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La ASQUEROSA VERDAD detrás del SECRETO que se ENTERRO con él

La segunda, el cardenal en el centro de todo. ¿Quién era Posadas o campo más allá de su posición eclesiástica? ¿Cuáles eran sus relaciones con la élite política y económica de Jalisco? ¿Qué sabía? ¿Y por qué ese conocimiento acumulado en años de convivencia con los poderosos de una ciudad donde el poder político, económico y criminal se mezclaba con una densidad que pocas otras ciudades del país tenían, lo hacía una figura incómoda para ciertos actores que en mayo de 1993 tenían mucho que perder.

La tercera, y esta es donde la historia se complica de verdad, lo que el Vaticano hizo cuando recibió la versión oficial del gobierno mexicano,  las comunicaciones de Roma con el gobierno de Salinas sobre el caso, la solicitud de investigación independiente que Roma presentó, lo que pasó con esa solicitud y la figura del nuncio, Prigione el hombre, que ese día debía llegar al aeropuerto y que tenía relaciones documentadas con los arellanos félix.

como el elemento más perturbador de toda esta historia. Y la cuarta, y esta te va a dejar sin piso, el contexto político de 1993 como sistema, no solo lo que estaba pasando con el narco o con los cárteles, sino la paradoja central del proyecto salinista, la imagen del primer mundo construida sobre la realidad de un estado con complicidades que no podían nombrarse.

Y por qué Posadas Campo, con sus conexiones, con sus conversaciones, con lo que sabía sobre quién hablaba con quién en la Guadalajara de ese periodo, se convirtió en ese año específico en una presencia que era incómoda, de una manera muy particular. Tenía acceso al Vaticano. Te voy a avisar cuando llegue cada una. Y antes de entrar al expediente completo, necesito decirte algo sobre el tono de este video.

Este no es un video que dice que Posadas fue asesinado intencionalmente. No tenemos esa certeza. El expediente no la permite y en este canal no afirmamos como hecho lo que no podemos sostener con documentación. Lo que  este video hace es señalar las preguntas que el expediente oficial no respondió.

mostrar las inconsistencias que el proceso de investigación produjo y preguntar con el rigor que el caso merece si la versión del error y la confusión es suficientemente sólida para justificar que 30 años después el expediente siga cerrado.  Esas preguntas no son teorías de conspiración, son el mínimo que cualquier caso de asesinato político de esa magnitud merece.

Y son las preguntas que la familia del cardenal lleva 30 años haciendo sin respuesta. Para entender la muerte de Posadas o Campo, necesitas entender primero  quién era el cardenal. Juan Jesús Posadas Ocampo nació el 10 de noviembre de 1926 en Celaya, Guanajuato.  Fue ordenado sacerdote en 1950. tuvo una carrera ecclesiástica convencional durante décadas, parroquias, obispados, ascensos graduales dentro de la jerarquía,  hasta que en 1987 fue nombrado arzobispo de Guadalajara  y ahí empezó el capítulo de su

vida que importa para este video.  Guadalajara no es solo la segunda ciudad más grande de México, es el centro histórico del conservadurismo mexicano, la ciudad del sombrero charro y de la charreada del  tequila. y del mariachi, pero también de las familias más poderosas del empresariado mexicano, de las redes sociales que conectan a los hombres de negocios con los políticos y con la iglesia de una manera que en otras regiones del país no existe con la misma densidad.

En Guadalajara, la Iglesia Católica no es una institución entre muchas. Es la institución con cinco siglos de presencia ininterrumpida, con un patrimonio material y simbólico que ninguna otra organización de la sociedad civil puede igualar. con acceso a todas las capas de la élite social desde las familias de vieja alcurnia que construyeron sus fortunas en el siglo hasta los empresarios que levantaron sus emporios en el siglo y en esa estructura, el arzobispo no es solo el líder espiritual de una comunidad, es una figura de poder en el sentido más

literal. tiene acceso, tiene influencia, tiene la capacidad de abrir y cerrar puertas que ninguna otra figura de la sociedad civil puede manejar de la misma manera. Los políticos lo buscan para legitimar sus proyectos, los empresarios lo buscan para lavar su imagen, las familias de clase alta lo buscan para marcar su posición social.

Esa es la posición que Posada Socampo ocupó desde 1987  y es la posición que lo colocó en el centro de una red de poder, que en los años siguientes se fue volviendo cada vez más complicada, porque Guadalajara en los años 80 no era solo el centro del conservadurismo mexicano, era también el centro del narcotráfico mexicano.

El cártel de Guadalajara, la organización que antes de dividirse era la más poderosa del país, tenía su base de operaciones en Jalisco. Miguel Ángel Félix Gallardo, conocido como el  padrino, era el hombre que había construido el modelo empresarial del narco mexicano moderno. La federación que él presidía incluía a las organizaciones que  después se convertirían en los cárteles de Sinaloa, de Tijuana, del Golfo y de Juárez.

Félix Gallardo operaba desde Guadalajara con una cobertura social que en ese periodo resultaba casi inverosímil. Tenía relaciones con la clase empresarial, tenía relaciones con la política, tenía una imagen pública que lo presentaba como un hombre de negocios exitoso. Vivía en colonias residenciales de la ciudad con la misma naturalidad con que lo hacían los industriales y los financieros.

Ernesto Fonseca Carrillo, don Neto, operaba también desde Jalisco con un nivel de visibilidad que era,  en ese contexto de complicidades institucionalizadas perfectamente seguro. Y Rafael Caro Quintero, cuya captura y posterior liberación es en sí misma una historia que  habla de la profundidad de esas complicidades, era otro pilar de esa organización con presencia directa en la región.

En ese contexto, el arzobispo de Guadalajara era un actor que inevitablemente estaba en contacto con múltiples poderes,  no como cómplice, no hay documentación que establezca eso, sino como figura de la élite que interactuaba con las distintas capas del poder, en una ciudad donde el poder era especialmente denso y  especialmente entrecruzado.

La iglesia recibía donaciones de personas de todos los sectores de la sociedad. El arzobispo asistía a eventos donde la élite de Guadalajara se reunía.  En esos eventos se mezclaban empresarios legales con empresarios cuyas fortunas  tenían orígenes que no siempre se mencionaban en voz alta. Eso es la realidad de una ciudad como Guadalajara en ese  periodo.

Y en esa realidad vivía Posadas o campo. Eso significa que Posadas o Campo sabía cosas. No necesariamente todo, no necesariamente con el detalle de quien lleva una contabilidad del crimen, pero sí con la perspectiva de quien lleva años sentado en la mesa, donde los poderosos hablan cuando bajan la guardia.

Los sacerdotes y los arzobispos tienen una posición única en las élites de la cultura hispanoericana. Son figuras en quien se confía con una intimidad que pocas otras personas reciben. Los poderosos les cuentan cosas que no le dirían a sus socios. Les hacen confesiones en el sentido amplio del término, no solo el sacramental sobre sus vidas, sus miedos, sus tratos.

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