón tomó eso en serio.

vio en esa declaración no la fantasía de una niña, sino la convicción de alguien que sabe exactamente lo que quiere y dijo que sí, que la ayudaría. Esa asociación entre Lorena y Alarcón duró toda su carrera profesional. No fue una relación de entrenador y atleta en el sentido convencional. Fue una colaboración de dos personas que compartían la misma visión y la misma seriedad sobre lo que el golf podía llegar a ser para Lorena.

Al Arcón no solo le enseñó el swing, le enseñó a pensar el golf como una disciplina de largo plazo, donde cada decisión técnica tenía consecuencias años después, donde la paciencia y la capacidad de mejorar de manera sostenida importaban más que los resultados inmediatos. Los años que siguieron fueron una acumulación de evidencia de que la declaración de los 11 años era absolutamente seria.

27 premios en el estado de Jalisco, 44 premios nacionales en México, cinco títulos consecutivos en el Junior World Golf Championships, el campeonato juvenil de golf más importante del mundo, uno detrás de otro, cinco seguidos, no porque el nivel de la competencia fuera bajo, sino porque el nivel de Lorena era consistentemente superior al de cualquier competidora de su edad a nivel mundial. Escucha esto.

Cuando ganas el Junior World Golf Championship cinco veces consecutivas, el mundo del golf americano sabe quién eres. Y en el año 2000, las mejores universidades de Estados Unidos con programas de golf llegaron a Lorena con becas. Eligió la Universidad de Arizona en Tucon y en Arizona, en el programa de golf más competitivo del país americano.

Lorena hizo lo que siempre hacía cuando el nivel subía,  subió con él. Ganó siete torneos consecutivos para el equipo de Arizona. Fue nombrada jugadora del año de la NCE ATO en dos ocasiones, 2001 y 2002. Las dos temporadas que estuvo en Arizona antes de hacerse profesional fueron suficientes para establecer que no era solo la mejor golfista de América Latina, era una de las mejores del mundo en cualquier nivel de competencia donde se la pusiera.

En mayo de 2002, con 22 años, Lorena Ochoa se hizo profesional y en el primer año en el Futures Tour, el circuito de desarrollo de la LPGEA terminó primera en la lista de ganancias. ganó tres torneos ese año y eso le dio la tarjeta de la LPG A para 2003. Aquí viene lo primero que te prometí. La LPG Atour de 2003 era el dominio de Anik Sorenstam.

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