Posted in

Jenni Rivera: Testigo Vivo Revela Todo Sobre el Accidente… El piloto esta VIVO

Miguel Pérez no debía estar volando comercialmente. legalmente no podía, pero lo hacía porque Cristian  Esquino no verificaba, no le importaba y Miguel necesitaba trabajo, necesitaba dinero. Entonces  mintió, falsificó documentos y voló ilegalmente con Jenny Rivera a bordo.  Copiloto es Alejandro Torres, 26 años, joven,  menos experimentado, pero con licencia válida. Había volado con Miguel antes.

Conocía irregularidades. Sabía que Miguel no tenía licencia válida. Sabía que avión tenía problemas,  pero necesitaba horas de vuelo. Necesitaba experiencia. Entonces aceptaba  a pesar de saber que no debían. Y aquí llegamos a primera revelación, la que cambia todo. Días  antes de vuelo fatal. Alejandro Torres hace algo.

Llama a amigo cercano y en esa conversación que amigo grabó y reveló después de  accidente, Alejandro dice algo que hiela la sangre. Dice, “Este avión está mal. Miguel no tiene licencia válida. Algo malo va a pasar. Lo siento, pero dice más.” Dice, “Miguel, está nervioso, está recibiendo llamadas de gente que no conozco y me pidió que  este vuelo, el vuelo de Jenny, sea mi último con él, que después nos separamos.

No entiendo por qué, pero tengo miedo. Palabras proféticas, palabras que sugieren que Alejandro sabía que algo no estaba bien, que Miguel estaba planeando algo, que ese vuelo era diferente, peligroso. Palabras que debieron haber desatado investigación inmediata, pero nunca lo hicieron porque después de accidente convenía ignorarlas.

Convenía culpar a error, a condiciones climáticas  o a piloto muerto que no puede defenderse, no a negligencia criminal, no a corrupción, no a sabotaje, no a asesinato. Cuando amigo de Alejandro reveló grabación, cuando familia Rivera la escuchó, cuando trataron de presentarla a autoridades,  respuesta fue clara.

No es evidencia concluyente. Son palabras de piloto nervioso. No prueban nada.  Caso cerrado otra vez. 9 de diciembre, 1 de la madrugada. Jenny termina  fiesta, decide volar, llama a hijos, les dice que va en camino, que llegará por mañana, que los ama. Última conversación. Última vez  que escuchan su voz.

Y en esa última conversación, según Rosy Rivera, hermana de Jenny,  Jenny dijo algo extraño. Dijo, “Si algo me pasa, ustedes saben qué hacer. Saben dónde está todo?” Rosy no entendió. Entonces pensó que Jenny estaba siendo dramática. Pero después, cuando Jenny no llegó, cuando avión desapareció, esas palabras cobraron peso diferente, como si Jenny supiera, como si presintiera, como si estuviera dejando instrucciones por si acaso.

Jenny va aeropuerto Monterrey, donde Learet espera. Sube con seis  personas más, su publicista Arturo Rivera, su abogado Mario Macías, su maquillista Jacobo Yevale, su estilista Jorge Sánchez y dos pilotos, siete en total, en avión diseñado para seis pasajeros más tripulación sobrecargado. Otra irregularidad que Torre de Control aprobó sin cuestionar.

2:43 de la mañana. Avión despega. 13 minutos tarde por razones que nunca fueron explicadas. Torre de control autoriza despegue. Aunque avión tiene irregularidades conocidas, aunque piloto tiene licencia suspendida, aunque está sobrecargado, autoriza, porque en México regulaciones son sugerencias, especialmente para ricos,  para famosos, para gente con conexiones.

Avión despega, dirección norte hacia Toluca primero para después seguir a Los Ángeles.  Vuelo debía ser rutinario. 2 horas. Tal vez tres. Jenny estaría en casa para desayuno. 3 minutos después de despegue. Exactamente 3 minutos. Comunicación con Torres se pierde. Avión desaparece de radar a 28,000 pies de altura.

Sin llamada de emergencia, sin mayday, sin indicación de problema mecánico, sin reporte de mal clima, sin nada.  avión simplemente desaparece como si se hubiera apagado, como si alguien hubiera cortado interruptor y nadie se alarma, no inmediatamente. Torre de control asume que es problema técnico de radar, que avión sigue volando, que piloto reportará cuando restablezca comunicación.

Esperan, esperan media hora, esperan hora. Esperan que avión llegue a Toluca, que piloto llame, que reporte, pero nunca llega. nunca reporta y solo entonces, 2 horas después de pérdida de contacto, empieza en búsqueda. Tarde, muy tarde,  porque para entonces Jenny ya está muerta. Avión ya explotó. Restos ya están esparcidos en montaña remota, en área inaccesible, donde búsqueda tomará horas más.

7 de la mañana encuentran restos. Escena es devastadora. Avión completamente desintegrado, esparcido en más de 3 km. Restos humanos irreconocibles, quemados, fragmentados, mezclados. No hay cuerpos, hay pedazos. Y en medio de esos pedazos, pertenencias, zapato de Jenny, bolsa, identificaciones, pero no cuerpos que se puedan identificar visualmente.

Autoridades declaran Jenny Rivera muerta. Todos muertos. Sin identificación formal todavía, sin análisis de ADN, sin certeza científica, solo su posición. Porque avión se desintegró,  porque todos a bordo debían morir en impacto. Así declaran, mundo llora, México llora, millones lloran, fans lloran,  familia llora, pero también niegan.

Porque ver restos de avión no es ver cuerpo de Jenny. Y sin cuerpo hay esperanza. Esperanza irracional, desesperada, pero esperanza.  Tal vez sobrevivió, tal vez está herida en hospital, tal vez perdió memoria, tal vez cualquier cosa menos muerte. Esa negación duró semanas hasta que análisis de ADN llegó. Y aquí llegamos a segunda revelación, la que familia Rivera nunca pudo aceptar completamente.

Jenny Rivera fue identificada. Sí, con certeza ADN de restos encontrados coincide con ADN de familia. Jenny está muerta. Eso es confirmado científicamente, irrefutablemente. Pero pilotos, Miguel Pérez y Alejandro Torres, sus restos  nunca fueron identificados con certeza absoluta. Hay fragmentos humanos en escena, hay restos.

Pero cuando análisis de ADN se hizo, resultados fueron problemáticos. ADN de algunos fragmentos no coincidía completamente con muestras de familias de pilotos. Había inconsistencias. Familias de pilotos dijeron que sí, que era ellos, que reconocían, pero evidencia científica no era concluyente y eso genera pregunta que familia Rivera hace hasta hoy.

¿Realmente murieron pilotos en ese avión? ¿O sobrevivieron? ¿O nunca estuvieron a bordo cuando avión cayó? ¿O sus restos fueron plantados después para completar narrativa? Suena a conspiración. Suena a negación de familia que no puede aceptar accidente, pero espera porque evidencia que viene hace que teoría sea menos loca de lo que parece.

Read More