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ERIKA ALONSO, La EX ESPOSA de JOAN SEBASTIAN, Dijo esto sobre la HERENCIA y lo que QUIERE HACER

Era joven, mucho más joven que él. Más de 30 años lo separaban.  Y eso que para muchos hubiera sido una señal de alerta para Joan Sebastian, era exactamente lo que siempre había buscado. Él tenía 40 años. Ella era una mujer de poco más de 20. Al principio, nadie en el círculo cercano de Joan le dio importancia.

Las relaciones de él duraban lo que duraban. Venían y se iban como las estaciones. Ya había dejado a Teresa González, la madre de sus tres primeros hijos. Ya había tenido romances que la prensa no alcanzaba a seguir del todo y ya se estaba metiendo en lo que sería la relación más mediática de su vida, Maribel Guardia.

Pero aquí está el detalle que pocos conocen. Erika Alonso y Maribel Guardia coincidieron en la vida de Joan Sebastián al mismo tiempo. No antes y después, al mismo tiempo, mientras Joan vivía su romance público con la bellísima Miss Costa Rica, la actriz que todo México admiraba en telenovelas y revistas, había otra mujer esperándolo en las sombras.

Erika sabía que existía Maribel y Maribel, según varios testimonios, también sabía que existía Erika. Pero Joan Sebastián era un hombre que tenía una respuesta para todo, una canción, una caricia, una promesa susurrada al oído que hacía que el mundo pareciera más pequeño. Y las mujeres que lo amaban aceptaban las condiciones porque amarlo valía la pena o eso creían ellas.

Con Maribel, la historia terminó de una manera que toda México recuerda. Fue en vivo, fue brutal y fue en televisión. Pepillo Origel, aquel conductor que nunca se guardaba nada, dijo en Ventaneando que había visto a Joan bailando con Arlet Terán toda la noche en una discoteca. Y Maribel estaba viendo el programa sentada al lado de Joan.

Joan llegó a las 7 de la mañana aquella noche. Maribel ya le tenía la maleta lista en la puerta y se fue. Pero no se fue solo con su ropa, se fue cargando también el embarazo que Maribel llevaba. Julián Figueroa nació meses después, el hijo que los uniría para siempre, aunque ya no estuvieran juntos. Y Erika Alonso.

Erika seguía ahí. callada, paciente, esperando, porque Joan, según ella misma contó años después, le prometió algo que ella nunca olvidó. Le prometió que ella era la que importaba, que las demás eran ruido, que Maribel era su pasado y que Erika era su futuro. ¿Cuántas mujeres en la vida de Joan Sebastián escucharon exactamente esas mismas palabras? Nadie lo sabe con certeza, pero sí sabemos una cosa.

Erika le creyó y se quedó. Durante más de 12 años, Erika Alonso fue parte de la vida de Joan Sebastián de una manera que no era completamente visible para el público. No salía en los titulares como Maribel, no generaba portadas de revista, pero estaba. Estuvo cuando él empezó a grabar discos con banda sinaloense y cambió la dirección de toda su carrera.

Estuvo cuando los premios Gramy empezaron a llegar. Estuvo durante los años de gloria cuando Joan Sebastian llenaba palenques y estadios y la gente lo veneraba como si fuera un santo. Y estuvo también cuando llegó el primer diagnóstico del cáncer. 1999. Mieloma múltiple, cáncer en los huesos. Los médicos le dieron entre uno y 5 años de vida.

Erika estaba ahí. Erika vio como Joan se sentaba a componer canciones con el cuerpo quebrado por la quimioterapia. Erika vio como él se quitaba el sombrero para mostrarle la calva al mundo y decirle al cáncer que no lo iba a vencer. Y Joan, ¿qué le dijo Joan a ella durante todo ese tiempo? Según Erika, le dijo que era su mujer, que eran una familia, que en cuanto las cosas se acomodaran todo quedaría en papel. En papel.

Esa palabra que vale millones cuando alguien muere sin dejar testamento. En 2003, Erika Alonso tuvo a Juliana Joer y Figueroa, una niña, la hija de Joan Sebastian, otro eslabón en esa cadena complicada que era la familia del poeta del pueblo. Joan reconoció a Juliana, le dio su apellido, le presentó a sus otros hijos, la integró a esa familia gigante y compleja que él había construido con cinco mujeres diferentes.

Pero algo empezó a cambiar después de que nació Juliana, algo que Erika sintió antes de entenderlo con palabras. Juan empezó a alejarse, no de golpe, no con peleas ni con portazos, sino de esa manera silenciosa que tienen los hombres que se cansan, pero no se atreven a decirlo. Y en algún momento entre 2003 y 2004, Erika Alonso entendió que Joan Sebastian no iba a cumplir ninguna de esas promesas.

La relación terminó no con un anuncio público, no con conferencia de prensa. Terminó como terminan muchas cosas en la vida, en silencio, con dolor y con una niña de meses que necesitaba a su padre. Erika dijo años después que terminó porque se hartó de sus infidelidades. Y los que la conocían decían que no mentía, que Joan Sebastian tenía una manera de amar que hacía daño incluso cuando era genuino.

Pero esto no es el final de la historia, es apenas el principio de la parte más complicada, porque Erika Alonso, cuando la relación terminó, no desapareció tranquilamente. Hizo algo que tomó por sorpresa a mucha gente cercana a Joan Sebastian. se fue a los tribunales, no en México, en Estados Unidos, en Texas.

Y allá ante un juez americano, Erika Alonso, afirmó algo que dejó a todos boquiabiertos, que ella había sido la esposa legal de Joan Sebastián. No la novia, no la compañera de vida, la esposa legalmente casada con él. Y como esposa legal decía tener derecho a casi 700 canciones de Joan Sebastián. 700 canciones.

En el mundo de la música eso no es solo dinero, eso es un imperio. Eso es el legado completo de un hombre que compuso toda su vida. La reacción en el círculo de Joan Sebastian fue inmediata y fue furiosa. El abogado familiar Cipriano Sotelo salió a decir públicamente que Joan Sebastian solo se había casado legalmente con una mujer en toda su vida, Teresa González, la madre de sus tres primeros hijos.

que Erika Alonso nunca había sido su esposa, que esa reclamación era falsa y que las canciones no le pertenecían. Pero, ¿quién tenía razón? Erika, que vivió 12 años con él y lo vio construir su carrera más exitosa, o el abogado que defendía los intereses de una familia que nunca la recibió del todo. El juez en Texas tomó una decisión que dejó a todos a medias.

Rechazó los reclamos de Erika sobre el matrimonio legal. rechazó su derecho a las canciones, pero reconoció algo que nadie podía negar, que Juliana Joeri Figueroa era hija legítima de Joan Sebastian y tenía derechos como heredera. Erika lo sintió como una victoria a medias y como una derrota enorme, porque para ella la pelea nunca fue solo por Juliana, fue por ella misma, por los años que le entregó a ese hombre.

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