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Lo que EL PRESIDENTE le hizo a JOAN SEBASTIAN: Su OSCURA RELACIÓN y Sus CONSECUENCIAS

A cambio la protección, esa palabra tan mexicana, tan cargada de significados, protección, que en ese contexto no quería decir solo seguridad personal, quería decir que ciertos negocios de Joan Sebastian en Guerrero y Morelos no serían revisados, que ciertas propiedades que habían crecido de manera llamativa no serían cuestionadas.

que su hermano Federico seguiría moviéndose con libertad. Hay que hablar del hermano Federico Figueroa, el hermano de Joan Sebastian, que en 2014 apareció mencionado en narcomantas en Guerrero, señalado como vinculado a Guerreros Unidos. El mismo hermano que fue acusado de tener relación con la desaparición de los 43 normalistas de Ayotsinapa.

Un nombre que Joan Sebastian nunca pronunció en público con comodidad, que la familia siempre manejó con una prudencia que llamaba la atención. ¿Era Federico parte del acuerdo? ¿O fue Joan Sebastian quien al meterse en esa red de poder terminó arrastrando a su hermano? O quizás fue al revés. Fue Federico quien primero tuvo los contactos y quien le abrió la puerta a Joan Sebastian, a un mundo que el cantante no debería haber pisado jamás.

Eso es lo que supuestamente se rumora entre quienes conocieron de cerca la historia. Lo que sí parece claro es que a finales de los años 80 y principios de los 90, Joan Sebastian no era solo un cantante que vendía discos, era un hombre conexiones que iban mucho más allá de los estudios de grabación y los escenarios de jaripeo.

Y esas conexiones aparentemente llegaban hasta los más altos círculos del poder político y del poder del crimen organizado. En esa época, el mapa del narco en México era completamente diferente al de hoy. Los grandes cárteles estaban consolidándose, el de Guadalajara se estaba fracturando. El Pacífico comenzaba a tomar forma y en Guerrero, tierra de Joan Sebastian, había familias y organizaciones que llevaban décadas controlando el territorio con una naturalidad que el gobierno sabía, toleraba y a veces aprovechaba.

Se habla de que entre 1991 y 1993, en pleno salinismo, hubo una serie de reuniones que hoy se describen como las juntas del rancho, reuniones que no estaban en ninguna agenda oficial, que no existían para la historia, pero que según versiones que circulan en ciertos círculos, juntaban en una misma mesa a políticos, a empresarios a figuras del entretenimiento y a hombres cuya riqueza no tenía explicación visible.

Juan Sebastián, se dice, no era el anfitrión, pero tampoco era un invitado incómodo. Era alguien que conocía las reglas del juego, que sabía cuándo hablar, cuándo cantar y cuándo callarse. Y su presencia en esas reuniones tenía una función muy específica, humanizar el ambiente, darle a aquellos encuentros oscuros una fachada de festejo, de celebración, de normalidad.

Porque cuando Joan Sebastian tocaba la guitarra y cantaba en una velada, nadie pensaba en negocios sucios, nadie pensaba en acuerdos ilegales, todos pensaban en las serranías de Guerrero, en el amor, en la nostalgia. Y eso para los hombres que necesitaban operar en las sombras era exactamente lo que querían.

El dinero. Siempre hay que hablar del dinero. Joan Sebastian llegó a acumular, según registros públicos, 51 propiedades en Guerrero, Morelos, Jalisco y Veracruz. Una fortuna estimada en 5 millones de dólares. Más de 850 canciones registradas. Todo eso desde unos orígenes de pobreza total, desde una familia que no tenía para comer en Juliantla.

¿Puede un cantante, incluso uno exitoso, acumular todo eso solo con discos y jaripeos? Sus fans dirían que sí. Su legado artístico lo justificaría. Pero hay quienes dicen que parte de esa fortuna venía de otro lado, de flujos de dinero que no pasaban por ninguna disquera, de negocios que no aparecían en ninguna declaración fiscal, de acuerdos que se sellaban con un apretón de manos en la oscuridad de un rancho bien custodiado.

Se habla específicamente de propiedades en Guerrero que supuestamente habrían servido como puntos de tránsito, no para Joan Sebastián directamente, sino para personas vinculadas a su círculo, y de que parte del dinero que financió la expansión de su imperio inmobiliario en los 90 no tenía un origen que pudiera explicarse en voz alta.

Solo en susurros, solo entre los que sabían. Y en el centro de todo eso siempre volvía la sombra de Carlos Salinas, porque el salinismo no solo fue política económica y privatizaciones. El salinismo fue también un sistema de control en el que el gobierno federal tenía vínculos con distintos grupos del crimen organizado, un sistema donde se toleraba a ciertos actores y se eliminaba a otros.

donde la protección que el Estado ofrecía no era gratuita y donde los artistas con influencia popular podían convertirse en piezas de un tablero muy complicado. Joan Sebastián, según estas versiones, supuestamente habría sido una de esas piezas, no la más importante, no la más expuesta, pero sí una pieza útil, una pieza que sabía demasiado.

Y las piezas que saben demasiado siempre terminan siendo un problema. Pero eso vendría después. Primero, hubo años de prosperidad, años en que todo funcionaba, años en que Joan Sebastian grababa sus mejores canciones, llenaba sus mejores recintos y vivía con una libertad que los hombres de su origen raramente alcanzaban. Y Carlos Salinas gobernaba con una mano firme que aplastaba cualquier amenaza antes de que pudiera crecer.

Era un equilibrio frágil, como todos los equilibrios que se sostienen sobre mentiras y como todos esos equilibrios estaba destinado a romperse. 994 cambió todo. El levantamiento zapatista el primero de enero, el asesinato de Colosio en marzo, la sensación de un país que se estaba desmoronando. Salinas, que había llegado a la presidencia con una imagen de modernizador, de tecnócrata brillante, empezaba a ver cómo su legado se llenaba de sangre y de preguntas sin respuesta.

Y en ese contexto de presión máxima se dice que empezaron las fricciones, porque John Sebastian, a diferencia de lo que mucha gente pensaba de él, no era un hombre fácil de manejar. Era orgulloso, era terco, era el tipo de hombre que cuando sentía que lo estaban subestimando se encabritaba y supuestamente empezó a pedir más de lo acordado o a negarse a ciertas cosas que antes hacía sin chistar o a moverse con una independencia que los que lo controlaban ya no toleraban.

Se habla de un incidente específico, una reunión que debía celebrarse en un rancho en Morelos a mediados de 1994, una reunión a la que Joan Sebastian supuestamente llegó tarde o no llegó. Las versiones varían. Pero lo que es constante en los relatos es que esa ausencia fue tomada como un desaire, como una señal de que el cantante ya no se consideraba obligado a cumplir.

¿Y qué pasa en los mundos del poder cuando alguien que sabe demasiado empieza a mostrar independencia? ¿Qué pasa cuando una pieza del tablero empieza a moverse por su cuenta? que se convierte en una amenaza. Y las amenazas en ese México se manejaban de maneras que no siempre terminaban bien para quien las representaba.

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