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HARFUCH catea casa de JOSÉ MANUEL FIGUEROA y lo que hallaron SALPICA a JOAN SEBASTIAN

Joan Sebastian tuvo en vida más de 51 propiedades. 51 propiedades. Hay que repetirlo porque eso no es cosa menor. Ranchos en Guerrero, en Morelos, en Jalisco, en Veracruz. propiedades valuadas en millones de dólares. Un hombre que nació en la sierra vendiendo leche a lomo de burro y que terminó con un imperio que muy pocos cantantes en la historia de México han podido igualar.

¿Cómo? ¿Con qué? ¿Con canciones? Sí. Con trabajo también. Pero hay quienes dicen que con algo más, algo que no aparece en ninguna declaración fiscal, algo que no tiene nombre en el papel, pero que en la práctica todos saben cómo se llama. Lavado de dinero. Así se le llama cuando alguien toma dinero que viene de lugares oscuros y lo convierte en algo que parece limpio.

Y la industria musical con sus conciertos en efectivo, con sus derechos de autor, con sus contratos internacionales, con sus giras por Estados Unidos, es uno de los canales más utilizados para hacer eso. Siempre lo ha sido. No es un secreto para nadie que esté en el mundo del entretenimiento.

Pero cuando el nombre que aparece en esos movimientos es el de Joan Sebastian, el del rey del jaripeo, el del hombre que lloraba a sus hijos en público y que le cantaba al amor y a la vida, entonces el golpe duele diferente. Porque no es lo mismo escuchar que un desconocido hizo algo así que enterarte de que el hombre cuya voz te acompañó en los momentos más importantes de tu vida, el que cantó en tu boda, el que escuchabas cuando llorabas a los tuyos, el que parecía tan honesto, tan de a pie, tan del pueblo, era parte de un sistema que tiene las

manos manchadas de sangre. Pero volvamos a esa mañana, volvamos a esa puerta. Volvamos a José Manuel, parado ahí afuera, viendo cómo su mundo se abría por la mitad. Los elementos entraron al domicilio y comenzaron a trabajar de manera sistemática. Cuarto por cuarto, cajón por cajón. Cada librero, cada caja de cartón, cada mueble con cerradura fue revisado con una meticulosidad que solo se tiene cuando uno sabe que lo que busca existe y que está en algún lugar de ahí adentro.

La primera habitación no dio mucho. Ropa, objetos personales, lo que uno esperaría encontrar en el cuarto de cualquier persona. La segunda habitación tampoco, al menos no al principio. Pero entonces uno de los elementos levantó una alfombra y debajo de esa alfombra había un acceso que no aparecía en ningún plano del inmueble.

Un compartimento pequeño diseñado para no ser visto, diseñado para guardar exactamente el tipo de cosas que las autoridades estaban buscando. Y ahí estaban carpetas varias con nombres escritos a mano en las pestañas. algunos nombres que no significaban nada para los elementos que las tomaron en ese momento, pero que para los analistas que las revisaron después significaron todo.

Había números, cantidades, fechas, lugares. Había también fotografías y en esas fotografías aparecían personas sentadas alrededor de mesas, personas que sonreían, personas que brindaban, personas que se abrazaban. Y entre esas personas, con ese sombrero inconfundible, con esa sonrisa que toda México conoce, estaba Joan Sebastián.

Hay que entender algo aquí. Joan Sebastian era un hombre que sabía exactamente cómo moverse en todos los mundos. Era capaz de estar en el palco presidencial un sábado y en una hacienda sin nombre un domingo. Era capaz de cantar en una gala benéfica y de cenar después con personas que nadie en esa gala hubiera querido ver.

Ese don o esa habilidad o como uno quiera llamarle, fue lo que lo hizo grande, pero también fue lo que lo metió en un laberinto del que hay quienes dicen, “Nunca encontró la salida.” Porque cuando uno empieza a frecuentar ciertos círculos, cuando uno empieza a recibir ciertos favores, cuando uno empieza a aceptar ciertas invitaciones, llega un punto en que ya no puedes simplemente decir que no.

llega un punto en que ya eres parte de algo y ser parte de algo siempre tiene un precio. Los primeros indicios de que Joan Sebastian no era solo un cantante con suerte aparecieron años antes de ese cateo. Hay quienes recuerdan que en ciertas plazas de Guerrero, en ciertas ferias, en ciertos palenques, Joan Sebastian era el único artista que podía llegar y salir sin ningún tipo de problema, sin escoltas gubernamentales, sin coordinación con las autoridades locales, como si alguien hubiera dado instrucciones de que ese hombre era

intocable. Y en ciertas regiones de México, cuando alguien es intocable, todos saben quién está detrás de esa protección. No son el gobierno, no es la policía, son los que mandan de verdad. guerrero. Solo ese nombre ya dice mucho. Joan Sebastian nació en Guerrero. Se crió en Guerrero. Tenía sus propiedades principales en Guerrero.

Y Guerrero es desde hace décadas uno de los estados con mayor presencia del crimen organizado en todo el país. Guerreros Unidos. El nombre ya apareció y ese nombre tiene un apellido Figueroa. Federico Figueroa, el hermano de Joan Sebastian, el hombre al que en 2014 señalaron narcomantas como líder de esa organización.

El mismo hombre al que vincularon con la desaparición de los 43 normalistas de Ayotsinapa. El hermano, ¿puede alguien tener un hermano en esas condiciones y no saber nada? ¿Puede alguien vivir tan cerca de ese mundo y mantenerse completamente ajeno? Hay quienes dicen que sí, que Joan Sebastian no sabía nada, que era inocente, que su hermano llevaba una vida paralela que él desconocía por completo.

Y hay quienes dicen exactamente lo contrario. Entre los documentos que se encontraron en ese compartimento oculto había algo que nadie esperaba, una libreta pequeña con hojas amarillentas de tanto tiempo. Una libreta con anotaciones que mezclaban números de cuenta con nombres. Nombres que cuando se cruzaron con otras investigaciones en curso, hicieron que más de un analista se quedara sin habla.

Porque en esa libreta no había solo nombres del crimen organizado, había también nombres de políticos, nombres de empresarios, nombres de personas que hoy en día siguen apareciendo en las noticias, no por escándalos, sino por premios, por reconocimientos, por cargos públicos. gente que hoy tiene cara de persona respetable y que en esa libreta aparecía como parte de un sistema, un sistema que Joan Sebastian conocía muy bien.

Pero eso no fue lo más impactante que encontraron esa mañana. Lo más impactante vino después, cuando llegaron al estudio personal de José Manuel, una habitación que él usaba para componer, para grabar demos, para guardar material de trabajo. Un lugar que a simple vista parecía el cuarto de un músico normal. Instrumentos, equipos de sonido, papeles con letras a medio terminar, pero detrás de un panel de madera falsa.

que formaba parte de la decoración de la pared. Había una caja fuerte, una caja fuerte que nadie de la familia había mencionado, que no estaba registrada en ningún inventario, que simplemente existía ahí escondida esperando. Se necesitó más de una hora para abrirla. Los técnicos trabajaron con cuidado y cuando por fin lo lograron, el silencio que cayó sobre esa habitación fue de los que pesan.

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