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La Esposa del Che REVELÓ lo Que NADIE Sabía Sobre Camilo — El SECRETO Que GUARDÓ 8 Años de Morir

Nada de eso tenía sentido. Lo que José no sabía entonces, pero descubriría después, era que el mecánico del avión había reportado problemas en el sistema de combustible dos días antes del vuelo. Alguien autorizó el vuelo de todos modos y la orden venía de arriba, muy arriba. Pero lo más sospechoso de todo fue lo que pasó en las siguientes 12 horas.

José lo vio con sus propios ojos. Cuando un comandante tan importante desaparece, debería haber una movilización inmediata y masiva. Cada minuto cuenta si hay sobrevivientes. Pero eso no pasó. José llamó personalmente a la Marina Militar a las 9 pm. Apenas 3 horas después de la desaparición. Me dijeron que estaban esperando órdenes claras sobre dónde buscar. Esperando órdenes.

Un comandante había desaparecido en el mar. Deberían estar buscando en todas partes. La búsqueda masiva no comenzó hasta la mañana siguiente, casi 12 horas después de la desaparición. Para entonces, si Camilo había sobrevivido al impacto, probablemente ya era demasiado tarde. José llamó al Chegueevara esa noche. Ernesto explotó de furia cuando le conté lo que estaba pasando.

Me dijo, “José, algo está muy mal. Algo no cuadra en todo esto.” El Che quería ir personalmente a buscar a Camilo, salir en barco, helicóptero, lo que fuera, pero Fidel personalmente le ordenó quedarse en la habana. José nunca olvidará esa llamada con Aleida March, la esposa del Che, esa misma noche, Aleida me llamó llorando.

Me dijo que Ernesto estaba destruido, que no entendía por qué Fidel no estaba movilizando todo para encontrar a Camilo, y que cuando Ernesto insistió en ir, Fidel lo miró de una manera amenazante y le dijo, “Es una orden, che, te quedas aquí. Durante 9 días buscaron miles de voluntarios, decenas de barcos y aviones peinando el mar, pero nunca encontraron nada, ni restos del avión, ni cuerpos, ni siquiera escombros flotando.

“Un avión entero no puede simplemente evaporarse”, dice José con voz firme. A menos que alguien no quiera que sea encontrado. El Che pasó esos 9 días haciendo su propia investigación privada. José lo ayudó en secreto. Ernesto vino a mi oficina el tercer día después de la desaparición. Cerró la puerta y me preguntó directamente, “¿Tú crees que fue un accidente?” Le dije que no lo sabía.

Me miró fijamente y dijo, “Yo tampoco. Y vamos a averiguarlo.” José habló con el mecánico que había revisado el cesna días antes del vuelo. Me dijo algo perturbador. El avión tenía problemas reportados en el sistema de combustible. Él había escrito un reporte recomendando una revisión completa antes del próximo vuelo, pero le dijeron que el avión era seguro para Camilo.

José le preguntó quién había autorizado el vuelo. El mecánico no lo sabía con certeza, pero dijo que la orden venía de muy arriba. Cuando le reporté esto al Che, vi algo en sus ojos que nunca había visto antes. No era solo tristeza, era furia contenida y algo más, certeza. El Che también habló con los controladores aéreos.

Le dijeron que la última comunicación de Camilo se había cortado abruptamente, no gradualmente, como sería normal en una falla de radio, como si alguien hubiera cortado un cable. Le dijeron, “José, recuerda el momento en que el Che le hizo la pregunta más directa. José, ¿tú crees que Fidel tuvo algo que ver con esto?” José no supo qué responder en ese momento porque yo también tenía mis sospechas.

Recordaba perfectamente lo que Fidel había dicho un mes antes sobre que Camilo era demasiado popular. El Che le dijo, “No tengo pruebas, solo coincidencias muy convenientes. Pero mi instinto me dice que Camilo no murió en un accidente. Murió porque alguien creó las condiciones perfectas para que un accidente fuera inevitable.

El 6 de noviembre de 1959 fue el funeral de Camilo. Más de un millón de personas llenaron las calles de la Habana. Flores blancas por todas partes, un ataúdo, porque nunca encontraron el cuerpo. Fidel dio un discurso de una hora. Lloró públicamente, habló de Camilo como su hermano inseparable. José estaba cerca del che durante todo el funeral.

Ernesto no lloró ni una sola lágrima. se quedó de pie, rígido como una estatua, mirando a Fidel con una expresión que yo nunca olvidaré. No era la mirada de un amigo dolido, era la mirada de alguien que sabe una verdad terrible, pero no puede decirla. Cuando llegó el turno del Che de hablar, todos esperaban un discurso emotivo.

El Che y Camilo habían sido como hermanos. Seguramente Ernesto tendría mucho que decir, pero el Che simplemente caminó al micrófono, miró a la multitud y dijo solo ocho palabras. Camilo fue el mejor de nosotros, siempre lo será. Y se bajó. La multitud quedó confundida. Recuerda, José. Fidel frunció el ceño, visiblemente molesto por lo corto del discurso.

Pero yo entendí el mensaje. El Che estaba diciendo, “No voy a mentir. No voy a fingir que esto fue un accidente. No voy a jugar el juego.” Esa misma noche, José recibió una llamada urgente. Era del asistente personal de Fidel Castro. me dijo que fuera inmediatamente al palacio de la revolución, que Fidel y el Che iban a tener una reunión privada y que Fidel quería que yo estuviera cerca por si me necesitaba.

José llegó al palacio a las 11 de la noche. El asistente le indicó que esperara en el pasillo afuera del despacho privado de Fidel. Me quedé allí de pie en ese pasillo oscuro. Recuerda José. su voz temblando al revivir ese momento. Escuché la puerta cerrarse. Escuché voces adentro. Al principio eran conversacionales, luego más altas, luego gritos.

José sabía que lo que estaba a punto de escuchar cambiaría su vida para siempre. Por eso sacó un pequeño cuaderno de su bolsillo y comenzó a tomar notas. Sabía que estaba presenciando historia. sabía que si no documentaba esa conversación, la verdad se perdería para siempre. Al principio, las voces eran bajas y José no podía distinguir las palabras, pero gradualmente el tono fue subiendo, la tensión aumentando, hasta que cada palabra atravesaba la puerta de madera como una daga.

José comenzó a escribir su mano moviéndose rápidamente para capturar cada frase, cada acusación, cada negación. Lo que escuchó en los siguientes 47 minutos lo perseguiría durante 64 años. Era la conversación que destruiría para siempre la amistad entre dos de los revolucionarios más importantes del siglo XX. La voz del Che fue la primera en elevarse.

Fidel, necesito que me digas la verdad. ¿Qué le pasó realmente a Camilo? Hubo un silencio pesado. Luego la voz de Fidel controlada pero tensa. Ya te lo dije, che. Fue un accidente, una tragedia. El clima era malo. El avión era pequeño. Estas cosas pasan. No me mientas, Fidel. No a mí. La voz del che temblaba de emoción contenida.

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