Posted in

LA CASA DE COLOSIO: Aquí Dejó Escrito Que Lo Iban A M4TAR… Y Días Después Ocurrió Lo Peor

se convierte en un problema sin solución limpia. Piénsalo un momento. Carlos Salinas de Gortari llevaba casi se años en el poder cuando Colosio dio ese discurso. Había firmado el Tratado de Libre comercio con Estados Unidos y Canadá. Era la estrella de las reformas económicas latinoamericanas. La revista Time lo había puesto en portada.

estaba construyendo su candidatura para dirigir la Organización Mundial de Comercio cuando terminara su sexenio. Y ahora, el hombre que él mismo había elegido como sucesor le estaba diciendo al país en público, frente a cámaras que su modelo necesitaba transformarse de raíz. La distancia entre Salinas y Colosio e que hasta ese 6 de marzo había sido invisible.

Se volvió en cuestión de horas el tema central de la política mexicana. Y ese es el contexto en que hay que leer lo que vino después. Ahora viene lo que cambia todo. El secreto que el título promete no está en un archivo secreto ni en un cofre cerrado. Está en parte en algo que los registros muestran con claridad y en otra parte en versiones que hay que marcar como tales porque no tienen confirmación documental absoluta.

Lo que está confirmado es esto. En los días posteriores al 6 de marzo, el ambiente alrededor de Colosio cambió de forma notable. Personas de su equipo más cercano describieron después, en testimonios dados con los años, que el candidato llegó a las últimas semanas de su vida en un estado de tensión que iba más allá del estrés normal de una campaña, a que algo pesaba sobre él de una forma diferente.

Lo que hay versiones de Sin consenso claro sobre todos los detalles, es que Colosio dejó señales de ese peso en forma escrita. Las cartas que le escribió a su padre a lo largo de su vida, publicadas décadas después y compiladas en el libro Cartas de Colosio, muestran a un hombre con una conciencia muy aguda del peligro que implica el poder cuando se convierte en amenaza.

No son cartas de un político tranquilo que cree en el sistema. Son cartas de alguien que entendía que el sistema tenía mecanismos para deshacerse de quiénes se le complicaban. Hay versiones señaladas así porque no hay un solo documento que las confirme de forma unívoca. De que en esas últimas semanas Colosio hizo algo más concreto.

Dejó en Magdalena de Quino, en esa casa que era su punto de origen y su refugio, codocumentos o notas en los que registró lo que sabía, lo que sospechaba, lo que temía. Que esa casa en Sonora era el lugar al que volvía cuando necesitaba estar fuera del radar. que en marzo de 1994, pocos días antes del 23, habría intentado volver a ese lugar sin incluirlo en su agenda oficial y que la noche antes de ir a Tijuana llamó a Diana Laura y le dijo algo que ella reveló años después en entrevistas.

Si algo me pasa, busca en Magdalena. Ahí está todo. Diana Laura Riojas, su esposa, no entendió el mensaje en ese momento o no quiso entenderlo. Después del asesinato, según versiones que circularon entre personas cercanas a la familia, intentó ir a esa casa en Magdalena y la encontró ya revisada. A este detalle hay que marcarlo con claridad.

No hay una declaración pública formal de Diana Laura que confirme esto con exactitud en todos sus puntos. Pero la existencia de versiones en ese sentido, provenientes de personas que estuvieron cerca de la familia y de la investigación es un hecho. Y ese detalle, esa posibilidad de que hubo algo en esa casa que desapareció antes de que llegara quien tenía razones para buscarlo, es lo que convierte a Magdalena de Quino en algo más que el pueblo donde nació Coloso.

Lo convierte en la pieza que falta. ¿Y sabes qué es lo más inquietante? que incluso sin esos documentos, incluso sin saber con exactitud qué guardó Colosio en esa casa, la historia de lo que pasó en esas semanas finales ya es suficiente para entender que algo muy grave estaba ocurriendo. Hay que hablar de la estructura del poder en México en 1994, no para dar clases de historia, sino para entender por qué nadie podía simplemente proteger a Colosio aunque quisiera.

El PRI en aquella época no era solo un partido político, era el sistema completo. El gobierno federal, los gobiernos estatales, los sindicatos, los medios de comunicación más importantes, las fuerzas de seguridad, la judicatura, todo operaba dentro de la misma lógica, lealtad al sistema a cambio de estabilidad y ascenso.

El que se salía de esa lógica no tenía hacia dónde ir y el que intentaba cambiarla desde adentro se convertía en un problema que el sistema con toda su maquinaria sabía perfectamente cómo manejar. No era necesario que una sola persona diera la orden de matar a Colosio para que Colosio terminara muerto. Ah, bastaba con que el sistema decidiera dejar de protegerlo.

Y hay indicios muy claros de que eso fue exactamente lo que ocurrió. Los registros del expediente judicial, que suman más de 30,000 páginas, muestran algo que desde el primer día resultó difícil de explicar. El operativo de seguridad el 23 de marzo de 1994 en Lomas Taurinas, Tijuana, tuvo fallas que no son compatibles con los estándares mínimos de protección para un candidato presidencial.

Las vallas de seguridad eran insuficientes para el tamaño del evento. El cerco personal estaba mal organizado. Los agentes no tenían comunicación efectiva entre sí. Y Mario Aburto, el hombre que disparó, llegó hasta menos de un metro de Colosio en medio de una multitud sin que nadie lo detuviera con un arma en la mano. Para que eso ocurra con un candidato presidencial en activo, ona en un mitín con cámaras y cobertura mediática, tienen que fallar muchas cosas al mismo tiempo.

Y aquí es donde la versión oficial empieza a hacer agua, porque lo que el expediente también registra, aunque esta es una de las partes más incómodas para el relato que se construyó después, es que existieron declaraciones de Mario Aburto en ampliaciones de su testimonio en las que apareció el nombre de Carlos Salinas de Gortari. Esas declaraciones no formaron parte del sumario principal durante años, no fueron parte de la narrativa oficial.

Cuando investigadores independientes y medios como mexicanos contra la corrupción y la impunidad publicaron en 2019 casi 10,000 páginas de documentación inédita del caso, esos detalles empezaron a salir a la luz de una forma que resultó incómoda para muchos. En 2026, el documental de HB o Max, titulado Los asesinos de Colosio volvió a instalar estas preguntas en el debate público.

La producción accedió a documentos que habían permanecido reservados durante décadas. reconstruyó el crimen. presentó testimonios de personas cercanas a Aburto que cuestionaron la narrativa de que actuó completamente solo y planteó con fuerza la hipótesis del segundo tirador, que el primer disparo, el que hizo a Burto, fue en la cabeza, pero que el segundo, el que finalmente mató a Colosio, fue realizado cuando el candidato ya estaba en el suelo, posiblemente por otra persona que no estaba en ninguno de los registros oficiales.

ese segundo disparo. Esa posibilidad de que había algo más que un hombre con un arma es la fisura que el expediente oficial nunca pudo cerrar del todo. Espera, porque falta una pieza más. Regresa a los días previos. Al contexto que Colosio estaba viviendo mientras la campaña seguía su marcha, aparentemente normal.

Read More