En un giro sin precedentes para la historia de la comunicación en Colombia, la cadena Caracol Radio se ha convertido en el centro de un torbellino de críticas y denuncias por lo que muchos consideran el “fin del periodismo” tal como lo conocemos. Bajo la premisa de un “debate imposible”, la emisora llevó a cabo un ejercicio de simulación en el que los candidatos presidenciales Iván Cepeda Castro, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia fueron suplantados por la voz y el análisis de Alberto Casas Santamaría. Este acto, calificado como una “alegoría” por la dirección del programa, ha despertado una indignación colectiva que trasciende las fronteras políticas.
El evento, que tuvo lugar en la mañana del 28 de abril de 2026, fue presentado por el equipo de Caracol como una solución ante la dificultad de coordinar agendas y condiciones entre los aspirantes a la Casa de Nariño. Sin embar
go, la ejecución del mismo cruzó fronteras éticas fundamentales. No se trató de una parodia humorística o un ejercicio de inteligencia artificial —opciones que fueron consideradas y descartadas—, sino de la intervención de un analista que “pensó y respondió” por los tres candidatos basándose en sus declaraciones previas y posturas públicas.

La gravedad del asunto escaló rápidamente cuando, en el rol de Iván Cepeda, se emitieron juicios y afirmaciones que distan de la realidad histórica y personal del senador. Durante el simulacro, se llegó a decir que Cepeda había pertenecido a las FARC y posteriormente al M-19, un “sartal de estupideces e irresponsabilidades”, según denunciaron periodistas y ciudadanos en redes sociales. Esta desinformación, amparada en el prestigio de una cadena nacional, ha sido vista como un ataque directo a la integridad del proceso electoral y a la reputación de los involucrados.
Voces de Indignación: “Un Insulto al Electorado”
Las reacciones no se hicieron esperar. La periodista Natalia Springer calificó el suceso como “grave in extremis”, señalando que inventarse un debate sin los candidatos es una grosería que demuestra por qué ciertos medios han perdido su arraigo y credibilidad. Por su parte, el analista John Jácome (Manolesco) subrayó la vergüenza nacional que representa utilizar a una sola persona para simular el pensamiento de tres líderes con visiones de país diametralmente opuestas.
Incluso dentro del “debate alegórico”, se intentó dar un barniz de legitimidad invitando a representantes de las campañas a comentar sobre lo escuchado. Mauricio Cárdenas, por la campaña de Paloma Valencia, y Rodrigo Lara, por la de Abelardo de la Espriella, participaron validando el ejercicio, lo que para muchos analistas independientes confirma una preocupante connivencia entre ciertos sectores políticos y la prensa tradicional para marginar la presencia real de candidatos que, como Iván Cepeda, han denunciado sesgos mediáticos.
El Contenido del Simulacro: Desinformación bajo el Manto de “Pedagogía”
Durante la transmisión, se abordaron temas críticos como la seguridad, la salud y la economía. En cada bloque, el analista Alberto Casas intentó mimetizarse con las posturas de los candidatos. Por ejemplo, en el tema de la “Paz Total”, se recreó una confrontación donde el “Cepeda alegórico” defendía el proceso de Petro, mientras los “De la Espriella y Valencia alegóricos” lo calificaban de fracaso absoluto.

Sin embargo, el peligro de este formato radica en la capacidad del suplantador para matizar o distorsionar las respuestas según su propio sesgo. Al tratar el tema de la salud, se pusieron en boca de los candidatos planes de “100 días” o “90 días” para resolver crisis estructurales, simplificando debates técnicos profundos y convirtiéndolos en promesas vacías emitidas por un tercero. Esta “pedagogía para el elector indeciso”, como la llamó Caracol, terminó siendo una herramienta de confusión masiva.
¿El Fin del Periodismo Ético?
Este escándalo abre un debate necesario sobre los límites del periodismo en tiempos de campaña electoral. ¿Es válido suplantar la voz de un candidato cuando este no asiste a un estudio? ¿Dónde queda el derecho del ciudadano a recibir información veraz y no “alegórica”? Lo ocurrido en Caracol Radio sugiere una crisis profunda donde la urgencia por el rating y la imposición de una agenda mediática han pasado por encima de la verdad y el respeto al derecho de réplica.
Desde las regiones del país, como el Catatumbo, donde la resistencia informativa busca construir paz y reconciliación, el mensaje es claro: Colombia no puede seguir “tragando entero”. Este episodio marcará un hito negativo en la carrera por la presidencia de 2026, dejando una mancha en el historial de una de las cadenas radiales más antiguas del país y reforzando la necesidad de medios alternativos que informen sin montajes ni suplantaciones. La verdad no admite alegorías; exige presencia y responsabilidad.