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Julio “LA MOMIA” Gómez : CUMPLE 31 años y Como VIVE Es Muy TRISTE

Y la cuarta, la noche de la decisión. ¿Qué le dijo a su madre cuando le confesó que se iba a Texas? ¿Por qué eligió ser obrero? ¿Y qué significa hoy ser recordado como el talento desperdiciado? Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante, la verdad sobre por qué México mata a sus promesas y por qué Julio no fue el primero ni será el último.

1994, Ciudad de México, colonia Guerrero. Un barrio donde las calles huelen a gasolina quemada y tacos al pastor, donde las casas son de concreto gris sin pintura, donde los niños juegan fútbol con pelotas desinfladas en lotes valdíos llenos de vidrios rotos. Ahí nació Julio César Gómez Roldán, el más chico de cuatro hermanos, familia obrera.

Su padre era mecánico de autos viejos. Su madre limpiaba casas en las lomas. No había dinero para academias de fútbol. No había conexiones. Solo había un niño que no soltaba el balón. dormía con la pelota, contó su madre Estela en una entrevista años después, cuando todo ya había pasado.  La metía entre las cobijas, la abrazaba como si fuera su hermano.

A los 6 años, Julio jugaba en las calles contra niños de 10, 11,  12 años y les ganaba, no por fuerza, por visión. Veía el juego tres jugadas antes que los demás. Era raro”, dijo un vecino que lo conoció de niño. Jugaba diferente, más lento,  más inteligente, como si tuviera más tiempo que todos.

A los 7 años, un vecino lo vio jugar. El vecino era ojeador de fuerzas básicas del América. Trae a tu hijo mañana que haga una prueba. Estela llevó a Julio a Coapa, instalaciones del América, el club más grande de México. Julio tenía pantalones prestados de su hermano mayor, zapatos de fútbol que le quedaban dos tallas grandes, nervios que no lo dejaban hablar.

juega”, le dijeron los entrenadores. Julio jugó contra niños de su edad, contra niños mayores. No importaba. Los humillaba a todos, pero no con velocidad, con pensamiento, con pausa, con saber exactamente dónde iba a estar el balón. Al final de la prueba, el coordinador de fuerzas básicas llamó a Estela. Señora, su hijo tiene algo especial, algo que no se enseña.

Queremos que se quede. Julio tenía 7 años. Acababa de entrar al club de sus sueños. Durante 8 años Julio vivió dividido. En la mañana escuela pública en la Guerrero. Uniforme remendado, cuadernos usados, compañeros que se burlaban porque jugaba en el América. En la tarde, entrenamiento en Coapa, instalaciones de primer mundo, canchas perfectas, compañeros que se burlaban porque venía de la guerrero.

Nunca encajé en ningún lado, confesó Julio. Años es después. En la escuela me decían fresa. En el América me decían  No sabía quién era, pero seguía jugando porque era lo único que sabía hacer. Lo único  donde las palabras no importaban, solo el balón. Y Julio era excepcional con el balón.

A los 13 años era la estrella absoluta de las fuerzas  básicas del América. Goleador en todas las categorías, el que inventaba jugadas, el que decidía partidos en el último minuto. Los ojeadores europeos empezaron a aparecer. Barcelona, Real Madrid, Manchester United. Todos preguntaban por el niño Gómez, pero había un problema, un problema que nadie quería ver.

Julio era demasiado sensible, demasiado introvertido, demasiado callado. No hablaba nunca, dijo un excpañero de esa época. Ni en el vestidor ni en los entrenamientos, solo jugaba. Y cuando alguien le gritaba algo feo, se quedaba callado, pero lo guardaba todo adentro. A los 15 años el América lo dejó ir. Dijeron que era por cuestiones tácticas, que necesitaban otro perfil de jugador, que era una decisión técnica.

La verdad, según reportó la prensa especializada años después era diferente. Un documento interno del América filtrado en 2019 decía exactamente esto. Gómez tiene calidad técnica superior, pero carece de carácter para competir al máximo nivel. Es blando mentalmente, no aguantará la presión del profesionalismo.

Julio tenía 15 años y acababan de rechazarlo por ser demasiado sensible. Podría haberse rendido, podría haber vuelto a la Guerrero a jugar en ligas de barrio, podría haber abandonado el fútbol. No lo hizo. 6 meses después, Julio llegó a las fuerzas básicas del Pachuca. No fue casualidad. Un ojeador lo había visto en un torneo Amateur NKPec.

Hay un niño que rechazó el América. Deberían verlo. Julio hizo la prueba. Una semana, 5co días de entrenamientos, un partido amistoso al final. El último día, el Sat, coordinador de fuerzas básicas, lo llamó a su oficina. Queremos que te quedes. No nos importa lo que dijeron en el América. Nosotros vemos algo diferente.

¿Qué ven?  Preguntó Julio. Vemos a alguien que juega con el cerebro y eso no se enseña. Julio firmó su primer contrato. 16 años, 8000 pesos al mes.  Menos de $00. Pero no importaba, tenía una segunda oportunidad. Durante un año, Julio fue uno más en la sub-17 del Pachuca. Buen jugador,  goles importantes, pero nada extraordinario, nada que hiciera pensar que algo grande venía hasta que llegó la convocatoria.

Marzo de 2011, selección mexicana sub-17, proceso para el mundial que se jugaría en México ese verano. Julio fue convocado, no como estrella, como una opción más, un delantero técnico que podía aportar  desde la banca. Los primeros entrenamientos fueron duros. Julio no conocía a nadie. Los otros jugadores venían de América, Chivas, Tigres, equipos grandes.

Hablaban con confianza, hacían bromas, se reían juntos. Julio se quedaba callado. Observaba, escuchaba, pero cuando le daban el balón, todo cambiaba. Era como si entrara en otro mundo, dijo Marco Bueno, compañero de esa selección después. En el vestidor era invisible, en la cancha era gigante. En un amistoso contra Estados Unidos, Julio entró de cambio en el segundo tiempo. México perdía 2 a0.

Julio marcó dos goles en 10 minutos y dio una asistencia perfecta para el tercero. México ganó 3 a 2. Julio se quedó con la titularidad  y entonces empezó el Mundial. Junio de 2011, Estadio Azteca, Mundial sub-17. México era el anfitrión.  La presión era enorme. Primer  partido, México contra Corea del Sur.

Julio marcó dos goles, uno de cabeza después de ganarle el salto a un defensor 20 cm más alto. Otro robándole el balón al portero y definiéndolo con clase. Los comentaristas enloquecieron.  ¿Quién es este niño? ¿De dónde salió? Segundo partido, México contra Holanda. Un gol y dos asistencias.

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