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Flor Silvestre: Un Juez Le Quitó a Sus Hijos por 20 Años

Pero hay algo que sí pueden probar. Menos de un mes después, Flor no puede asistir a audiencia. Su abogado presenta un certificado médico del hospital español. El documento detalla lesiones. Moretones en brazo izquierdo, consistentes con agarres violentos, contusión en mejilla derecha, inflamación en muñeca izquierda. El certificado concluye: lesiones consistentes con agresión física reciente.

Este documento existe, está archivado en el juzgado séptimo de lo familiar. Nadie en México lo publica. Paco es demasiado poderoso, pero un periódico sí lo publica. El Heraldo de Brownsville, Texas. Edición del 3 de julio de 1958, página 7. El artículo dice textualmente, “La demanda estaba acompañada de certificado médico donde se daba fe de las lesiones que se alegaba causó Paco malgesto a su esposa.

Flor recordará ese divorcio décadas después. Muy desagradable. No me gustaría volverlo a pasar porque fue muy triste.” En aquel entonces hubo un periodista muy amarillista que empezó con los comentarios. Nota lo que no dice. No menciona la violencia, no menciona a su hermana, solo desagradable. Pero lo peor viene ahora.

12 de noviembre de 1958. El juez séptimo de lo familiar dicta sentencia, concede el divorcio, pero otorga patria potestad completa de Marcela y Francisco a Paco Malgesto. Justificación oficial. Paco tiene mejores recursos económicos y mayor estabilidad laboral. Flor viaja constantemente, no puede ofrecer hogar estable.

La sentencia incluye cláusula devastadora. Flor no puede ver a sus hijos sin supervisión de Paco. En la práctica, Paco le prohíbe verlos. Flor Silvestre, la estrella que llena teatros, queda legalmente separada de dos de sus tres hijos. Marcela tiene 4 años. Francisco tiene meses. Ninguno entenderá por años qué pasa.

Solo sabrán que mamá ya no está. Paco les dirá una y otra vez, “Tu madre nos abandonó. Eligió su carrera sobre ustedes. Es la mentira más cruel. Marcela y Francisco la creerán durante años. Aquí está el segundo caramelo. Existe un diario escrito por Marcela Rubiales durante esos años. Lo empezó cuando tenía 8 años, en 1962.

Documenta cada encuentro secreto con su madre. Ese diario se hizo público parcialmente en 2020. Una entrada del 12 de agosto de 1964 dice: “Hoy vi a mamá, está más delgada. Le pregunté por qué no viene a casa. Empezó a llorar. Le dije que no llorara. que papá dice que ella nos dejó, pero yo sé que eso no es verdad.

Mamá me abrazó tan fuerte que me dolió, pero no le pedí que me soltara. Marcela tenía 10 años. Volveremos a ese diario. Durante años, Flor verá a sus hijos a escondidas, encuentros coordinados con precisión militar. Marcela recordará, mamá venía a la escuela. Se quedaba en la esquina con lentes oscuros y pañoleta, solo para verme salir.

A veces podía darme un abrazo rápido antes de que los maestros la vieran. Otras veces solo me veía de lejos. Es la definición del infierno, ver a tu madre y no poder abrazarla. Mientras Flor pelea en tribunales y busca a sus hijos como fugitiva, hay un hombre observando todo. Un hombre que lleva años esperando su momento.

Antonio Aguilar. Antonio y Flor se conocieron en 1950. Él cantaba boleros en el programa de radio de ella. Compartieron pantalla en Primero Soy Mexicano en 1950. La química existía dormida esperando. Antonio estaba casado con Otilia, la Rañaga, Villarreal, pero ese matrimonio era fantasma. Flor lo confirmaría años después.

Él casi no vivió con su mujer. Se casó por despecho un día que nos enojamos, pero no vivió con ella. Antonio se casó para olvidar a Flor. No funcionó. Antonio se divorcia en febrero, exactamente 5 meses después. El 29 de octubre de 1959, Antonio y Flor se casan por lo civil. Flor tiene 29 años, tres hijos de dos matrimonios anteriores, un corazón roto por tribunales y una esperanza frágil de que este amor sea diferente.

Antonio tiene 40 años, ha esperado pacientemente y ahora hará algo que lo definirá por el resto de su vida. No solo se casará con Flor, se casará con toda su historia, con sus heridas, con sus hijos. Los adoptará como suyos, de manera que no necesita papeles legales. 9 de octubre de 1960. Nace José Jesús Antonio Aguilar Jiménez en Villanueva, Zacatecas.

6:23 AM. Antonio Aguilar Junior. Desde el primer segundo carga con apellido que pesa toneladas. El bebé tiene el rostro de su padre de manera casi perturbadora. Conforme crece, el parecido se vuelve más pronunciado. A los 12, cuando debuta en La yegua Colorada en 1972, el público queda congelado.

Es como ver a Antonio Aguilar joven. Demasiado parecido. Antonio Junior crece sin infancia normal. A los 8 años sabe comportarse frente a público. A los 10 conoce la logística de giras. A los 12 está actuando. No tiene infancia. Tiene una infancia en tecnicolor, llena de aplausos y caballos. Pero no es infancia normal. Cuando cumple 15, pregunta a su padre, “¿Puedo estudiar algo que no sea música?” Don Antonio lo mira fijamente.

Eres mi hijo. Eres Antonio Aguilar. El mundo espera que seas como yo. ¿Realmente quieres decepcionarlos? Antonio Junior nunca olvidará esa conversación. No fue orden directa, fue algo peor. Expectativa disfrazada de pregunta. Continúa. Actúa en películas. En 1994, a los 34 años lanza toda mi vida su primer álbum.

Lo produce su hermano menor Pepe, quien a los 26 ya es productor exitoso. El sencillo Por ti no voy a llorar llega al número 20 en Billboard. Es éxito. Pero las críticas dicen, “Canta igual que su padre, lo cual es bueno y malo. Si cierras los ojos, podrías jurar que es don Antonio? Cada crítica es recordatorio. Eres bueno solo porque te pareces a tu padre.

Tu valor está atado a que también puedas replicarlo. Antonio Junior lanza más álbumes en los 90. Luego, después de la amargura del amor, en 1999, desaparece. 6 años sin música. La verdad es simple y triste. Estaba agotado de ser fotocopia. Regresa en 2004 con Caballo Viejo, pero el momentum se perdió. Desaparece otra vez, 12 años hasta 2016.

Para entonces ya decidió algo. No va a competir. Va a trabajar detrás de escena, va a producir las giras de Pepe. Va a cantar cuando lo inviten, pero no va a romper el alma intentando probar que es tan bueno como su padre. Es decisión de supervivencia y probablemente la más sabia de su vida. Se casa con Susana Carrillo.

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