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HUGO SÁNCHEZ: Confesó Lo Que Le Hicieron TELEVISA y AZCÁRRAGA “El TIGRE“

 No jugaba en la liga mexicana, no generaba dinero directo para el sistema mexicano. Emilio Azcárraga Milmo lo veía y pensaba, [música] “Ese hombre vale millones y está en España ganando dinero para equipos europeos. Tengo que traerlo de vuelta. Tengo que hacer que Hugo Sánchez sea mío. 1988. Mundial de México 86 había pasado.

 Hugo había jugado, había metido goles, pero México había sido eliminado en cuartos de final por Alemania en penales. Hugo tenía 30 años. Estaba en su mejor momento. En Europa lo adoraban, pero en México había una sensación extraña, la sensación de que Hugo les debía algo. Triunfó en Europa, pero no nos dio el mundial, decían algunos.

Era injusto. Hugo no podía ganar un mundial solo, pero la percepción estaba ahí y Azcárraga lo sabía. En 1989, Azcárraga envió a sus ejecutivos a Madrid. Querían hablar con Hugo, proponerle algo. Queremos que vuelvas a México, al América. Te hacemos el jugador mejor pagado de la historia del fútbol mexicano. Hugo escuchó, pero no dijo que sí inmediatamente.

¿Por qué querría volver?, preguntó. Aquí en Madrid gano bien. Estoy en el mejor equipo del mundo. Gano títulos porque en México serías más que un jugador, le dijeron. Serías un símbolo, un ídolo, un dios. Aquí ya soy ídolo, pero no eres mexicano. Aquí eres extranjero. Allá serías nuestro. La palabra nuestro resonó en Hugo, no en el buen sentido.

Hugo entendió algo en ese momento, algo que marcaría todo lo que vendría después. Televisa no quería ficharlo, quería controlarlo. 1990, Hugo seguía en Madrid, pero su rendimiento empezaba a bajar. No por falta de talento, por edad, 32 años. Las lesiones llegaban más seguido, los entrenamientos dolían más. El Real Madrid empezaba a traer delanteros jóvenes.

 Hugo seguía siendo titular, pero el mensaje estaba claro. El final se acercaba. En 1992, Hugo decidió que era el momento. Quiero volver a México, pero con mis condiciones. Llamó a los ejecutivos de Televisa, negoció directamente. Las condiciones de Hugo eran claras. Uno, el salario más alto del fútbol mexicano. 2 millones de dólares al año.

Dos, control sobre su imagen. Televisa podía usarlo en comerciales, pero Hugo tenía que aprobarlos. Tres. Libertad para hablar públicamente sobre el fútbol, sobre la liga, sobre lo que quisiera. Televisa aceptó los puntos uno y dos sin problema. El punto tres les pareció raro, pero aceptaron. ¿Qué va a decir? ¿Qué puede decir? Pensaron los ejecutivos.

 No sabían con quién estaban tratando. Julio de 1992, Hugo Sánchez llega al aeropuerto internacional de la Ciudad de México. 200 periodistas esperando, cámaras de todas las televisoras, aficionados con pancartas. Bienvenido a casa, Hugo. El pentapichichi es nuestro. Hugo salió del aeropuerto, saludó, sonró, firmó autógrafos durante 2 horas.

 La conferencia de prensa fue en las instalaciones de Televisa San Ángel. Emilio Azcárraga, hijo de 25 años, heredero del Imperio, presentó a Hugo. Este es un día histórico para el fútbol mexicano. Hugo Sánchez, el mejor jugador que hemos tenido, vuelve a casa. Hugo tomó el micrófono y dijo algo que nadie esperaba.

Regreso a México no solo para jugar, regreso para cambiar cosas. Los periodistas se miraron entre ellos. Cambiar qué. El fútbol mexicano tiene mucho talento, pero está mal organizado. Los jugadores no tienen derechos. Los contratos son injustos. Eso tiene que cambiar. Silencio incómodo. Azcárraga, hijo, sonrió, pero era una sonrisa tensa.

 Después de la conferencia, Azcárraga, hijo, le preguntó a Hugo en privado, “¿A qué te referías con cambiar cosas?” “A que los jugadores necesitamos organizarnos,”, respondió Hugo. “Como en Europa, como en cualquier liga profesional seria.” Hugo, aquí las cosas funcionan diferente. Sí, y por eso México no crece. Ese fue el primer choque.

[carraspeo] Silencioso, educado, pero real. La primera temporada de Hugo en el América fue exactamente lo que Televisa esperaba. 26 goles. Campeón de goleo. Estadio Azteca lleno cada fin de semana. 80,000 personas gritando su nombre. Comerciales de Hugo en todos lados. Hugo vendiendo refrescos, Hugo vendiendo zapatos deportivos, Hugo vendiendo coches.

El negocio funcionaba perfecto, pero Hugo hablaba y cada vez hablaba más fuerte. Entrevistas después de los partidos, Hugo empezó a mencionar cosas que nadie mencionaba. Los jugadores en México no tenemos representación legal fuerte. Firmamos contratos que nos perjudican. En Europa existe la libertad de agencia.

Cuando se acaba tu contrato, eres libre. Aquí no. Aquí el club es dueño de tus derechos para siempre. Eso se llama esclavitud moderna. La palabra esclavitud explotó en los medios. Los directivos de otros equipos llamaron a Televisa. ¿Qué está haciendo Hugo? ¿Por qué dicen esas cosas? Televisa llamó a Hugo.

 Le pidieron que bajara el tono. Estás causando problemas, Hugo. Los otros dueños están molestos. No estoy mintiendo, respondió Hugo. Todo lo que digo es verdad. Puede ser verdad, pero no tienes que decirlo públicamente. ¿Por qué no? Porque eres jugador del América y el América es de Televisa y Televisa tiene relaciones con todos los equipos.

Hugo entendió el mensaje. Querían que se callara y Hugo hizo exactamente lo contrario. La rebelión. Esta es la primera revelación que te prometí al principio, el intento de Hugo Sánchez por crear el primer sindicato de jugadores en México. 1993, Hugo llevaba un año en el América. Había cumplido en la cancha, pero fuera de ella se estaba convirtiendo en un problema para Televisa, para los dueños, para el sistema.

Hugo empezó a reunirse con otros jugadores en privado, no en el América. Eso hubiera sido demasiado obvio [música] en lugares discretos, casas, restaurantes cerrados al público. Los primeros en llegar fueron los más cercanos a Hugo. Luis García, [música] mediocampista del Atlante, uno de los mejores del país en ese momento.

Hugo y Luis se conocían desde las elecciones menores. “Luis, necesitamos organizarnos”, le dijo Hugo. Los contratos que firmamos son abusivos y nadie hace nada porque todos tienen miedo. Luis García asintió. Él también había tenido problemas. El atlante lo había vendido al Monterrey sin consultarle. Tuvo que mudarse con su familia sin previo aviso.

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